Querido Diario,
Lejos de sentirme sucia, me siento realizada. Siento como si
la fusión triurna de nuestros fluidos, me purificaran el cuerpo y el alma. Aún
escurre sobre mis muslos la viscosa mezcla del semen de Andrés y de Aarón que
emanan tanto de mi vagina como de mi ano. Todavía puedo sentir en mi garganta y
esófago el sabor agarroso que solo el semen contiene.
Lejos de sentir vergüenza, siento un gran orgullo de haber
vivido todo lo que vivimos anoche mi esposo, mi amante y yo. No sé quien en
realidad protagonizó. Creo que en cierta forma, los tres vivimos la misma
fantasía desde diferentes puntos de vista: Por principio de cuentas, Andrés hizo
realidad su eterna fantasía de verme y sentirme gozar al ser compartida con otro
hombre. Por otro lado, Aarón, el hombre maduro que realizó su anhelo de venir a
mi casa y hacerme el amor a sus anchas y a su antojo, y remató igual que Andrés
sintiéndome compartida. Finalmente, yo, la mujer atrevida, dispuesta a complacer
a dos hombres y recibir toda la fuerza de su sexo. Sujetada entre dos hombres
que cada uno me supera en tamaño y peso. Ambos tiernos y a la vez toscos a la
hora de hacer el amor. Ambos con penes de grandes dimensiones. Ambos espléndidos
a la hora de copular.
Diario mío, te escribo aún temblorosa y casi llorando de la
risa provocada de la felicidad que me inunda.
Tenía mis ojos cerrados mientras al mover mi cabeza podía
sentir la enorme verga de Aarón en mi boca. Sus manos me acariciaban la cabeza y
el cuello. Yo sentía que no me alcanzaba mi boca para devorarme aquel pedazo de
carne endurecido por la lujuria. Frotaba mi lengua contra su piel ardiente
mientras sentía su sangre fluir por entre las descomunales venas que lo rodean.
Me excitaba en sobremanera sentir su hinchado glande topar contra mis amígdalas
y sus vellos púbicos enredarse entre mis dientes. El sabor de sus líquidos era
absolutamente el mismo sabor de la pasión y la lujuria, el sabor del elixir de
la vida. Solo podía pensar en disfrutar esa carne tan hermosa que tenía a mi
disposición. Mis manos se dedicaban a pajearlo, a frotar su tronco y sus
testículos. Era placer, era maravilloso, era toda la masculinidad de un hombre a
mi disposición. El sexo fuerte convertido en el sexo débil. Con mis caricias, el
hombre se había convertido en un bebé que se dejaba mimar.
Tras sacarlo de mi boca, me dedicaba a encaramelarlo con mis
besos cuando en el trasfondo pude visualizar la presencia de Andrés quien con
morbo tenía su mirada fija en mí. Sentí ruborizarme al inundarme de pudor y
cierta vergüenza. Sin embargo, al verlo sonreír, pude sentir su apoyo y su
comprensión. Me guiñó un ojo y comprendí su complicidad. Era obvio que gozaba
verme ensartada con aquel miembro sexual. Sin quitarle la vista, le hice señas
para que se acercara al lecho sin dejar de mamar la verga de Aarón. Él me
complació tras despojarse de sus ropas.
Aarón y Andrés se saludaron y se dijeron no sé qué. Yo estaba
como aturdida y solo me importaba seguir sintiendo la majestuosidad de aquel
erecto pene que al comprimir el glande con mi lengua y paladar cambiaba de
tamaño para enseguida volverse a inflar con sangre caliente. Andrés acercó su
también enorme instrumento dejándomelo al alcance. Lo tomé con mi mano y sentí
que entraba en otra dimensión. Una dimensión desconocida para mí hasta ese
momento. Estaba consciente que se me daba la oportunidad de gozar
simultáneamente de dos penes muy viriles. El placer no se duplicaba, sino que se
multiplicaba exponencialmente. Solo pensé en mamar a ambos. Alterné entre los 18
cms de Aarón y los 20 cms de mi marido. Mientras mamaba uno, pajeaba al otro. Me
faltaba lengua y saliva para poder dar placer a esas dos hermosas vergas.
Mientras gozaba infinitamente con ambos penes, pude
percatarme que ambos machos se dedicaban a correr sus manos sobre mi piel. Ya no
supe quien me acariciaba qué. El hecho es que sentía todo mi cuerpo cubierto de
manos masculinas y fuertes. El contacto de su piel se sentía como carbones
ardiendo al rojo vivo. De momento sentía tres o cuatro manos apretando o jalando
mis senos, de repente una mano en mi espalda o dos manos en cada una de mis
nalgas abriéndolas con fuerza, sincronizadamente, exponiendo mi colita. Yo
cerraba los ojos y gozaba como en su respectivo turno me penetraban hasta lo más
profundo de mi garganta haciendo que me tragara totalmente sus vergas, largas y
cálidas. Entre ellos se dijeron algunas cosas que no discerní. Solo me di cuenta
que uno de ellos se alejó de mi boca y se colocó detrás de mí. Yo me encontraba
a gatas. Abrí mis piernas todo lo que pude de esta forma dejando al descubierto
mis agujeros, deseando ser poseída en alguno de ellos. No dejaba de mamar el
pene que aún se me concedía. Era el de Aarón, un pene venoso y largo; con un
calor increíble. Era un verdadero manjar. Sensible a las caricias de mi lengua y
de mi boca. La piel de mi cuerpo ardía y me era imposible distinguir quien me
tocaba qué. Los veinte dedos corrían y apretaban mi carne en mis hombros, mi
cintura, mi abdomen, mis glúteos, mis senos.
Veo que ya estuviste gozando por tu culito.
Me dijo Andrés al tiempo que me metía sus dedos en mi
dilatado orificio anal y la totalidad de su verga en mi vagina; continuando
inmediatamente a embestirme repetidamente. Mi conchita lo recibió con gratitud
pues goteaba de líquidos sexuales y pulsaba de fiebre lujuriosa. Al sentirme
follada, debí haber suspendido mi labor oral, pues Aarón me tomó de la cabeza
con ambas manos y casi con violencia se movía en forma oscilante sacando y
metiendo su endurecido miembro asemejando follarme oralmente. Yo solo me dejé
hacer confundida en cuanto a que verga me daba mas placer. Tal vez era la
combinación. No quería que ninguno de los dos dejara de moverse. Disfrutaba
tanto a Andrés cogiéndome por mi rajita como a Aarón follándome por la boca. Mi
marido me sostenía con fuerza de las curvas de mis caderas estrellando su cuerpo
contra mis nalgas, mientras que mi amante me seguía apretando la cabeza entre
sus fuertes manos. Esta posición me dejaba inmóvil y completamente a su merced.
Estaba convertida en una máquina sexual en la cual ambos machos estaban
desahogando toda su furia sexual. Entre gemidos y alaridos, disfrutaba de ambos
penes que me penetraban profundamente. Mis chillidos y gemidos de placer se
ahogaban y entrecortaban, al mi garganta quedar sellada herméticamente con el
hinchado glande de mi follador oral, Aarón, quien también gemía y aullaba de
placer.
Andrés se movía bestialmente, remolineándose en mi mojada
cavidad. ¡Era la gloria! De mis ojos escurrían lágrimas que no pude contener,
parte por el ahogo que de momento sentía en mi respiración, parte por la
incomodidad del roce del pene de Aarón en mi garganta, pero mayormente de
felicidad ante tanto placer. Los orgasmos no se hicieron esperar, brotando
fuertes espasmos desde el núcleo de mi útero que forzaban a mi cuerpo entero a
temblar y a exigir más placer salvaje.
Oye Andrés, que rico mama la verga tu mujer. – dijo Aarón
No, Aarón, ahorita no es "mi" mujer, es "nuestra" mujer.
¿Verdad mi amor? – replicó Andrés quien no dejaba de moverse dentro de mis
entrañas.
Mm...mm – solo el sonido gluteral se alcanzó a oír de mi
garganta sofocada, pues gozaba de la presencia del pene de Aarón quien
tampoco dejaba de follarme.
Como sincronizados, ambos hombres se dirigieron a mis senos
con ambas manos. Que delicia sentir esas cuatro manos estrujar mis tetas que
colgaban libremente. Entre los dos me masajearon y pellizcaron mis pezones. Al
Aarón dejar mi cabeza en libertad, saqué su pene de mi boca y me dediqué a
chuparle los huevos. Parte para darle placer, parte para descansar mi garganta y
mi cuello. Mis caderas las movía en círculos para dar placer a Andrés quien
gemía en reciprocidad.
¿Amorcito, ya despertó esa putita que llevas dentro,
verdad?- dijo Andrés
¿Por qué le dices así? – preguntó Aarón como en tono de
indignación.
Es de cariño. A ella le gusta cuando se excita, y ahorita
está bien excitada, si no nada más vela como goza chupándote los huevos. –
agregó Andrés. - ¿Quién es la putita mas linda y más caliente mi amor?
Yo – dije entre lengüetazo y chupada – yo soy la putita
de estos dos machos vergones, así que denme verga.
Pues goza esta verga putita – dijo Andrés mientras
redoblaba la fuerza de sus embestidas y me nalgueaba con suavidad.
Y goza esta otra verga putita linda – concluyó Aarón
uniéndose al juego y volviendo a la carga con su enorme pito dentro de mi
boca.
El pelambre que cubre el saco de sus testículos estaba
completamente mojado de mi saliva. Yo acariciaba esa piel tan delicada con la
mayor suavidad que mis ansias me permitía. De momento me metía un huevo entero
en mi boca al tiempo que con la lengua seguía lamiéndolo. Mientras gozaba
comiéndome sus testículos, su polla descansaba sobre mi rostro. De repente
palpitaba, ofreciéndome caricias palpitantes sobre la piel de mi cara. Mientras
todo esto pasaba, Andrés sacaba su espada de mi vagina para insertarla en mi
orificio estrecho. Su pene estaba completamente lubricado con mis jugos
vaginales y mi ano aún estaba lleno del semen que Aarón había depositado
momentos antes. Los dedos de Andrés lo habían mantenido dilatado. Todo era
perfecto, su verga dura y ancha fue entrando sin ningún problema ni molestia,
solo un gran placer. Solo deseaba que terminara de metérmela, quería sentirla
toda adentro de mí.
Culéame Papi . . . ¡dámela toda! – dije con tono de
imploración.
Claro que si Mamita, tenla toda, gózala. – me decía
Andrés al tiempo que su verga entraba hasta lo mas profundo de mi intestino.
Cada embestida verdaderamente me arrancaba gritos de placer.
Me faltaron fuerzas en mis brazos y deje caer mi cabeza sobre la cama.
Inmediatamente, Aarón cambió de posición invitándome a que me recostara sobre él
mientras él metía su cabeza debajo de mi torso. Su pecho me resultó muy cómodo y
su boca exquisita, pues el bribón tenía mis tetas a su entera disposición. Mi
cuerpo se sacudía con las embestidas que me daba Andrés al cogerme por el culo.
Con esto, mis tetas se columpiaban sobre la cara de Aarón quien estaba esmerado
en mamar y chupar mis pezones. Yo también chupaba los suyos pues quedaban muy a
mi alcance. Así estuvimos varios minutos. Mientras recibía las gratas chupadas y
mamadas en mis senos por parte de Aarón, apretaba mi esfínter para darle placer
a mi follador trasero.
Déjenme descansar un poco, esta posición me esta
cansando. – Dije, pues sentía que mis piernas se empezaban a entumir.
Claro que sí, chiquita, acuéstate boca arriba para que
descanses. – Me sugirió Andrés al momento que me desenfundaba.
Proseguí a recostarme sobre mi espalda sin dejar de pajear a
ambos. Los dos tenían firmeza en sus erecciones. No sabía que seguiría, pero
necesitaba placer en mis agujeros así que al quedar cómodamente acostada, abrí
mis piernas y doblé mis corvas.
Aarón, hazle los honores. – dijo Andrés, invitando a
nuestro invitado a que me montara.
Sin demora, mi amante se colocó entre mis piernas y sin
preámbulos metió toda la largura de su enorme verga en mi vagina que de
excitación estaba hecha un océano. Inmediatamente me elevó al punto del orgasmo
haciéndome gritar. Sentía que mi orgasmo no tardaría en llegar, pero cuando
Andrés se sentó sobre mi pecho y colocó su polla en mis labios, no pude
contenerme más dejándome correr libremente. Fue un orgasmo lindísimo y profundo.
Mientras que Aarón se meneaba incansablemente en mi resbalosa cueva, mi esposo
metía su falo en mi boca haciéndome llegar conjuntamente hasta el clímax de mi
sexualidad. Mientras cesaban los espasmos de mi corrida, y mis gritos
disminuían, ambos hombres seguían dedicados a llenarme del placer del cual sus
órganos reproductivos son completamente capaces de dar a una mujer.
Mi cuerpo aún temblaba como consecuencia del último orgasmo,
pero ninguno de mis dos hombres dejaba de follarme. Aarón me llenaba
completamente de placer, metiendo y sacando su palo con una fuerza casi animal.
Podía sentir su glande estrellarse contra las paredes de mi útero. También podía
sentir las palpitaciones de sus hinchadas venas al igual que podía sentir sus
testículos chocar contra mi ano el cual se estimulaba deliciosa y perversamente
con los vellos que los cubren. Andrés me acariciaba con su pene enrojecido. La
primer chupada tuvo un sabor desagradable pues provenía de mi ano y estaba
embarrado del semen de Aarón, pero con lo excitada que estaba, eso me valió
madre y me dediqué a gozarlo. Rozaba con su glande mis párpados, mis mejillas,
mi nariz. Luego, la metía en mi boca permitiéndome proveerle las más ricas
lamidas y chupadas. En momentos, me la metía completamente toda, de esta manera
llenando mi garganta del deleite y del placer, sin mencionar los líquidos que de
su orificio emanaban.
Oye Papi, ¡Pesas! – le dije a Andrés con la esperanza que
se bajara pues empezaba a cansarme.
Era hora de cambiar de posición. Sus dos penes seguían firmes
y erectos; ambos enrojecidos por la acción en el campo de batalla.
Aarón sugirió que yo me montara sobre Andrés. Idea que me
agradó. Tras Andrés acostarse boca arriba con su pene apuntando al techo de la
habitación, yo me monté sobre él; asistiendo con una mano, tomé su instrumento y
lo dirigí a la entrada de mi gruta. Lentamente dejé que la gravedad me ayudara a
bajar hasta quedar completamente penetrada. Era una ricura de sensaciones,
disfrutaba como el bordo de su glande rasgaba contra mis paredes. Me dediqué
entonces a mover mi cadera tanto en forma circular como en movimientos hacia
arriba y hacia abajo. Una vez acompasados, Andrés se dedicó a darme placer con
sus delicadas manos en mis senos. Aarón se colocó de pie frente a mí y al tiempo
que acariciaba mi cabeza y rostro, me invitaba a disfrutar nuevamente de su
verga en mi boca. De nuevo perdí el control de mi misma y me prendí a su carne
erecta como si se tratara de una manguera de oxígeno y mi vida dependiera de
ella. La acariciaba con mis dientes desde la base hasta la punta del glande. La
ensalivaba lo mas que podía, la lamía, en ocasiones la mordía con todas mis
fuerzas pues el cerebro se me llenaba de ansias por poseerlo, hacerlo mío, darle
placer y a la vez disfrutar esa piel tan suave y tibia. Era maravilloso sentirlo
entrar hasta la profundidad de mi garganta hasta casi ahogarme. Es casi como si
en mi garganta tuviera otro punto-G que me incitaba a frotarlo para alcanzar el
clímax.
Chiquita, que rico mamas – dijo Aarón entre gemidos y
pujidos
Desde aquí abajo se ve bien cachondo el espectáculo –
agregó Andrés – te ves preciosa mamando verga, se ve que la estás gozando
mucho ¿verdad?
Soltando el pene de Aarón, contesté:
Si mi amor, pero también estoy gozando la tuya en mi
conchita, la tienes bien dura, me encanta.
Mientras decía esto bajaba mi cabeza hasta alcanzar sus
labios con los míos para entrelazarnos en un beso en el cual nuestras lenguas se
acariciaban mutuamente. Mi cabello estaba mojado de sudor tanto mío como de mis
dos amantes. Los tres jadeábamos intensamente, especialmente yo por ser
recibidora de placer al doble.
Mi cuerpo quedó empalmado al de mi marido quien no dejaba de
retorcerse y remolinear su verga colosal dentro de mi escurriente vagina. Yo por
mi lado, seguía quebrando mi cintura en círculos y comprimiendo mis paredes
internas para aplicar presión a tan agradable pedazo de carne dentro de mí.
Ahora soy el que digo que se ven bien cachondos desde acá
arriba, lo malo es que me quedé colgando, no tengo agujero – dijo Aarón en
tono de urgencia, mientras se agachaba para correr sus manos desde mi
cabeza, pasando por mi espalda, y culminando con una buena masajeada en mis
nalgas.
Sin dejar de besar la lengua de Andrés, alcancé la mano de
Aarón y la dirigí a mi ano que se había encogido debido a que mi vagina estaba
retacada con la verga de mi marido. Sentí los dedos de Aarón forzar su entrada
entre las paredes de mi recto lo cual me obligó a desprenderme de los besos de
Andrés para ferozmente gritar de placer.
SÍ, SÍ …. AY … UF … que rico siento … me voy a volver a
correr … no dejen de moverse…- decía entre chillidos y gritos.
¿Te gusta mami? – preguntó Andrés mientras con fuerza
remolineaba su barra en mis entrañas
Si mi amor … DÁMELA TODA … me encanta … Tu también Aarón,
culéame … La quiero TODA … DAME TU VERGA … ¡DÁMELA!– alcancé a decir entre
lágrimas mientras mi cuerpo se estremecía entre los múltiples orgasmos por
la doble penetración.
Me encontraba en un estado de completa excitación. No me
importaba absolutamente nada mas que sentirme penetrada completamente.
Tras mi espalda, Aarón vio a Andrés a los ojos, como buscando
su aprobación.
Si cabrón, dásela por el culito, creo que está lista,
¿verdad mi amor? – le contestó Andrés.
AH … SI … La quiero … quiero las dos … AH … AH …
Solamente culéenme. – Mi cuerpo temblaba y mi cintura no dejaba de
retorcerse buscando el placer que la penetración me proporcionaba.
Si mamita, estás buenísima y estás hecha una verdadera
putita. Me encantas y mereces gozar todo lo que quieras. – Decía Aarón
mientras se acomodaba hincado detrás de mí, entre las piernas mías y de
Andrés.
Volví a la boca de Andrés respirando su aliento tibio e
insuficiente. Mis fosas nasales se cerraban de lo rápido y fuerte que trataba de
inhalar. Sentí el maravilloso contacto del glande de Aarón buscando entrar en mi
orificio anular, el cual, como dije antes, a pesar de estar dilatado por las
recientes penetraciones, se encontraba comprimido por la presencia de los 20 cm
de la verga de mi marido. Sus manos fuertes se apoderaron de mi cadera por ambos
lados y quedando inmóvil me preparé a la inevitable penetración que a la vez
deseaba y temía. Él debió sentirme tensa pues me dijo con suavidad que me
relajara, que le dijera si me dolía pues no era su intención lastimarme sino
hacerme volar hasta el cielo de placer. Sus palabras me cubrieron de confianza y
apretando los ojos fuertemente aflojé mis músculos rectales y me resigné a lo
peor. Estaba en el punto decisivo, en la culminación de este intenso acto de
amor que tantas veces había vivido en mis fantasías.
Los tres estábamos perfectamente conscientes de lo que estaba
ocurriendo pues con mis temores y todo, traté de relajarme y aguantar hasta
donde me fuera posible bajo la certeza que con una palabra me dejarían en paz.
Confíe en ellos, me puse en sus manos y me dispuse solo a gozar del placer que
me daban. Andrés se quedó estático para minimizar cualquier molestia con sus
movimientos. Sus manos acariciaban mi cabeza bañada en sudor mientras que al
oído me decía hermosas palabras de amor y apoyo. Aarón por su parte era el
protagonista. Nuestra copulación en trío dependía de él. Requería sensibilidad y
paciencia y su rendimiento fue excepcional pues lenta y pacientemente fue
rellenando mi culo con la majestuosidad de su caliente garrote cuyas venas
sentía agregar sensibilidad y fantasía a tan exquisita culeada. Mi ano aún
estaba resbaloso, pero conforme iba entrando su verga en mí, la sensación se
transmitía a mi vagina y todo mi vientre. Me hacía sentir que ambos penes eran
más gruesos y más grandes. Temí ser lastimada pero mi excitación era demasiada
que en esos momentos no me importaba que me hicieran sangrar, que me reventaran
y me partieran en dos. Ese no fue el caso. En realidad ambos se dedicaron a
acariciarme y a incitarme a recibir ambos miembros hasta el fondo de mi ser.
Cuando sentí la vellosidad de los testículos de Aarón, supe que estaba
completamente adentro. Mis temores quedaron atrás, esa doble penetración era el
mismo cielo, la personificación de la gloria, el placer hecho carne. Los tres
gritábamos y conforme la posición nos permitía nos retorcíamos de placer,
excepto Aarón quien seguía atento a mis reacciones y se movía con mucho tacto.
Me incorporé y busqué los labios de Aarón. Me besó
intensamente mientras lentamente proseguía a follarme como solo el sabe hacerlo.
Cada leve embestida nos hacía gemir o gritar a mi marido y a mí. Era como si
Aarón nos estuviera cogiendo a ambos.
Entre gritos y suspiros los tres fuimos buscando movernos y
disfrutar el placer que nos tocaba de esa copulación en trío, de ese sándwich
humano, por así decirlo. Los gritos y las palabras cachondas inundaban el
espacio de nuestra recamara. Desde mis gritos y sollozos hasta, "mamita qué
buena estás". Desde el ruido del choque de nuestros cuerpos, hasta el "su pinche
madre" que no dejaba de decir Aarón. Desde "te quiero tanto", hasta "que pinche
putita eres". Desde "cójanme", hasta "siento que me vengo".
Mis líquidos bañaban el pelambre y testículos del padre de mi
hijo cuya cara veía en ocasiones arrugada por las muecas, jadeando, sudando,
gimiendo.
Me percaté que la suavidad de las embestidas de Aarón había
desaparecido para convertirse en bombeadas salvajes que conmovían nuestros
cuerpos y la cama entera.
¿Querías verga, no? Pues gózala, gózala toda muñequita
hermosa
Si . . . si . . . culéame, dámela toda.
Cabrona, estás exquisita, tu vagina me aprieta bien rico
Tu culo también
Me vengo
Yo también
Yo igual
Cójanme, llénenme de leche . . .denme sus mecos . . . si
cabrones, chínguenme hasta morir . . . que rico cogen . . . UF, otro
orgasmo, aaaayyyy
Los borbotones de semen golpeaban contra mis paredes
vaginales y rectales. Los bufidos y gemidos de ambos hombres me decían que
estaban eyaculando simultáneamente. Era imposible contenerse pues las embestidas
de Aarón eran bestiales e interminables. Mi ano estaba completamente
acostumbrado al grosor de su verga y no sentía otra cosa que no fuera placer. El
calor de su semen me llevó a un orgasmo todavía mas profundo pues los dos se
movían como poseídos al tiempo que vaciaban sus líquidos en mis entrañas.
Al terminar sus eyaculaciones, yo me recosté sobre Andrés y
Aarón sobre mí. Continuamos ensartados largo rato hasta que sus erecciones
fueron desapareciendo y sus penes fueron evacuando mis cavidades. Solo nos
dedicábamos a recuperar el aliento, a acariciarnos y ocasionalmente a besar
nuestros labios.
Después de rato, quedé acurrucada entre los cuerpos
masculinos de ambos. Sus manos me seguía acariciando y mimando. Yo atendía sus
penes con caricias sutiles. Nos quedamos dormidos profundamente. El amanecer nos
encontró entrelazados unos con otros. Éramos el trío más feliz del mundo. Yo me
sentí mas amada y deseada que nunca.
Desperté hace media hora. Ellos siguen en mi recamara
dormidos. Los dejaré descansar de su actuación espectacular y desganstante. Me
voy a duchar para estar lista pues no deben tardar en despertar y dudo que no
quieran volver a cogerme, yo estoy excitada y quiero que lo vuelvan a hacer.
Querido Diario, luego te platico que pasó.