Perro de Alquiler XI
Me gusta sentir cuando una buena verga me clava como una
estaca, me gusta estar sometido por un hombre fuerte, rudo, un macho en el
sentido más estereotipado de la palabra. Y Angie lo sabía, por eso me llevó a
sus 2 clientes.
La noche había llegado y me reuní con ellos en un bar
discreto, ella se veía espléndida con su ajustado pantalón de lona azul, de
cintura baja, un breve top blanco y una chaqueta color crema. Además de
elegante, se veía muy sexy.
Llegó caminando en medio de los 2 hombres, que la llevaban de
la cintura. De lejos de reconoció y me saludó efusivamente. Yo vestía un
pantalón caquí de algodón, muy cómodo y fresco para el clima del Petén. Arriba
llevaba una playera blanca, con una chaqueta beige sobre mis hombros, también me
veía muy elegante. En cuanto llegaron conmigo, ella me besó en los labios y me
los presentó.
Arturito, te presentó a Alfredo y a Juan Luis… muchachos,
el es el macho del que les hablé.
Mucho gusto… – me dijeron mirándome de pies a cabeza como
una mercancía… no sé por qué pero me gusta que hagan eso.
Mucho gusto, ¿quieren tomar algo? – voltearon a ver con
ojos llenos de libido y codicia a mi amiga.
Mmmmm… creo que no Arturito, creo que mejor si nos vamos ya
al hotel… – yo ya estaba más que caliente, así que, naturalmente, no me
molestó su falta de cortesía y delicadeza.
Ya en el hotel, no se fueron por las ramas, coger querían y a
coger iban. Luego de unas mamadas rápidas, la verga de Juan Luis me clavaba como
una estaca en la tierra, tomándome de costado, con mi pierna izquierda en alto y
sobre sus hombros. Mientras, la de Alfredo se hallaba hurgando el interior de mi
boca, llevándola hasta lo mas profundo de mi garganta, mientras se comía la mía,
pues también se hallaba de costado, pero frente a mi. Se la metía tan
profundamente como podía, el también era un auténtico garganta profunda, podía
sentir como su tráquea me apretaba el glande. Así, mientras con hacíamos un 69
caliente, Juan Luis me trataba de destrozar las entrañas con Angie arrodillada
detrás del, haciéndole un beso negro.
¡Alto!… ¡Alto!… – le dijo Juan Luis a la puta, pues estaba
a punto de terminar y no quería hacerlo tan rápido, pero como ella no paraba,
la tuvo que empujar desempalándome de paso.
¡Tan chillón Juan!
¡Yo no soy chillón! – le dijo, yéndosele encima.
Forcejearon un poco en el suelo, hasta que el logró sentarse
sobre el pecho de mi amiga, dominándola, o más bien, ella dejándose dominar.
Ella es una maestra en el fino arte de hacer creer a los hombres que la tienen
bajo control, puede llegar a ser muy manipuladora.
Así, mi amiga se puso a mamarle la verga al cliente, mientras
su amigo y yo seguíamos con el 69 que ya llevábamos. Rodamos poco a poco hasta
que el se puso encima mío. Me seguía metiendo la verga hasta la garganta
mientras jugaba con mi ano y mis huevos, yo hacía otro poco con los suyos. Así,
el fue acelerando la penetraciones orales hasta el punto que se incorporó con
los brazos sobre la cama, levantando el abdomen para poder clavarme en la boca
con mayor potencia, mientras yo mantenía un succión fuerte y continúa para
hacerle acabar más rápido.
Y así, Alfredo pegó un fuerte alarido y descargó dentro de mi
tráquea chorros y chorros de semen con el que me atraganté, apenas logré sacarme
esa paloma y empecé a toser, escupiendo semen por todos lados, mientras el aun
seguía eyaculando con fuerza sobre mi rostro. Cuando terminó, quedé casi ciego
por el semen.
Entonces comencé a escuchar los gemidos de mi amiga, que
puesta en 4 patas recibía toda la furia de Juan Luis, que trataba de destrozarla
viva. Este la agarraba con fuerza del cabello mientras le hincaba furiosamente
toda la longitud de su verga, que si bien era de medidas normales, era más o
menos gruesa y dura.
La jaloneaba y le metía fuertes nalgadas, le agarraba los
senos y los estrujaba con fuerza mientras estos temblaban estremecidos ante cada
nuevo embate.
¡¡¡AAAGGG!!! ¡¡¡AAAGGG!!!… ¡¡¡AAHH!!! ¡¡¡AAHH!!! ¡¡¡AAHH!!!
¡¡¡AAHH!!! ¡¡¡AAHH!!!…
¡¡QUÉ PUTA TAN RICA!! ¡¡QUÉ PUTA TAN RICA SOS!!… ¡¡TE
QUIERO COGER HASTA DEJARTE MEDIO MUERTAAAAA!!
¡Y lo estaba haciendo, literalmente se la estaba cogiendo
hasta tratar de matarla! Me puse de pié, la verdad no me gusta que le den tan
duro, a pesar de que se de antemano que le encanta. Me coloqué detrás de Juan
Luis y le comencé a besar el cuello. Poco a poco le fui restregando la verga
sobre el ano, y como vi que no ponía objeción alguna (es más, hasta entrecerraba
los ojos) me puse un condón y lo empecé a penetrar.
Me encantan los machos rudos que les gusta dar tanto como
recibir. Juan Luis paró un poco sus salvajes envestidas para dejarse meter mi
poderosa cola. Poco a poco logré penetrarlo hasta los huevos, entonces
comenzamos una cogida simultánea, primero suavemente y despacio para poder
coordinar nuestros movimientos, pero pronto lo empecé a sodomizar con lujo de
fuerza.
Mis ataques brutales hacían que se la metiera a profundidad a
mi amiga, que seguía siendo sujetada del pelo, pero ahora con más fuerza. Los 3
gemíamos como animales en celo, Alfredo estaba contemplando la escena
impresionado.
¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!! – gemía Juan Luis – ¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!!…
¡¡¡¡ME ESTÁ PARTIENDO!!!! ¡¡¡¡ME ESTÁ PARTIENDO!!!!… ¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!!
¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!!
¡¡¡¡SIÉNTALO DESGRACIADO!!!! ¡¡¡¡GOCE COMO UNA RAMERA!!!!
¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!! ¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!! ¡¡¡¡AAAGGGHHH!!!!
¡¡¡¡ME MATAN!!!! – gritaba Angie – ¡¡¡¡ME ESTÁN MATANDO
ANIMALES!!!!… ¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!!
Así, Juan Luis terminó a borbotones dentro de las entrañas de
mi amiga, dejando todo su semen atrapado dentro del condón. Dejó a Angie, quien
cayó de bruces en el suelo, jadeando y agitada, agotada luego de esa apaleada.
Yo no solté ni un minuto a nuestro cliente, agarrándolo del vientre y pecho, lo
llevé hasta la cama, en donde lo puse boca abajo, con las rodillas sobre el
suelo y el resto del cuerpo en el colchón.
Lo sodomicé como por 10 minutos, le enterraba hasta lo más
profundo toda mi tranca y la sacaba casi entera, a una velocidad sostenida, ni
muy rápida, pero nada lenta. Eso si, lo empellones de mis caderas si iban llenos
de fuerza y brusquedad, pues pronto me di cuenta que a ese hombre le gustaba
así, Juan Luis tuvo otro orgasmo.
Entonces sentí desde atrás que alguien colocaba algo caliente
en la entrada de mi ano, se trataba de Alfredo que ya estaba repuesto por
completo. Vi a mi derecha a Angie sentada sobre un sillón, masturbándose con
fuerza, sudando como un cerdo. Alfredo me penetró y me dio con todo lo que
tenía, sus potentes golpes los sentía hasta el mismo Juan Luis, que ya estaba
ronco de tanto gemir y gritar.
¡¡¡¡ARTUROOOOO!!!! ¡¡¡¡ARTUROOOOO!!!!… ¡¡¡¡MÁTEME
YAAAAAAAA!!!! ¡¡¡¡ARTUROOOOO!!!! – me suplicaba a gritos Juan Luis.
¡¡¡¡HHHAAA!!!! ¡¡¡¡HHHAAA!!!! ¡¡¡¡HHHAAA!!!! ¡¡¡¡HHHAAA!!!!
– jadeaba yo recibiendo en mi interior la virilidad de Alfredo y sintiendo mi
orgasmo próximo.
Y así, luego de coger por más de una hora, todo aquello
llegaba a su fin. Me salí del interior de mi macho, despojé a mi verga
hambrienta de su condón y, luego de 2 o 3 sacudidas, acabé con fuertes chorros
sobre la espalda de ese hombre, que estaba inerte recibiéndolo todo pasivamente.
Al mismo tiempo Alfredo terminaba con la verga enfundada en su respectivo
preservativo adentro de mi ano abierto y dilatado, mientras me abrazaba con
fuerza y me clavaba las uñas en el pecho.
Quedamos los 3 rendidos, yo caí sobre el cuerpo de Juan Luis,
y Alfredo sobre el mío. Aun escuchamos los últimos gemidos de placer que Angie
se estaba arrancando sola. Ellos se levantaron y anunciaron que se iban, que
querían pasar la noche en sus habitaciones antes del día siguiente. Nos dejaron
nuestra paga, más una jugosa propina.
Arturo, esto no se puede quedar así… la próxima vez voy a
ser yo el que lo descuartice. – me amenazó en tono de broma Juan Luis.
¡Pero que sea cierto pues! – le dije como reto.
Bueno, por lo pronto ya tenía una nueva cita asegurada para
el futuro. Angie se me acercó coquetamente, me abrazó del cuello mirándome a los
ojos.
Arturito, mirate, tenés el pecho lleno del semen que
tiraste sobre la espalda de Juan Luis, y la cara toda embadurnada con el de
Alfredo…
Comenzó a lamerme el pecho y la cara, sorbiendo con gula cada
gota de semen que hallaba a su paso y tragándola. Así, me dejó completamente
limpio, y con la verga tiesa pidiendo más pelea. Ella no la hizo esperar, y de
inmediato se arrodilló para meterla en su boca. Corriendo mi prepucio rodeó el
glande con sus labios y se puso la lamerlo con la puntita de la lengua,
dibujando círculos encima de el y succionando suavemente.
¡Qué delicia, esa mujer era una diosa! Caliente como una
brasa, no tardé en tenderla sobre la cama, separarle las piernas y zambullirme
en medio de ellas, con la lengua al frente como un ariete, lamiendo y hurgando
entre sus labios menores y mayores, sorbiendo sus jugos cual néctares divinos.
Dejé su clítoris para el final, la quería totalmente caliente antes de aferrar
ese delicado órgano suavemente con los dientes, como lo hice, pues así, ella
estalló en un largo y dulce clímax que celebró en toda la habitación, con gritos
y gemidos.
¡¡¡¡ARTURO!!!! ¡¡¡¡ARTURO!!!! ¡¡¡¡ARTURO!!!!…
¡¡¡¡ARTUROOOOOOOOOO!!!!
Quedó tendida sobre la cama, desparramada, con los brazos y
las piernas extendidos y respirando aceleradamente. Entonces, aprovechando su
vagina rebosante de lubricación, coloqué la cabeza de mi pene en la entrada y la
penetré de un solo golpe, hasta el fondo. Ella gimió quedamente y cerró los
ojos, tomó los barrotes de la cabecera y se dispuso a dejarse hacer.
Las primeras estocadas fueran suaves y pausadas, quería
esperar a que se recuperar de su orgasmo, además de mantener su excitación en
niveles altos. Poco a poco fui acelerando, así pasamos lo primeros 10 minutos,
combinando con besos y caricias, palabras dulces y lametones en sus pezones.
Ella, lentamente, empezó a hacer presión con sus caderas, a
levantarlas cada vez que yo la penetraba. Así, 15 minutos después ya me
encontraba taladrándola como un loco, arrodillado frente a su cuerpo desnudo y
mojado, con sus piernas sobre mis hombros y mis manos bajo sus nalgas,
levantándola para así poder penetrarla mejor. Y ella, aferrada de las sábanas, o
de la almohada o los barrotes de la cabecera, se ofrecía mansamente a ese
delicioso sacrificio.
¡¡¡¡ARTURO!!!! ¡¡¡¡ARTURO!!!!… ¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!!
¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!! ¡¡¡¡AAHH!!!!
¡¡¡¡VAMOOOOOOSSSSS AAAANGIIEEEEEEE!!!!…
¡¡¡¡AARRRRRGGGGGGHH!!!!
La taladré y la taladré sin descanso, mi pene entraba con
fuerza, estremeciendo su cuerpo a cada nueva embestida, ya le había arrancado 2
orgasmos, y un tercero venía en camino. Y así, los 2 juntos, como si no
hubiésemos puesto de acuerdo, estallamos al unísono.
¡¡¡¡ARUUUUUUUUROOOOOOOO!!!! ¡¡¡¡AAAAAAGGGGGHHHHHH!!!!
¡¡¡¡OOOOOOHHHHHHHHHH!!!!… ¡¡¡¡AGH!!!! ¡¡¡¡AGH!!!!
¡¡¡¡AGH!!!! ¡¡¡¡AGH!!!!
Me derramé por completo adentro de ella, inundándola y
rebalsándola. Luego, quedé tirado a su lado, ambos empapados de sudor y
respirando con dificultad por la agitación. Al minuto, volví en mi.
¡Mierda!, no me puse condón…
No importa… hoy no estoy ovulando…
Pero… es que…
De verdad, hoy no había peligro… además, tener un hijo tuyo
no me molestaría nada.
Ese comentario me hizo sentir una mezcla entre honra y
desagrado, un hijo a estas alturas, eso si no, definitivamente Lucía jamás me lo
perdonaría.
Así quedamos profundamente dormidos hasta el día siguiente,
en que más aventuras tuvieron lugar en esa caliente convención.
Continuará…
Garganta de Cuero.
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