Esta historia es muy distinta de las que leen. Siempre se
encuentran con mujeres de pechos grandes, o universitarios de penes que superan
los20 cm. Esta no habla de nada de eso, es la clásica historia de un chico de
ciudad desconocida, con amigos que te conocen a medias y mujeres que después de
una vez no vuelves a ver.
Por ese entonces yo tenía 15 años, estábamos en Navidad y en
un lugar de mi provincia, Humahuaca. Por esos días yo no tenía novia, y tampoco
la intención de tenerla. Lo admito, era un pendejo que se la pasaba de paja en
paja y pensando que en un año o dos debería conseguirme una mina para coger. No
la tenía grande y yo lo sabía. Desde que escuche la palabra sexo me dedique a
ver todo lo que se refería.
Tenía una caja que era una enciclopedia de la pornografía,
desde CDs, revistas, videos o relatos. Y los que más me gustaban eran los de
relatos, me excitaban por demás. No porque fueran buenos, o porque incluyeran
los gemidos de las minas. Era porque yo podía imaginarme que era el
protagonista.
Hasta esos días yo me la pasaba en Internet, en las salas de
cybersex. Cogiendo minas, u hombres que decían que eran minas y yo no me
enteraba. Lo cierto es que me creía muy bueno, casi un maestro. Encontraba
mujeres maduras que me decían que era muy bueno, que habían acabado conmigo,
etc. O pendejas de 18 que nunca habían tenido una relación sexual y jugaban a
que yo les indicará como masturbarse. En esos Chat rayé la perversión, creo que
casi me convertí en un psicópata sexual. No me masturbaba porque estaba en
cybers, y tampoco creí que ninguna de las mujeres en el Chat merecía la pena.
Continuando con mi relato unos días antes de Navidad me fui a
un baile, algo que la verdad era muy extraño en mí. Ustedes saben que los
ermitaños somos difíciles de sacar de un cuarto de 4x4, o de una computadora con
Internet. Pero bueno, decidí ir para joder un rato o ponerme a ver los novios
que apretaban. Para entonces yo ya había tenido una novia, que fue mayor que yo,
estuvimos un mes y se las tomó. Por supuesto que no llegué a cogérmela, nuestros
encuentros eran de puro aprete y de "cogerla" con ropa.
En el baile me senté en uno de los asientos que había ahí y
me dediqué a ver los que bailaban. Como estaba oscuro nadie se percataba de mí,
y aceptemos, si me hubieran conocido menos que menos me hubieran dado bola. No
tomaba, no bailaba, y no hablaba con nadie. Es una boludes, era un boludo. Y no
lo niego. Hasta el día de hoy me cago de risa de mi mismo por lo que era.
Ya estaba por irme cuando sin que me de cuenta una mina se
sienta encima mío, tenía sus pechos a la altura de mi boca y su cola en mis
piernas. Se agachó un poco y me besó, nos besamos por un momento. Yo cuando
volví a la realidad alcancé a tomarla por la cintura. En esa posición era
imposible que pudiera siquiera tocarla con mi entrepierna, la cual estaba dura
como una piedra. Lo que más quería era eso, sabía que en un momento se
levantaría y se iría por ahí cagándose de risa de mí. Obviamente debía
aprovechar esos segundos que tenía.
Lejos estaba de pensar lo que le seguiría. Tarado como estaba
me llevó hasta afuera, caminamos por las calles hasta una de las casas de la
parte superior de Humahuaca. Yo hace años que no iba por esos lados, porque no
conocía nadie y no tenía ningún familiar al que visitar. Entramos en una casa, y
fuimos hasta su cuarto supongo.
Todo se dio en la oscuridad, no hubo ni un poco de luz en
ningún momento. Solo cuando entramos a la casa y encendió la luz para ver por
donde caminaba pude admirarla por completo. Era mayor que yo, no muy flaca pero
si algo. Con pechos y cadera medianos, trigueña y con el pelo corto.
Me recostó sobre la cama, yo no entendía nada. Estaba sobrio,
pero parecía tener una borrachera de quince días seguidos, no podía ver más
allá. Todo lo que recuerdo lo estoy escribiendo. Me quitó la campera, y los
zapatos. Se recostó encima de mí y nos besamos. Mis manos volviendo en sí se
fueron hasta sus pechos, su respiración se agitó y empezó a resoplar con fuerza.
Se movía lentamente como si cogiéramos, yo sin poder evitarlo le seguí el juego.
Empezó a gemir más fuerte, para ese momento yo ya había manchado mis pantalones
cosa que no me importo y continué con ese juego.
En un me tomó por la cabeza y me puso contra ella. Creo que
tuvo un orgasmo, nunca se lo pregunté. Me quitó la remera a gran velocidad, me
bajé los pantalones y el short. Ella seguía vestida, pero se había bajado la
bombacha quedándose en blusa y pollera. Se subió la pollera y se sentó encima de
mí. La sensación de sentir la penetración fue entre todo, frustrante. Era todo
lo opuesto a lo que había sentido, pero no lo veía tan excitante como lo
graficaban en los relatos que leía.
Se movía lentamente, y yo hasta esas alturas no tenía el más
mínimo interés en esforzarme, y ella debió notarlo porque aceleró el ritmo. Yo
sin poder quedarme con algo de placer agarré sus pechos por encima de la blusa y
empecé a tocarlos con fuerza, a apretárselos más y más. A ella le debe haber
parecido una compensación eso porque me los tomó con su mano y agitó por todo
sus pechos. Hasta eso yo ya había desabrochado su blusa y veía su corpiño, se lo
levanté dejando sus pezones libres. Y cuando me acerqué a besarlos ella me paró.
Se levantó y me dijo. "Ya basta"
Yo no entendí bien porque lo hizo. Salimos de su casa y me
fui sin despedirme. Como ni me fije en donde estaba caminé en línea recta hasta
llegar a cerca de la ruta. Luego me fui para la casa de mis Abuelos a dormir.
De la chica nunca supe nada, si era de ahí o no. Siempre que
voy me doy un tiempo para ver las chicas en la calle a ver si alguna se asemeja
en algo a la que yo vi semidesnuda esa noche.
Esa es mi historia de mi primera vez, algo tonta lo sé. Pero
es esa. Después de ese día estudié de otra manera al sexo, ya no desde la
penetración, sino desde el momento anterior: La excitación. A esa chica que me
quiso coger la debí haber traumado, peor ella a mí me abrió los ojos.
Más adelante adquirí otra personalidad, no la de un muchacho
ganador o de un cogedor que se hace cinco polvos por día con tres minas
distintas. Sino la de un sarcástico que podía ir contra el placer y tener un
pleno control. Hoy en día estoy pervirtiendo a dos chicas menores que yo (tengo
17) y tirándole el ala a una vieja. Dejé de entrar a los Chat de cybersex y
cuando me invitan a uno me rió y rememoró mis viejos tiempos sin tener una
erección.
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sean del NOA, acepto el anonimato.