Hola, me llamo Paula, soy de Valencia, tengo 21 años y
quiero, o más bien necesito compartir con todos vosotros la experiencia más
importante y excitante que he vivido nunca, la cual ha hecho que cambie mi
concepto de lo que significa la palabra sexo. Ahora tengo una dimensión del sexo
que nunca antes hubiera podido siquiera imaginar. Pero vayamos por partes, me
estoy excitando sólo de pensar lo que me ocurrió aquella noche.
No quiero dar una imagen equivocada de lo que en realidad
soy, pues a pesar de lo que hoy os relato, soy una chica normal, no soy de esas
que vive sólo para el sexo, ni lo pretendo. Mi vida hasta ese día era como la de
cualquier estudiante universitaria, ya que estoy estudiando derecho. Voy a las
clases por las mañanas y por las tardes, la gran mayoría de ellas las tengo
libres. Es por ello, y aquí se puede decir que comienza mi historia, que decidí
apuntarme a un gimnasio. La verdad que nunca me ha preocupado mucho mi imagen ya
que no he tenido la necesidad, gracias a dios, o por mucha suerte, he sido
dotada con un buen físico, de esos que os ponen tanto a vosotros, soy morena,
mido 1´78, peso... bien soy bastante delgada, y lo que más me os gusta de mi
cuerpo es mi culo, sí de siempre he sido deportista, y tales esfuerzos han dado
ahora sus frutos, tengo un trasero muy bien moldeado, y sobre todo me encanta
lucirlo, poniéndome pantalones lo más ajustados posibles, moviéndolo al andar...
Yo se que es la parte en que más os fijais de mi, y sobre
todo por la facultad no me cuesta mucho encontrar a alguien que se queda
mirándome el culo cuando paso. A parte de ello, gasto una 100 de sujetador, y
NO, no me he operado por mucho que las guarras de mis amigas cuchichean entre
ellas lo contrario. Pero si de una cosa estoy orgullosa de mi, y ya se que para
vosotros, eso es poco importante, y que nunca prestais atención, es mi piel. Sí
soy muy morenita, y NO, no hago rayos, es natural en mi, incluso en invierno soy
mucho más morena que el resto de gente, y eso a mi me encanta, incluso verme
desnuda frente a un espejo, y tocarme la piel, es con diferencia la parte que
más aprecio de mi cuerpo.
Pero centrémonos, mi historia comienza cuando me apunte a un
gimnasio. Yo la verdad no soy demasiado buen estudiante, y cuando llegan
exámenes mis amigas se encierran como monjas, y no salen ni a tomar el aire por
las tardes, eso yo no lo soporto, y así para no agobiarme, decidí apuntarme al
gimnasio de mi barrio, lo habían abierto hace poco, es uno de esos modernos, que
por cierto vale un paston, pero merece la pena.
Yo normalmente iba después de comer allá las cuatro, que es
cuando menos gente solía ir, y hacía un poco de "Steps", bicicleta, pesas... lo
de siempre, vamos lo que normalmente hace la gente en cualquier gimnasio, pero
un día decidí meterme en los baños turcos, acababa de hacer 35 minutos de
bicicleta, y estaba bastante sudada, quería relajarme. Yo nunca había entrado en
un sitio como esos, en verdad no se muy bien para que sirven pues no creo que el
hecho de sudar mejore tu condición física, pero bien decidí entrar para ver que
era, antes de entrar me mojé la cara y el pelo con agua para refrescarme. Una
vez dentro no se podía ver más allá de medio metro, la nube de vapor era muy
densa, casi agobiante, pero transcurridos los primeros momentos, el agobió cesó,
y me empecé a relajar. Estaba sóla, y hacía muchísimo calor, como en el gimnasio
estaba prácticamente sola decidí quitarme la sudadera, y quedarme en camisa de
tirantes. La verdad es que estaba sudando como nunca antes, y mis tetas
empezaron a transparentarse por entre la camiseta interior, yo notaba como el
sudor se resbalaba por todo mi cuerpo, me estaba empapando, era una situación
excitante a lo sumo. No llevaba allí ni cuatro minutos cuando se abrió la
puerta, y entraron me parece que unos seis chicos, iban en bañador, y no los
había visto antes por el gimnasio, lo más seguro que fueran de un club de
natación o waterpolo y se estuvieran entrenando en la piscina cubierta.
Yo me eche a un rincón, para que cupiésemos todos allí
dentro, de repente vi como los que tenía a mi lado no hacían más que mirarme, y
comentaban algo en voz baja con sus compañeros. No era difícil imaginar que se
estaban diciendo unos a otros que se me veían las tetas a través de la camisa.
Sois tan predecibles los hombres, muchos de ellos se acercaban a mi para verme,
y luego desaparecían entre la nube de vapor. Decidí poner punto final a esa
situación que para mi era tan embarazosa. Así que me dispuse a coger mi sudadera
ponérmela y largarme de allí. Cuando comencé a buscarla, vi como un de ellos se
iba del baño turco, pero eso a mi no me importaba, sólo quería mi sudadera, y
largarme de allí, pero no la encontraba, pasaba por entre los chicos y estos se
reían entre ellos, los hacía levantarse pero nada no sabía donde estaba mi
sudadera. Hasta que al final uno de ellos me dijo:
- ¿Buscas esto?.
Me giré, y vi a un chico con el torso desnudo, y entre el
vapor pude ver que tenía la sudadera cerca de su cintura. Yo creía que la tenía
cogida con las manos, pero cual fue mi sorpresa que cuando la cogí de su
cintura, descubrí que la estaba aguantando con su miembro, el muy cerdo, se
había empalmado, y había restregado toda su poya en mi sudadera. Todos empezaron
a reir, y yo noté que me estaba subiendo la calentura, me estaba mosqueando, y
sobre todo estaba perdiendo el control de la situación. En esos momentos decidí
irme lo más rápido posible de allí, me dirigí hacia la puerta, pero con las
prisas y al abrir la puerta con mucha fuerza, no vi que había alguien intentando
entrar a la vez que yo salir, me tropecé con él, y con ayuda del suelo mojado
resbalé y caí al suelo. Todos se descojonaron de mi, el que me había hecho caer,
entró, y con él cuatro más. Uno de ellos dijo:
- Así que esta el la tia que os está poniendo tan cachondos,
pues si parece un poco retrasada, no sabe ni andar.
Sí seguro que el humo se le ha subido a la cabeza.-
Dijo otro entre risas.
No, habrá sido la poya de Tomás, se habrá asustado de
ver un gusano tan grande, seguro que no ha visto ninguno así en su vida.-
dijo uno de los amigos a los demás.
Yo me estaba cabreando cada vez más y no se me ocurrió
decir otra cosa que:
Sí, pero no como la zorra de tu madre que ve unas
cuantas así todos los días.- Eso mosqueó de sobremanera al que había dicho
el comentario.
Mira la muy puta, pero si sabe hablar.- dijo el mismo.
Lo que a ti te pasa es que hace tiempo que no tienes
unas buenas poyas como estas a mano, que te hagan callar esa bocaza que
tienes.- oí decir al que estaba en pelotas, mientras se la meneaba.
Quizá – dije yo – pero no serán la vuestras, que con lo
salido que estáis seguro que os correis antes de que la abuela del betis
se quite la dentadura para mamárosla.-
Ese comentario hirió el ego de más de uno, y se empezaron
a oir comentarios como: vamos a demostrar a esta puta lo grande que tiene
esa boca, seguro que a parte de la lengua le caben unas cuantas poyas. "Sí,
que se joda esa furcia, lo que necesita es probar la dieta de los nabos".
La cosa se estaba empezando a desmadrar más de la cuenta,
y yo ya no sabía si estaba sudando por culpa del vapor o por lo nerviosa que
me estaba poniendo. El colmo fue cuando empece a ver que los que estaban
cerca de mi se quitaban los bañadores, y se quedaban en pelotas, todos
estaban sudados, y sus huevos muy húmedos, estaba cerca de la puerta, así
que intenteé dirigirme hacia ella, pero el mismo de ante se puso delante
mía, y dijo:
-No tengas prisa ahora putita, acaba lo que has
empezado.-
No sabía muy bien cuanta gente había allí dentro, yo
calculaba que sobre diez u once, ese humo no me dejaba distinguir a la
gente, pero podí hacerme una idea de lo que estaba ocurriendo. Yo encerrada
en una habitación más bien pequeña, y que no ayudaba a bajar los ánimos de
los allí presentes.
No creia que se atrevieran a ir más allá de darme un buen
susto, pero cuando uno de ellos me cogió las tetas por detrás, comprendí lo
que iba a pasar. Esa manada de sementales no me dejaría irme por las buenas.
Decidí gritar, pedir ayuda, y así lo hice, pero estos
baños estaban en el sótano del gimnasio, además la puerta la habían cerrado,
eran las 15:25 horas por lo que poca ayuda podía recabar en esos momentos, y
tan pronto comencé a gritar uno de ellos me cogió con fuerza de los hombros,
por cierto me hizo bastante daño, y me arrodilló. En ese mismo instante otro
me metió o mejor dicho me ensarto la poya en la boca. Era bastante grande,
aunque no enorme, pero me la metió hasta la misma garganta, impidiéndome
pedir auxilio. Mientras tenia la poya en mi garganta, yo creia que me iba a
morir, no podía a penas respirar y el poco aire que tomaba era vapor
irrespirable. De repente me dijo que si me portaba bien y jugaba con ellos,
no me pasaría nada. Que era una situación que debía aceptar, la había
empezado, y ellos la iban a terminar.
Sus palabras sonaron bastante convincentes para la
situación en que me encontraba; así que cuando quitó su mástil de mi
garganta, le mire a los ojos y asenti con la cabeza. Me puse a pensar que
uno de mis mejores sueños eróticos no distaba demasiado de esa situación,
así que me deje llevar. Esas palabras habían hecho que del temor a una
violación pasará a sentirme realmente caliente, y no por el jodido baño
turco, sino por la situación.
Todos se pusieron a mi alrededor, se quitaron los
bañadores, y empezaron a pajearse delante de mi. Hacían un círculo realmente
grande, entonces vi cuantos eran de verdad, eran doce tios, todos en
pelotas, muchos de ellos y fue un detalle que me fije, tenían los huevos
rasurados, es decir sin pelo. La imagen me ponía cada vez mas cachonda, yo
allí en el centro, rodeada por más sementales de los que nunca había
disfrutado. Ese momento idílico, no tardó en romperse, cuando se abalanzaron
sobre mi como si fuera un trozo de carne.
Empezaron a sobarme todo el cuerpo, quitándome camisa
interior que a esas horas era ya transparente. Me apretaban los pechos con
sus manos, con sus penes, se pajeaban los mismos con ellos, etc... Había un
gran descontrol y nadie sabía que hacer, así que me levante y me separe de
ellos como pude, y les dije:
-Está bien, si vamos a hacer esto, hagámoslo bien, me
vais a obedecer en todo lo que os diga, y aquí no sale nadie hasta que yo o
diga.- Me puso a cien el hecho de dominar a esa jauría de animales en celo.
Todos obedecieron sin rechistar, y cada vez estaba más mojada. Les mandé a
cuatro de ellos que se tumbaran en el suelo, y que los demás esperaran su
turno. No tardaron ni un segundo en hacer lo que les dije. En esos momentos
aproveché para quitarme los pantalones cortos, y las braguitas, mostrándome
en todo mi esplendor a ellos. Mi sudor me empapaba, y ahora que no tenía
nada que lo atajara recorría libremente mi cuerpo, se deslizaba por entre
mis pechos, bajaba por mis abdominales, resbalando por el "piercing" de mi
ombligo, cayendo en una cascada sin freno hacia mi sexo, mezclándose entre
mis fluidos, recorriendo mis piernas, mi culo… toda yo estaba excitada,
ardiente, iba a explotar, sentía como todos me miraban y me deseaban, era
una sensación insuperable, nunca antes la había sentido, y sólo la he vuelto
a sentir una vez más.
Me puse de pie enfrente de los que estaban tumbados, me
coloque a la altura de la cabeza de uno de ellos, con las piernas abiertas a
ambos lados de sus sienes. De forma que podía verme el coño en primera
perspectiva, las gotas de sudor que corrían por mi coño caían en su cabeza,
eso me ponía cada vez más y más cachonda, así que estando de pie, y con la
elasticidad que nunca había perdido sin flexionar las rodillas me agaché y
empecé a comerle la poya a ese tío, dejando al descubierto mi culo y coño al
resto de asistentes, que disfrutaban de una visión memorable de mi precioso
trasero.
Mi pelo mojado me caia por la cara, pero no me molestaba
para seguir haciendo la más increíble mamada que ese chico iba a recibir en
su vida. Mi boca no dejaba de segregar saliva, la cual se resbalaba por el
falo del chaval, yo de vez en cuando me retiraba y jugaba con los hilos de
saliva que unían mi boca y su pene. Esta misma postura la repetí cuatro
veces, ese baño nunca había estado tan caliente como lo estaba ahora, y yo
sabía que sus inquilinos no aguantarían mucho más sin intervenir. Mientras
estaba chupando la poya del cuarto tio, levante un poco la cabeza y les dije
al resto de asistentes:
Me da igual lo que hagais, pero no quiero que se pierda
ni una gota de vuestro semen en los rincones, si os correis, lo haceis por
todo mi cuerpo, entendido.- Nadie contestó pero a ninguno se le olvidaron
esas palabras.
Me giré y llame a uno de los presentes con un dedo,
mientras no dejaba de mamar el rabo al tio del suelo. No tardó ni un
segundo, cuando ensartó esa deliciosa poya en todo mi coño, noté que me
venía un orgasmo casí de inmediato, estaba tan lubricada por mi sudor y
flujos que pudo penetrarme hasta los huevos, sus envestidas eran frenéticas,
acordes con el grado de excitación que los chicos llevaban. Estaba de pie,
agachada chupando y chupando el pene de uno, mientras otro me estaba dando
de lo lindo desde atrás. No tardó en correrse, ni él ni yo, casi de
inmediato no tardamos ni tres minutos, cuando estaba a punto saco su rabo, y
se pajeó sobre mi espalda y culo, noté como ese líquido, que a pesar de que
a la gran mayoría repugna, a mi me encanta, se derramaba por mi espalda,
remolinándose en mitad de la espalda.
Entonces me puse a cuatro patas, poniendo mi sexo en la
cara del tio que permanecía tumbado sin rechistar, cuando volví a notar como
otra poya me perforaba mi concha. Estaba tan y tan caliente, disfrutando de
ya mi segundo orgasmo, cuando al chaval que se la estaba mamando explotó en
mi boca, me tragué los tres primeros derrames de semen en mi interior, pero
a mi lo que me gusta es disfrutar del preciado líquido por mi cuerpo, así
que retiré la boca, y lo pajeé lo mas rápido posible con una mano, mientras
que con otra le apretaba los huevos. Esto dio resultado, siguió corriéndose
a borbotones cuatro o cinco descargas más que dieron de lleno en mi cara y
pelo. El otro que me estaba invistiendo rapidísimas arremetidas finalizó a
los segundos corriéndose sobre mi espalda y pelo.
Me levante y dispuesta a seguir disfrutando, me coloqué
encima de otro de los nadadores que permanecía en el suelo, me metí toda su
poya en mi coño, y llame a tres mas con las manos para que se unieran a la
fiesta; uno de ellos ni lo dudó, se puso detrás de mi y me metió su poya en
el culo, no era virgen de esta cavidad, por o que me puse a disfrutar de una
sesión de sexo doble como nunca antes había hecho en mi vida, el semen de mi
espalda, junto con el sudor, sirvieron de perfecto lubricante para que la
penetración anal fuera más que satisfactoria. Mientras seguía haciendo
sendas felaciones a los otros dos chicos que estaban a mi lado. Uno de ellos
tenía el pene más grande que había visto nunca, grande no sólo por su
grosor, sino también por sus dimensiones, seguro que más de 20 centímetros.
No dudé en ensañarme con fuerza en él, y cuando estuvo lo bastante
lubricado, le indiqué que me penetrara también por detrás. El compañero que
estaba disfrutando de mi culo, se puso en posición sumo, es decir con las
piernas flexionadas, dejando un minúsculo hueco para que su amigo disfrutara
de mi. No lo dudo, me metió su rabo por el coño que estaba siendo ocupado
por otro deportista, no sin mucho esfuerzo por parte de ambos. Ya que tal
miembro necesitaba más espacio del existente para campar a sus anchas. Tras
unos primeros momentos de incertidumbre, todos se acompasaron y me dejaron
disfrutar de uno de los orgasmos más intensos de mi vida, la doble
penetración vaginal, hacía que no quedará ni un centímetro de la misma que
fuera parte del orgasmo mas brutal que había sentido hasta la fecha. El
ritmo se aceleró cada vez más, y el chico al que se la estaba mamando, sacó
su pene de mi boca y me regó con una más que generosa corrida, varios
regueros de esperma y grumos blancos se estrellaron en mi cara,
esparciéndose por la nariz, ojos frente, pelo, y boca, que fueron resbalando
por mi barbilla y cuello, hasta alojarse en mis pechos, y derramarse varias
veces sobre la cara de mi amante que estaba tumbado gozando de su turno.
Tras ello, mi penetrador anal, y vaginal se retiraron, se
pusieron en mi cara y empezaron a meneársela con gran velocidad. El chico
que permanecía debajo mio, también se zafó, y se puso frente mi cara, junto
con los otros dos. Rápidamente dos compañeros suyos ocuparon su lugar,
mientras los tres primeros eyaculaban en mi cara, pelo, y pechos, dejándome
bien servida de semen; mi pelo arremolinaba gran cantidad de grumos, que
hacían que se adheriera a mis hombros y espalda.
Acto seguido, me puse boca arriba, con un tio debajo mío,
no tardé en meterme su nardo por el ano, mientras dejaba mis pechos regados
de semen, al descubierto, las múltiples corridas, junto con el sudor, hacían
que regueros de semen recorrieran todo mi cuerpo, esparciéndose por todos y
cada uno de los poros de él, los ríos se unían en mi abdomen, y caían hasta
el bello de mi sexo, donde se juntaba la gran masa de esperma. Yo cogí con
las manos todo el que pude, esparciéndolo por todo mi cuerpo me llevé a la
boca todo lo que pude. Alrededor mio, estaban todos y cada uno de ellos
masturbándose, viendo como jugaba con sus jugos, mientras uno me reventaba
el ano, y digo reventaba porque literalmente lo estaba haciendo, sus
penetraciones me estaban destrozando el culo, partiéndomelo en dos, no
tardaron mucho en unirse a la escena todos los que pudieron, una me penetró
vaginalmente, ya que mi sexo les invitaba a ello, se puso flexionadamente
sobre mi, mientras su nardo hacía todo el trabajo que me estaba haciendo
perder la noción de todo, pero pronto la recuperé cuando un tercer inquilino
se alojó en mi ahora más que dilatado ano. Esa doble penetración anal me
elevo al orgasmo más grande intenso, y brutal que nunca he tenido.
Yo intentaba chupar las poyas de los que estaban a mi
alrededor como buenamente podía, porque necesitaba de mi boca para expresar
todo lo que estaba experimentando. Los que se masturbaban alrededor nuestro,
se sucedían con ingentes eyaculaciones sobre mi. Iban sucediéndose una
detrás de otra, en mis pechos, mi cara, pelo, cuerpo, o incluso dentro de mi
ano, todos se retiraban una vez acababan de correrse dentro o fuero de mi
culo, y pronto otros ocupaban el lugar. A veces m costaba incluso respirar,
no por el vapor, sino por la cantidad de esperma que recorría mi cara,
intentaba tragar el máximo posible, pero no daba abasto. Toda yo era una
masa de esperma, y lo que más me excitaba, es que las múltiples
penetraciones se lubricaban del esperma que recorría mi cuerpo e iba a parar
a mis dos agujeros, ahora profusamente ocupados. Ese semen era parte de mi
gozo, principio y fin del mismo. No se cuantos orgasmos me vinieron en esos
momentos estaba totalmente descontrolada, borracha de ese líquido que no
ansiaba mis ganas de seguir y seguir disfrutando.
No se cuanto tiempo estuvimos así, no creo que más de una
hora por desgracia, pronto mis buenos amigos se quedaron sin reservas, y yo
plenamente satisfecha. Al terminar estaba tan mojada, que me tuvieron que
ayudar al andar, ya que no podía ni hacerlo, por allí donde pasaba, cientos
de goterones, y ríos de semen que se desprendían de mi cuerpo marcaban la
senda por donde había pasado. Me puse en cuclillas en las duchas de los
vestuarios, y mi ano y vagina, desprendieron chorros de semen, que se
perdieron por las cañerías del gimnasio, yo aun me entretuve jugando conmigo
misma un poco , metiéndome tres, cuatro incluso la mano entera en mi vagina
y ano, que estaban sumamente dilatados, que no fue apenas difícil realizar
este tipo de penetración extrema, sin duda la única que después de una
ración tan intensiva de sexo podía darme algo de placer; estuve sacando de
mis entrañas todo ese liquido que me volvía loca, llegando a tener un último
y apoteósico orgasmo más.
No me importaba si alguien estaba en el vestuario
conmigo, que sin duda, si lo estuviese oyó mis jadeos de placer, pero es que
estaba tan sumamente cachonda, tan marcada por esa experiencia, que no podía
pensar que ésta se había cabado, que iba a ser la última de mi vida,
necesitaba saber que algo así o incluso mejor podía repetirse en mi vida,
como así fue.
Continuará...