Este es mi primer relato. Espero que les guste. Espero
opiniones sobre él a la dirección
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO. Gracias a todos por, al menos, leerlo.
* * * * * * * *
Eran las 11 de la noche y por fin había terminado el informe
sobre la venta de unos terrenos donde se comenzaría a construir en menos de 3
meses. Estaba cansada pero satisfecha. Su jefe estaría contento y ella feliz de
no tener que llevarse el trabajo a casa ese fin de semana.
Apagó el ordenador después de sacar una copia impresa del
informe y recogió un poco la mesa. En la oficina ya no quedaba nadie desde hacía
un buen rato. Cogió el bolso y la chaqueta y salió hacia los ascensores. En el
vestíbulo saludó al guardia de seguridad y salió a la calle. Soplaba un
airecillo fresco y apetecible de otoño y cerró un segundo los ojos. Si fuera más
temprano daría un corto paseo pero lo mejor era ir a buscar el coche.
Lo tenía aparcado al final de la calle porque había sido el
único sitio libre que había encontrado. Cuando ya casi llegaba hasta él buscó
las llaves en su bolso y concentrada como estaba no se dio cuenta hasta que una
mano la alcanzó por detrás y le tapó la nariz y la boca con un pañuelo. Se
resistió pero sintió que las fuerzas se le escapaban y que se le cerraban los
ojos.
Se despertó en la parte de atrás de una furgoneta. Le habían
atado las manos a un saliente que tenían los asientos del conductor y del
copiloto. También tenía atados los tobillos, juntos y le habían quitado los
zapatos o ¿los habría perdido? No lo sabía, sólo recordaba que acababa de salir
de la oficina.
Movió la cabeza buscando una forma de soltarse pero no había
nada a su alcance. Estaba nerviosa y asustada. ¿Qué estaba pasando? Oyó un ruido
al abrirse la puerta y se hizo la dormida.
- ¿Aún duerme? No es posible. Ya tendrían que haberle
pasado los efectos. – dijo una voz grave.
- Debe estar a punto de despertarse. La dosis no era tan
fuerte. ¿Qué te parece? – añadió una segunda algo más seca.
-No la veo muy bien pero no parece estar nada mal. Veremos
como resulta y cuánto aguanta. Mientras despierta la observaré mejor.
Y la furgoneta se movió al subirse el hombre en ella. El
hombre se acercó a la mujer mientras la miraba fijamente. Se agachó a su lado y
dijo:
- Está despierta. Vamos a llevarla adentro.
- ¿Y si jugamos antes un rato con ella? De paso la
preparamos un poco. ¿Qué dices? – se le ocurrió al otro mientras subía a la
furgoneta y cerraba la puerta.
La mujer les miró entonces con el miedo reflejado en sus
ojos. ¿Qué estarían pensando hacerle?
- Quiénes son ustedes? ¿Qué van a hacer conmigo? – El
hombre más fornido la cogió del pelo y le soltó la melena que aún llevaba
recogida. El cabello castaño le cayó sobre los hombros. La sujetó de la
barbilla y la obligó a mirarle. - ¡Suélteme, por favor! ¡Dejen que me vaya!
Yo no... – No pudo seguir porque el hombre le plantó un beso en la boca. Le
tapó la nariz y al abrirla para respirar le metió la lengua hasta dentro.
Mientras, con la otra mano le acariciaba las tetas por encima de la camisa,
buscando los pezones y pellizcándolos de vez en cuando para conseguir
ponerlos duros.
La mujer se revolvía como podía, pero no conseguía soltarse
de su agresor. Entonces sintió unas manos que se deslizaban desde sus tobillos y
pasando por las rodillas llegaban a los muslos. De repente tenía las piernas
abiertas, hasta donde le permitían las cuerdas de los pies. El otro hombre se
había colocado entre ellas y no le dejaba cerrarlas.
Las manos continuaron subiendo y se metieron bajo su falda
para acariciarle las nalgas sobre sus braguitas. La falda subió hasta su cintura
dejando al aire su zona más íntima. Sabía lo que le iban a hacer y se le
saltaban las lágrimas. El que no dejaba que gritara le puso un pañuelo en la
boca y casi se asfixió al principio. Le desabrochó la blusa blanca que llevaba
puesta y le levantó el sujetador. Sus pechos salieron liberados y sus pezones
estaban al alcance de sus violadores. Se los comenzó a chupar con ímpetu, pasaba
la lengua, los mordisqueaba, los lamía, los pellizcaba...
Ella cerró sus verdes ojos e intentó pensar en que aquello no
estaba sucediendo. Por encima de todo no iba a dejar que su cuerpo la
traicionara. Pero cuando notó cómo sus braguitas se deslizaban hacia abajo los
abrió de nuevo. Gritaba, se revolvía y apretaba las manos. Pero sólo se oían
murmullos con la mordaza.
El más joven, entre sus piernas, miró el coño que tenía ante
él. Tenía el vello recortadito y olía muy bien. Comenzó a pasar el dedo por la
raja de la vagina muy despacio. Después buscó el clítoris y empezó a estimularlo
un poco. No quería que ella se mojara tan pronto, le gustaba sentir en su pene
el roce de la vagina al estar seca. Se desabrochó el pantalón y se los bajó, con
los calzoncillos, hasta las rodillas. Tenía la polla tan tiesa y dura que le iba
a estallar, pero sabía controlarse. Su compañero ya estaba medio desnudo también
y su polla, algo más grande y gruesa que la suya, casi estaba lista.
- Veamos si esta preciosidad pasa el control de calidad,
¿eh? No podemos entregarla si no cumple, ¿no crees?
- Si. A ver si también sabe chuparla – y agarrándola
fuerte del pelo le dijo – Escucha, zorra. Ahora vas a mimar mi polla para
que se anime del todo y mucho ojito con mordeme o te arrepentirás.
¿Entendiste?
Ella asintió mientras gimoteaba. El le quitó el pañuelo de la
boca y le acercó la polla a los labios. Pero ella no la abrió enseguida y él le
dio una bofetada que le volvió la cara.
- ¡Abre la boca puta! ¿Me oyes? – Volvió a ponerle la
polla en los labios y ella la abrió un poco pero no lo suficiente.
- Espera, voy a echarte una mano. Estate atento, verás
que bien la abre ahora.
Y sin avisar le metió los 23 cm de polla por el coño de un
solo empujón. La mujer abrió la boca para gritar pero se encontró con que otra
polla le llenó la boca. Casi le llegaba a la garganta y su dueño le decía:
-Chupa, chupa sin parar o te moleré a palos mientras mi
compañero te folla. Venga puta, chupamela.
Y mientras comenzaba a lamer la polla en su boca, el otro
comenzaba con un salvaje mete, saca cada vez más adentro y cada vez más fuerte.
Sentía como si fuera a partirla en dos y le dolía porque aún no estaba del todo
lubricada. Cada empujón en su coño hacía que se tragara la polla que mamaba así
que estaba siendo follada por los dos a la vez. Los gemidos del que se la metía
eran cada vez más rápidos, como sus embestidas, señal de que estaba a punto de
correrse y eso hizo que se aplicara con la lengua y los labios. Pensaba que en
cuanto acabaran la dejarían en paz. Pero se equivocaba porque el más joven,
lejos de terminar en su interior, sacó la polla de su coño.
- Te cambio el sitio. Disfruta de ella todo lo que
quieras. Es el mejor coñito que he probado desde hace mucho y sé que te va a
gustar. – Y el hombre ocupó su sitio entre las piernas de la mujer. Apuntó
la cabeza de su polla justo en la entrada y le dijo: - Prepárate porque esto
no ha hecho más que empezar, zorrita. Has de hacer que disfrutemos como
nunca – Y empujó metiéndole la mitad de la polla. Esta era un poco más
larga, unos 28 cm y algo más gruesa que la de su amigo. Volvió a sacarla y
esta vez la ensartó de un empujón hasta el fondo.
Ella no consiguió gritar tampoco esta vez porque tenía otra
polla que mimar. Comenzó a movre la lengua y a chuparla con fuerza para que se
corriera de una vez pero perdió el control de la situación cuando el hombre le
sujetó la cabeza y comenzó a follarle la boca sin contemplaciones. Al cabo de un
momento sintió que la boca se le llenaba de semen caliente y espeso y tuvo que
tragar para no ahogarse.
- Muy bien... zorra. Ahora... quiero que me la dejes bien
limpia y reluciente. Venga, chupa.
Y con los ojos fijos en los de él lamió el glande enrojecido
y la polla hasta que quedó limpia. El hombre se sentó en el suelo para recuperar
el aliento mientras su compañero seguía follándosela sin parar. Sus embestidas
eran más fuertes, era más fornido y algo más alto. Sin sacarle la polla se puso
de pie y la levantó por las piernas. No tocaba el suelo más que con las manos
atadas y con la cabeza. El resto de su cuerpo flotaba. El siguió embistiendo
cada vez más fuerte, cada vez más rápido. Hasta que dio cuatro sacudidas más
lentas y profundas. La llenó de semen al correrse dentro. La dejó en el suelo.
No se movía, estaba agotada. El se sentó junto a su compañero y jadeando le
dijo:
- Creo que la primera prueba la ha pasado bastante
satisfactoriamente, pero a ver cómo se porta con el resto del examen.
- Sí, aunque creo que lo superará con buena nota. Esta
vez hemos encontrado una buena puta.
Al oir sus palabras, cerró los ojos para no llorar y se
encogió. Así que no estaban satisfechos. Y aún pensaban seguir jugando con ella.
Aquello no había terminado y ella se quiso morir. Sin evitarlo lloró en silencio
mientras los dos hombres reían.
Continuará...