La historia que les voy a narrar a continuación es fascinante
y a la ves muy excitante, ya que no es solo una historia sexualmente adictiva
sino también cierta, a tal punto que me veo en la penosa obligación de omitir
los nombres de los personajes y lugares involucrados en la misma.
Todo comenzó un sábado en la noche cuando Pilar, mi antigua
novia, la mujer con la que tuve mi primera relación sexual siendo yo apenas un
chico de 15 años y ella una hermosa adolescente de 16, me invitó a su
apartamento acompañado de mi esposa, la cual a propósito no tiene la menor idea
de nuestra antigua relación; Pilar es ahora una mujer de 27 años, 1.75 metros de
altura, senos firmes y grandes, producto de un implante de silicona, nalgas
redondas, vientre plano, debido al ejercicio físico que realiza todas las
mañanas, cabello negro y una cara pulida y sensual. Hace más de dos años que
vive con su novio, un hombre alto y fornido que se dedica al periodismo
informativo y gracias al cual consiguió trabajo en un conocido magazín de moda.
Esa noche ambas mujeres bebieron bastante, por lo que mi
esposa decidió ir a la habitación de Pilar a descansar un poco.
A pesar de que me excité bastante por el sólo hecho de pensar
que estaría solo con esta preciosa mujer, no sucedió nada de lo cual
arrepentirme; sin embargo la confesión que estaba a punto de escuchar me
estremeció hasta los huesos y me hizo por unos instantes desear estar soltero.
Pilar era una mujer demasiado arriesgada a la que le
fascinaban las emociones fuertes y en especial el sexo; luego de su primer
contacto sexual – y digo contacto ya que solo hubo caricias no más allá del
rostro y de la espalda y unos cuantos suaves y ligeros besos en la boca - en el
cual experimentó el sexo lesbico con una vecina amiga contando solo con 12 años
de edad, comenzó a desarrollar una especie de ninfomanía que la llevarían a
probar las mieles de la masturbación, dejando de lado los juegos infantiles que
sus amigas preferían.
A los 18 años era una hermosa mujer a la que le sobraban los
pretendientes, dándose el lujo de ser infiel con varios de ellos, como sucedió
un día en el cual su novio de entonces la invitó a una discoteca, a la cual citó
a otro de sus enamorados, para que en el momento en que ella dejara a su novio
mientras iba al baño, el otro hombre la siguiera y se encontraran en el
parqueadero y hacer el amor en su auto; luego se peinaba rápidamente y volvía a
la mesa como si nada malo hubiere pasado, argumentando motivos como la
congestión en el baño para que su acompañante oficial no se disgustara.
Cuando ya contaba con 22 años, su mejor amiga la invito a un
swinger club, una especie de discoteca equipada con cuartos en la cual las
personas debían permanecer desnudas y si así lo querían intercambiar parejas
para tener relaciones sexuales.
Pilar no fue –según me cuenta ya bastante ebria- con el
motivo de tener sexo sino simplemente de conocer esta clase de lugares.
Yo conozco el lugar, al cual me dirigí una ves con mi esposa
solo con el animo de conocerlo: A la entrada dos personas revisan que no
ingresen armas de ningún tipo y a la ves reciben el dinero para el ingreso,
luego comienza un pequeño túnel en el cual una hermosa mujer vestida de
minifalda negra, medias veladas del mismo color y una blusa transparente que
muestra a la perfección sus senos sin brasieres, se dirige con la pareja a un
cuarto mixto con casilleros en el cual hombres y mujeres deben desnudarse para
poder ingresar al salón, luego la encantadora mujer entrega a cada uno – o una
si se trata de dos mujeres – una pequeña toalla, con la que pueden ocultar sus
partes intimas. Acto seguido ingresa a la pareja al llamado salón, un espacio
amplio rodeado de mesas con cuatro sillas cada una y le informa su lugar en
determinada mesa al frente de una pareja desconocida. En este lugar atienden
hombres y mujeres desnudos, entre los cuales cada 15 ó 20 minutos hacen
strip-tease.
Pues bien, luego de este largo pero excitante proceso, Pilar
y su amiga deciden ir a la barra y pedir unos cuantos tragos. Después de 30 ó 40
minutos cuando ya las personas algo alicoradas comienzan a despojarse de sus
toallas para ir a la pista de baile – en todo el centro – y bailar entre todos
completamente desnudos, Pilar con algo de pudor prefiere más bien ir al segundo
piso donde se encuentran los cuartos –los cuales debo decir, se encuentran
equipados con dos camas dobles, un baño y nada de puertas – en varios de ellos
observa a algunas parejas teniendo sexo, a otras confiscadas en extensas y
confusas orgías, y en el penúltimo cuarto observa con detenimiento a un hombre
en el momento que introduce profundamente su miembro en la vajina de una mujer,
mientras ellas se limita a jadear y mantener elevadas sus piernas; el hombre
unos minutos después saca el pene y lo frota en los senos de ella eyaculandola
por doquier. Pilar – mujer valerosa, no lo puedo negar – entra a la habitación y
comienza a hablar con la pareja, que le cuenta entre otras cosas que se acaban
de conocer y tienen a sus respectivas parejas en el salón bailando desnudas.
Pilar intercambia teléfonos con el hombre y bajan luego al
salón donde ella decide desnudarse –ante el asombro de su mejor amiga – para ir
a la pista a bailar.
A pesar de que esa noche no sucedió nada entre ellos, algunos
días después – según cuenta Pilar se encontraron ambos en un pequeño bar y luego
de unas cuantas copas y de besarse profundamente, deciden ir a un hotel en el
cual ella experimentó sensaciones inimaginables. Carlos –llamado así en esta
historia- comenzó a desnudarla lentamente; primero su pequeña e insinuante
camisa – y digo insinuante porque la conozco – luego su falda, y por ultimo sus
pequeñas tangas – se que era pequeña porque la he visto últimamente en vestido
de baño y es bastante diminuto -, luego ella comenzó a desnudarlo, empezando por
la camisa y terminando con su ropa interior, al quitar esta ultima prenda Pilar
dejo ver una cara de satisfacción tal que pensé inmediatamente en quitarme el
pantalón, sacar mi polla e introducirla en su boca, pero no, pensé en que mi
esposa podría despertarse y ver esa escena. Luego comenzó a mamarlo
violentamente durante más de 5 minutos, hasta que Carlos a punto de venirse le
pidió que se volteara para penetrarla por el ano; Pilar nunca había tenido sexo
anal aunque mentalmente lo había querido intentar en numerosa oportunidades, por
lo que accedió y permitió que aquel le introdujera su polla lentamente hasta
estar adentro y luego violentamente por mas de 3 minutos hasta que inundo su
hasta ese momento virgen ano.
Las historias de Pilar son fabulosas, esta me la contaron sus
propios labios, otras las he corroborado con personas cercanas a la pareja y son
tan bien impresionantes; ya tendré tiempo de irlas narrando.