ROCIO
(TRES CONTRA UNA)
La vida había sido buena con Rocìo, quizás no todo lo buena
que ella hubiera querido, pero analizándola un poco a fondo, definitivamente no
había sido mala.
Tenia una buena familia, un buen esposo que la quería, muchos
amigos que la estimaban, una profesión interesante, un trabajo agradable que le
gustaba desempeñar, y aunque no era rica, si tenia todo lo necesario para vivir
bien de manera desahogada.
Pero con todo y eso, ella no era completamente feliz, no era
feliz al cien por ciento. Quizás tenia todo lo que se podía desear, pero sin
embargo ella pensaba y sentía que le faltaba algo. Posiblemente no alcanzaba a
comprender que era lo que le faltaba, o talvez lo comprendía demasiado bien pero
tenia miedo de aceptarlo, por lo menos de aceptarlo abiertamente.
A sus 38 años de edad, Rocìo era una mujer joven y llena de
vida, además de que tenia un cuerpo en la plenitud de su madurez y perfectamente
bien delineado en todas sus formas y curvas. Su piel era blanca y suave, su
cabello castaño le caía hasta media espalda, sus ojos eran vivaces y hermosos,
su cara picara y bonita, sus nalgas eran redondas y paraditas, su cintura era
breve, sus piernas largas y bien formadas, sus muslos carnosos y suaves, y sus
pechos podrían ser la delicia de cualquier hombre. Cuando iba por la calle los
hombres la chuleaban, y cuando se subía al metro o a algún microbús,
generalmente era manoseada descaradamente por algún tipo aventado, y a ella le
gustaba eso, le gustaba despertar el deseo sexual animal y el morbo lujurioso
entre los hombres, sentirse y saberse deseada por los machos.
En general era una mujer muy hermosa, y en su fuero interno
sentía que ese hermoso cuerpo estaba siendo desperdiciado, que ese hermoso
cuerpo debería ser gozado sexualmente por muchos hombres, y ese era su deseo
escondido, gozar con su cuerpo de todos los placeres que le exigía su intima y
ardiente sensualidad, quería sentirse una puta. Y no era que no gozara el sexo
con su esposo, si lo gozaba, pero siempre de una manera convencional y
tranquila, esto al principio, en sus primeros años de matrimonio había sido
suficiente para ella, pero ahora ya no lo era, ella quería que le metieran la
verga de forma mas salvaje, que le ultrajaran la cola, que la pusieran en todas
las posiciones imaginables, que la obligaran a comportarse como una perra
caliente, como una puta callejera, como una mujerzuela de barrio, y esto no lo
tenia con su esposo, ya que a su esposo no le gustaba que le mamaran la verga y
ella no solamente quería hacerlo, sino que quería mamar dos vergas a la vez y
llenarse toda la boca con camotes fuertes y bien parados. A su esposo no le
gustaba darle por el culo y ella deseaba tener una verga grande latiendo dentro
de su culito y metida hasta los intestinos.
Quería ser cogida por un hombre, por dos, por muchos, y ser
penetrada por todos los hoyos de su cuerpo. Quería que un cabron le metiera la
verga por la panocha y otro al mismo tiempo se la metiera por el culo, mientras
ella le mamaba la verga a un tercero, quería sentirse violada y humillada como
cualquier pinché puta, quería experimentar un orgasmo tras otro y sentir el
erótico y morboso placer que sabia o por lo menos intuía que podía sentir al ser
tratada como una cualquiera, como una prostituta de barrio.
Y así estaba Rocìo, con sus 38 años, su vida bien llevada, su
cuerpo esplendorosamente erótico y lujurioso, y sus sueños de emputecerse para
gozar al máximo del placer sexual, un sueño que al principio era solamente eso,
un sueño, pero que con el paso del tiempo ella sentía que cada vez estaba mas
cercano, pues aunque había empezada solo como una idea loca y lejana, muy
difícil de alcanzar, con el tiempo había ido tomando forma y volviéndose una
idea ya no tan loca ni tan lejana, los cuerpos de hombres abstractos iban
tomando forma, las vergas imaginarias iban tomando forma, las morbosas escenas
de orgías en donde ella era la principal atracción iban tomando forma, y toda la
idea en general comenzaba a tener visos de realidad, solo tenia que pensarlo
bien, planearlo bien, y esperar el momento de valentía y coraje en que se
decidiera a llevar a cabo su mas anhelada fantasía sexual y erótica.

Y como no hay plazo que no se cumpla y todo en esta vida
tiene que llegar, también a Rocìo le llego el gran día. Después de pensarlo y
planearlo por un buen tiempo, al fin tomo la decisión que quería, pues su cuerpo
aun era bastante joven y cada vez con más urgencia le pedía placer, le pedía
satisfacción sexual plena. La decisión la tomo desde una semana antes en que su
familia le aviso que iban a salir el siguiente fin de semana y ella tendría que
quedarse sola en casa porque supuestamente ella tenía algunos compromisos de
trabajo para ese fin de semana.
Y se paso toda la semana pensando en lo que haría, como se
vestiría y adonde iría, y decidió que el viernes por la noche se vestiría como
puta callejera y se iría al centro de la ciudad a buscar clientes y que
aceptaría al primero que le propusiera irse a acostar con el. Y siguió pensando
en eso, preparando y preparándose para el gran día, ya había tomado la decisión
y nada haría que ella se arrepintiera, definitivamente llevaría sus planes
adelante, su lujurioso cuerpo se lo pedía, su calenturienta mente se lo pedía,
su panocha hambrienta de verga se lo pedía, su culo virgen se lo pedía, sus
chichotas deseosas de ser manoseadas se lo pedían, en fin, que ella ya no podía
taparse los oídos a lo que ya era muy evidente.
Y llego el viernes. La familia ya se había ido y Rocio se
encontraba sola en casa. Se maquillo de la manera mas vulgar que pudo, y se
vistió como ella se imaginaba que seria una puta callejera, se puso una falda
ultracorta con la que prácticamente enseñaba buena parte de sus nalguitas, un
pequeño calzón que casi parecía una tanga, una medias negras de malla, una blusa
semitransparente lo más escotada que pudo, y unos zapatos de tacón alto.
Como a las siete de la noche se paro en la puerta de su casa
y pensó, si salía ya no habría regreso, era el momento de tomar la decisión
definitiva, y salio.
Se fue por el rumbo del centro de la ciudad atrás del palacio
nacional porque alguien le había dicho que ese era un rumbo donde había muchas
putas callejeras, aunque en realidad ella no pudo ver ninguna. Ella caminaba con
algo de miedo y de nervios moviendo sensual y rítmicamente sus nalgas y todos
los hombres volteaban a verla a su paso, pero ninguno se animaba a hablarle. Se
paro por unos momentos en una esquina, y en eso se le acerco un tipo alto y
moreno quien desenfadadamente le paso una mano por la cintura y ella sintió un
escalofrió al sentirla e instintivamente trato de separarse pero el tipo la
atrajo con mas fuerza y le dijo.
Que tal mamacita, ¿cuanto me cobras por un acoston?
Ella había pensado en todo, menos en lo que supuestamente
tenia que cobrar pues se suponía que era una puta, y por un momento se quedo
muda sin saber que decir, pero se repuso rápidamente y le contesto:
Te cobro cien pesos.
El tipo hizo una mueca como de disgusto aunque la realidad
era que esa respuesta y el titubeo de ella lo único que hicieron fue confirmarle
lo que el sospecho desde el momento en que la vio, que esa no era una puta común
y corriente, que posiblemente era una puta fina buscando una aventura en un
barrio bajo o una ama de casa buscando que alguien se la cogiera, pues cien
pesos era apenas la cuarta parte de lo que normalmente cobraba una puta del
rumbo, y a pesar del rebuscado maquillaje, el pudo notar que la cara y la piel
de esta putita no estaba ajada y resentida como la de las putas baratas que
había por el rumbo.
Esta bien –dijo el- te voy a dar los cien pesos, pero
como no me alcanza para pagar el cuarto, vamos a tener que ir a mi casa,
esta a solo dos calles de aquí, ¿vamos?
Si, vamos –contesto Rocìo titubeante y no muy convencida
de lo que estaba haciendo, pues una cosa es imaginárselo y fantasear con el
hecho y el deseo de ser una puta y otra muy distinta es hacerlo en realidad,
y en esos momentos ella ya estaba en el camino perfecto para convertirse en
una verdadera puta, y este solo pensamiento hizo que su panochota comenzara
a humedecerse.
Echo a caminar al lado del tipo quien no la soltó de la
cintura para nada, y después de un par de calles entraron a una de esas
vecindades que abundan en el centro y que por dentro son un mundo de viviendas
con varios patios unidos entre si por unos pasillos estrechos, oscuros y
malolientes. Cuando el tipo le dijo que irían a su casa, ella pensó que quizás a
algún departamento, pero no se imagino que iba a entrar en una especie de
submundo compuesto por vagabundos, rateros, prostitutas, alcohólicos sin
remedio, y toda esa clase de gente que no tiene cabida en el mundo normal.
Rocio sintió miedo cuando entraron a la vecindad, si tenia
muchas viviendas pero aparentemente la gran mayoría estaban desocupadas o sus
ocupantes no se encontraban pues no se veía luz casi por ninguna parte, la noche
ya había caído por completo y la oscuridad era casi total, pero el tipo parecía
conocer muy bien aquellos laberintos pues avanzaba firmemente y sin soltar la
cintura de ella, hasta que después de unos momentos que a Rocìo le parecieron
eternos, llegaron a la puerta de la vivienda del tipo, y mientras el abría sin
soltarla como si tuviera miedo de que se le fuera a echar a correr huyendo de
el, ella pensó en que tampoco había planeado como comportarse en cuanto
estuvieran a solas, ¿tendría que empezar ella a caldearlo, tendría que
desnudarlo o desnudarse ella primero? No lo sabia y no quería aparentar
inexperiencia, por lo que decidió dejar que el le diera alguna pauta sobre lo
que esperaba de ella.
Entraron a lo que era el primer cuarto de los dos en que se
componía el total de la vivienda, este cuarto era como de cinco por cuatro
metros y estaba lleno de cachivaches y basura por todos lados, un único foco al
centro que el encendió, y en una orilla del cuarto había dos sillones bastante
viejos y desvencijados como único mobiliario de ese lugar, el otro cuarto no lo
alcanzaba a ver ella porque estaba dividido por una cortina de tela que parecía
tener años sin lavarse.
En cuanto entraron, el tipo le rodeo la cintura con las dos
manos y le pregunto:
¿Como te llamas putita?
Me llamo Rocìo –contesto ella echándole los brazos al
cuello.
Esta bien, a mi me dicen el chango pero tu me puedes
decir changuito, ¿de acuerdo?
Si –contesto rocio sintiendo como las manos de el bajaban
de la cintura a sus nalgas metiéndose por debajo de la corta falda y
sobandole las nalgas a través del calzón.
Espero que te portes bien y seas muy complaciente
conmigo.
Si changuito, seré complaciente contigo.
Y también deberás complacer a mis amigos que no tardaran
en llegar.
¿Amigos, que amigos? Tú no me dijiste que fueran a estar
aquí ningunos amigos y el trato fue que me acostaría solo contigo.
El chango sin responder la soltó de las nalgas y lentamente
se separo un poco de ella como si estuviera pensando lo que habría de decir,
cuando de pronto y violentamente le soltó a Rocìo una fuerte bofetada en la
mejilla que la hizo trastabillar hacia atrás hasta casi caerse. El golpe fue muy
duro e inesperado y Rocìo no supo que hacer. El tipo fue hacia ella y la jalo
fuertemente de los cabellos, gritándole:
Pues quien te crees que eres puta pendeja, tu estas aquí
para complacerme a mí y a quien yo te ordene porque para eso te voy a pagar,
eres mi puta y voy a hacer contigo lo que yo quiera, ¿esta claro?
Si –contesto Rocìo contesto simplemente por instinto, con
temor y casi a punto de llorar pues no podía hacer ninguna otra cosa.
Pideme perdón pinché mujerzuela barata.
Perdóname changuito.
Esta bien –dijo el chango- por esta vez te perdono, pero
si no te comportas como una verdadera puta y nos das placer a mi y a mis
amigos como nosotros queramos, te va a ir muy mal, pues te daré una buena
madriza y además te marcare esa hermosa cara que tienes con una navaja,
¿entendiste?
Si –contesto ella con miedo pero a la vez sintiendo un
cosquilleo que le subía por las piernas y le llegaba hasta la panocha, que
ya no solo se encontraba húmeda sino totalmente mojada por las perspectivas
de lo que le iba a pasar. aparentemente no solamente se la iban a coger,
sino que la iban a forzar entre varios lo que significaba casi casi una
violación y esto hacia que su temperatura subiera.
¿Si que? –pregunto el, que seguía jalándola con fuerza
por los cabellos.
Si voy a ser una verdadera puta para complacerte a ti y a
tus amigos –contesto ella otra vez más por instinto de conservación que por
verdadero convencimiento.
De acuerdo pinché perra asquerosa –dijo el soltándola por
fin del cabello- y ahora encuérate que quiero ver que es lo que me voy a
comer.
Rocìo comenzó a quitarse la ropa mientras el sacaba una
botella de ron barato y servia dos vasos. Comenzó quitándose la blusa y el
pequeño sujetador que llevaba y siguió con la falda y la breve pantaleta y al
último se quito las medias quedando totalmente encuerada ante los ojos del
chango, quien exclamo:
Caray pinché perra callejera, no pensé que estuvieras tan
buenota, estas mejor de lo que parecía a simple vista, tomate una copa –dijo
el tipo alargándole uno de los sucios vasos en los que había servido el
licor.
Gracias pero yo no tomo –contesto Rocìo.
Eso a mi me vale madres, ahora vas a tomar porque a mi se
me da mi puta gana.
Esta bien –dijo ella tratando de que el no se molestara y
aceptando el vaso que le ofrecía.
Salud –dijo el chango tomándose todo su vaso de un jalón.
Salud –contesto ella tratando de hacer lo mismo pero lo
único que logro fue atragantarse y toser pues el ron era demasiado fuerte y
corriente, de manera que solo se tomo la mitad.
Ah que puta pendeja eres para tomar, pero no te preocupes
ya iras aprendiendo, ahora ven aquí y déjame disfrutar de tu cuerpo de
putota.
El chango llevo a Rocìo hasta el
viejo sillón y la sentó en sus piernas procediendo a manosearla por todos lados
y a chuparle y morderle las chiches haciendo que ella correspondiera a las
caricias y tomara su cabeza con las manos acercándola mas a sus hermosos pechos.
El chango la aparto un poco de el para poder sacarse la verga y ella se quedo
sorprendida del tamaño de ese pitote, era la verga mas grande que Rocìo hubiera
visto en su vida, de inmediato la agarro con su delicada manita y comenzó a
sobarsela mientras el seguía manoseándola por todos lados. De pronto el chango
la levanto y se desnudo por completo volviendo a sentarse en el viejo sillón y
diciéndole a Rocìo:
Chupame la verga pinché ramera barata.
Obedientemente Rocìo se hinco entre las piernas del chango y
tomo la vergota con sus manos procediendo a meterse la cabeza del pito en la
boca, pues aparentemente no le cabía más que eso.
Chupamela bien puta pendeja, ¿es que nunca habías chupado
una verga?
Nunca había chupado una verga tan grande –contesto Rocìo
sacándose el pito por un momento para volvérselo a meter en la boca de
inmediato.
No me extraña, se ve que eres una puta sin experiencia,
de cualquier forma metete lo mas que puedas en la boca, hasta que te llegue
a la garganta, luego la sacas y te la vuelves a meter, y así hasta que yo te
diga.
Y así lo hizo Rocìo. Pensando en el problema aparente en que
se había metido. Estaba en un cuartucho sucio de una vecindad horrible y
aparentemente abandonada, con un tipo mal encarado al que nunca había visto en
su vida, encuerada y chupandole la enorme verga que tenia este cabron, y en
espera de unos amigos que ella no sabia ni cuantos eran ni como serian, pero no
se atrevía a preguntar.
En eso el chango la levanto y la sentó de frente sobre su
verga, la cual apenas pudo entrar en la estrecha panochita de Rocìo, ella sintió
que la partían en dos y trato de acomodarse lo mejor que pudo para no
lastimarse.
Muevete pinché perra callejera, mueve rico ese enorme
culote que tienes–le dijo el chango.
Si changuito, pero meteme toda tu vergota, parteme mi
panochita en dos, cogeme hasta que me desmaye.
Ella comenzó a moverse como podía, y comenzó a gozar y a
estremecerse con la vergota que tenia metida, se la sacaba casi toda y se volvía
a sentar en ella hasta desaparecerla, y tuvo su primer orgasmo, se abrazo al
tipo y lo beso en la boca metiéndole su lengua hasta el fondo y disfrutando de
su prolongado orgasmo. El chango no tardo mucho en venirse también inundando su
coñito con abundante leche.

Ella quedo un tanto desmadejada y se levanto lentamente del
pito tratando de cerrar las piernas para no escurrirse demasiado, y el chango le
ordeno.
Hincate aquí puta cabrona para que me limpies la verga
con la lengua, hazlo despacio y con gusto como si estuvieras enamorada de mi
verga, la quiero bien limpiecita.
Si changuito, te limpiare tu enorme y linda vergota con
mi lengua –contesto ella procediendo a limpiar la verga con todo cuidado y
esmero.
Cuando Rocìo termino su labor de limpieza, se levanto y le
pregunto al chango donde estaba el baño para poder asearse.
Aquí no hay baño –contesto el chango dándole unas simples
servilletas- límpiate en cualquier rincón como puedas.
Ella un tanto apenada comenzó a limpiarse a la vista del
tipo, se puso en cuclillas para dejar que saliera el mayor líquido posible de su
panochita, y cuando termino busco su ropa para taparse algo.
Que es lo que vas a hacer –pregunto el chango.
Voy a taparme.
Ni madres, quiero que te quedes encuerada porque no voy a
perderme el espectáculo de ver tus chichotas y tus enormes y bien paraditas
nalgas, sirve otros dos vaso y toma.
Rocìo obedeció y se quedo encuerada y sirvió mas licor y tomo
con el tipo. Después de un par de copas más, ella ya se sentía más relajada y
medio mareada, estaba sentada junto al chango agarrandole la verga mientras el
le manoseaba todo su cuerpo, ella estaba a gusto con ese manoseo pues le gustaba
que le agarraran y manosearan con ardor todo su cuerpo, en eso el chango le
dijo:
Parate frente a mi y empínate mostrándome las nalgas.
Ella obedeció sin objetar nada, se paro frente al tipo y se
empino mostrándole todas sus esplendorosas nalgas y su hermosísimo culito. El le
dio varias nalgadas a la vez que se las sobaba y le repetía lo buenas y
preciosas que estaban sus nalgotas, luego aproximo su cara y abriéndole las
nalgas con las dos manos le dio un prolongado beso en el culo haciendo que ella
se estremeciera y se empinara más. El siguió lamiéndole el culo y hasta le metió
la punta de la lengua por el pequeño y fruncido orificio trasero de ella, ella
sentía que las piernas le temblaban y gozaba de lo lindo con la lamida de su
culo. Entonces el se separo y le dijo:
Siéntate con las nalgas hacia mi, te voy a meter la verga
por tu culito.
No por favor –protesto Rocìo- nunca nadie me la ha metido
en el culo.
¿Eres virgen del culo? –pregunto el chango extrañado.
Si.
Pues entonces con mayor razón te la voy a meter.
Rocìo quiso protestar pero ya no lo hizo, pensó que lo mejor
era aceptar lo que venia ya que después de todo, esa era una de sus fantasías,
que alguien le rompiera su virgen anito, quería saber que se siente tener una
palpitante verga ensartada en el culo. El chango se ensalivo el pito y le
ensalivo el culo a Rocìo, luego la fue sentando poco a poco en su verga mientras
ella se abría las nalgas con las manos tratando de facilitar un poco la
penetración.
Definitivamente que si hubo dolor en el culo de Rocìo porque
ninguna otra verga había entrado antes en ese hoyito, pero fue mas el placer y
la satisfacción de ver realizada su fantasía y sentirse empalada por el ano, de
manera que poco a poco ella se fue acostumbrando al intruso en su cola y se
acomodo para comenzar el mete y saca lentamente sentándose sobre el chango,
mientras este la abrazaba con las dos manos y le manoseaba con fuerza las
chiches.
Así changuito –decía ella- así meteme tu vergota, rompeme
el culo con todas tus fuerzas, cogete a esta puta caliente que es para ti,
asi cariño, ábreme mi culito para que se acostumbre a tu vergota y después
puedas metérmela siempre que estés caliente.
¿De quien es tu culo, putita? –le pregunto el chango.
Es todo tuyo cariño, es para que tu metas tu verga cuando
quieras, es para que me empines cada que se te de tu puta gana, es para que
tu lo goces como tu quieras, es para que tu vergota se venga y descargue
toda su lechita en mi culito.
Rocìo se sentía transportada a otro mundo y entrecerró los
ojos mientras le seguía diciendo al chango que ella era su puta y que su culo
era solo para el, y para tratar de disfrutar al máximo el momento de su
desvirgue anal.
Y en eso estaban cuando ella escucho unos ruidos que
provenían de la puerta e instintivamente trato de pararse pero el chango la
retuvo con fuerza diciéndole:
No te preocupes putita, son solo mis cuates que están
llegando.
Ella miro hacia la puerta y vio que entraban dos tipos igual
de malencarados que el chango, Rocìo no tenia ni con que cubrir su desnudez,
además de que seguia empalada por el culo con la verga del chango. Los dos
amigos se les quedaron viendo sin mucha sorpresa como si ya estuvieran
acostumbrados a estos espectáculos, y saludaron al chango procediendo muy
sonrientes a sentarse en el sillón a los lados de ellos y entonces el chango
hizo las presentaciones:
Muchachos les presento a mi puta callejera.
Ellos le extendieron la mano y ella se las recibió y cuando
estaba a punto de decir su nombre, se arrepintió viniéndole a la mente un
caliente pensamiento y prefirió sentirse más puta y más caliente diciéndoles:
Mucho gusto, soy la puta callejera del chango.
Uno de los tipos se presento como el chato, era blanco, alto
y como de treinta años, el otro se presento como el tortas, este era moreno, muy
moreno, chaparro y como de 55 años de edad.
El cuadro le parecía increíble a Rocìo y no se lo había
imaginado en ninguna de sus fantasías, ella estaba encuerada y sentada sobre la
verga del chango quien se la metía por el culo, y sus dos amigos viendo el
espectáculo de todas las hermosas formas de su cuerpo y chupandose los labios
anticipadamente por el placer que ellos sabían que se avecinaba.
Pero así no se saluda puta pendeja –dijo el chango
dándole un golpe con la mano abierta en un muslo e interrumpiendo los
pensamientos de Rocìo- debes de saludarlos dándoles un beso en la verga a
cada uno, para que vean que eres una puta bien educada y para que vean que
de verdad estas muy contenta de conocerlos, a ver muchachos parense para que
mi putita los salude como debe de ser, ¿estas de acuerdo puta asquerosa?.
Si changuito –contesto Rocìo a quien la calentura y el
alcohol ingerido le daban el valor necesario para aceptar lo que le
ordenaban, además de que el solo pensar en dos vergas mas que se iba a comer
esa noche aparte de la del chango que tenia metida en el culo, hacia que su
lujuriosa imaginación se desbordara mas allá de lo normal.
Los dos tipos se pararon frente a Rocìo, se bajaron la
bragueta y se sacaron las vergas, las cuales ya estaban medio paradas por el
espectáculo que ella les estaba dando, y Rocìo pudo ver que las dos eran más
pequeñas que la del chango, pero en esos momentos eso le valió madre a ella, una
verga es una verga –pensó- y no hay que desperdiciar nada. Ellos se acercaron
más y ella tomo una verga en cada mano y se las acerco a la cara, y deposito sus
labios entreabiertos, húmedos y calientes, primero en una y luego en la otra
verga. Las dos olían a mugre y a miados, pero ella se aguanto el asco y las
volvió a besar de nuevo repetidas veces.
Ahora sirvan de tomar para todos –dijo el chango- y luego
encuérense y súmense al agasajo, que esta mujerzuela barata nos tiene que
dar batería a los tres.
Los dos tipos sirvieron bebidas, luego se encueraron y se
sentaron de nuevo junto a Rocìo quien seguia con la verga del chango enterrada
en su culo a la vez que agarraba las otras dos vergas, una con cada mano. Todos
brindaron y se tomaron otras dos copas mientras platicaban y Rocìo era manoseada
en todo su cuerpo por los tres tipos, en eso el chato se paro y acerco su verga
a la cara de ella quien de inmediato la tomo con la boca y la empezó a mamar.
El alcohol había terminado por desinhibir a Rocìo y ya estaba
dispuesta a hacer lo que fuera, pues pensó que si ya estaba en ese lugar, lo
mejor que podía hacer era darle rienda suelta a sus instintos y gozar con lo que
el destino le había puesto a la mano, que eran tres tipos mugrosos y ansiosos de
coger con ella.
El chango les propuso clavarse a la puta de Rocìo por todos
sus orificios y los otros dos tipos aceptaron con gusto. El chango se desensarto
a Rocìo de cómo la tenia clavada por el culo, se levanto y le dijo al tortas que
se sentara en el sillón e hizo que Rocìo se sentara frente a el clavándose la
verga del tipo en su panochita, luego el chango se acomodo por detrás y le
volvió a clavar su pitote por el culito, y finalmente el chato se subió al
sillón y le metió su verga por la boca.
Y en esa forma, Rocìo quedo ensartada por todos lados y
comenzó a nadar en un mar de placer sexual experimentando un orgasmo tras otro.
Sentia su panocha y su culito totalmente llenos de verga, le dolía, pero
disfrutaba sintiendo como los dos pitos se tocaban a traves de una suave
membrana dentro de su cuerpo. Movía su cuerpo ondulantemente y de arriba hacia
abajo para tratar de que le entraran mas a fondo las vergas metidas en su culo y
su panocha, y por otro lado se afanaba por chupar y lamer la verga que tenia en
la boca, acariciándole suavemente los huevos al tipo y extendiendo los dedos
hasta su culo para manoseárselo morbosamente. Y por momentos sacándose la verga
de la boca para animar a los tipos diciéndoles:
- Cojanme bien cabrones, gocen de todos mis orificios y hagan
gozar a su puta barata, llénenme de mocos por todos lados.
Y así estuvieron por más de media hora, tiempo en el que
Rocìo estuvo casi a punto de desmayarse por el esfuerzo y por el placer que le
provocaban en su cuerpo las tres vergas que tenía metidas en sus hoyitos. El
primero en venirse fue el chango descargando una gran cantidad de mocos en su
culo, luego se vino el tortas haciendo estremecer y calentando y regando con su
leche la panochita de ella, y al final se vino el chato dentro de su boca
haciéndola que casi se ahogara con la cantidad de mocos que tuvo que tragar a
fuerza para no atragantarse.
Los tipos la separaron de sus vergas y se sentaron los tres
en el sillón ordenándole que se las limpiara a todos con la lengua, ella se
hinco obedientemente ante cada uno de ellos y les limpio las vergas.
Luego volvieron a servir más licor y siguieron tomando. Rocìo
se hinco entre las piernas del chango y se metió su vergota en la boca
procediendo a chuparsela lentamente mientras que con las manos agarraba cada una
de las dos vergas restantes para masturbarlas tranquilamente buscando que
volviera a pararse, ella no sabía si eso seria todo y ya se tenía que ir o si
debía quedarse con ellos toda la noche, pero la voz del chango la saco de dudas
diciendo.
Puta cabrona, te vamos a poner algo de música para que
nos bailes encuerada y podamos calentarnos para cogerte de nuevo, ¿estas de
acuerdo mujerzuela?
Si changuito –contesto ella sacándose por un momento la
verga de la boca- voy a bailar encuerada para ustedes para que se calienten
y se les pare la verga de nuevo.
Así me gusta –dijo el chango- eres una pinché perra
caliente y te vamos a coger toda la noche como se nos de nuestra chingada
gana, ¿esta bien?
Si, como tú digas.
¿Si que? Contesta bien cabrona puta pendeja –dijo el
chango jalándola por los cabellos y sacándole su pitote de la boca.
Si soy una pinché perra caliente y quiero que me cojan
los tres toda la noche como se les de su chingada gana.
Eso esta mejor, debes de reconocer que eres nuestra puta
y que todos tus hoyos son para complacer a nuestras vergas.
Si soy la puta de los tres –contesto Rocìo- y todos mis
hoyitos son para complacer a sus vergotas en la forma que ustedes quieran y
por todo el tiempo que quieran, solamente tienen que ordenármelo y yo
obedeceré sus órdenes para complacerlos.
Los tres tipos quedaron complacidos con las palabras de Rocìo
y siguieron tomando licor los cuatro por igual. Para ese momento ella ya se
sentía bastante mareada por el alcohol ingerido pero no podía negarse a tomar
por temor a que se enojaran, los tipos le estaban dando la mejor noche de sexo y
de depravación de su vida y ella quería que esto continuara por todo el tiempo
posible.
Pusieron una música lenta en una pequeña y vieja grabadora, y
rocío comenzó a bailar para darles un buen espectáculo con su desnudez y las
atractivas formas de todo su cuerpo. Se movía al compás de la música meneando
las nalgas morbosamente y acercándoselas lo más que podía para que ellos la
manosearan a gusto y empinándose después sin dejar de mover las nalgas para que
los tipos pudieran admirar bien su hermoso culito. Y así estuvo por un rato
hasta que ellos ya estaban bastante calientes y entonces la jalaron y la
acostaron sobre las piernas de los tres y la manosearon por todos lados
metiéndole los dedos en la panocha y en el culo.
Rocìo solamente cerró los ojos y se dejo llevar por las
placenteras sensaciones que los tres tipos le provocaban con sus manoseos. La
voltearon boca abajo para poder picarle el culo con mas facilidad quedando la
cara de ella sobre la verga del chato, la cual de inmediato se metió en la boca
sin que nadie se lo pidiera y la comenzó a mamar con ardor, y el chato le
pregunto:
¿Te gusta mi verga puta asquerosa?
Si, me gusta mucho tu verga –contesto Rocìo.
¿Te gusta chuparmela como la mujerzuela caliente que
eres?
Si, me gusta chupar tu rica, parada y sabrosa vergota
como la peor de las mujerzuelas.
Entonces la levantaron y se la volvieron a coger por todos
sus orificios simultáneamente, turnándose para ir cambiando de lugar y poder
probar los tres su culito, su panocha y su boquita y terminaron viniéndose los
tres volviendo a inundarle todos sus huecos de mocos y llevándola a un mundo de
sensaciones desconocidas, ella nunca pensó que se pudiera llegar a experimentar
tanto placer sexual conjuntamente, sus deseos de ser y sentirse como una puta
estaban siendo debida y cumplidamente complacidos, en realidad se sentía en esos
momentos como la puta mas puta del mundo, pero no sabia que aun no se acababa la
fiesta y que todavía le faltaban cosas por vivir con esos tres tipos calientes y
degenerados.
Luego los tipos levantaron a Rocìo y la tuvieron que sentar
en el suelo pues prácticamente no se podía mantener de pie, la dejaron que
descansara un rato y luego al chango se le ocurrió que para volverse a calentar
era necesario que ella les diera un espectáculo mas morboso todavía, de manera
que trajeron dos botella de cerveza y acostando a Rocìo en el suelo, le abrieron
las piernas y le metieron una botella en la panocha empezando por el cuello
hasta mas de la mitad de la botella. Rocìo trato de protestar intentando decir
algo, pero el chango la callo de una cachetada diciéndole:
Cállate pinché puta caliente.
Ella se callo, pero después vino lo peor, la hincaron en el
suelo y abriéndole las nalgas lo más que pudieron, le metieron la otra botella
en el culo, ella grito de dolor cuando sintió la invasión de su culito pero la
volvieron a callar con una patada en las chiches y ella tuvo que soportar que le
distendieran el culo hasta meterle también la mitad de la botella, entonces el
chango le ordeno:
Ahora pinché mujerzuela vas a caminar como perra en
cuatro patas de aquí hasta la puerta y de regreso hasta que te ordenemos que
pares ¿entendiste?
Si –contesto ella débilmente.
¿Si que? –grito el chango dándole otra patada no muy
fuerte en las chiches- no te ordene que contestaras bien, ¿que puta parte de
este no entiendes cabrona perra?.
Si voy a caminar como perra hasta que alguno de ustedes
me ordene que me detenga –contesto Rocìo.
Y comenzó a caminar, lentamente y a cuatro patas iba hacia la
puerta que estaba como a cuatro metros y regresaba hasta ellos para volver a
empezar de nuevo, se sentía cansada y mareada, así que tuvo que hacer un gran
esfuerzo para cumplir con la orden que le habían dado.
Los tres tipos se reían a carcajadas mientras veían a Rocìo
gatear por toda la habitación con dos botellas de cerveza metidas en su
panochita y en su culo, el espectáculo los divertía y los calentaba, la
manoseaban con gusto cada vez que se acercaba a ellos y se agarraban la verga
para parársela pues estaban decididos a volvérsela a coger entre todos, y
mientras seguían bebiendo y platicando.
Un buen rato después y cuando Rocìo estaba a punto de
desfallecer de cansancio, los tipos la detuvieron y le sacaron las botellas que
tenia enterradas y se la empezaron a coger en todas los formas imaginables y por
todos sus orificios, se la cogieron parada, acostada, boca arriba, boca abajo,
sentada, empinada y hasta parada de manos alzándole los pies como si fuera una
carretilla, le metieron dos vergas juntas en la boca y también juntas en su
panocha y hasta intentaron meterle las dos vergas juntas en el culo pero les fue
imposible por lo apretado que estaba, pero si hicieron sufrir a Rocìo quien
lloraba y gritaba sintiendo que le partían en dos su pobre culito.
Y después mientras se la cogian entre los tres, la insultaban
y la obligaban a decir lo que ellos querían oír teniendo que sacarse de la boca
por momentos la verga que tenia metida en ese turno.
Eres una pinché perra caliente ¿verdad? -decía uno de
ellos.
Si, soy una pinché perra caliente –contestaba Rocìo.
Eres una mujerzuela barata y pendeja –decía otro de
ellos.
Si, si soy la mujerzuela mas barata y mas pendeja del
mundo–volvía a contestar Rocìo.
Y te vamos a poder meter la verga siempre que se nos
antoje pues eres nuestra puta.
Y Rocìo volvía a contestar lo mismo. Y así estuvieron por
otro rato.
Y para terminar los tres amigos decidieron que los tres se
vendrían en la boca de ella para que se tragara los mocos de todos, y así lo
hicieron, primero fue el que la tenia ensartada por el culito, se la saco y se
la acerco a la boca haciendo a un lado al que en ese momento esta gozando de la
mamada de Rocìo.
Ahí te va la verga puta, y trágate todos mis mocos, no
quiero que desperdicies ni una sola gota pues si lo haces te rompo la madre.
Y ella se trago todos los mocos sin que se le saliera ni una
gota de la boca. Y luego hizo lo mismo el que estaba gozando de su boquita, y
por ultimo se vino en su boca el que la tenia ensartada por la panocha, y Rocìo
trago más que todos los mocos que se había tragado antes en su vida, y al
terminar simplemente se tiro en el piso tratando de descansar un rato, pero ya
comenzaba a amanecer y el chango decidió que ella ya se tenia que ir, le dio un
pequeño puntapié en el estomago y le dijo:
Ya levántate puta asquerosa que aquí no es hotel, vistete
y largate a chingar a tu madre.
Ella se levanto con muchos trabajos y se dirigió a donde
estaba su ropa, se vistió y cuando busco su bolso vio que el chango lo estaba
esculcando y lo miro como preguntándole que hacia o que buscaba.
No te espantes puta, no te voy a robar, nosotros no le
robamos a las putas que nos cogemos –dijo el chango acercándose a ella y
agarrandole las nalgas- solo estaba buscando alguna credencial con tu
dirección porque yo me tengo que volver a comer estas preciosas nalguitas.

Y le regreso su bolsa quedándose con una credencial, y sin
que ella se diera cuenta, tomo también una de sus tarjetas de visita en donde
venían los datos de su trabajo y sus teléfonos, y después le dijo:
No solamente no te robamos, sino que te voy a pagar en lo
que quedamos pues no quiero que trabajes gratis.
Y le alargo un billete de cien pesos que Rocìo tomo
tímidamente convirtiéndose así en una verdadera puta, pues no solamente había
dejado que se la cogieran tres cabrones sino que había cobrado por eso. Guardo
el billete en su bolsa y se fue, llegando con muchos trabajos a la calle y
deteniendo el primer taxi que encontró.
Llego a su casa y lo primero que hizo fue bañarse para tratar
de quitarse todos lo humores que le habían dejado en su cuerpo el sudor y el
semen recibido la noche anterior, y luego se acostó a dormir, soñó con putas,
con pitos, con vergotas, con culos, con panochas, con enormes venidas, y tuvo un
sueño en general agitado y confuso.
Y cuando despertó, se puso a pensar detenidamente en todo lo
pasado la noche anterior, no sabia si le había gustado ser puta, no sabia si le
había gustado que se la cogieran tres cabrones, no sabia si repetiría la
experiencia, pero lo que si sabia era que esa había sido la mejor noche de su
vida y que había experimentado placeres totalmente desconocidos y que ni en
sueños los había experimentado.
Y al final solamente se quedo pensando, pensando.
Fin
P.D. ESTE RELATO ESTA DEDICADO A MI PUTITA ROCIO, LA PERRA
CALLEJERA MAS PUTA DEL MUNDO, Y EL MEJOR CULO QUE HE CONOCIDO, MANDANDOLE DESDE
AQUÍ MUCHOS Y MUY CALIENTES Y APRETADOS BESOS DE LENGUITA EN SU CULITO.