El siguiente relato es auténtico,
y es sólo parte de mis experiencias sexuales desde que soy una mujer
casada.
Me llamo Alicia, tengo 31 años
y soy la esposa ideal: joven, delicada, atractiva, elegante, de buen cuerpo
y ardiente, y mi marido tiene 34 años y es el ideal también:
guapo, fuerte, varonil y comprensivo. Comprende mis necesidades. Comprende
que mi cuerpo necesita caricias, que mis senos necesitan ser apretados
por manos varoniles, que mis piernas ansían rodear un torso varonil,
que mi delicado bollito necesita su ración de carne.
No sólo comprende mis necesidades,
sino que, con mucho amor, me ayuda a satisfacerlas. Sabe que necesito macho
y está presto a complacerme. Yo lo adoro por todo eso y porque tengo
su autorización para tener novio, el primero que tengo en mis ocho
años de matrimonio.
Desde hace un año tengo autorización
para tener novio y cuando estoy con él, no dejo de besarlo y acariciarlo
mientras vamos al cine, comemos o paseamos por el malecón de un
puerto cercano al lugar donde vivo.
A mi novio lo conocí por
cuestiones laborales y al poco tiempo nació entre nosotros una "chispa".
Por las noches, en mi casa, jugaba cartas con mi marido y nos retábamos,
hasta que me prometió dejarme tener novio "oficial" si
le ganaba. Y gané, por lo que de inmediato exigí cumpliera
y le dije que ya tenía un candidato que hacía se me mojara
las panties. Ahora, gracias a la comprensión y apoyo de mi querido
esposo, tengo un noviazgo con Jorge desde hace un año.
Los fines de semana, mi esposo me
lleva a la ciudad donde vive mi novio, mientras él se dedica a su
trabajo. Sin embargo, en una ocasión, mi Jorge tuvo que viajar por
cuestiones de trabajo y durante dos o tres semanas no lo vería.
En el segundo fin de semana que
no vi a Jorge, me sentía desesperada. Pasé el viernes haciendo
el amor con mi marido en esa ciudad, pero me hacía falta el enorme
miembro de Jorgito partiéndome en dos.
El sábado como a las 9 de
la noche estaba en el hotel, esperando el regreso de mi esposo y pensando
en Jorge, cuando me decidí. Si Jorge había tenido el valor
de dejarme sola tanto tiempo, podría divertirme en la disco un poco.
Me bañe y me preparé:
el vestido corto de lycra dejaba ver mis pequeños pero atractivos
senos y mis delgadas piernas. Me vi en el espejo y me observé ¿cómo
este cuerpo tan delgado y delicado se come el enorme miembro de Jorge?
Me preguntaba mientras me acomodaba los ligueros y mis medias blancas.
Con zapatillas altas, mi maquillaje, el vestido corto y mi figura, estaba
segura que tendría varios hombres dispuestos a bailar conmigo.
Pedí un taxi y salí
a la disco. Al entrar busqué sitio y encontré una mesa cerca
de la pista, pues estaba medio solo aún. Bebí un poco de
Amaretto y me invitaron a bailar. Bailé con tres hombres y estaba
contenta, pero pasó lo inesperado.
Estaba bailando unas baladas con
un hombre mayor que yo y mientras platicábamos sobre el lugar, el
hotel donde me hospedaba y otras cosas, comenzó a manosearme el
trasero. Desde luego que opuse resistencia, pero la debilidad femenina
es nuestra perdición cuando se está en brazos de un portento
de hombre como éste, que no podía yo contener.
"¡Basta!" Le dije
de repente separándome de él. "¿Cuánto
cobras por toda la noche?" me dijo así de repente y aunque
me sentí ofendida, sentí como tenía la pantaletita
empapándose por el agasajo que me dio.
"Cobro muy caro, pero ya tengo
cliente", le dije, armándome de valor y tratando de disuadirlo.
"Pago lo que me pidas y hasta
te voy a hacer llorar", me contestó al momento que me decía
que me buscaría en el hotel al día siguiente.
Salí del lugar mareada y
con la entrepierna ardiendo.
Cuando llegué al hotel, mi
marido estaba acostado viendo la tele y casi lo violé. En poco tiempo
estaba sobre su tranca brincando y viniéndome una vez tras otra.
Cuando nos relajábamos, me
preguntó si había visto a Jorge, porque me notó caliente,
y sin pensarlo, empecé a platicarle la agasajada que le dieron a
su mujercita en la disco.
"¿Así que quería
bombearte?" me dijo. "Pues hasta dijo estar dispuesto a pagar
lo que pidiera por pasar la noche con él", le dije ya excitada
otra vez, por lo que empezamos nuevamente a hacer el amor.
"¿Y si viene a cogerte?"
decía mi marido mientras me bombeaba lentamente. "Que me coja"
le decía yo, ya fuera de control.
No se tocó más el
tema y dormimos abrazados.
Ese día pedimos el desayuno
a la habitación y seguimos en cama, haciendo el amor y fantaseando
sobre como sería mi "debut" como prostituta.
De repente me dijo que quería
verme con la ropa que teníamos preparada para la ocasión:
medias, ligueros, zapatillas y un camisón transparente. Me dio el
labial y me pinté nuevamente la boca.
Estuvimos fantaseando sobre mi supuesto
"cliente" y me pidió la tarjeta que me había dado
por la noche, en la disco.
Tomó su celular y me dijo
que mientras yo iba al sanitario, bromeó diciendo que él
se pondría de acuerdo con mi "cliente".
"No tarda en venir a cogerte,
mi amor", me dijo con una enorme y visible erección.
De inmediato tomé su miembro,
que estaba durísimo y traté de sacárselo de la ropa,
pero me dijo que no, que esperara por mi "cliente".
Yo seguí el juego y le decía:
"¿y si tiene el miembro muy grande? ¿y si quiere que
le dé el trasero?"
En eso estábamos cuando tocaron
a la puerta y mi esposo fue a abrir. ¡Era el presunto cliente y le
dijo a mi marido que yo le esperaba!
De inmediato mi esposo, que ya estaba
vestido, le dijo que enseguida salía y cerró la puerta.
"Cóbrale caro y disfruta
mucho", me dijo al autorizarme a debutar como una prostituta. Yo estaba
sorprendida.
"Pues bien, si quieres que
me prostituya, te complaceré", pensé al tiempo que se
me mojaba la entrepierna.
"Hola", le dije al abrir
la puerta y se quedó de una pieza cuando me vio así, vestida
especialmente para "prostituirme".
"Mi masajista ya se va",
dije al tiempo de despedir a mi marido, que con la mirada me rogaba le
dejara ver la escena. Tuvo que salir ante la mirada lujuriosa del "cliente".
Ni modo, tendría que conformarse con imaginar lo que estarían
haciendo con el cuerpo de su mujercita durante las siguientes horas.
Mi cliente estaba desesperado. De
inmediato me abrazó y comenzó a besarme mientras, con rudeza,
metía sus manos entre mis piernas. Comencé a desvestirlo
y pude observar con satisfacción que se trataba de un hombre de
cuerpo atlético. Se me hacía agua la boca al mirar su miembro
queriendo salir de su ropa interior.
Se acostó y tomando con sus
manos mi cabeza la acercó a su entrepierna, indicándome lo
que quería. Posé mis labios pintados en su trusa, dejando
una marca de labial y pegué mi nariz a sus partes, ¡qué
delicioso olor a macho emanaba por entre la trusa!
No lo pude resistir, le quité
su ropa interior y me abalancé hambrienta a besar, chupar y saborear
ese hermoso y gordo miembro. Era más grande que el de mi esposo
y para mis adentros me felicité por tener la suerte de tener mi
primera experiencia como prostituta con verdadero macho.
Con mis manos acariciaba sus testículos
y sus piernas mientras chupaba y chupaba. De repente sentí que terminaría
y me detuve.
"Me debes setecientos pesos",
le dije de repente, añadiendo que serían mil doscientos pesos
si deseaba enfundarme su miembro en mi nidito.
Creí que iba a protestar
y no. Se levantó de la cama, sacó su cartera y me entregó
billetes de cien pesos; "vaya negocio", pensé.
Enseguida guardé el dinero
y me tomó con violencia arrojándome a la cama boca arriba.
Con rudeza metió su cabeza en mi entrepierna y comenzó a
darme la mamada más violenta de mi vida. Sentía que quería
meterse por mi nidito.
Con mucha fuerza sorbía mis
jugos y sentía que se me salía hasta el alma por ahí.
Creo que mis gemidos se escuchaban hasta afuera del cuarto.
No sé cuántas veces
me vine, pero cuando se retiró de mi vagina estaba mareada y débil.
Se acostó y tomando su miembro
con una mano me dijo que tenía que comérmelo.
Apenas pude incorporarme y meterme
en la boca su fierro. Estaba grande, tieso y caliente. Mientras chupaba
como desesperada me di cuenta de que sentía las piernas empapadas.
Las medias estaban pegadas a mis piernas con mucho sudor. Nuestros cuerpos
estaban empapados.
De repente su miembro empezó
a crecer aún más y sentí que me ahogaba; me tomó
de la cabeza con sus manos y aunque quise retirarme no me dejó.
Empezó a vaciarse en mi boca, sentía el esperma muy adentro
de mi garganta. Era la primera vez que comía macho así.
Parecía que nunca terminaría...
pero al final, retiró un poco su miembro y pude tomarle sabor a
su leche, ¡de lo que me estaba perdiendo! Ni siquiera a mi marido
le había permitido terminar en mi boca.
Los dos desfallecidos quedamos acostados,
uno al lado del otro. "Estuvo delicioso", me atreví a
decirle al levantarme para tomar mis ropas, pero no me dejó, me
dijo que venía lo mejor, para lo que había pagado.
"¿No está satisfecho
señor?" Le pregunté y sin responderme me cargó
y me arrojó a la cama boca abajo. Me colocó en rodillas y
manos y comenzó a acariciar bruscamente mi trasero.
"Por ahí no", le
dije cuando trató de meterme un dedo en el ano.
Pero me dijo que lo que más
anhelaba era entallarme la vagina con su miembro.
Con rapidez sacó un preservativo
y se lo colocó en el miembro mientras yo observaba y me preguntaba
si después de tanta leche depositada en mi boca, tendría
más para rellenar el preservativo.
Sin demora, me entalló toda
su virilidad hasta el fondo. Mi apretado bollito tardó unos segundos
en amoldarse al miembro. Se quedó así, sin moverse. Apenas
unos segundos, y de repente comenzó a bombearme frenéticamente,
como si nunca hubiera tenido una mujer.
De tan rápido que me bombeaba
se llegó a salir varias veces. No pude resistir, me vine nuevamente
y sentí morirme de excitación cuando con sus manos intentó
tomar toda mi cintura.
Me tenía bien entallada y
mi nidito, de tanta venida, ya no tenía fuerza para apretar su hombría.
Por un rato así estuvimos,
luego me acostó boca arriba y se llevó mis piernas a sus
hombros. Dice mi marido que en esa posición la penetración
es total y le creo, porque hasta veía estrellitas. "Ya, ya",
le decía entre gemidos y grititos.
Él seguía embistiendo
con una fuerza increíble. Me sentía morir de tanto orgasmo.
Bajó mis piernas y con ellas
rodeé su cintura y a cada arremetida me arrancaba gemidos de placer
y de dolor. En esa posición, de repente, me penetró hasta
el fondo mientras su brazo izquierdo lo pasaba por debajo de mi cintura
estrechando aún más el abrazo sexual, y con la otra mano
se agarraba de la cama, gimiendo de placer.
Recuerdo que pegué un grito
que seguramente se escuchó en todo el hotel. Se estaba viniendo.
Le creció tanto el miembro que sentía que iba a reventarme.
Comprendí lo que ocurría: el condón se había
roto y sentía su leche inundando mi vagina.
¡No! ¡no!, le dije gritando
pero al parecer se excitó más y siguió bombeando a
fondo.
Por fin me dejó. Al sacar
su pene se escuchó un sonido y empezó a salirme grandes cantidades
de leche.
Se vistió rápidamente
y me dijo que querría verme otra vez.
Al marcharse me dio un ligero beso
en los labios y me dejó ahí, bien cogida y agotada.
Casi de inmediato, entró
mi marido. Se le notaba una fuerte erección y una mirada lujuriosa.
¿Cuánto le cobraste? Me dijo, y le dije la cantidad.
Me sugirió que con ese dinero
comprara más lencería, pues tenía hechas garras las
medias. También me propuso comprar vestidos sexy.
Se acercó y al desnudarse
le vi su tremenda erección. Se acostó a mi lado y empezó
a acariciarme con ternura. Me quejé de que me dolía la vagina
y todo el cuerpo.
"Ya pasó, mi vida",
me dijo al tiempo que con su mano sobaba mi entrepierna, embarrándose
del semen de mi cliente. Aunque le dije que esperara a que me bañara,
no quiso, me dijo que si llevaba ya dentro el semen de otro hombre, no
tenía remedio.
Me besó en la boca y me puso
el pene en la cara. Estaba tan cansada que no podía chupárselo;
pero él se puso en posición del 69 y empezó a besar
mi vagina, sorbiendo el esperma que tenía ahí.
No podía más y creo
que me desmayé de tanta excitación. Su lengua limpiaba mi
interior con cariño, con ternura. No culpo a mi marido por beber
golosamente la leche que ahí tenía, ¡es tan deliciosa!
Me quedé dormida y al rato,
cuando desperté, se estaba masturbando furiosamente con una mano.
Lo vi eyacular y me abracé a él. Nos besamos y me dijo que
estuvo muy bien mi debut.
¿No te importa que me hayan
dejado agotada? "No importa, porque yo gocé escuchando al otro
lado de la puerta la cogida que te dieron", aunque, me dijo, personal
del hotel pasaba por el pasillo cuando él estaba atento a mis gemidos,
y alcanzaron a escuchar uno de los gritos que me arrancó aquel desconocido.
Platicamos y acordamos no mencionarle
nada a mi novio Jorge, porque mi esposo se había comprometido con
él, cuando formalizamos mi noviazgo Jorge y yo, que solamente él,
mi marido, podría follarme, siempre y cuando me cuidara para que
Jorge pudiera entallarme su virilidad por lo menos cada semana.
"No te apures, mi amor, si
me dejas trabajar de vez en cuando, con clientes así de potentes
y bien dotados como éste, diré a mi Jorge que me cuidas mucho
y que sólo tú me haces el amor, además, podría
ayudarte a comprar el otro carro que quieres ¿no?"
Luego nos dormimos abrazados, al
fin y al cabo somos una pareja muy feliz. Yo tengo mi novio y la comprensión
de mi marido, el mejor esposo que cualquier hembra pueda desear.
Me gustaría recibir relatos
de mujeres que tengan novio con el permiso de su marido, o que tengan autorización
de su maridito para prostituirse. También me gustaría conocer
los puntos de vista de los hombres que gusten de tener por esposa una puta
que ofrece las nalgas a su novio y de vez en cuando las vende.
Envía correo electrónico
a: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO