Salida de mujeres
Tras ganar en un concurso, dos entradas para asistir al
teatro, mi mujer quería usarlas para ir con una amiga. Ella quería variar un
poco, ya que últimamente siempre salíamos en pareja, con otras parejas y a mí me
parece bien que tenga ese espacio para ella. Arregló con Maricel su amiga de
toda la vida para ir juntas, pero al rato de arreglar se indispuso y suspendió
la salida y Camila tuvo que buscar otra compañera. La posibilidad de ir conmigo
era la última y estaba bien que fuera así. El día avanzaba y ninguna de sus
amigas podía acompañarla. Pese a que yo era su última chance y al verla luchar
con su agenda, me ofrecí a ir.
- Es que yo me había hecho la idea de una salida de mujeres.
– Me dijo refunfuñando.
- Si me prestás ropa, yo me disfrazó.- Y los dos nos reímos y
prosiguió la búsqueda de una amiga para esa noche.
Dos horas mas tarde y con algo de vergüenza ella me pidió que
la acompañara al teatro. Yo por supuesto accedí y me fui a bañar, para estar al
tono de la situación.
Al salir del baño encuentro sobre mi lado de la cama, dos
conjuntos completos de ropa femenina, bombchas, corpiños, medias, blusas, un
vestido, una minifalda y un pantalón. En ese momento entra mi esposa y me dice,
señalando la ropa que estaba sobre la cama.
- Probate esa ropa haber como te queda. – Yo me quedé
estupefacto, ella me lo decía como si fuera lo mas natural del mundo. Luego de
unos segundos tire la toalla y me empecé a vestir con su ropa.
(Debo aclarar al lector desprevenido que yo ya me había
vestido de mujer varias veces pero solo, sin que ella lo supiera, en su ausencia
por vacaciones.
En está misma página a varios relatos que describen esos
momentos. Dicho esto sigamos con la historia.)
Me probé la falda y el vestido, ambos me quedaban muy bien y
a ella también le gustaron pero insistió con que me probara el pantalón y otra
blusa que le parecía más sexy. Tuvo razón ese pantalón me hacía una colita
espectacular.
- Bien, Ahora mientras busco los zapatos y algún otro
detalle, vos te afeitás bien al ras.
Los zapatos que eligió, yo ya los había usado en una de esas
veces que me había vestido de mujer y eran uno de los que más me gustaba usar,
así que la sorprendí cuando me puse a caminar con mucha naturalidad por la
habitación, sin quejarme ni caerme. Luego me maquilló como me hubiera sabido
hace a mí, con todos los productos y con la paciencia que yo no tengo. Se
destacaba mucho mi lunar y no se notaba ninguna sombra de mi barba o bigote. Con
las pestañas arqueadas y esos labios rojos, parecía una diva de la televisión.
Cuando creí que mi transformación estaba concluida sacó un collar, un par de
anillos, unas pulseras, un par de aritos que me hacían muy elegante.
Pero el broche de oro fue una peluca rubia de pelo corto, que
yo no recordaba haber visto nunca. Me la acomodó, le dio un par de cepilladas y
me dejó mirarme al espejo. Yo era toda una mujer
- Solo te falta un nombre. – Yo ya lo tenía.
- Que te parece, Linda
- Perfecto
Salimos de casa con tiempo pues no sabíamos cuanto tardaría
el trámite de recoger las entradas y esas cosas, ya que nunca habíamos ganado
entradas gratis. Pero todo fue muy sencillo y nos quedó mucho tiempo, antes de
que dieran sala para entrar, así que decidimos ir al bar de al lado a tomar algo
y matar el tiempo. La verdad es que necesitaba lago ya que todo esto de estar
tan expuesta me ponía muy nerviosa, en cambio Camila me trataba como si fuera
una amiga, me mostraba y me comentaba cosas que nunca hacía conmigo en esas
mismas situaciones.
- No mires pero en la mesa que está al lado de la ventana hay
dos tipos que nos miran.
- ¿Dónde?
- No seas idiota, se van a dar cuenta, se un poco mas
disimulada. ¿los ves? – Yo no los veía pero eso me puso a mil
- Dame un beso, así los desalentamos. – Me dijo mientras me
daba vuelta la cara para que los viera. Nos dimos un beso mortal, Yo estaba re
caliente y creo que ella también. Aunque no entendía bien porque.
Esto en lugar de calmar sus intenciones los puso más
cachondos, se lo notaba en las caritas.
Terminamos nuestras copas ya era hora de entrar a ver la
obra. Salimos del lugar de forma rauda, sin darles tiempo a que reaccionaran.
Pude verlos apurar al mozo para pagar su cuenta con el objeto de seguirnos.
Los vi, nuevamente cuando el acomodador cortaba nuestros
ticket, pero que iban a hacer, se quedaron afuera y con las ganas…
Ya en nuestras butacas sentadas y con la luz apagada, nos
empezamos a tocar, de forma intensa. Mi mano buscaba su piel y ella hacía lo
mismo. Estábamos al palo. Ninguna de las dos prestaba atención a lo que pasaba
en el escenario y en el intervalo nos levantamos y salimos de la sala. Ella me
llevó al baño, era la primera vez que entraba en ese templo que es el baño de
mujeres, me metió en un escusado y nos pusimos a coger. Creo que todas las
mujeres del baño se dieron cuenta pero nadie dijo o hizo nada. Cuando acabamos
yo estaba totalmente desprolija, se me había salido la ropa y tenía que hacerme
urgente unos retoques en mi cosmética. Camila se arregló y luego me puso casi
mas linda como antes.
Aunque nos perdimos unos diez minutos de la segunda parte,
entramos y nos quedamos sin entender mucho hasta el final.
Salíamos, del teatro charlando como si nada cuando vemos que
los dos tipos del bar estaban en la puerta del teatro. Mis hormonas volvieron a
batirse dentro de mí. Me quedé en segundo plano esperando la reacción de mi
mujer, dejando que ella llevara la iniciativa. En ese momento no sabía como iba
a reaccionar, si los humillaría o simplemente los ignoraría.
Los tipos nos encararon por separado aprovechando el tumulto
y toda mi estrategia se fue al carajo. Yo miraba como el otro avanzaba a mi
mujer, mientras él me decía cosas bonitas. En un instante cruzó su brazo por mi
cintura y eso terminó poniéndome tan caliente que sabía que en cualquier momento
perdería el control. Levanté la mirada en busca de mi mujer pero fue en vano,
ella y el muchacho habían desaparecido.
Sin darme cuenta me encontraba caminando por la calle del
brazo de un tipo como si yo fuera su mujer. Me apretaba hacía él y yo me dejaba.
Nos detuvimos frente a su auto, él me abrió la puerta y me ayudó a entrar, dio
la vuelta y yo le abrí el seguro y el me lo agradeció. Quiso besarme, pero yo
hice un movimiento y lo eludí, con naturalidad, así que no se dio cuenta si no
quería besarlo o no entendí su intención. Puso el auto en marcha y cruzó la
ciudad e. Yo no sabía si el se había dado cuenta que yo no era una mujer, y si
es así como lo tomaría cuando se entere. A esto yo no había pronunciado ni una
sola palabra.
En un semáforo, aprovecho para tocarme la pierna y como vio
que mi reacción era favorable, me tomo por el cuello y me besó. Fue
impresionante, un beso de amantes, un beso de esos que parecen que nos besamos
toda la vida. Un beso perfecto, ya sentía que su mano buscaba la entrepierna,
cuando la bocina del auto de atrás nos separó para que el pusiera un cambio y el
auto avance.
A las pocas cuadras encontramos un hotel para parejas y allí
entramos. Una vez dentro de la habitación yo ya no tendría escapatoria, y no la
quería pero no sabía que haría él y ese mal momento no lo quería pasar. Pero
¿qué podía yo hacer? Fue él el que me había traído hasta allí, fue él el que me
había elegido, esperado y besado… Pero yo estaba muy caliente y a la vez me
moría de miedo.
Él me abrazó y con sus manos intentó desnudarme, ya me estaba
por desprender el corpiño, cuando me di cuenta que era yo quien debía tomar la
iniciativa. Lo abracé, para impedirle que siga con su tarea. Lo besé y mientras
lo besaba, mismazos recorrían su espalda sacándole la camisa del pantalón hasta
sentir su piel en mis palmas. Por primera vez sentí su olor de hombre. Por
encima del pantalón busque entre sus piernas el bulto y estaba bien parado. Bese
su cuello y desprendí su camisa, mientras no dejaba de rozar su pija en mi
cuerpo.
Besaba su pecho y mientras jugaba con sus tetillas mis manos
trataban de desprender su pantalón y dejarlo en slips. Me hice cargo de su
verga, primero con masajes y caricias y luego mi boca. Su polla debería tener
unos 17 centímetros, casi era igual a la mía. Se la estaba chupando, el gemía y
le temblaban las piernas, tuve que dejarlo caer en la cama para que no se
desplomara sobre mí.
- Me estás matando… Si, Si… Seguí así…
Yo se la estaba mamando como a mí me hubiera gustado que lo
hagan y ahora no sabía si hacerlo acabar o no. Si lo hacía acabar quizás no era
necesario develar mi secreto, pero yo me quedaría con una calentura de mil
amores…
Estaba yo en esa incertidumbre, cuando me interrumpe,
tomándome de la cabeza y me dice.
- Quiero hacerte la colita. – Fue escuchar eso y derretirme,
mi ano latía más fuerte que mi corazón.
Sacó su polla brillante de mi boca y me hizo un gesto para
que me desnudara, mientras el se ponía un forro. Con una mano trataba de romper
el envoltorio del profiláctico y con la otra me acariciaba el culo con
sabiduría.
Bajé el nivel de las luces, luego me saqué la blusa y por
último el pantalón quedándome en tanga.
- Vení, linda, acostate aquí a mi lado.
Yo me arrastré a su lado tratando de disimular mi bulto, que
estaba de un tamaño impresionante. Me acosté, boca a bajo, ofreciéndole mi cola,
todavía enfundada en una brevísima tanga de hilo dental..
Me acariciaba y besaba mi espalda, hasta llegar a mi cola,
ahora jugaba con la tanga y los cachetes de mi culo. Yo gemía y me erizaba con
cada uno de sus movimientos.
Ya no había nada que hacer. En cualquier momento se debelaría
mi secreto y yo sabría como terminaría esa noche.
Sus manos intentaron sacarme la bombacha y yo me resistí. Era
absurdo ya estábamos los dos en bolas, él con el forro puesto, ya le había
chupado y sobado la pija, ¿por qué no me iba a dejar sacar la bombacha?
Lo dejé que lo hiciera pero ahora era mi pene el que lo
impedía. Pasó su mano por debajo de mi cuerpo, para destrabar el elástico que él
suponía se había enredado con las sábanas pero se encontró con mi pene tan
grande y firme como el de él.
Se sorprendió y sacó la mano de inmediato. Yo no lo podía
creer que él no supiera que yo no era… me quería morir, quería hacerme invisible
y salir huyendo de esa situación tan horrenda… ahora él me reprocharía y se
pondría violento y eso era lo que mas me molestaba… porque si lo hacía con clase
está todo bien… pero en esa situación yo creía que el tipo se iba a poner
violento. Unos segundos que me parecieron horas, los dos nos quedamos
petrificados. Cuando de repente se hizo a un lado y me pidió que me sacara la
tanga… me dio vuelta y me miró., acarició mi cola y dejó caer la saliva por la
canaleta de mi culo y Lugo me lubricó el agujero con su dedo. Luego fueron dos y
yo gozaba como si me estuviera cogiendo.
Cuando sintió que ya estaba dilatada, se acomodó tras mío y
comenzó la penetración.
La única vez que he sido penetrada, yo me había preparado
previamente, así cuando llegaba este momento mi esfínter, ya estaba preparado.
Pero esta vez no estaba planificado así que sentí el dolor que sentí fue
espantoso. Su pija se abría paso dentro mío y las lágrimas saltaban de mis ojos.
Su cabeza se sentía como un cañón y cuando me estaba acostumbrando la embistió
hasta la base. Yo grité y él se quedó quieto. No quería que se moviera, ni para
delante ni para atrás. Pero parece ser que el no se dio por enterado, porque
después de unos minutos empezó el mete y saca.
- ¡Què hermoso culo tenés, es el mejor que he cogido!!!
Sus palabras fueron un bálsamo y allí empecé a moverme. Los
dos estábamos a punto de acabar y lo hicimos. Nos dejamos caer en la cama y
luego de unos instantes me ofreció un cigarrillo, que fumamos a medias.
Tardé un rato en vestirme y salimos, me llevó a casa y nos
despedimos con un beso. Me dejó su tarjeta para que lo llame para volver a
vernos.