No podía contenerme, el instinto
era más fuerte, mis deseos me mataban, el solo hecho de pensarlo
me hacia sentirme muy caliente. Pero era algo prohibido algo que no le
contaría ni a la más íntima de mis amigas, algo que
ni yo podía comprender por qué lo sentía. Pero el
deseo era mayor que mi pudor y un día me animé a hacerlo.
Era una mañana hermosa el
sol brillaba fuerte en el horizonte yo me desperté sola como todas
los días, mi marido ya se había marchado al trabajo. Yo me
dirigí vestida como estaba, sólo con un camisón de
seda transparente, al establo. Ese día no había nadie más
en el campo, sólo yo y mis caballos. Me dirigí directamente
a mi favorito, Relámpago, un pura sangre muy bien cotizado, que
sólo teníamos como reproductor, y yo ese día estaba
decidida a ser una más para él.
Él ya estaba despierto pastando,
y comencé a acariciarlo muy despacio como solo yo sé que
a él le gusta, mis caricias se fueron dirigiendo muy de a poco hacia
su miembro, que en ese momento tenía flácida. Comencé
a tocarla y relámpago comenzó a relinchar, yo lo calmaba
y le hablaba despacito a medida que frotaba cada vez más fuerte
esa vara que iba tomando proporciones inmensas muy rápidamente.
Sin pensarlo me quité el camisón y me arrodillé debajo
de él, tomé su miembro que en ese momento tendría
unos 40 centímetros y comencé a besarlo. Qué pené
tan grande era el deseo de toda mi vida, nunca iba a conseguir algo tan
descomunal para mi solita. Lo besaba de la cabeza, seguía por todo
el tronco hasta los testículos. Mi deseo de ponérmelo en
la boca era muy fuerte y a esa altura todo valía el problema era
el tamaño, pero igual abrí mi boca al máximo y comencé
a introducir su cabeza, qué gusto tan fuerte, a qué pasión,
qué calentura no podía creer que tamaño pijon entrara
en mi boquita, lo lamía con la lengua y lo volvía a introducir.
Así estuve un buen rato hasta que la pija tomó unos 60 cm
de largo y estaba totalmente rígida. No soportaba más la
calentura, mi clítoris estaba todo mojado sentía como mi
ano latía de calentura, definitivamente quería esa vara de
hierro dentro de mí.
Junté una montaña
de fardo debajo de él, me comencé a acomodar con mis pechos
hacia arriba, dejando poco lugar entre su panza y mi cuerpo, abrí
bien las piernas y con las dos manos agarré su miembro, estaba súper
duro, a todo esto el caballo se mantenía muy tranquilo él
confiaba mucho en mí, comencé a juguetear con su miembro
en mi vagina era imposible introducirlo pero yo tenía todo el día
para eso.
Seguí rozándolo por
mi candente concha hasta que ella se iba abriendo cada vez más con
la ayuda de mis dedos, comencé a introducir la cabeza muy de a poco.
Hasta que en un momento relámpago se puso nervioso y dio un fatal
paso hacia adelante y drásticamente me introdujo unos 10 cm de su
miembro de golpe, yo grité como si me estuvieran matando, el dolor
fue muy intenso, no podía soportar semejante pija dentro de mí.
Mis lagrimas brotaban como cascadas de mis ojos y por un momento me arrepentí
de lo que estaba haciendo. Con las dos manos sujetaba el pené para
que no se siga introduciéndose, seguí un buen rato hasta
que el dolor cesó un poco. Pasó como veinte minutos y decidí
no dar marcha atrás el dolor no era tan intenso y mi calor era cada
vez más fuerte, así que comencé a moverme muy de a
poco, para adelante y para atrás, el movimiento me fascinaba realmente
me estaba culiando a un caballo, yo estaba súper feliz. Su miembro
fue perdiéndose muy despacio cada vez más dentro mío,
podía sentir como mi útero era tocado por él, mi vagina
en ese momento estaría más dilatada que un momento de un
parto. Yo proseguí con mi pasión prohibida. Calculo que me
estuve moviendo unos 15 minutos y que llegué a penetrarme unos 25
cm mas no podía, logré tener 2 orgasmos como nunca tuve en
mi vida. Hasta que un momento relámpago comenzó a relinchar
yo sabía que era el momento de él y tenía que retirar
su miembro dentro mío porque podía lastimarme con su acabada
y comencé a sacarlo con las dos manos era increíble parecía
que no terminaba mas cuando iba por la mitad, sentí como si tuviera
una manguera abierta dentro de mi vagina, ya era tarde él estaba
acabando y eran chorros y chorros de esperma que inundaban todas mis entrañas,
sentía como una explosión interna, cuando terminé
de sacarlo sentí como mi vagina completamente dilatada dejaba caer
a baldasos toda su leche, al tocarme la vagina me di cuenta que mi puño
entraba y salía con total facilidad por lo abierta que estaba.
Para terminar lamí todo su
pené y lo limpié todo con mi boca no dejando ni una sola
gota de rastro de su leche.
Esa fue una experiencia única,
que le recomendaría a toda mujer que realmente quiera disfrutar
de un miembro descomunal. Claro que son cosas que sólo le cuento
a ustedes y no sabe nadie de esto, porque es una pasión prohibida.
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO remitente
SANDY