POR FIN SE LA PUDE METER (Esther Nuñez)
Cuando yo la vi por primera vez me llamo la atención su
cuerpo, sobre todos su busto firme y desafiante, llevaba una blusa tejida, lo
que dejaba notar su sostén negro de media copa y la parte superior de sus
soberbios pechos.
Busque la forma de acercarme a ella y lo logre al detectar su
interés por el cine erótico y los libros de aventuras.
La relación fue funcionando cada vez mejor y nuestras
aproximaciones fueron cada vez más y más calidas y sexuales. Me dejaba tocar sus
senos y le prendía de sobremanera que le tocara la parte inferior de su seno
izquierdo, hicimos el amor muchas veces pero no me dejaba tocarle el trasero,
por lo que hice un plan y me funciono. Vean:
Una tarde nos fuimos a un hotel en el DF por la calzada de
tlalpan (muy conocido por acá) y pedimos una habitación, ella llevaba una falda
de mezclilla con un cierre a todo lo largo y una blusa de algodón, no llevaba
medias y unas sandalias de esas que se amarran con tiritas de piel al tobillo,
se veía como una colegiala.
Aun antes de llegar al cuarto, nos abrazamos y pude meter mi
mano bajo su falda, sintiendo su tanguita de likra húmeda, ella me tocaba mi
trasero y sobre el pantalón me agarraba mi miembro, el cual para entonces
parecía un mástil dispuesto a romper el pantalón.
Al entrar, empecé a desnudarla, abriendo lentamente el cierre
de su falda, de abajo a arriba y gozando con el espectáculo que me estaba dando
al descubrir un par de piernas muy bien torneadas al centro una tanga negra de
hilo dental, la cual marca de maravilla su monte de Venus con un suave mechón de
vello como toque erótico.
Al desabrocharle su sostén, salieron a relucir sus pechos
firmes, redondos y con el pezón hacia arriba, como si fueran un par de manzanas
california,
Dejándola con su tanga, me entregue a una sesión de masaje
lento suave, apenas al borde de su piel, recorriendo todas sus curvas, su suave
pecho, su marcada cintura y su vientre plano, llegando a sus piernas y hasta sus
tobillos , regresando al acariciar por la parte interna de sus muslos y
deteniéndome en el pliegue que se forma donde nace la nalga, ahí empecé a darle
masaje en redondo a su firme trasero, empezando desde afuera y terminando cada
vez mas cerca en su orificio trasero, el cual ella con señas me daba a entender
que no quería.
Yo insistí en mi masaje suave, pero ahora saque un frasco con
aceite perfumado el romero, el cual me dijeron serviría para relajarla y ponerla
mas caliente.
Seguí con el masaje frotando sus nalgas, masajeándolas pero
cada vez que podía , agregaba mas y mas aceite a su orificio, y una vez hecho
esto comencé un masaje mas localizado en esa zona, abriendo sus glúteos con una
mano, comencé a hacer círculos mas y mas chicos, mas y mas chicos , de repente
tocaba la arrugada entrada de su orificio y quitaba mi dedo, hice esta operación
varias veces , hasta que note que ya no se oponía, entonces puse mi dedo incide
directamente en la entada de ese túnel prohibido y comencé a hacer un poco de
fuerza para introducirlo un poco, al no rechazarme hice círculos mas grandes
para relajar el esfínter y después metí dos dedos y ella parecía como en un
transe, solo respiraba rápido y me dejaba hacerlo.
Yo había llevado un vibrador nuevo en forma de pene, el cual
tiene n su base unas como canicas que se mueven rítmicamente junto con la
vibración de la cabeza y lo coloque la punta en su orificio anal, ella pego un
respingo, pero a esta altura de la acción sentía que ya lo estaba esperando.
Lo prendí y comencé a hacer círculos nuevamente pero a la vez
hacer fuerza para introducirlo, más y más y más, llego un momento en que hubo
resistencia y me detuve, solo deje que la vibración, tocara todos los puntos
sensitivos de su interior, hasta que de un solo golpe y con facilidad se
introdujo casi solo, hasta el fondo.
Yo no lo creía y pensaba que me pediría que lo sacara, pero
no sucedió as, comenzó a moverse rítmicamente y levantando su trasero para
sentir mas en su entrada, las canicas de mi vibrado, empezó a hacerlo cada vez
mas rápido y fuerte, comenzó a jadear y a respirar rápido, hasta que llego un
momento en que emitió un grito apagado (tenia la cabeza bajo una almohada) y
llego comenzó a temblar y a ponerse rígida. Con el esfuerzo, el vibrador comenzó
a salirse, pero ella lo detuvo con su mano y se lo volvió a insertar, quedándose
quieta un rato con el vibrador trabajando bien insertado en su trasero y solo se
oía el bbbbbzzzzzzzzzzzzttt¡¡¡¡¡¡ del motorcito.
Por fin se relajo, se lo saco y me dijo que era la primera
vez que hacia algo así y que en adelante solicitaría una sesión de masaje anal,
antes de cualquier otra cosa, lo que accedí de inmediato y desde entonces hemos
experimentado con muchas cosas raras y extrañas, pero eso se los contare otro
día.
