Nota del Autor: Este relato trata de algunos casos de
violaciones y abusos sexuales cubiertos por un oficial de la Policía Nacional.
Tanto el personaje como los hechos son completamente irreales, aunque estos
pueden darse ó haberse dado en un momento dado. Cualquier parecido con la
realidad es pura coincidencia.
Capítulo 1: Juventud Policiaca.
Yo, el Teniente de la Policía Nacional de Colombia, Juan
Fernando López Guerrero, casado, 38 años, dos hijos, no doy más datos de mí por
motivos de seguridad. Estoy en la Policía desde que salí del bachillerato a los
17 años y he escalado todas las posiciones desde auxiliar bachiller hasta donde
estoy ahora, espero seguir escalando más rangos y llegar a ser un general de
tres soles.
Aquí quiero contar todas las experiencias que tuve como
policía, tomando asuntos de delitos sexuales desde mis inicios. Empecé en mi
ciudad natal, muy alejada de donde estoy ejerciendo mi labor ahora, como un
auxiliar bachiller de policía. Aquí, las mujeres son muy bonitas, tanto que
despiertan bajos sentimientos hasta en los más jóvenes. Yo tenía cuidado de no
expresar esos sentimientos, pues, naturalmente, las mujeres reaccionan mal y nos
dejan mal parados.
En el Comando de Policía habían grupos de acción específica:
tránsito, transporte masivo, seguridad, turismo, entre otros… A mí me asignaron
a seguridad, pues yo soy un apasionado de este aspecto y por lo demás, porque
mis superiores vieron en mí las cualidades físicas para estos trabajitos. Los
primeros días no había pasado nada así raro, solo robos conjurados y una que
otra riña entre borrachos. Eso por los primeros seis meses, hasta que tuve que
encargarme de un delito sexual en mi patrulla.
Una noche, íbamos cuatro superiores y diez auxiliares en una
ronda por la zona cercana a las montañas, todos callados y con los cinco
sentidos puestos. A nosotros los auxiliares nos cogía el sueño, pero lo
disimulábamos. Al rato oí unos gritos desgarradores de una niña y le informé a
mis superiores, los cuales no pusieron mucha atención hasta que volvieron a
escuchar los gritos, así que dos superiores y cinco auxiliares fuimos a ubicar
los gritos, los demás siguieron alertas. Como a los diez minutos ubicamos donde
estaban y pescamos a un tipejo que acababa de violar a una joven de unos 19 años
en el sector, cuando nos vio, arrancó a correr hacia el camino y fui a
perseguirlo con un compañero, mientras los demás socorrían a la niña y la
llevaban a la patrulla. Nosotros duramos persiguiendo al violador como por diez
minutos hasta que en un descuido del delincuente yo lo agarré y mi compañero le
colocó unas esposas y lo llevamos a la patrulla para que se lo llevaran a que le
formularan los cargos. Nosotros volvimos a donde encontramos a uno de nuestros
superiores e investigamos todo lo que pasó ahí, sabiéndose al final que fue un
hecho fortuito y sin motivo aparente.
A mi compañero y a mí nos premiaron por nuestra heroica
acción en el Comando. De ese suceso hasta el final de mi año en el servicio
militar obligatorio, sucedieron cualquier cantidad de violaciones en mi ciudad.
Varios de los que me han desgarrado en ese periodo, fueron el de la violación
sistemática de una niña de unos 10 años por su padre y dos violaciones en
distintos sitios de la ciudad que terminaron en asesinato.
La violación de la niña de 10 años sucedió en las navidades,
cuando a nosotros nos asignaron para ir a un barrio casi marginal en las laderas
de la ciudad para el Aguinaldo del Niño. Todos los auxiliares estábamos felices
por hacer algo que no tuviera nada que ver con correr y agarrar pillos, pero la
labor igual era desgastante porque teníamos que repartir regalos casi todo el
día. Para completar, nuestros superiores nos dijeron que si pasaba algo raro,
que controláramos y que los llamáramos para definir qué hacer. Nosotros
empezamos la repartición de regalos y todo transcurría normal, hasta que un niño
del barrio notó que su compañera de juegos no estaba para recibir el regalo.
El niño se preguntó donde estaba, pues cuando empezó el
Aguinaldo, ella estaba con él, pero no la volvió a ver. Haciendo memoria, el
niño recordó que de la nada apareció el padrastro tratándola mal y se la llevó
para la casa, y alertó a uno de los compañeros el cual me dijo que cómo hacíamos
con el regalo de la niña. Le dije que se lo lleváramos y le pedimos el favor al
niño que nos llevara a la casa. Tal fue la sorpresa que la puerta estaba
semiabierta y mi compañero se asomó y observó la horrenda escena en la cual el
padrastro abusaba de la hija, todo generado porque a la niña le tenía prohibido
salir de su casa. Nos corrimos hacia atrás y le dijimos al niño que se fuera a
donde los otros auxiliares y que no se moviera de allá. Llamamos al
radioteléfono a nuestros superiores y nos dijeron que controlaran al tipo y lo
capturaran mientras llegaran. Así que decidimos entrar por sorpresa a la casa y
vimos al tipo penetrando a la niña, que estaba llorando y sangrando porque el
papá le metió varios correazos en todas las partes del cuerpo, incluida la
cabeza. Sin mediar palabra lo atrapamos, pero el hombre comenzó a alegar y la
niña aún estaba llorando, hasta que llegó la mamá (biológica, claro) y se enteró
de la triste verdad por la niña de lo que el padrastro hacía. El tipo terminó en
la cárcel y la niña pudo superar ese trauma tan terrible que le produjo eso. La
mamá quedó muy agradecida con nosotros y quedamos muy halagados por nuestros
superiores por semejante valentía.
Los otros dos hechos, sucedieron casi en simultánea, pues no
hubo una separación de más de ocho días entre uno y otro, todo en las fiestas de
discoteca de los años ochenta. El primero, sucedió en una fiesta estilo
Woodstock, donde la gente entraba tanto licor como droga. A nosotros nos tocó ir
a hacer una ronda por ese sitio, pero no encontramos nada raro, sólo casi todos
borrachos, los superiores se encargaban de los que metían droga y se los
llevaban, de resto, no pasó nada. Pero como al rato de irnos todos, una pareja
que iba camino a su casa fue abordada por un grupo de hippies que estaba, además
de borrachos, drogados hasta más no poder. El joven les dijo que los dejaran en
paz, pero recibió una golpiza que lo dejó inconsciente y en el hospital por casi
una semana, pero con la joven pasó lo peor. La joven arrancó a correr, pero se
tropezó en el camino, y con tan mala fortuna que los tipos la agarraron en cruz
y la violaron tanto anal, vaginal y oral, le metieron botellas en el ano y la
vagina, le metieron de todo, la drogaron, la emborracharon, la golpearon, la
torturaron, todo de tal forma que terminó con varios traumas que le quitaron la
vida. La encontramos al amanecer desnuda y desangrada. Al novio lo encontramos
inconsciente como a los dos kilómetros y nos confesó a mí y a mis superiores que
en ese sector los hippies siempre se la pasaban enviciándose. Tardamos un mes en
capturarlos y determinar como la asesinaron, porque eran un poco escurridizos y
el novio los reconoció como los culpables del crimen.
La otra violación trágica, sucedió en una fiesta en una
discoteca en la ciudad. Ese suceso caló mucho dentro de la ciudad, ya les cuento
por qué. Una mujer de unos veinte y tantos años fue a una discoteca a reunirse
con sus amigos y a bailar. Fue una rumba pesada por ese sector. Mis superiores
consideraron que no era necesario patrullar ese sector, así que mandaron a todos
los auxiliares a sus casas. Coincidencialmente, yo vivía cerca del sector de las
discotecas y cada vez que había rumba nadie en casa podía dormir bien por el
ruido, tuve que quedarme despierto esa noche. Como a eso de las tres de la
mañana, dicha mujer salió de la discoteca y yo fui a mirar a la ventana viéndola
pasar, pues era muy bella, pero, alguien desconocido llegó y se la llevó para
otro lado casi a la fuerza, así que me asusté y me puse alerta. Alcancé a salir
de la casa con la ropa de dormir puesta y con la placa y afortunadamente no
perdí el rastro de las dos personas, las seguí y cuando ví que el delincuente
estaba observando para todos lados me escondí. Desafortunadamente, el tipo
reconoció a la mujer y creo que le dijo que lo que le iba a hacer tenía que ver
mucho con un negocio de su familia, así que sin consideración alguna la violó
varias veces, y cuando iba en la sexta ó séptima, la golpeó contra una piedra
provocándole la muerte. Me asusté cuando ví todo eso, que corrí a buscar a un
policía y le conté todo, no me creyó mucho, pero fue y se dio cuenta de todo,
sin ser vistos ni él ni yo. El tipo se cansó de violarla, aún muerta, y quedó
dormido. Tuvimos la fortuna de llegar y él, dormido, como si nada. Se despertó
en la cárcel y sorprendido porque no tenía pensado llegar allá, tenía pensado
escapar y dejarle su marca a la mujer. Cuando todo el mundo se enteró que la
mujer había muerto hubo una consternación total. Había sido violada y asesinada
la hija del alcalde de la ciudad. Luto en la ciudad por tres días,
investigaciones por un mes. Todo quedó aclarado cuando un pariente del alcalde
le debía plata a unos delincuentes y el jefe de la banda se decidió ensañar con
la parentela del alcalde porque no le pagaban…, y empezó preciso con la hija de
él, una joven muy bella que estudiaba en la mejor universidad de la capital y
por la cual todos daban lo que fuera solo por decirle lo bella que era.
Esperen en una próxima entrega el Segundo Capítulo de este
buen Servidor del Orden Público, donde nos contará más sucesos sobre sus asuntos
de violaciones y similares en su carrera policiaca.
Gracias.