Mi relato se inicia cuando mi madre me
pidió que alojara a dos jóvenes, que
vendrían a la ciudad donde yo vivía, y que los hospedara por un
tiempo.
Para los que no me conocen, me presentaré
diciendo que me llamo Kathy y que
hace 7 años vine de una provincia en que vivía, y actualmente
tengo 25 años
de edad, estudié secretariado, y a pesar de algunas experiencias que
viví y
que le quitarían el hipo a cualquiera, mantenía siempre esa candidez
de mis
primeros años y mi deseo de ayudar a la gente que lo necesitaba.
Es así como recibí una llamada
de mi madre, para que alojara momentáneamente
a dos chicos de 18 años en mi departamento, hasta que consiguieran donde
vivir ya que querían estudiar en Lima. El día señalado
fui a la parada de
autobuses a recogerlos y cuando los vi bajar, recordé cuando yo vine
para la
capital también.
Mientras íbamos en el taxi hacia mi
departamento, ellos se maravillaban con
la cantidad de luces que había en la ciudad y todo les llamaba la atención.
Decidí pedir 15 días de vacaciones para mostrarles la ciudad y
conseguirles
un alojamiento económico para ambos.
Los días siguientes aprovechamos para
conocernos y de paso me ayudarían a
pintar mi departamento ya que hace tiempo quería darle una mano de pintura,
además me dijeron que ellos se dedicaban a eso cuando vivían allá.
Uno de
ellos se llamaba Renzo y era moreno y el otro se llamaba Jorge y era de piel
blanca como yo. Debido a que mi departamento tenía una sola habitación
ellos
dormían en la sala.
Como yo siempre había vivido sola, cuando
estaba en casa aprovechaba para
vestirme cómodamente, y vestía un short y una camiseta sin sujetador
cuando
hacía la limpieza de mi casa, sin pensar que les podría llamar
la atención a
los chicos que vivían en mi casa. Varios hechos me demostraron que Renzo
y
Jorge no eran tan inocentes como yo pensaba. Un día que regresé
de la calle,
vi que el cajón de mi tocador donde guardo mis braguitas estaba revuelto,
dándome la impresión que alguien había estado husmeando.
No dije nada sobre ese hecho, pero un día
que entré a bañarme, dejé la
puerta abierta y al parecer me habían estado espiando mientras me duchaba
y
un día que entré al baño encontré un poco de semen
sobre la tapa del water.
En los días sucesivos podía notar sus miradas en mis pechos y
cuando
volteaba los encontraba mirándome el trasero.
Como siempre me ha gustado ver como se excitan
los hombres con mis formas,
decidí darles a este par de chiquillos un poco de gusto, así que
para eso,
decidí hacerme la que no me daba cuenta de nada y los dejaba ver mas
de la
cuenta para que se mataran a pajas.
Otro día que llegué de la calle,
pasé por la sala donde ellos se encontraban
jugando ajedrez y los saludé. Dejé a propósito la puerta
de mi cuarto
entreabierta, sabiendo que tratarían de espiarme debido a su curiosidad
natural. Pude escuchar que murmuraban algo y sentí pasos muy leves hacia
mi
habitación.
Me paré ante el espejo a mirarme, sabiendo
que estaban espiándome escondidos
en el marco de la puerta. Esa mañana antes de salir me había puesto
unas
braguitas pequeñas y un sujetador que marcaban muy bien la forma de mis
senos. Me había puesto unas medias de nylon que para sujetarse debía
hacerlo
con portaligas. Me había puesto también una minifalda pegada y
una blusa
blanca, sabiendo que debía desvestirme ante ellos cuando trataran de
espiarme.
Me senté en el banco de mi tocador en
dirección hacia la puerta y mientras
supuestamente cepillaba distraídamente mi cabello, abrí un poco
mis piernas
para que desde donde estaban, ellos pudiesen ver mis braguitas y las
portaligas que llevaba. Me imaginaba como estarían en ese momento con
lo que
estaban viendo. Termine de cepillarme el cabello y me paré, quitándome
en
primer lugar mi blusa y noté que uno de mis pezones se salía por
encima del
sujetador, pero no lo acomodé. Luego bajé el cierre de mi falda
y la dejé
caer en el piso, quedándome en sujetador, braguitas y las medias con
sus
portaligas.
Ellos seguramente nunca habrían visto
a una mujer vestida así, ya que en el
pueblo donde vivíamos, las mujeres se visten muy recatadamente. Me paseé
por
la habitación vestida así, acomodando la falda y blusa que me
acababa de
sacar. Luego Me quité las portaligas y las medias, suponiendo que sus
vergas
ya estarían por romperles el pantalón.
Había un silencio sepulcral, así
que antes de quitarme el sujetador que
tenia puesto, saqué otro de mi cajón y lo puse sobre mi cama y
los llamé. Se
hicieron los que se demoraban y luego los tuve a ambos en la entrada de la
puerta, sorprendidos por la forma en que yo estaba vestida y con un bulto en
medio de sus pantalones, que no podían ocultar.
Les dije que quería cambiarme de sujetador,
pero que mientras lo hacía
quería que uno de ellos me sostenga los senos, mientras me ponía
el otro
sujetador. Renzo inmediatamente dijo que él lo haría, y Jorge
replico que él
deseaba hacerlo también. Le dije a Jorge que él podría
hacerlo mañana y me
lo desabroche, mientras Renzo ponía sus manos para recibir mis tetas.
Me
demoré un poco mostrándome de lo más natural, mientras
que sentía su
nerviosismo, por el temblor que denotaban sus manos y la mirada de ambos
estaban clavadas en mis pechos desnudos.
Me puse el otro sujetador y le agradecí
la gentileza y les dije que me iba a
dormir y les di un beso en la mejilla a cada uno. Esa noche escuché que
entraban al baño y se demoraban mas de la cuenta, seguramente para
masturbarse en mi honor. Al día siguiente estuvimos arreglando el jardín
todo el día, y en la noche luego de bañarnos por separado para
quitarnos la
tierra del cuerpo, cenamos y entré a mi habitación y me puse un
babydoll
transparente y debajo solo unas braguitas y salí a la sala donde estaban.
Ambos se me quedaron viendo con la boca abierta
cuando salí, y abrí una
botella de licor, diciéndoles que me acompañaran a brindar. Ellos
tomaron
dos copas nada más, pero yo me hice la que me quedaba dormida por efecto
de
los tragos e hice la que me quedaba dormida en el sillón.
Escuché que entre ellos hablaban de
lo buena que estaba y Renzo le dijo a
Jorge que me agarrara las tetas. Jorge tenia temor que me despertara, pero
más pudo su deseo y sentí que con ambas manos me agarraba las
tetas y las
masajeaba. Luego de eso, al ver que no me despertaba me recostaron a lo
largo del sillón y entre ambos me tocaban y Renzo metía su mano
dentro de
mis braguitas, masajeando con sus dedos mi chochito.
En el colmo de su atrevimiento, me quitaron
el babydoll que tenía y las
braguitas también. Al verme desnuda Jorge le dijo a Renzo, Que hacemos?
Yo me la voy a culear, no sé tú. Pude ver con los ojos entreabierto
que
ambos se desnudaron y dejaron a la vista sus vergas bien paradas. Renzo se
inclinó hacia mí y me empezó a lamer la concha, haciéndome
sentir un
cosquilleo que me daba ganas de despertarme y dejar que me culeen despierta,
pero por otro lado quería seguir con mi juego.
Jorge me besaba en la boca y luego de eso pasó
a mamarme las tetas y lo hizo
con tal fuerza que casi grito. Renzo se echo encima de mí y me metió
la verga
por el coño, mientras Jorge miraba como me tiraba. Se movió solo
un poco y
eyaculó dentro de mí, haciéndome sentir su lechada tibia
dentro de mí. Jorge
quería entrar también y lo apuraba para que termine. Luego que
Renzo se
paró, Jorge se puso encima de mí con cuidado y me la metió
también, mientras
que me chupaba los labios y me decía que era una puta riquísima.
El también no aguanto mas y me llenó
con su leche. Yo tenia ganas de
mamarselas para completar el placer de ellos, pero hubiese arruinado mi
plan, así que seguí haciéndome la dormida y cuando acabaron,
me pusieron
nuevamente la ropa que traía puesta y ellos se vistieron también.
Luego me
cargaron a mi habitación, me arroparon y se fueron.
La verdad había quedado excitada por la culeada, pero no había
sido
suficiente para mí, así que me metí en el coño el
mango de mi cepillo de
cabello para calmar mi excitación.
Estaba en eso cuando siento unos pasos que
se acercaban a mi habitación, y
rápidamente me puse boca abajo y tiré la frazada que me tapaba
al piso,
quedando boca abajo y sin saber quien era el que estaba entrando. Me seguí
haciendo la dormida y sentí que el que había entrado me jalo con
un dedo las
braguitas, lamiéndome el ano deliciosamente. Luego de eso me bajó
nuevamente
las braguitas y echada como estaba boca abajo, me metió su verga por
el ano,
bombeando sin importarle que me despertara. Así estuvo por un buen rato
hasta que me lleno de leche por el culo y luego me volteó y me puso la
verga
en la boca, restregándola en mis labios para limpiar el semen que le
quedaba
en la verga. Luego de eso me limpio la boca con un papel toalla, y se fue
arreglando mi ropa, como si no hubiese pasado nada.
Al día siguiente me levanté,
como si nada hubiera pasado y ambos tenían una
cara de felicidad creyendo que yo no sabia que me habían culeado la noche
anterior como se les había antojado.
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