PASIÓN BAJO FUEGO 3
Por: Horny & Navegante
Se recomienda la lectura de "PASIÓN BAJO FUEGO" y "PASIÓN
BAJO FUEGO 2" para mejor comprensión de éste capítulo.
Los capítulos son encabezados por ÉL o por ELLA según el
punto de vista desde el cual se cuenta la historia. En algún momento se narra en
primera persona para hacer la historia más íntima.
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ELLA
Marina se instaló cómodamente en el campero junto al
conductor. Era muy conversadora y le gustaba averiguar la vida de las personas y
aunque el viaje hasta San Vicente del Caguán no era muy largo si era pesado y
prefería hacerlo conversando con el chofer que los transportaba. Alberto, en la
parte trasera del vehículo dormitaba, al parecer no desaprovechaba ninguna
oportunidad para hacerlo, sabía que debía aprovechar todo momento para
descansar.
Ella en su vagina aún sentía las vibraciones del orgasmo que
había tenido hace unos minutos en el hotel, producto de su masturbación pensando
en Alberto…. Por momentos cruzaba las piernas para revivir las caricias de sus
propios dedos en su clítoris y labios vaginales. Eso la hacía sentirse feliz y
parlanchina a pesar de la estupidez que había cometido al rechazar a Alberto.
De boca del conductor, oriundo de la zona, se enteró de
noticias frescas del lugar. Marina algo sabía por las noticias que a diario
llegaban, por su trabajo y porque le gustaba mantenerse enterada de todos los
temas de actualidad; a diario leía los dos periódicos de mayor circulación a
nivel nacional y veía por lo menos el noticiero de la mañana y de la primera
hora de la noche. En las últimas semanas también leía el periódico local de San
Vicente el cual le llegaba con un día de atraso pero era una buena manera de
saciar su innata curiosidad.
Desde el pasado enero de 1999, se habían oficializado los
diálogos en busca de la paz con justicia social, entre el Gobierno del doctor
Pastrana y las FARC, en los aproximadamente 42.139 kilómetros cuadrados que
conforman la Zona Desmilitarizada, más exactamente en San Vicente del Caguán.
Corría el mes de enero de 2002 y la situación de orden
público no era nada fácil. El proceso de paz había naufragado. Tres años después
de haberse iniciado, el proceso de paz con las FARC había quedado suspendido
indefinidamente y el Gobierno había dado un plazo de 48 horas a esa organización
guerrillera para que abandone la Zona de Distensión, creada para realizar allí
los diálogos.
Hacía un par de días el Comisionado de Paz había enviado un
mensaje de tranquilidad a los casi 98 mil pobladores de la Zona de Distensión,
quienes siempre expresaron sus temores por lo que pudiera ocurrir en un eventual
rompimiento de los diálogos, ante las amenazas de las Autodefensas y las
retaliaciones de la guerrilla.
A su turno, la Fiscalía anunció que reactivarían las órdenes
de captura contra los jefes de las FARC y que sus funcionarios volverían a los
cinco municipios que comprenden la Zona de Distensión. La vigencia de esta Zona
fue prorrogada cerca de una decena de veces, pese a que desde un comienzo se dio
una gran polémica con respecto a la misma. El 20 de enero próximo vencía la
última prórroga.
Marina externamente se veía tranquila pero la procesión iba
por dentro. A medida que el vehículo avanzaba se sentía más y más perturbada
pues a los peligros se sumaba ahora lo que sentía por Alberto, como si todos sus
problemas no bastaran ahora esto… un sentimiento profundo, un deseo sofocante,
inaguantable que la hacía sentir devastada.
ÉL
Cuando inició la marcha en la 4X4, Alberto no prestó gran
atención a Marina, mantuvo el silencio durante un largo rato, y se dedicó a
observar a medida que cruzaban la ciudad, y así dejaron el centro, luego las
zonas urbanas, y comenzó la ruta que los alejaba de Florencia y los acercaba a
su destino, pasaron zonas de labranza y de bosques, y el cuenta kilómetros
acumulaba distancia en su registro.
El conductor, un simpático joven de la zona, había asumido
algo así como un rol de guía de turismo, para el callado y hosco periodista
argentino y la hermosa fotógrafa colombiana.
Alberto fingía dormir sumergido en sus recuerdos, como
siempre, y nuevamente el desgarrante dolor que había en su interior. La
situación con Marina lo había hipersensibilizado, estaba con mucha rabia (bronca
como dicen los argentinos), y pensó que esta misión seria aburrida, y para colmo
sin sexo, le había tocado una monja como compañera, y cambió la dirección de su
mente, y sorpresivamente se encontró que el centro de su pensamiento era la
joven fotógrafa.
Marina le atraía, había algo en ella..., cuando la besó,
había notado que la química de ambos era compatible, era completamente distinta
a Carol, pero sin embargo algo....., le había gustado su sabor, su perfume
natural, su calor, pero coño!!!!, que se creía esa muchacha?, acaso una santa?,
porque lo había rechazado?, porque él había tenido esa reacción tan pedante?,
porque lo inquietaba su presencia?.
El viaje continuaba y las horas pasaban lentamente, mientras
por la ventanilla cambiaba el paisaje, montes, bosques, montaña, controles
militares y policiales y ¿porque él seguía pensando en Marina?
La observó de reojo, tratando que ella no lo notara, era
linda sin lugar a dudas, su rostro era perfecto, su boca era muy besable, aún
vestida para campaña en un estilo militar, era atrayente, sensual, y sus pechos,
cuyos nacimientos se apreciaban por la camisa desbrochada en sus primeros
botones, que lindos, que calidos, que excitantes...
Sacudió la cabeza y trató de alejar sus pensamientos y
concentrarse en el paisaje, y fue cuando el conductor les anunció, que
penetraban en la zona de distensión.
Un control del ejército colombiano, los paró, los hizo bajar,
revisaron minuciosamente el vehículo, pidieron documentos y palparon de armas a
los pasajeros. A Alberto le hirvió la sangre, cuando un soldado alevosamente
toqueteo a Marina, con alevosía, pasando sus manos sobre el cuerpo de ella,
aplastándole sus senos, y deteniéndose en la zona de su entrepierna, mientras
sonreía con placer. Casi se lanzó contra el militar, pero fue detenido por los
brazos del conductor que estaba a su lado, los otros soldados y el oficial a
cargo se reían de la situación, pero al leer los papeles presentados por Alberto
y ver el salvoconducto y pedido de colaboración firmado nada menos que por el
Comandante en Jefe del Ejercito Colombiano, cesaron en su risa, y el trato paso
a ser formal y amable, e incluso el soldado aprovechado sufrió una fuerte
reprimenda por parte de su superior.
Y continuaron su viaje. Marina, ya en el vehículo le
agradeció a Alberto su intervención, pero le dijo que en lo sucesivo se ocupara
de sus propias cosas, ya que ella sabía defenderse, y que reacciones así podían
poner en peligro a todos.
Y volvió a reinar el silencio en el vehículo, pero ahora era
expectante, se podía palpar la tensión, la inseguridad.
Las FARC, son la guerrilla mas antigua que perdura en el
continente Americano, nacieron oficialmente el 27 de Mayo de 1964, como un
movimiento de extracción campesina que empuñaron las armas contra una ofensiva
militar ordenada por el presidente conservador Guillermo León Valencia, que
arremetía contra lo que consideraba focos de bandoleros en la región de
Marquetalia, a 230 kilómetros de Bogotá, siendo en realidad que allí los
campesinos habían consolidado una zona de autogestión agrícola.
Pasaron once presidente y cuatro procesos de paz, cuarenta
años, y en la actualidad las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, es un
rasgo estructural del perfil colombiano del siglo XXI, protagonistas de una
eterna lucha encajonada entre partes (Estado y Rebeldes), reacias a ceder lo
suficiente, las FARC son la guerrilla mas antigua y poderosa en términos
militares de América latina, con 17.000 hombres y 108 frentes abiertos en 31
departamentos del país.
Alberto había leído al escritor y analista Antonio Caballero,
que decía que "las FARC tienen un origen legítimo porque nacieron como
autodefensa. Nacieron para defenderse de un Estado dañino, así como de los
dueños de ese Estado. Los objetivos de la guerrilla son legítimos, pero no
deseables (una dictadura del campesinado), Y sus métodos son
completamente ilegítimos y condenables" Aludió al polémico método de la
guerrilla: los secuestros, que se han extendido hasta la clase media y que cada
año dejan unas 2.500 victimas.
A pesar de la escasa popularidad con la que cuentan, lo
cierto es que las FARC componen hoy un ejército con la capacidad indiscutible de
desestabilizar gobiernos
El vehículo frenó violentamente, patinaron, sus ruedas
bloqueadas y se detuvo, al frente un bloqueo guerrillero.
Gente vestida de camuflaje, su rostro cubierto con pañuelos
rojos de la nariz hacia abajo, rodeo rápidamente el rodado, apuntando con sus
armas a los ocupantes, y con una orden seca e imperiosa los hicieron descender.
Alberto fue el que llevo la voz cantante del grupo, y le
entregó a quien parecía mandar los papeles, y la actitud beligerante desapareció
de los guerrilleros como por encanto, era una invitación de nada menos que el
famoso "Tirofijo"
Los invitaron a subir nuevamente al vehículo, esta vez los
tres en la parte trasera, en la delantera dos de lo guerrilleros, y les pidieron
amablemente que se vendaran los ojos, proveyéndoles de grandes pañuelos para
ello.
Cuando se inició la marcha del vehículo, los tres vendados
solo escuchaban y sentían. Se dieron cuenta que el camino no era el que habían
venido, y que en muchas ocasiones daban largas vueltas, y cambios de dirección.
En determinado momento sintieron como la vegetación rozaba los costados de la
4X4. Alberto y Marina estaban sentados juntos, y sentían el calor de sus
cuerpos, y le agradó el roce de los pechos de ella, contra el.
Y después de muchas horas, de distintos caminos y condiciones
de los mismos, sintieron que el vehículo se detenía, y Alberto advirtió que con
Marina, los dos se habían aferrado la mano durante todo el tiempo que duró la
ciega marcha.
Los hicieron bajar, y los condujeron indicándoles las
dificultades del camino, hasta llegar a terreno firme, baldosado, y los hicieron
penetrar en un lugar bajo techo, (lo notaron por la frescura). Sintieron cerrar
una puerta, y alguien les indicó que podían sacarse la venda de los ojos.
Alberto se sacó el pañuelo que cubría su cara, y vio que
estaba en una gran habitación, un salón de lo que alguna vez había sido la
mansión de un hacendado.
Frente a él parado un comandante guerrillero, que se adelantó
para estrecharle la mano, y le dijo que deberían hacer noche en ese lugar, y que
por la mañana los conducirían donde estaba el comandante Tirofijo, y mirando a
todos los instruyó que estaba prohibido para ellos salir al exterior, ni mirar
por las ventanas, que de todas maneras estaban cubiertas por gruesas frazadas, y
que los centinelas tenían ordenes de tirar a matar, que no eran prisioneros,
pero era por motivos de seguridad para los propios guerrilleros.
Los condujeron a habitaciones para pasar la noche, asignando
una grande con dos camas a Alberto y Marina y otra al conductor, ambas contaban
con baño.
Tres guerrilleros llegaron con el equipaje, y los dejaron
solos en el dormitorio.
Ellos se miraron, pero no articularon palabras, Alberto se
dirigió a una de las camas y se arrojó a ella, Marina parada en el centro del
dormitorio, no sabiendo bien que hacer.
Luego se dirigió a la cama libre, y se sentó en ella, volvió
a levantarse y se dirigió a su bolso que estaba sobre un escritorio, sacó lo
necesario y se encaminó al baño con la intención de darse una ducha.
Cerró la puerta del baño que no tenia llave, depositó sobre
una silla la ropa que emplearía para cambiarse, y comenzó a sacarse la que tenia
puesto Ya desnuda, fue a la gran bañera, corriendo las cortinas, y fue cuando
gritó con todas sus fuerzas.
Alberto dormitaba, muy cansado por el largo viaje, cuando
escucho el penetrante grito de Marina, y corrió en dirección a donde había sido
proferido.
Abrió la puerta del baño, y vio a Marina totalmente desnuda
horrorizada contra una de las paredes, mirando en dirección a la bañera, de
cuyas paredes comenzaba a salir una enorme tarántula.
ELLA
Siempre le he tenido miedo a los insectos, una fobia que no
puedo controlar por eso grité al ver el enorme animal, no pude controlarlo, fue
mas fuerte que yo. En ese momento no me percaté de mi desnudez, no me importó
que Alberto me viera como Dios me trajo a este mundo. Él, como todo un caballero
después de deshacerse del animal tomó una toalla y me la alcanzó. Yo no podía
creer lo que estaba ocurriendo, el me había visto desnuda y aún así no había
intentado nada, ni siquiera una palabra, casi ni una mirada. Tomé la toalla ya
mas tranquila y vi su rostro inexpresivo, no traslucía nada, ni deseo, ni
sorpresa, ni burla, nada. Me sentí estúpida, absurda como nunca antes me había
sentido, por la situación, por haber gritado. Mi cara adquirió el color de un
tomate mientras me envolvía en la toalla y Alberto salía del baño.
Apenas lo hizo dejé de nuevo la toalla y me bañé pensando en
lo ocurrido. Me lavé el cabello y mis zonas íntimas a conciencia mientras sentía
que una calentura cada vez más grande iba consumiendo mi cuerpo a pesar del agua
helada. Un cosquilleo de deseo incontrolable nacía en mis pezones y vagina y se
extendía por todo mi cuerpo, incluso hasta zonas impensadas. Cerré la llave y
sequé mi cuerpo. Me miré al espejo y tenía una expresión de niña asustada, me
sonreí no muy convencida. ¿A qué le temía? Tenía miedo de entregarme a Alberto
porque tenía la certeza que el solo pretendía jugar conmigo, coleccionarme como
una mujer más en su vida.
Después de haber visto su inexpresión de hacía un rato
confirmé sus palabras, las últimas que cruzamos en su habitación en el hotel de
Florencia. Tendría que ser yo la que diera el primer paso, lo había rechazado
hacía solo unas horas, si quería reparar mi error debía tomar la iniciativa lo
cual también me asustaba y demasiado.
ÉL
Ingresé en el baño al escuchar sus gritos, y la vi, nunca
había visto nada tan bello ni apetecible, era una diosa griega, quede
estupefacto, pero me dirigí a la bañera y con el taco de mi borceguí, aplaste a
la araña.
Al darme vuelta nuevamente, la vi acurrucada contra un rincón
del baño. Pensé en acercarme a ella, levantarla y abrazarla pero temí un nuevo
rechazo de su parte.
ELLA
Me había enamorado como se enamoran las mujeres inteligentes:
como una estúpida. Mi deseo por el pudo más que mi orgullo y así desnuda como
estaba salí del baño dispuesta a todo.
Alberto me miró de reojo y me pareció notar en su mirada un
brillo de sorpresa que trató de disimular a toda costa. Estaba tumbado en su
cama, boca arriba, leyendo una revista vieja.
Alberto, míreme.
Y me miró, o al menos trató de mirarme a los ojos.
¿Qué querés? – me dijo él.
Tu sabes que es lo que quiero – contesté - ¿quiere acaso
jugar ahora al hombre difícil e interesante? – pregunté sintiéndome fuera de
base.
Esta mañana me dio la impresión que la que se quería
hacer la difícil e interesante eras vos – contestó el con una expresión
irónica.
Alberto – comencé de nuevo sintiéndome casi a punto de
llorar – te pido, te suplico que me hagas el amor.
¿Estás hablando en serio Marina? – dijo el haciéndose el
asombrado aunque en sus ojos brillaba ahora el triunfo.
Si Alberto, si de algo estoy segura es que deliro por
acostarme contigo tal y como tu lo dijiste esta mañana. ¿No está molesto
conmigo? ¿No piensa rechazarme en venganza?
ÉL
Me reí en su interior… que extrañas son las minas ¿acaso yo
tenía cara de ser un hombre que deja la comida servida? Le había apostado a
jugar al hombre indiferente y había funcionado… que deliciosamente predecibles
eran las mujeres.
Me incorporé acercándome a ella. Olí su perfume perfecto, de
ella, sentía su calidez, cuando la estreche sentí contra mi pecho esas adorables
tetas, ella se abrazo a mi, y levantó su rostro, y la besé.
Mi lengua penetro en su boca, y la saboreé, su aliento calido
y dulce, su calor, su yo profundo, ingreso a mi, y sentí mucha ternura de esa
deliciosa muchacha desnuda que me abrazaba y besaba, sentí su necesidad de
protección, y su deseo. Adorable criatura, niña y mujer, fuego e ingenuidad.
La alcé en mis brazos, era liviana, como una pluma, no se
notaba peso alguno, y continuando el beso me acerqué a una de las paredes.
ELLA
Una vieja lámpara de kerosene nos alumbraba. Podía ver sus
ojos felinos brillar mientras recorrían ahora mi cuerpo sin ningún pudor. El
placer que sentí en ese momento casi me dolía, me sentía desnuda ante el, mucho
más allá de la desnudez de mi cuerpo que era más que evidente.
Sentí que debía hacer algo, el tenerlo frente a mí, mirándome
de esa manera era más de lo que podía soportar. Acerqué mis manos temblorosas a
los botones de su camisa y comencé a desapuntarlos uno a uno observando poco a
poco la belleza de su pecho y abdomen. La camisa cayó al suelo y mis manos se
posaban en sus pectorales acariciándolos casi con adoración subiendo de allí a
sus hombros, bajando de nuevo por sus brazos hasta sus manos. Al llegar allí el
me apretó los dedos fuertemente, como si temiera que me fuera a ir, que me
arrepintiera del paso que estaba dando.
Acerqué mi cuerpo al suyo, pegando mi pecho a su pecho, mi
sexo al bulto en su pantalón. Lo miré a los ojos con desesperación, el inclinó
un poco su cabeza y nuestras bocas se acercaron de nuevo buscándose afanosamente
a la vez que nuestras manos recorrían la espalda del otro.
Me apoyó contra la pared con firmeza y decisión después de
levantarme sin ninguna dificultad. Rodeé su cuerpo con mis piernas, una de sus
manos me agarraba bajo las nalgas mientras la otra se instaló en mi nuca para
atraer mi boca a la suya, me mordía, parecía querer taladrarme con su lengua, y
es que sus besos eran tan apasionados que apenas me dejaban respirar.
Seguía vestido de la cintura para abajo y aún así empujaba su
cadera hacia la mía, no solo para sostenerme sino para frotar su paquete contra
mi concha completamente abierta por la posición. La tela de su pantalón frotaba
mi clítoris en cada embestida, una de sus manos estrujaba ahora mis tetas, una
por una, alternándose en deliciosas caricias que me hacían gemir.
Quería sentirlo en mi interior, conocer su verga que había
imaginado tantas veces pero el parecía no tener prisa a pesar de la vehemencia
de sus caricias y sus besos. Nunca un hombre había tardado tanto en penetrarme,
los minutos pasaban y el seguía besándome, por momentos variando la velocidad de
los mismos, a ratos besando mis tetas, masajeándolas pero no parecía tener
intenciones de desnudarse por completo aún. En silencio se lo agradecí, estaba a
punto del orgasmo, me sentía rendida a él, dulcemente vencida, comencé a jadear
más fuerte olvidando el temor de ser escuchada, mi cuerpo se dejó llevar por
sendas de placer desconocidas hasta ese momento, el calor me invadía, sudaba a
mares, nuestra piel se pegaba gracias a ese sudor, su piel se resbalaba en la
mía, bebíamos ese sudor del cuerpo del otro y nos sabía a gloria, nos mordíamos
ahora los hombros mientras yo me sentía cada vez mas cerca del orgasmo con el
simple roce de su paquete cubierto sobre mi concha y clítoris.
Me sentí casi a punto varias veces, el parecía adivinarlo y
se detenía, luego reanudaba con más ímpetu sus movimientos pélvicos, sus
caricias en mis pechos, sus besos que parecían no tener fin.
Al fin el tan anhelado orgasmo llegó, mi cuerpo entero lo
anunció con una sacudida tras otra, violentísima. Me aferré a sus hombros, los
apreté sin dejar de mover mi cadera contra la suya, acariciando su cabello y
susurrando su nombre: Alberto… Alberto… una y otra vez con voz entrecortada pues
hasta la respiración había perdido.
ÉL
La deposité en el lecho, y me acosté a su lado, y mis manos
volaban sobre ese adorable cuerpo, intrigadas, explorando, sus tetas, sus
pezones, su vientre, el corto y prolijo vello púbico, y por fin su entrepierna,
el monte de Venus, su clítoris, sus labios superiores, todo en una planeo suave
de mi mano, sus muslos, sus piernas.
Mi boca bajo a sus tetas, pequeñas pero firmes y duras, mi
lengua jugo con esos pezones pequeños, y sentí como se erguían se endurecían y
llegaban a su máximo, ella gemía de placer y musitaba de pasión.
Ella prácticamente me arranco el pantalón que llevaba puesto,
y se estrechó contra mi cuerpo, sentía esos pezones duros, oprimiéndome, su
calor contra mi pecho desnudo, y volé de pasión y excitación.
Voló mi bóxer a un rincón de la habitación, y me tendí a su
lado. Mi fiel compañero un garrote endurecido, que lagrimeaba liquido lubricante
quedo pegado en su muslo mientras mis manos volvían a volar inquietas sobre
ella.
Note que una de sus manos bajaba luego de acariciarme el
pecho y el vientre, hasta encontrarse con el falo ardiendo, y lo recorrió en una
suave caricia hasta el fin, y siguió hasta sus complementos que se encontraban
firmemente adheridos a la base, por la excitación.
Mi boca no se canso de besarla, y de recorrer su cuerpo,
encontrando los sabores más deliciosos y sublimes.
Y al fin, la penetré, mi miembro se introdujo en toda su
extensión en la palpitante, ansiosa y húmeda vagina, y me quedé quieto, la
sentía mía, sus latidos, sus palpitaciones, estábamos unidos, y la sentía,
éramos uno, en un instante sublime, los dos calores se unieron, las dos vidas se
unieron, nuestros cuerpos eran uno, y la besaba con furia, mi lengua recorría su
boca, explorándola, y su lengua en una lucha gloriosa mi boca, y sentí su
hermoso aliento, su yo, su hermosura interior. Dios, que yo quería a esta mujer,
porque lo que sentía era más que simple calentura, era amor, que había vuelto,
que estaba en mí.
Y comencé a moverme lentamente, y mi pene elevaba a mi
cerebro, todo lo que estaba explorando e invadiendo, sentía sutilmente su
conformación interior, y era hermosa, ella era una maravillosa aventura, ella
era un paraíso, ella era gloria, ella era amar.
Y sin palabras, solo besándonos y disfrutándonos, y pude ver
su rostro, era todo dulzura, esa cara que solo las mujeres transportadas en
brazos del supremo placer adquieren, y que producen en el hombre esa ternura que
a la vez excita y derrite el corazón, que da necesidad de proteger a esa hembra
dulce que penetran.
Y la excitación fue en aumento, y los testículos se pegaron
firmemente en la base del miembro, y sensaciones de iniciar el viaje, de expeler
amor, se iniciaron, y comenzó, el miembro adquirió su mayor tamaño, y el glande
se expandió a su máxima posibilidad, y un torrente de energía que venia de todo
el cuerpo se concentró en la entrepierna, y estalló inconteniblemente, en un
instante que dura una eternidad, y en furiosa ráfagas llené esa adorable vagina
de todo de lo que pude dar, mi simiente, mi amor.
Mientras ese amor líquido era recibido por contracciones del
orgasmo que Marina había tenido, en el momento justo para atraer a su interior
profundo al semen que yo le había dado.
ELLA
Cuando Alberto me penetró me sentí completamente invadida, no
solo mi vagina completamente ocupada sino mi mente entera y mi cuerpo estaban
llenos de él, llenos de él. No me importaba nada fuera de esa habitación, ni la
guerra ni el peligro. En los brazos de Alberto me sentía segura, mi vida se
había convertido en él. En un momento sentí como si me desdoblara y observara mi
cuerpo junto al de Alberto rodando por la cama, flotaba en el aire viéndome a mi
misma en la cama, desnuda, mi cuerpo oculto bajo el de Alberto. La pasión me
había transportado a un lugar fuera de mi cuerpo y era algo magnífico, amaba a
este hombre que ayer no existía en mi vida.
Mi mente regresó junto a mi cuerpo y fui conciente de cada
movimiento, de cada caricia y cada beso, lo sentí mío y fui suya en un lugar que
parecía brillar con el calor de nuestros cuerpos en medio de la negra noche, en
medio de la guerra y el conflicto.
Mi vagina excitada lo buscaba, todo mi cuerpo se pegaba al
suyo, se colgaba de él como queriendo fundirse en él. Su líquido vital me inundó
segundos después que mi cuerpo fuera sacudido en una ráfaga tras otra de
estremecimientos que viajaban desde mi vagina hasta más allá de mi cuerpo.
FIN DE LA TERCERA PARTE
Horny&Navegante