SECRETOS DE UN MATRIMONIO
LUNES 11 FEBRERO
Hacia calor en la consulta de Eva, pensaba la chica del
diván. Y eso que estaba totalmente desnuda. Sentada a su lado estaba su
analista, una mujer ya entrada en años, que esperaba su respuesta.
Describamos a la mujer tumbada: podríamos resumirlo diciendo
que era de esas mujeres que resisten con notable alto el verlas recién salidas
de la cama después de una noche con fiebre. Rozaba la treintena. No era muy alta
ni tampoco baja. Curvas, las justas capaces de turbar a cualquiera. Eso sí, a
pesar de no tener hijos su vientre era ligeramente abombado; tenía tripita,
vaya. Piernas largas y proporcionadas, pechos adecuados sin ser pequeños, tez
rosada y pelo, ojos y pezones morenos. Sus cejas, brazos estaban poblados de
vello. Su pubis sin embargo era más bien ralo e hirsuto, muy transparente, e
inmaculadamente arreglado, como no podía ser menos. Su indudable atractivo
estaba escondido tras una mascara impenetrable de discreción que llevaba hasta
lo obsesivo. Su cara ovalada, grandes ojos negrísimos, y cabello azabache en
media melena, casi siempre recogida, remataban un físico que paradójicamente
solo mostraba en todo su esplendor cuando se ponía unos vaqueros y una camiseta
en la intimidad de su casa. Siempre vestía con traje de chaqueta, sin
estridencias, sin minis o escotes vertiginosos, zapatos planos que le
permitieran andares cómodos y decorosos. Aunque era consciente de ser una mujer
hermosa, sabía que no llamaba excesivamente la atención y eso le agradaba.
Incluso el hablar lo tenia bajo.
- más o menos lo de siempre: subo a la habitación, y él me
espera sentado en el borde de la cama. Solo me permite estar en el baño el
tiempo justo para lavarme los dientes. Al salir me arrodillo ante él y me
interroga:
- Inés... ¿cuantos hombres te han mirado hoy con lascivia?.
- creo que ninguno.
- ¿solo lo crees?
- no he sido consciente de ser observada así en ningún
momento.
- eso no significa nada y lo sabes. Así que no estas segura,
¿verdad? ¿verdad que es posible que muchos hombres ¡y mujeres! pueden haberte
desnudado con los ojos? Contesta.
- es posible... no lo puedo negar.
- ya... ahora resulta que sí, que mi esposa se exhibe como
una ramera ante toda la Consellería. Eso es lo que haces, ¿verdad puta?
...
- Contesta Inés, ¡contesta!...
- si... si, soy una puta. Tienes razón.
- y además... esta mañana me has faltado al respeto.
- es verdad también.. siento haberte gritado.
- lo sientes... ahora lo sientes...
...
- Inés... que debo hacer contigo.
...
- dímelo Inés.
...
- te estoy esperando.
- creo... creo que debo ser castigada.
- ¿cómo Inés... como debes ser castigada?
- con dureza. Con mucha dureza...
- sigue.
- con el cinturón... (trago saliva) en mis pechos.
- esta bien, eso haré. Quítate la camiseta... ahora el
sujetador. Levanta la cabeza... los brazos detrás...
La chica hace una pausa suspira y dice:
- y en este momento me despierto. Ya te lo dije, más o menos
como los anteriores.
La analista observaba los pezones hinchados y la piel
ligeramente enrojecida. Inés estaba bastante excitada.
- eso es lo que tu crees. En cada sueño tiendes un poco más a
la autoculpación. (silencio) Te preguntaré lo mismo de siempre, ¿de veras te
gustaría que tu marido te tratara así? Tómate todo el tiempo que quieras para
contestar, pero inténtalo.
...
- Inés... lo provocas tu. Si es así será por algo; vamos
Inés... busca en tu interior.
- no puedo... no sé.
...
- inténtalo... haz un esfuerzo.
- (vehemente) no Lo se Eva, no lo sé, de verdad. Cada día me
lo preguntas y soy incapaz de responderte. Puede que sí, pero me da miedo.
- eso es nuevo Inés... sigue. Intentalo. La respuesta está en
tu interior.
...
- no puedo. No sé en realidad a qué tengo miedo. Ahora mismo
ni siquiera sé si tengo miedo. Pero me siento tan culpable... tan sucia...
Y la chica se puso a llorar.
- déjalo Inés, no pasa nada. Ya lo intentaremos otro día.- La
mujer mayor la acariciaba con ternura en su cabeza y le daba un pañuelo de
papel. Inés se calmó, y se limpió las lagrimas.
- lo siento Eva...
- no te preocupes. Es muy positivo que tengas esa reacción.
Venga, vístete. Ya está bien por hoy.
VIERNES 15 FEBRERO
El trafico era muy denso a pesar de la hora. Toda la calle La Paz era un
embotellamiento, con vehículos aparcados, haciendo caso omiso del carril bus.
- mierda, mierda ...
La mujer del mini rojo estaba nerviosa. No iba a llegar a la
hora convenida, y eso le fastidiaba. A pesar de tratarse de su marido y de su
amigote de toda la vida.
- mierda... vengaaa
Veinticinco minutos más tarde llegaba a la ultima planta de
El Corte Ingles, a la cafetería, demasiado abarrotada para ser un viernes a
mediodía. Ellos estaban en una mesa al fondo. Llegó y le dio un beso
protocolario a Joan, su marido.
- Perdonad, el trafico estaba imposible
- No te preocupes cielo... no pasa nada. Mira, este es Alex.
- Encantada de conocerte personalmente después de todo lo que
me ha hablado Joan de ti. ¿Has tenido un buen vuelo? No sabes lo contento que se
puso Joan cuando le confirmaste tu nueva estancia en el Departamento.
- He venido en coche, pero gracias. Ya veo que tuvo buen
gusto el pendón este. Yo también me alegro mucho de estar aquí, de volver a
València, después de... jo, ya ni me acuerdo.
Tras la presentación la mujer y el hombre se besaron. Por fin
ella se sentó. Estaba agotada. Estas prisas la ponían muy nerviosa, pero llegar
tarde todavía más. Se relajó, y se preparó para una larga conversación de viejos
amigos. Vaya rollo.
Tras comer y platicar un buen rato, los dos hombres se
despidieron y volvieron al trabajo. Ella dio una vuelta por el centro comercial,
hizo alguna compra y volvió a casa. Seguía tensa y de mal talante. Y no sabia
exactamente la causa. Para intentar calmarse se preparó un baño.
Mientras el jacucci aflojaba sus músculos tensos, Inés
reflexionaba sobre las verdaderas causas de su malhumor. No estaba acostumbrada
a ser ignorada. Por una parte, lo que más detestaba de los tíos era que cuando
hablabas con uno, su mirada tarde o temprano viraba abajo, al escote. Era
consciente de que tenia unas bonitos pechos. En verano tenia que usar sujetador
siempre que salía de casa, a fuer de tener que soportar que los hombres los
devoraran con la mirada. En invierno lo usaba siempre pero por protegerse del
frío. Si la temperatura bajaba de los 18 grados, sus pezones se hinchaban y se
ponían duros como piedras. El sostén paliaba que destacaran de forma tan
ostensible bajo la ropa. Así y todo siempre tenia la impresión que en lugar de
tetas tenia farolas.
Alex no lo había hecho, a pesar de que al llegar a casa
descubrió que había perdido el botón de la blusa, y el sujetador era más que
visible. Por eso estaba de mal toque.
Soy una calientapollas, pensó.
* * * * *
– ¿Como te las arreglas en Pamplona, con tanta beata?
– No creas. Mejor de lo que imaginas. Tienes que venir. Te
presentaré a Carla. Tiene otro Amo pero si la llamo vendrá como una perrita. Así
recordaremos viejos tiempos.
- ¿Es aquella de que me hablaste, que tuviste que esperar 2
meses hasta que cumpliera los 18?
– No. esa era María. Carla tiene cerca de los 40, y está de
buena que se cae.
– ¿Casada?
– No. separada. Con ella no hay problema.
– gracias Alex por el ofrecimiento , pero ya sabes que me
retiré de esto.
– de esto nadie se retira Joan.
– yo si. me lo prometí al casarme con Inés. Oye, por cierto,
¿ que te ha parecido ?
– ¿ que qué me ha parecido ? Eres un cabrón con suerte:
Guapa, rica, inteligente... ¿sigue de funcionaria, no?
– Si, ahora esta de jefaza. Y vive de puta madre, no como
nosotros.
– todo sea por la ciencia.
– que le den por culo a la ciencia.
– no te quejes, que tienes 2 Nature y no has cumplido los 40.
Oye... ¿puedo hacerte una pregunta muy personal?
– venga... a ver por donde me sales.
– ¿alguna vez se te ha ocurrido dominar a tu mujer? Ese era
tu deseo con Claudia, ¿no?
– Claudia era otra cosa. Inés no responde al arquetipo
(pausa) ¿Inés ... sumisa?. No me hagas reír.
- ¿lo has intentado? No tenéis hijos... Mira lo que paso con
Lola.
– (un poco molesto) ¿que pasó con Lola? Que os divorciasteis
a los 6 meses. No Alex, me encantaría que Inés fuera mi sumisa además de mi
mujer, pero no pienso perder el tiempo.
– No te enfades joder. Y ya sabes porqué se largo Lola, no me
jodas. Cuando me la pasantes se puso histérica. Si la hubiera tratado con más
dureza, pero... joder, es igual.
– Venga, perdona, no sabia que removía tus recuerdos.
– no lo has hecho, mi relación con ella estaba agotada. Por
eso rasqué para ver si era receptiva e intentar salvar lo insalvable. Tu
intervención fue buena y yo después la cagué, pero reconoce que Lola ni de lejos
parecía una sumisa... y mira.
– lo reconozco, venga... ¿sabes algo de ella?
– Sigue en Barcelona, en la Autónoma. De vez en cuando nos
enviamos algún e-mail. Se lió con una tía pero hace mucho que no se nada. Andaba
por una especie de club privado, unos que frecuentan una sala de chat.
– Ya... la cabra... (cambiando de tema) Alex... ¿ con quien
estas ahora ?
– Buenooo, tengo una sumisa muy joven, de Donosti, pero la
veo de forma esporádica, Y también Celia, una casada.
- ¿sexo?
– Ya lo sabes. Es mi norma, aunque tu no lo veas así.
– no vamos a discutir otra vez. Ya hemos filosofado bastante
sobre sexo y dominación.
– eres un estrecho Joanet... te dejas la dominación... te
dejas el sexo extramatrimonial...
Joan – yo no he dicho eso.
Alex – entonces... ¿alguna alumna acaso?
Joan – alguna...
Alex – ah... tu pasión por la carne fresca.
* * * * *
Era ya tarde; su marido seguía trasteando con el zapping como
era su costumbre. Inés se subió a la habitación. Mientras ella se pasaba sus
minutos habituales en el baño, Joan evaluaba a la rubia de la porno. Por fin
apagó la tele, extinguió los últimos rescoldos de la chimenea y subió a
acostarse.
Cuando salió del cuarto de baño su mujer estaba ya en la
cama, leyendo.
- Inés, ¿que te ha parecido Alex?
- Pensaba que era más joven.
- pues tiene mi edad.
- pues no lo parece cielo- dijo quitándose las gafas. Tenia
la impresión de que el comentario le había molestado. Cambió de conversación.
- ¿ porqué no vino a nuestra boda?
- (molesto) te lo dije.
- no lo recuerdo, perdona.
- estaba en Cambridge, con David. No tenia vuelo. ¿ lo
recuerdas ahora ?
No lo recordaba. En realidad Joan le había hablado de su
amigo un par de veces, pero ella sabia que eran carne y uña desde antes de
coincidir en la facultad.
Dejó el libro sobre la mesilla y apagó la luz, mientras Joan
repasaba unas notas, como era su costumbre. Podía hacerlo porque se levantaba
una hora mas tarde que ella.
- buenas noches cielo.
Joan se inclinó y la besó en los labios.
- que descanses amor.
Esta noche tampoco habrá sexo, pensó.
* * * * *
continuará...
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