Platicando Largo y Tendido 01
¡Qué feo es amanecer de goma! Los ojos se le quieren cerrar a
una cuando trata de abrirlo, las piernas le tiemblas y el estómago despierta
revuelto… y peor cuando se está embarazada como yo lo estaba. Quiero aclarar que
no tomé ni una gota de alcohol, soy traviesa pero no imprudente, pero la orgía
que hicimos nos dejó molidos a casi todos.
Como podrán adivinar, estoy hablando de la tremenda orgía en
que estuve metida y que les conté en mi serie anterior "Noche de Bar II". Si la
leyeron sabrán de lo que estoy hablando, si no los invito a que la lean.
En a mañana siguiente fue que me levanté de goma, pero goma
de sueño y de cansancio. Afortunadamente me pude dar el lujo de dormir un poco
más de la cuenta, pero luego tuve que ir a dejar a Kikín a su colegio. El ya va
al kínder de un excelente colegio religioso de la capital, Estelita aun no,
menos mi bebé Juanjo. Mi pobre hermano si se tuvo que levantar temprano para
irse a la ferretería a trabajar
Mamá, como siempre, se fue a la casa de esa amiga suya, y yo
que me quedé a cargo de todo. Así pasó mi día, hasta la llegada de la noche.
Eran como las 10, yo me había quedado tarde platicando de muchas cosas con mamá,
justo ese tipo de conversación que tanta falta nos hizo cuando yo era pequeña. A
punto de irme a la cama estaba cuando mi celular sonó:
¿Aló?
¿Aló, Lala?
¿Si, quién habla? – era el número de mi hermano, pero no
reconocí esa voz, era la de una mujer.
Soy yo, Juanca… bueno Felicia… – tosió una 2 o 3 veces y
volvió a hablar, ahora si con su voz de siempre – Mirá, ¿ya se acostó mama?
Pueessss… – le dije y me asomé por la puerta del baño – la
luz de su habitación ya está apagada.
Bien… porfa, venime a abrir la puerta que dejé las llaves
de la casa y no tengo nada para cambiarme de ropa.
Vaya, voy. – colgamos y caminé hasta la puerta, la abrí y
el entró, saludándome con un beso con sabor a semen.
Felicia entró a su habitación, se desmaquilló rápido y se
puso un pantalón y una playera, salió luego a meter el carro en el garaje. Y me
quedé en la cocina mirándolo sin decir nada, luego le preguntaría de donde
venía.
Hermanitoooooo… – le dije con voz de niña melosa.
Siiiiiiiii… – me contestó el con el mismo tono, ya sabía lo
que quería.
¿De dónde venís?
De mandar a la mierda a mi novio…
¡¿Tenías novio?!
Si… tenía…
¿Y lo cortaste hoy?
Si… después de que cogimos por última vez…
¡Alegre su ruptura!
Bueno, el no sabe que ya lo mandé a la verga, anda con ese
otro cerote ahorita… pero mañana se lo digo.
¿Cómo así?
Es que el Oso me ponía lo cuernos… bueno, mirá, lo que pasa
es que el y yo manteníamos una relación muy abierta, podíamos andar con otras
personas siempre que el otro estuviera presente. La verdad es que a mi ya no
me estaba gustando esas condiciones… digo, para un rato bastaba, pero cuando
las cosas se empiezan a poner serias, uno quiere algo más fuerte, más firme y
duradero.
Si, te entiendo…
Y el no quería eso, por eso es que cogí como una ramera de
lo peor ayer donde Diana. Por otro lado, El Oso solo quería a Felicia, en Juan
Carlos no estaba muy interesado…
Pero tu sos Juanca, no Felicia.
Exactamente… la verdad, pensé que sería peor, pero cuando
uno está enojado, a veces, algunas cosas salen mejor, más sencillo…
Contame qué pasó…
Osvaldo ha sido mi novio desde hace 2 años y medio, todos
le dicen Ojo porque eso parece, es peludo por todos lados. Tiene mi edad, lo
conocí por medio de una de mis ex, Ester, de ella si te tenés que acordar
Lalita.
Si, ella tan linda que era…
"Hoy estábamos de aniversario y yo le iba a ir a cocinar una
cena romántica. También para hablar con el por una enésima y última vez, quería
que se pusiera serio, que me dijera hacia donde íbamos caminando, pero me topé
con una sorpresa cuando llegué a su casa, estaba con otro.
Sentado sobre la mesa del comedor, desnudo, mi Osito era
fuertemente cogido por otro, que lo poseía con brusquedad y sin delicadeza… como
a el le gusta. Me quedé parada en la entrada, sin saber si entrar o irme. No era
la primera vez que lo pescaba con otro, de hecho, ya hemos participado en tríos
y orgías. Vi como, poco después, el otro tomaba del cabello a mi novio y le
clavaba la verga hasta el fondo, este lo abrazaba por detrás y le acariciaba y
amasaba las nalgas. A veces se separaba de esa hermosa verga y le pegaba grandes
lametones en los testículos.
Felicia, amorcito, no te vi llegar…
Si, ya me di cuenta…
¿Y traés todo para la cena?
Si… todo…
¡Pero no te enojés sequita! Mejor vení, unítenos, te va a
encantar, te lo aseguro… vení ya.
No Osín… iba ser una cena romántica…
De tres… ¿no te lo dije? – Osvaldo es un sinvergüenza,
siempre lo fue.
Se puso de pié y se me acercó, me besó suavemente, yo lo
dejé, total, ya qué perdía. Me subió sobre la mesa y me colocó de costado, antes
ya me había sacado la blusa. Bajó mi falda hasta los tobillos e hizo a un lado
la tanga que me había puesto para el. Inmediatamente me penetró sin piedad. Por
lo general me lubricaba antes de penetrarme de esa manera, pero a veces lo hacía
así, en seco. Mi ano ya estaba bastante fogueado a esas alturas y podía soportar
mucho más. Y claro, ese día me penetró de esa forma para impresionar a su amigo,
que continuaba mirando con la verga parada y sin perder detalles de la cogida.
Pues bien, me tenía sobre la mesa, de costado y en posición
fetal, mientras el enterraba su tranca entre mi ano. Con uno de sus brazos me
abrazaba, con el otro me sobaba los genitales, haciéndome sentir sensaciones
deliciosas, a las que me fui entregando poco a poco, a pesar del indeseable
mirón.
Podía sentir claramente como entraba y salía aquel pene que
adoraba, su respiración tibia sobre mi cuello y sus dedos acariciándome, cuando
algo me turbó, de pronto noté unas manos intrusas tocándome las piernas. Me
asusté pero mantuve la calma, sabía que esas eran las manos del otro.
Este me acarició las nalgas, pasando sus palmas en círculos
sobre estas. Al parecer le gustaron mucho, pues pasó un gran rato haciéndolo.
Fue por una silla, sobre la que se paró para ofrecerle su gordo pepino a mi
novio, que se lo llevó a la boca sin dejar de darme, lamiendo y chupando ese
excelente aparato.
Osín dejó esa hermosa verga por un lado y se sentó sobre la
mesa, gentilmente me tomó de la mano y me atrajo para que me parara frente a el,
como hacíamos casi siempre, y me metiera su falo entre la boca. Mientras chupaba
sentí que las manos de otro se posaban en mi culito y lo sobaban. Hizo a un lado
el hilillo de la tanga y empezó a acariciarme el agujerito, suavemente, con los
dedos humedecidos de saliva.
Poco a poco me fui perdiendo en los cálidos vapores de la
lujuria, y más cuando sentí como deslizaba su lengua por mi agujero, aquello me
puso en las nubes. El Oso jamás me había hecho aquello, y debo decir que fue
increíble, aquella lengua tibia y mojada me recorría todo el canal por en medio
de mis nalgas, asegurándose de llenarme bien de saliva el agujerito. Y este se
me contraía cada vez que ese hombre pasaba con su deliciosa lengua.
¡Ya vi que te gustó mi lengua nena! Vení, sentante sobre
mi. – me dijo.
Tomó asiento en una silla, frente a Osín, yo solté su verga y
me puse de pié, me dio la vuelta y me hizo sentarme, poco a poco, sobre su
garrote parado. Se lo iba untando con un gel a base de agua, para no dañar el
condón, conforme yo bajaba sobre el, hasta que mis huevos toparon con los suyos.
Mi ano no reconocía aquel pene intruso, lo que me daba un placer indescriptible
pues estaba acostumbrado al de mi novio, y la verdad es que no hay 2 vergas
iguales.
Montame pues mi perrita, como lo hacés con el Osín.
Así lo hice, ya estaba entregada, la vergüenza inicial ya
había desaparecido y solo quedaba una tremenda fiebre de lujuria. Mientras
tanto, Osín me haló con fuerza del pelo y me dio su pene para que se lo mamara,
mientras se besaba apasionadamente con el otro. Así me encontraba, siendo
ensartada y mamando, disfrutando como una perra.
¿Te gusta? ¿Te gusta perrita? – me preguntaba el
desconocido.
¡Claro que le gusta! ¡Le encanta que la partan en 2!
¿Verdad Felicia?
¡¡SI!! ¡¡ME GUSTA!! – respondí casi sin voz.
El desconocido me rodeaba la cintura con los brazos,
ayudándome a subir y a bajar sobre su gran falo, que me enterraba con mucha
fuerza, como un taladro sobre el pavimento más suave y delicado. Frente a mi,
Osín me clavaba la verga hasta la garganta.
Al rato, el que me empalaba hizo que me bajara de su pene, me
tumbó de espaldas sobre la mesa, colocó mis piernas sobre sus hombros y me
penetró sin contemplaciones con golpes duros y secos. Me daba con todo lo que
tenía, estremeciéndome a cada caderazo. Osín le lamía el cuello y besaba sus
labios como una novia amorosa, me sentí muy celosa.
¡¡¡AAAGGHH!!! ¡¡¡AAAGGHH!!!… ¡¡¡QUÉ CULO!!! ¡¡¡QUÉ CULO!!!
¡¡¡QUÉ RICOOOOO!!!… ¡¡¡OOOOOGGGGHHH!!! ¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!
¡Te dije que era una diosa Estuardo!
Lamentablemente en esta vida las cosas no duran para siempre,
y menos el sexo. El tal Estuardo paró de barrenarme, se salió de mi y me tiró
sobre el suelo. Entonces ambos se pusieron de pie y se masturbaron con fuerza
hasta que de sus pene parados salieron disparados largos chorros de semen que me
cubrieron la cara. Yo abrí la boca y traté de tragar todo lo que pude."
Después de eso, se tendieron sobre el suelo a mi lado,
abrazándome y diciéndome lo buena que había sido, yo medio desnuda, con el
maquillaje corrido como una ramera y la cara llena de leche de macho… hasta
que me pidieron la cena…
¡Todavía te pidieron cena esos imbéciles!
¡Si Lala, si!
¿Y vos qué hiciste?
¡Los mandé a la mierda! Le dije a Osvaldo que ahora ya
estaba muy cansada para cocinar, que aquello lo debió pensar antes de invitar
a alguien a que me cogiera.
¿Y qué hizo?
Se fue con el Estuardo a algún bar, dejándome sola. Luego
yo me fui por allí, cené por mi cuenta y me vine de regreso. Solo le dejé un
mensaje en que le decía que no lo quería volver a ver nunca.
Los hombres son unos idiotas…
Si, unos verdaderos idiotas.
Quedamos en silencio por unos momentos, me quedé pensando en
la vida íntima de mi hermano, en lo poco que la conocía. Con Lucía me hablaba
casi cada 2 días, teniendo platicas como una hora en las que nos contamos de
todo, prácticamente yo no tengo secretos con mi hermana mayor ni ella conmigo.
Pero solo, no tengo esa comunicación con ningún otro miembro
de mi familia, por muy bien que estuvieran las cosas con ellos ahora. Y ahora
que escuchaba a Juan Carlos hablarme de ese idiota con el que andaba, me di
cuenta de lo poco que en realidad lo conocía. Eso me molestó mucho,
naturalmente, pues entre mis propósitos estaba el de acercarme más a toda mi
familia. Además, dada mi nueva gravidez, decidí cambiar muchas cosas de mi
mundo, y esto figuraba entre esas cosas.
Mientras pensaba esto, yo ya estaba recostado sobre sus
piernas, dejándome acariciar suavemente el cabello.
Y ahora que andás solo… ¿no tendrás ya por allí a alguien
en lista de espera manito?
Bueno… en realidad no… la verdad es que tengo mucho éxito
en el sexo, pero no en el amor.
¿Cómo así?
Si, he tenido muchos amantes, pero relaciones estables y
duraderas pocas, y todas han acabado por alguna razón.
Nunca me enteré por qué terminaste con Ester.
Porque ella no se quería casar… creo que ella fue la que
más me dolió, con ella quería tener una familia, una vida… un matrimonio. Pero
ella no, ella solo quería vivir conmigo y que viniera lo que viniera.
Así no funcionan las cosas, no importa lo que digan,
algunas cosas simplemente no las pueden controlar, y si es más fuerte que
ellos los destruirá. No siempre es bueno tener esa actitud.
No… total, que terminamos. Y luego vine a parar con ese
pendejo. Tengo ganas de una relación distinta, de sentar cabeza con alguien,
de tener una familia… como la tuya. – me puse roja como un tomate – Creo que
me voy a quedar un tiempo solo… mejor solo que mal acompañado.
Quedó en silencio, ese silencio lleno de nostalgia. No lo
sabía en ese momento, pero esa conversación abriría las puertas para poder
acercarme más a mi hermano, hacernos más íntimos de lo que siempre fuimos, ha
tal punto de convertirme en su confidente.
Continuará…
Garganta de Cuero. (pueden mandarme sus comentarios y
sugerencias a mi correo electrónico, besos y abrazos).