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Regalo de año nuevo (2)
Hetero: Primera vez- 2008-03-07 09:14:58
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Regalo de año nuevo (parte II)

Efectivamente, tras mi confesión de virginidad, Alicia sintió que se encendían todos los resortes de su lujuria. Siendo yo tan joven, no tardé más de 5 minutos en estar como piedra otra vez, y es que, además, estaba recibiendo un tratamiento fuera de serie.

Aquella cantante con la que hablé inocentemente tantas veces se había transformado. De un pequeño bolso había sacado un pequeño recipiente plástico del cual sacaba un aceite parecido al bronceador pero más fluido y con menos aroma. Lo embadurnó concienzudamente en mi cuerpo empezando por el cuello y siguiendo el trazo de mis vellos hacia el pecho. Las tetillas al sentir sus manos respondieron, y así, erectas, Alicia las lamía con delicia, deteniéndose durante exquisitos e insoportables minutos a chupar, lamer y pellizcarlas.

La sensación de excitación era tal que yo temblaba sobre la cama... convulsionaba, casi, y mis manos no podían ni moverse, porque mientras su boca se dedicaba enteramente al pecho, con la mano derecha se había apoderado de mi pene, el cual estaba embebido por entero en el aceite, debo decir, un excelente lubricante.

Un cosquilleo se apoderó de mi abdomen y sentí que "algo" se encaminaba de las bolas hacia arriba, subiendo por la base del miembro, e internándose en el glande, cuando de pronto, Alicia dejó de tocarme.

-No quiero que acabes aún –me dijo, divertida al ver mi azoro...

Se apartó a medio metro de mí y comenzó a mover sus manos con mucha sensualidad, como una odalisca, tomando el aceite y llenándose ella misma el cuerpo con el líquido. Su mano derecha cruzada sobre la izquierda tomaba su pecho, en un juego de espejo en el que, bailando, me hizo vibrar de excitación. No podía creer que fuese posible estar tan encendido. Antes, sólo sentía el paquete tieso y me pajeaba. Esta vez, era un temblor, un calor, escalofríos incontrolables... mi mano buscaba tocarme para aliviar la excitación, pero Alicia me miraba con reproche, así que intenté no hacerlo.

En el fondo lo que más me excitaba era imaginar qué quería hacer conmigo cuando terminase su baile. Suavemente llenó su estómago y el brillo sobre su ombligo le daba "el toque", pero pronto dejé de verlo porque ya alcanzaba el pubis con su mano y, ante mis ojos, como platos, comenzó a masturbarse, acariciando su clítoris y apartando sus propios pliegues para que pudiera verlo. Tenía (ahora lo sé) un clítoris más bien grande, cuya punta sobresalía del capuchón casi un centímetro, y que parecía un pene en miniatura. Sobre ese punto concentró sus dedos, girando y frotando mientras movía sus caderas delante-atrás, delante-atrás, cada vez a mayor velocidad.

Entonces me toco otra vez. Tomó mi ansioso pene con sus manos y en vez de retirar el capuchón en el tradicional movimiento, decidió girar sus manos sin moverlas de su lugar sobre él, como si exprimiese un trapo pero con infinitamente mayor delicadeza. Mi placer era tal, que no lograba ni hablar. Era como si miles de cosquillas se concentraran en el centro de mi abdomen, y entonces quedé tieso, con toda mi energía en un solo punto del cuerpo, intentando prolongar el placer como lo había hecho muchas veces en el baño, mientras me masturbaba.

Comprendiendo lo que pasaba, disminuyó el ritmo y la presión, pero la sensación seguía siendo devastadoramente rica. La presión en mis testículos me hacía creer que estallaría ya, pero por alguna razón mi eyaculación tardaba. Sentía el semen aprestarse a salir disparado y al mismo tiempo mi control aumentaba. Alicia entretanto lamía la cabeza girando su lengua alrededor de ella, jugando con un punto específico entre la base del pene y la unión de la bolsa, en donde el placer era difuso y suave, como una caricia de ángeles.

Pero no era un ángel lo que veía con su cabeza en vaivén sobre mi cintura. Era una mujer hermosa. Su cabello se enredaba en el vello de mi barriga, abundante, y su boca tragaba cada vez más de mi carne. Sus labios apretaban los flancos del ariete mientras pellizcaba suavemente con los dientes el grueso conducto central. En un minuto sentí su nariz pegada a mi y comprendí que lo tenía entero en su boca. Efectivamente la cabeza dio con un tope y fue demasiado para mí. Un chorro de semen casi ahoga a mi cantante, que no esperaba –ni yo- esa reacción en ese momento. Justo en el orgasmo sentí una inmensa sensación de bienestar que se irradiaba por mi columna vertebral hasta llegar a la base de la cabeza. Mi nuca era un hervidero de cosquilleos y decidí abandonarme...

No sé cuanto tiempo pasó, pero al despertar Alicia estaba a mi lado, acariciándome el pecho, y en seguida me dijo: ¿Cuándo quieres empezar de nuevo?...

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