SALIDILLA
Soy Natalia.
Todos los veranos voy con mis padres a la casa de la sierra.
Ésta se encuentra en el pueblo. Es un lugar maravilloso. Sólo tienes que ir
subiendo y siguiendo el curso del río para encontrarte con un lugar de bosque y
rocas.
Yo suelo estar unos días o incluso alguna que otra semana.
Mis padres se quedan todo el verano e incluso van también en primavera.
Reconozco que termina a veces siendo un poco aburrido aunque
conozco a bastante gente del pueblo.
Recuerdo un verano especialmente porque viví una experiencia
divertida.
Por las callejuelas del pueblo y en las terraza se oía una
gran algarabía y es que un grupo de siete u ocho chicas no paraban de reír y
hablar en voz muy alta. Parecía que se habían reunido todas en casa de una amiga
para pasar unos días allí. A ella la conocía pero sólo de vista.
De todas ellas me fijé en una que era muy atractiva, vistosa,
alegre vital y simpática. Y sobre todo muy exhibicionista. Como soy un poco
cotillita pegué el oído y me enteré de que se llamaba Catalina. Llevaba siempre
unas gafas de sol negras, unos pantalones vaqueros ajustados y una ceñida
camiseta ¡Vamos que estaba para mojar pan!
A Catalina le gustaba bajarse los pantalones, levantarse la
camiseta en cualquier parte y todas se morían de risa, incluida yo. Seguro que
arriba en el río y la montaña haría top less o incluso nudismo pero eso no tenía
nada de particular puesto que yo misma lo hacía.
Reconozco que esos días estaba muy salida y quería echar un
polvete. Una buena mañana estaba bañándome en una de las tantas pozas de agua
que hay allí. Tumbada al sol y enseñando mis tetitas. Descubrí que había una
chica en bañador que subía para arriba para darse un buen baño. Miré bien y vi
que se trataba de Catalina y estaba ella sola. Mi corazón se acelero. Me puse
cardiaca y me fui detrás de ella, siguiéndola con cuidado.
Andamos unos cinco kilómetros hasta llegar a la poza de agua
más profunda. Allí Catalina se quitó lo de arriba y lo de abajo y se tiró al
agua. Luego salió y se tumbó sobre una roca dándose crema. Había unos mirones
que no dejaban de babear. Bueno yo también.
Catalina se levantó. Cogió sus cosas y la toalla y tiro monte
arriba. Me levanté y la seguí sin ningún rubor. Llegó un momento que casi la
perdí de vista ¡Qué pretendería yéndose tan lejos y tan oculto!
Finalmente se tumbó entre la jara. Yo me tumbé y me arrastré
como una soldado hasta que pude ver lo que hacía. Se estaba masturbando. Llevaba
esas gafas negras. Ese cuerpazo y esos pechos redondos. Creo que ella sabía que
estaba viéndola y se relamía de gusto por los movimientos de su lengua. Pero no
estaba segura y por eso no me levanté y me presenté. Es que esas gafas negras
son tan imprevisibles. Lo que sí hice como ella fue quitarme la parte de abajo
del bikini y ponerme a masturbarme como una loca.
¿En qué estaría pensando ella?
Yo caí en un ensueño salido y excitante.
Me imaginé que me levantaba y ella se detenía como
avergonzada. Le pedía perdón por haberla estado espiando pero enseguida nos
hacíamos muy amigas. Hablábamos de diferentes cosas entre ellas de una posible
relación sexual.
Es que aquí podría venir alguien y vernos - me decía
ella.
Pero mujer si a ti te gusta precisamente ese tipo de
cosas- le conteste.
Ya lo sé pero si tuviésemos aquí un perro que nos
protegiese, mejor.
¡Qué pasa! ¿Qué no te gusto?
Me gustas mucho y me gusta mostrar mi cuerpo en
público y la temeridad pero me da corte echar un polvo y que nos vean.
Eso es distinto.
¿Y si nos venimos esta noche?.
Vale.
Cuando me contestó que sí esbocé una sonrisilla. La verdad
que es que en casa de mis padres no podíamos y en la casa con sus amigas
tampoco.
Decidimos bajar y volver después.
En el camino tuve un gran percance y me caí rodando
haciéndome sangre en una pierna puesto que las piedras de allí son muy
resbaladizas y me di un golpetazo en la cabeza que afortunadamente sólo me
provocó afortunadamente una brecha sin necesidad de tener que ponerle puntos.
Natalia- chilló Catalina.
Por el fortísimo golpe me puse a llorar. Catalina me levantó
y con su camiseta me cortó la hemorragia de la cabeza y de la pierna. No dejaba
de besarme y las dos llorábamos. Me abrazaba y me acariciaba.
Te quiero mucho, te quiero mucho- me decía.
Con un poco de yodo se me curaron las heridas.
Catalina y yo quedamos a eso de las 11 de la noche y con
linternas.
No nos fuimos muy lejos. Llegamos a una poza que nos cubría
hasta la mitad. Apagamos las linterna y nos metimos en esa agua tan fría. E
hicimos el amor. Me había quedado prendada de lo bella y buenísima que era.
Catalina me acercó su pezón erizado por la excitación y el
frío y se lo acaricié. Le cogí el pie entre risas y conseguí meterme todos los
dedos en mi vagina. Se me escurrió y lo volví a coger para metérmelo en la boca.
Me metió un dedo en mi culo. Quería metérmelo hasta el fondo. Su culo era bien
duro. Nos dimos un fenomenal morreito. Nuestras bocas se juntaron desprendiendo
un montón de saliva. Le cogí sus manos para que me tocara los senos.
No puedes dejar de hacer eso- le dije.
Dejé que me lamiera un pezón y me estremecí. Le metí medio
pie en su boca que recibió encantada. Cogí su pie y me lo metí entre los senos.
Nos caímos al agua. Afortunadamente no había roca y sí bastante arena y peces.
Fue ella la que a continuación me cogió el pie y se lo metió entres sus
estupendos seno.
Pues tus tetas no están nada mal- me dijo.
Le conseguí meter medio pie en su vagina empapada. No
relajamos y dejamos de hacer exquisitos malabarismos y le metí dos dedos en su
sexo haciéndola gozar de verdad.
Juntamos nuestros pezones erizadísimos y nos corrimos en un
solo contacto. Salimos fuera del agua y le lamí la vagina por todas partes. Me
acariciaba el cabello y me metía el dedo gordo en la boca.
Este es mi pene para ti- me dijo.
Después fui yo la que le lamió los dedos de su mano uno por
uno. Y luego la obligué a lamerme los míos uno a uno. Me encanto atrapar sus
duros y anchos senos. Me los acercó a la boca para que se los lamiera y es lo
que hice. Acaricié con mis dedos sus pezones. Acercó de nuevo su vagina para que
le introdujese dedos y lo hice.
Sabes que me vuelves muy loca nena- me dijo.
Y desde luego que no quería dejar su clítoris en paz.
Acariciándolo con toda la mano. Ella dio un gritito.
Me tumbe sobre ella y hacíamos como si copulasemos. Eso me
encanta y me hace estremecerme.
Os recuerdo que todo esto me lo estaba imaginando. Cuando
volví a abrir los ojos me di cuenta de que allí ya no había nadie. Catalina no
se estaba masturbando. De pronto me llevé un sobresalto. Alguien estaba detrás
de mí.
Pero que tontita que eres – me dijo.
Se agachó y me dio un beso en la cara.
Hasta la próxima- me dijo.
Entonces lo único que se me corrió decirle allí tumbada,
desnuda y con una mano en mi sexo empapado fue decirle:
Pero, ¿me quieres?.
Siiiiiiiiiiii- me contesto andando y desapareciendo
entre la jara y las rocas.