QUE PARTIDO
A pesar de estar en otoño ya casi pisando el invierno, la
tarde estaba soleada y algo calurosa, me puse un equipo de jogging y me fui a la
cancha a verlo jugar.
Cuando llegué el partido ya había comenzado, como no entiendo
demasiado las reglas del juego, me entretuve mirando los físicos de los
jugadores, sus culos duros y firmes se resaltaban bajo las mallas de lycra.
Casi todos estaban bien formados, salvo alguno que otro que
parecían unos osos, el resto eran rescatables.
Recostada sobre el pasto me deleitaba más con los jugadores
que con el juego en sí, la voz de Martín me sobresalta, me pregunta si podían ir
algunos de los chicos hasta mi apartamento, pues tenían que hablar y no había un
lugar disponible y dado que vivo cerca de la cancha le pareció buen lugar.
Le digo que si, que no había inconveniente alguno.
Decidí irme antes que ellos para esperarlos con la merienda
pues supuestamente llegarían famélicos luego del partido. Una vez la mesa estaba
servida, me fui a darme una ducha, estando aún en el baño, siento que llaman a
la puerta, me visto una bata y salgo a abrir.
Ni bien llegaron se sentaron a la mesa y como langostas
arrasaron con todo en un instante.
Me retiré a mi habitación a leer, así los dejaba tranquilos
para conversar.
Martín entra en mi cuarto y me pregunta si podrían darse una
ducha, ya que estaban todos transpirados por el partido, no puse objeción por el
pedido y uno a uno fueron desfilando al baño.
Dado que mi dormitorio esta en suite, podía verlos cuando
salían del toillete, con los cuerpos mojados sus músculos se resaltaban aún más.
Martín enciende el televisor y estaban pasando un partido de
futbol americano, al instante estaban todos instalados en mi habitación mirando
el juego.
Yo me quedé tendida en la cama, leyendo, Martín se recostó a
mi lado, como no había llevado ropa para cambiarse, solo la toalla cubría su
cuerpo.
El olor que emanaban esos físicos recién duchados y algunos
con sus torsos desnudos fueron despertando en mí, mis más bajos instintos.
Martín me pilla cuando estoy mirando a uno de sus amigos, al
tiempo que paso mi lengua por mi boca, se acerca a mi oído y me pregunta ....
¿te gusta?
Me sonrío y le contesto .... imposible dejar de admirar
semejante ejemplar masculino...
Ya que el partido es largo, a medida que transcurría se
fueron acomodando sobre mi cama, quedando yo atrapada entre Martín e Ignacio.
Dos se recostaron a los pies de la cama y otro se sentó en el
piso.
La calidez de sus cuerpos me hicieron entrar en una modorra,
recosté mi cabeza en el hombro de Martín y me quedé dormida.
Al rato siento como una mano va acariciando y subiendo por mi
pierna, no podía distinguir si era un sueño o la realidad, la sensación que me
provocaba era tan placentera que dejé que me acariciara, de fondo podía escuchar
las voces de los chicos y los comentarios del partido.
Esa mano juguetona no dejaba de moverse, muy despacio fue
abriendo mi bata y podía sentir como mi cuerpo desnudo quedaba expuesto ante las
miradas de todos, era tal el cansancio que tenía que no atiné a hacer nada.
Una mano se fue transformando en dos, luego tres o más que
recorrían mi cuerpo.
Con los ojos cerrados y tendida sobre mi lecho, me dejé
llevar por esas caricias, podía sentir como todo mi cuerpo era invadido por esa
calidez provocada por los dedos que se iban intercalando con las lenguas.
Dejé que se internaran en mi cuerpo como en una selva virgen,
explorando todos sus rincones, esas lenguas y esos dedos iban recorriendo cada
zona , palpando, tocando, metiéndose, acariciando.
Como envuelta en una nube de ensueño me dejaba llevar por el
goce, solo disfrutaba, inerte.
Mis piernas se levantan y una verga caliente penetra mi
cavidad húmeda, entra y sale provocándome oleadas de placer, mi boca se abre
buscando la suavidad de la piel viril, lamo ese miembro, lo exploro con mi
lengua, es cambiado por otro que también quiere ser descubierto, así mis
agujeros fueron invadidos, no dejando ninguna cavidad vacía.
Podía sentir el roce de dos penes dentro de mi, sus
movimientos se combinaban perfectamente.
Tal cual titiriteros moviendo los hilos de su marioneta, iba
cambiando de posiciones, al igual que de penes dentro de mí, unos a otros se
iban intercalando, todos querían deleitarse con el banquete que tenían servido.
Ávidos de sexo uno a uno fueron entrando y saliendo de mi
cuerpo, como si estuviese premeditado, todos estallaron en un solo grito de
placer, sus leches tibias recubrieron mi cuerpo.
Una brisa fresca me arrolla, abro los ojos y la cancha vacía
me permite ver el mar, Martín acomodando su mochila, me dice... te llevo hasta
tu casa..
Paulapoison