NAZARENA (I).
Malleus maleficarum (Parte II, Pregunta I, Capítulo
II):"Existen tres clases de brujas; aquellas que dañan pero no pueden curar,
aquellas que sanan pero que están imposibilitadas para hacer el mal y aquellas
que poseen el dominio sobre todas las formas de hechicería"
Quizás ninguna figura de los mitos y leyendas del mundo ha
sido tan despreciada y temida como la bruja. Ser una bruja era la peor acusación
que podía recaer en ti, puesto que significaba que practicabas el infanticidio
caníbal, que bailabas desnuda, que practicabas el sexo promiscuo. Eras parte de
las pesadillas de la sociedad.
Sin embargo no siempre fue así, cuando la gente dependía de
la tierra para su sustento, de los ciclos de la naturaleza, de las capacidades
reproductoras de la tierra, asociaban las fuerzas naturales con el cuerpo
femenino, por lo que la identificación de lo femenino con lo sagrado poseía un
sentido lógico. Así no sólo los antiguos reverenciaron a las poderosas deidades
femeninas; durante gran parte de la Edad Media correspondió a las mujeres
practicar los rituales más sagrados. Por muchos siglos a las antiguas
sacerdotisas se les conoció como "mujeres sabias". Aquellas mujeres que
construían lugares de adoración, removían impurezas, curaban a los niños y
conjuraban la fertilidad.
Luego entonces, dónde se produce la gran bifurcación entre la
expedición de ceremonias sagradas y los rituales que más adelante serían
conocidos como brujería?.
Honestamente no lo se pero de verdad os digo que las brujas
hemos convivido con la humanidad desde el principio de los tiempos,
relacionándonos para bien o para mal, con las enfermedades y los desastres, con
la creación y la sexualidad. Con el bien y el mal porque no existe modo de
entender uno sino es frente al otro y a veces es tan tenue la línea que los
separa, que en mas de una ocasión habrá que mirar dos veces un mismo evento para
asegurarse. Pero creo que he empezado de la manera incorrecta, lo mas apropiado
sería presentarme.
La que suscribe, nació en el seno de una familia numerosa y
miserable en un poblado aún mas miserable al norte del río Elba en el año de
1?95, y respondió por poco tiempo al nombre de Danna van Heyden. Mi vida quizás
habría sido tan infausta como la de cualquier niña de la época de no haber sido
porque a la corta edad de 9 años, mi cabello originalmente pardo comenzó a
teñirse de un discreto cobrizo hasta que no hubo lugar sino para una cabellera
mas roja que la sangre, mal signo y prueba irrefutable según los cánones de la
época de que era una bruja.
Pronto y por circunstancias que se antojan obvias tuve que
huir para preservar la vida y encontrándome totalmente sola y hambrienta con una
muerte segura por las mil y un causas que podrían ocasionarle la muerte a una
niña en las vastedades del bosque, me encontré bajo la protección de una
verdadera bruja, tan hermosa como un ángel y de encendido cabello escarlata como
el mío, con la cual permanecí solo hasta que hube aprendido todo lo necesario
para sobrevivir y vivir como una bruja. Fue entonces que al cumplir 19 años
busqué mi camino fuera del bosque y de la protección de aquella maravillosa
mujer llamada Abigail a quien primero aprendí a llamar madre, luego amiga y
finalmente amante.
Luego de vivir un par de siglos en el viejo continente
conseguí hacerme de un lugar en un barco rumbo al nuevo mundo y ya que con aquel
nombre que me habían dado llamaba demasiado la atención entre los novohispanos,
adopté el de Nazarena el cual conservo hasta la fecha y con el que me he
desempeñado en las tareas mas diversas pero siempre atendiendo a mis propias
necesidades y deseos.
Ahora bien, es justo mencionar que no obstante que mi edad ya
cuenta siglos, no presento el aspecto deplorable de las brujas de cuento y que
desafortunadamente la cultura popular se empeña en preservar. Muy por el
contrario, parafraseando a un prestigiado conocedor de las ciencias ocultas
siempre he creído que: "solamente sobrevivir es insuficiente, se debe sobrevivir
con estilo". Es por ello que de cuando en cuando debo preparar cierto sortilegio
que por cierto y aunque no me de crédito la historia, yo misma proporcioné a
Elizabeth Bathory y por el cual se hizo torpemente celebre.
Para mayores referencias, con mis 1.50 metros de estatura
poseo un cuerpo esbelto pero redondeado justo donde debe estarlo, mis pechos son
quizás demasiado grandes para mi estatura y seguramente me harían perder el
equilibrio de no ser porque la rotundez de mis nalgas compensan en la parte
posterior todo el peso que imprimen hacia el frente mis 95 cm de busto, tengo un
par de preciosos pezones rozados con los cuales cualquier mujer se sentiría
orgullosa y mis piernas aunque cortas son fuertes y están terminadas en unos
pies que disfrutan sentir entre sus dedos, las maravillas de una lengua húmeda.
Si bien ya he mencionado que mi cabello es color rojo sangre,
poco he hablado de mi nariz recta o mis ojos verde agua. Mi piel es la de una
mujer de 25 años, tan blanca que no hace falta mucho esfuerzo para distinguir
las venas debajo de ella y en mas de una ocasión se han referido a mi como
vampiro mas que como bruja y no obstante que la asociación no es del todo
precisa, por recordarme a mi querida Elizabeth me parece mas que divertida. Pero
basta de descripciones por ahora, no deseo aburriros mas con tales cosas cuando
tengo muchas historias que contar y poco tiempo para hacerlo.
Voy a referirme a continuación a un pasaje del que fui
testigo y que ocurrió en la Nueva España en algún punto del siglo XVIII, sabrán
disculpar que no de fechas exactas pues a mi edad los años pierden significado,
las décadas apenas y saben decir nada y solo cuentan los hechos a la par de los
siglos acarreadores y alcahuetes de recuerdos. Como sea, allá por la calle de
Ballesteros vivían los condes de Pomar, el conde hombre severo y conservador, la
condesa abnegada e inútil. Tenían un joven hijo que no obstante los incesantes
esfuerzos del padre por hacerlo hombre a fuerza de mujerzuelas y vicios, bien se
veían que aquel no prestaba mucha atención ni a doncellas ni rameras pues solo
tenía ojos para otros hombres.
Quiso la suerte que un militar recién llegado de la Galicia
llamado Marino de Arteaga, por cierto buen mozo, de barba rubia cerrada y
estampa mas que varonil cruzara miradas con el joven Pomar y a partir de
entonces no hubo signo ni artilugio que lograra separar a uno de los brazos del
otro.
Pronto y ante la sorpresa del conde, Rafael Pomar pidió
enlistarse en la guardia del virrey en la misma compañía de aquel a quien había
conocido y que miraba con buenos ojos e intenciones lujuriosas. Feliz porque su
hijo finalmente parecía haber enderezado el camino, el conde movió cielo y
tierra hasta que su vástago se hizo militar, sin embargo movió de nueva cuenta
cielo y tierra al enterarse del rumor de que lo único que enderezaba su retoño
era la buena polla de cierto militar de nombre anónimo y cuya identidad por
razones obvias, guardó Rafael en lo mas profundo de su alma no sin muchas
golpizas de por medio y como pago por su irrestricta discreción.
A partir de la salida de Pomar de la milicia, no hubo día en
que Arteaga no se las ingeniara para comunicarse cuando no verse con aquel, ya
fuera con una simple mirada por encima del balcón o un saludo militar seguido de
un guiñó de ojos y las menos, un furtivo fellatio detrás de los muros inmensos y
mudos del convento de la profesa. Fue de una de sus clandestinas escapadas en
que yo entro a escena, pues justamente escogieron para sus juegos el sendero por
el que yo tenía mi cabaña.
Una tarde en que justamente no me encontraba mas que
esperando el crepúsculo para consultar a las estrellas, fue que alcancé a
escuchar el suave quejido típico de los hombres que tienen su polla bien metida
en las fauces de un compañero al mismo tiempo que ocupan las suyas en las bolas
peludas de su contraparte. Así e incitada por la natural curiosidad de ver de
cerca a los actores de tan excitante recital de gemidos, seguí las huellas de
pisadas en el fango fresco hasta llegar a una pequeña meseta cubierta de hierba
en la que me presté a disfrutar del espectáculo como única espectadora y mas
adelante cómplice.
Postrado de espaldas reconocí a un joven rubio típico
peninsular que por su juventud supuse era Pomar, apenas contaría con 19 años
pero la forma en como movía los labios sobre la impresionante pollaza de su
comparsa, alternando besos húmedos con apasionadas lamidas denotaban que pese a
su juventud tenía mas que experiencia en la suculenta cuestión de chupar pollas.
Sobre de él y recargado indulgentemente en codos y rodillas, un galán de
espaldas anchas y nalgas que en nada pedían en perfección a cualquier doncella
de la región, se prestaba a la tarea de chuparle la polla al mismo tiempo que
con un dedo le hacia las veces de lanza amatoria entre las nalgas.
En un momento dado y cuando se entregaron a actividades un
poco menos elaboradas pero igual de fascinantes, me encontré a mi misma
acariciándome con un par de dedos el ya desde hacia rato inflamado clítoris lo
mismo que chapoteando dentro de mis encharcados labios vaginales, mientras que
con otro par de ensalivados dedos me hacía penetrar por el culo, al mismo ritmo
de las poderosas envestidas de Arteaga y que me dejaban solo imaginar la
deliciosa forma en que debería estar desapareciendo centímetro a centímetro su
lustrosa pollaza llena de venas, bien profundo dentro de los confines de las
redondas nalgas de Pomar quien tendido sobre su pecho en la hierba solo atinaba
a gemir conforme el aliento de Arteaga, iba a dar justo sobre su nuca al mismo
tiempo que se cogía de las manos de su amante como si en ello se le fuera la
vida.
Olvidándome por completo de que estaba ahí únicamente como
espectadora, me dejé conducir por las delirantes humedades que afloraban entre
mis piernas y comencé a gritar conforme vinieron a mi los orgasmos. Solo hasta
que me hube saciado lo suficiente como para abrir los ojos presté atención a la
intrigada mirada silenciosa conque los dos chicos me observaban, aún sin atinar
a salir huyendo o continuar con lo que habían estado haciendo pues parecía que
tanto a ellos como a mi, el hecho de tener "publico" mas que incomodarnos nos
tenía tanto o mas calientes que antes.
Así y ya que parecía que estaban en una especie de trance
nervioso les sonreí amablemente, hice saltar mis pechos por fuera del escote de
mi vestido pues poca atención les había mostrado y mis pezones estaban mas que
deseosos de sentir el tacto de mi lengua para luego continuar la laboriosa
empresa de trabajarme el culo con un par de dedos porque si bien ya me había
venido, la visión de aquel par de viriles cuerpos trenzados y sudorosos me tenía
con unas ganas bárbaras de acabar una y mil veces seguidas. Entonces mientras mi
boca se ocupaba de chupar uno de mis sensibles pezones al mismo tiempo que mis
dedos húmedos de saliva y néctar vaginal, se desvivían por arrancar del centro
de mis nalgas los mas deliciosos orgasmos anales, el par de chicos quizás
motivados por mi presencia continuaron con sus juegos.
Así Arteaga no solo siguió enculando a Pomar un buen rato mas
sino que en un momento intercambiaron papeles, siendo éste último el encargado
de descubrir las maravillas del culo estrecho y receptivo de su compañero. Al
final y no con poca envidia pude observar como compartían en sus bocas los
cremosos productos de sus rubias bolas, para luego besarse tan apasionadamente
que de no ser porque lo veía, difícilmente hubiese creído que en dos hombres
pudiese ser posible tanta pasión, al menos no en la Nueva España.
A partir de entonces y una vez que se dieron las
presentaciones acordamos que por una módica suma pactada en piezas de oro
podrían usar mi sitio para sus correrías, con la feliz opción de por un lado no
ser sorprendidos por hacerlo a orillas del camino y por el otro, dado que era
mas que conocido que por aquellas regiones habitaba una bruja es decir yo, nadie
que no fueran los distraídos o los necesitados de ayuda espiritual acudían a mi
encuentro.
Por su parte, he de mencionar que poco les importó lo que se
dijera de mi, quizás porque como mencioné oportunamente nunca di el aspecto
descuidado y deplorable de mis contemporáneas para el siglo XVIII por supuesto y
además, bastante tenían con los rumores sobre si mismos como para atender los
ajenos. Solo he de lamentar que entre ellos existiera tal fidelidad que nunca me
permitieron ir mas allá de los gemidos productos de la simple expectación de los
sucesos pero que iba yo a hacer.
Desafortunadamente y como suele suceder en estos casos, el
conde no estuvo feliz sino hasta que logró descubrir quien había sido el amante
de su hijo tras lo cual, hizo nuevamente mal uso de sus poderosas influencias y
el buen Marino de Arteaga bajo los siniestros cargos de herejía, sodomía y quien
sabe que otras cosas mas fue a dar hasta lo mas profundo de La casa chata,
eufemístico nombre pero no por ello menos espantoso con el que se le conoció por
mucho tiempo al nefasto inmueble que albergó al mil veces mas funesto, tribunal
de La Inquisición y de la cual me ocuparé en otro momento.
Así las cosas y ya que el joven Rafael no tenía corazón para
ver a su querido Marino desollado vivo, fuera o no culpable de las estupideces
conque se le antojara a su padre el conde acusarlo, acudió a mi en busca de
consuelo a lo cual respondí prontamente pues nunca he podido negarme a las
suplicas de un hombre siempre que éste sienta en su corazón el amor suficiente
como para vender su alma al diablo, cosa que desde luego nunca pretendí hacer
pues aunque soy una bruja nunca he sido una perra desalmada.
Tras preparar un artilugio hallé la forma de trasformar en
sombra a Rafael para de ese modo, hacerlo llegar hasta la mazmorra en la que se
encontraba Marino. Cuenta la leyenda que una noche, de esas que por oscuras se
dice son propicias para que ocurran las cosas mas extrañas y siniestras,
escucharon sollozar a Pomar dentro de la celda de Arteaga seguramente al
comprobar el deplorable estado en que habían dejado las torturas a su amado,
pero cuando los guardias fueron a investigar lo que en verdad acontecía la luz
de sus antorchas deshizo el par de sombras que en realidad, eran las únicas
ocupantes de la celda.
Así, aunque no se volvió a saber nada mas en la Nueva España
ni de Rafael de Pomar, ni de Marino de Arteaga yo se a donde fueron a dar aquel
par de calientes peninsulares pues fue por mi mano que pudieron reunirse y
finalmente vivir juntos en la tierra de aquel cuyas nalgas eran la envidia de
mas de una doncella novohispana.
Y hasta aquí con ésta historia pues se me ha hecho tarde y
una bruja con mis ocupaciones no puede estar tanto tiempo pegada frente al
ordenador.
Nota del autor:
Este relato es una versión libre a la leyenda colonial: "La
paloma y el pozo".
El epígrafe es una traducción libre al texto original del
Malleus maleficarum.
El soliloquio de Nazarena reproduce algunos pasajes del texto: MUJERES
SABIAS. Brujas, universo femenino de sombras.