A los padres de Paul les gustaba follar más que a unos
condenados. A todas horas y en todos sitios. Si a Emma, su madre le dieran un
dólar por cada vez que Ernesto, su padre, le ha metido la polla en el coño, esta
mujer sería millonaria. Y sólo por el coño, porque por el culo y por la boca han
sido otros cientos de veces.
El caso es que no eran unos viciosos en extremo,
pues nunca habían sido infieles el uno al otro, ni se habían montado un
intercambio, ni un trío, ni una orgía con amigos... Si es verdad que, para
excitarse el uno al otro, se decían mil porquerías al oído mientras follaban.
Él, por ejemplo, le confesaba a su mujer que se follaría a Janet, o sea la
hermana de Emma, a su propia cuñada, o incluso a Yola, la madre de ambas, suegra
de Ernesto. Semejantes confesiones lejos de ofender a Emma la excitaban más.
Ella por su parte decía a su marido que le gustaría chupar la polla del señor
Norman, jefe de Ernesto, o que le gustaría formar un trío h-m-h con Glenn y con
Foster, unos jóvenes vecinos muy simpáticos.
A estas cosas jugaban Emma y Ernesto, y lo pasaban bien. Sólo
que no reparaban en que su hijo Paul se iba haciendo mayor y que ya no era un
niñito que se quedaba durmiendo como un ángel en su habitación por la noche.
Cuando Emma y Ernesto follaban, lo hacían gimiendo y rugiendo como leones de
puro placer que sentían. Una noche Paul se levantó de su cama y se dirigió al
dormitorio de sus padres a ver porque gemían tanto. Dio la casualidad de que
aquel día Emma había tenido una experiencia vouyeur, ya que en el súper en el
que compraba habitualmente vio como una clienta le hacía una mamada a uno de los
dependientes detrás de unas estanterías.
Emma se excitó muchísimo y esa noche se
lo contó a su marido; de este modo ambos comenzaron a follar frenéticamente por
la excitación del relato. Pero allí se plantó Paul, en la entrada del dormitorio
de sus padres.
Durante unos minutos no le vieron, aunque poco a poco Paul se fue
acercando a ellos hasta que se situó al lado de estos. Emma y Ernesto se
sorprendieron un poco, pero no hasta el punto de abandonar la tarea, pues casi
habían llegado al orgasmo. Emma le dio un empujón a su marido e hizo que le
sacase la polla del coño. Ernesto se dio una última sacudida con la mano y
eyaculó generando un potente chorro de semen que salió disparado en todas
direcciones. Paul estaba sorprendido y excitado. Sus padres no le hicieron
preguntas.
Tampoco taparon sus cuerpos desnudos, exhaustos por la corrida. Paul
se aproximó hacia su madre e inclinóse sobre su sexo; ella intentó impedirlo,
pero Ernesto le dijo que dejara hacer al chico. Así que Paul acercó su boca al
coño de mamá y le dio varias pasadas con la lengua. Su madre se excitó
enormemente y soltó unos gemidos.
Después Paul se fue hacia su padre con
intención de chuparle la polla. Ernesto tampoco lo iba a consentir, pero su
esposa igualmente le pidió que dejara hacer aquello al hijo. Paul le hizo una
mamada a su padre, el cual experimento una nueva erección.
- ¿Te has masturbado alguna vez hijo? – le preguntó mamá.
Paul le contestó que no, por lo que su madre cogió la polla
tiesa del chaval y comenzó a meneársela hasta que él se corrió sobre los senos
que le alimentaron por primera vez.
