Me acuesto sobre el lado oscuro de la luna y
es allí donde cruzo la frontera entre mi vida y la tuya.
Remojo con tus besos mis labios cortados por aquel
frío que respiré una mañana enmarañada de realidad
y deseo.
Me sumerjo con mi batiscafo personal
por los abismos de tu vida,
por las rendijas de tu deseo y
por la cuesta escarpada de tu cuello.
Me entretengo contando ayudada por mis párpados
los besos que te daría si te viera dormida sobre un
pentagrama que tuviera por almohada una clave de sol.
Me conformo con poder paladear el sabor de tus ojos
en un desierto mudo y sin luz, cantándole
a una duna asustada del tiempo que transcurre
una nana de silencios y caricias.
Este poema es de una persona que me lo mando y que se llama Raquel