MIS MEJORES MOMENTOS (o tendría que decir "Mis mejores
cog....")
Parte XI
En esta oportunidad los hago cómplices de los buenos
momentos de sexo que he tenido no solo con mi esposo sino en los tríos,
intercambios o relaciones circunstanciales de las que participé, pero vistos
desde la óptica masculina, ya que se trata de recopilación de los relatos de mi
pareja.
"Entonces comencé a preparar el plan que tenía en mi mente
enfermiza. Como supongo que Piru le tiene mucho aprecio a nuestro amigo Juan
Carlos y que lo admira por todas las cualidades que posee, además de ser
simpático y bien parecido no dudé en encararlo para que se acostara con mi
esposa. Ellos siempre coinciden en todo, hasta en el signo del zodíaco y muchas
veces lo pesqué a él tratándole de verle las tetas a través de los sugestivos
escotes que ella usa o relojearle las piernas cuando se pone escuetas
minifaldas.. Pienso que con gusto se la voltearía y si no se tira con ella a
pesar de lo amable que es continuamente y las sonrisitas cómplices que a veces
tienen es por que estamos su esposa y yo de por medio.
El tiene fama de ser un Don Juan y que cuando tiene
oportunidad la mete. Por lo que dicen los que lo conocen está muy bien dotado,
por algo le dicen "tres piernas".
En un momento en que las mujeres estaban deshaciendo las
valijas lo invité a tomar una copa en el bar del hotel y sin muchos rodeos le
propuse que le hiciera el amor a Nora. Se sorprendió con mis palabras y se negó
al tiempo que me preguntaba si estaba loco. Me dijo que era un irresponsable,
que cómo le hacía tal propuesta y por qué trataba a mi mujer como si fuera una
puta y le hacía tal ofrecimiento.
Casi se levanta y se va. Pensé que todo estaba perdido y que
pasaríamos un fin de semana horrible. Pero luego, quizás traicionado por sus
bajos instintos, me preguntó a qué se debía esa idea loca que tenía en la mente.
Asombrado me escuchó decirle que Piru era una especie de
"máquina sexual" y que no daba abasto a atenderla. Que, aunque disimulara y
pareciera una mina recatada, le gustaba mucho coger y que sospechaba que lo
podía estar haciendo con otros así que –le mentí porque era el primero al que se
lo ofrecía- hacía un tiempo que trataba de conseguirle machos que fueran de mi
agrado y sobre todo amigos porque sabía que serían discretos y no divulgarían
nada de lo que aconteciera con ella. Que no era el primero que accediera a mi
pedido.
De ese modo ella quedaría satisfecha y yo sabría con quién
coge. Le dije –tratando de calentarlo más supongo de lo que estaba- que yo
quedaba extenuado cabe vez que hacíamos el amor porque era una hembra
insaciable. Que me la chupaba hasta hacerme acabar, que quería que tuviera dos o
tres polvos porque es multiorgásmica y que desde que nos conocimos me la cogía
también por el culo porque a ella le gustaba. A Juan Carlos comenzaron a
brillarle los ojos y parecía que quería ya estar en la cama con mi esposa.
Estaba tan entusiamado que se le soltó la lengua y me contó
algunas anécdotas de ella que yo sabía a medias. Me dijo que cuando habiamos ido
de vacaciones a Córdoba un día se apareció con una malla tan escotada que más de
una vez y por los movimientos que hacía se le había escapado una teta. Recordó
que siempre que ello pasaba no estaba su mujer y tampoco yo o sea que era cómo
que quería calentarlo a él. Se acordó también que la vez que fuimos a pasar unos
días a la casa que tienen en la costa lo había llamado para hacerle una pregunta
desde la habitación vistiendo solamente una pequeña bombachita (me acuerdo del
caso y se lo dije porque yo estaba al lado de él y había visto todo). Me relató
también que otro día al pasar por delante de la habitación que ocupábamos estaba
la puerta abierta (¿adrede?) y ella al verlo dejó caer el toallón que la
envolvía porque acababa de ducharse, dejando al descubierto todo su cuerpo (yo
estaba con ella y no me di cuenta que él pasaba pero supongo que ella lo escuchó
ya que no había otra persona en casa porque su mujer había ido a hacer unas
compras)
Me confesó, ya que yo le había hecho la propuesta, lo que
suponía, que estaba caliente con ella y con gusto se la cogería.
Entonces le dije que tenía que introducirse de noche en
nuestra habitación y que podía hacerle lo que quisiera a Piru; cogerla por la
concha o por el culo o hacerse chupar la pija, que ella nada rechazaría. Que lo
único que le pedía era discreción y silencio. El aceptó todo, incluso que yo
estuviera presente en la habitación observando todo.
Llegada la noche, entró en el dormitorio vestido solamente
con un pequeño sleep. La habitación estaba tenuemente iluminada por la luz que
entraba a través de las persianas que no estaban totalmente cerradas y ella se
encontraba dormida y totalmente desnuda como lo hace habitualmente en cualquier
lugar que se encuentre.
Juan Carlos se sacó el sleep antes de meterse en la cama y
pude comprobar que lo que decían de él era cierto. Tiene un aparato descomunal.
Se sentó apoyando su espalda sobre el respaldo de la cama, dejando su
entrepierna a la altura de la cara de Piru. Suavemente le atrajo la mano hacia
su miembro que ya estaba medio erecto y se quedó quieto esperando que ella
actuara.
Esta murmuró unas palabras ininteligibles y empezó a mover la
mano de abajo a arriba dejando que la piel cubriera y descubriera la cabeza de
semejante verga. Suavemente se la introdujo en la boca y comenzó a succionarla.
Entonces el miembro adquirió todas sus dimensiones.
Se lo recorría íntegramente con su lengua húmeda y un suspiro
escapó de los labios del hombre cuando sus dedos se enredaron en el pelo de ella
que le lamía el duro tronco. Utilizaba su lengua lentamente hacia arriba, hasta
llegar al glande, metiéndola en su agujerito de la punta y luego volviendo
nuevamente a la base. Llegaba hasta los testículos y los mordía muy suavemente.
Juan Carlos no aguantaba más. Quiso darse vuelta para
chuparle la concha pero ésta no lo dejaba moverse y continuaba con su tarea. Yo
le había contado que era toda una experta chupando pijas y no le había mentido.
El lo estaba comprobando realmente.
Cuando Piru percibió que aparecía en la boquita del miembro
el líquido preeyaculatorio ya estaba humedecida por el olor a macho que
desprendía el hombre de sus partes íntimas aceleró los movimientos y se la metió
toda en la boca,
Chupaba de tal manera ese pene que nuestro amigo no se pudo
aguantar y comenzó a acabar. El primer chorro de semen se lo tragó, después la
sacó y siguió pajeándolo con la mano desparramando leche sobre su cara y pelo.
Luego, lamió las últimas gotitas que quedaban en la verga y se recostó al lado
del ocasional amante, sin dejar de sostener entre sus manos el miembro ya
fláccido.
Cuando Juan Carlos supuso que ella se había vuelto a dormir,
se retiró sigilosamente hacia su habitación y yo que estaba mirando todo y había
acabado en mi pijama me acosté a su lado y le di un beso en la boca obteniendo
por respuesta un "Gracias, mi amor", que supongo me lo decía por el macho que le
había conseguido. Era imposible que no se hubiera dado cuenta que no era mi pija
la que se había chupado ya que distaba mucho el tamaño.
Por la mañana, todos nos duchamos y bajamos a desayunar, sin
que existieran miradas cómplices ni nada por el estilo. Después salimos todos a
pasear por la bonita Mar del Plata.
A la noche se repetiría el juego. Juan Carlos volvió al
dormitorio y se acostó detrás de mi esposa y comenzó a acariciarle suavemente
los pechos al tiempo que le besaba su oreja. Pronto su verga comenzó a crecer.
Lentamente ella fue abriendo sus piernas y recibió desde atrás la generosa pija
del hombre.
Su miembro entraba en forma más ajustada y ello lo favorecía
en el movimiento. Podía tomarle los pechos y acariciarle los pezones con la
punta de los dedos al tiempo que la besaba en su su cuello, oreja o boca
indistintamente.
Los amantes la estaban pasando muy bien. El se movía cada vez
más rápido porque su excitación era cada vez mayor y estaba pronto a acabar.
Ella se sacudía y estremecía ante cada embestida del grueso miembro y pedía por
favor más. Juan Carlos ya no podía aguantarse y la sacó rápidamente para acabar
sobre la cola de Piru, ya que habíamos acordado que no le acabara dentro de la
vagina.
A la mañana siguiente, luego del desayuno, partimos los
cuatro a una excursión por las afuera de la ciudad y pasamos todo el día
disfrutando de la naturaleza. Se trataron como si nada hubiera ocurrido. La
única ajena la única ajena a todo era la esposa del afortunado amigo, Susana, la
que no sospechaba nada y nunca llegó a darse cuenta que su esposo la dejaba por
las noches para satisfacer a su amiga.
Yo me sentía contento y orgulloso de haberla entregado al
nuestro amigo porque sabía que estaba haciendo feliz también a mi mujer y además
verla coger con otro me excitaba enormemente.
La tercer y última noche fue especial, sobre todo para el
amante furtivo. Cuando se metió en la cama y le acercó su miembro al rostro,
Nora, sin abrir los ojos, manoteó la verga y comenzó a masajearla subiendo y
bajando su mano con lo que provocaba que la piel del prepucio se moviera de
arriba a abajo, dejando al descubierto su glande púrpura. Después, se incorporó
levemente y la boca se la tragó toda. Comenzó a succionarla pajeándolo sin la
ayuda de sus manos.
Cuando él empezaba a sentir las primeras vibraciones del
orgasmo, ella se la quitó de la boca ante la mirada de desesperación de Juan
Carlos que ya se ilusionaba con acabarle nuevamente dentro. Se acercó
despaciosamente a su oído y le susurró que la cogiera por el culo, girando su
cuerpo para recibirlo.
Nuestro amigo no salía de su asombro y si hasta ahora le
había gustado el jueguito que le había propuesto ya que se había hecho chupar la
pija por esa mujer que tanto deseaba y se la había cogido ardorosamente, hacerle
ahora el culo era algo muy, pero muy especial. Los glúteos duros y paraditos de
esa mujer le atraían sobremanera pero no había sabido como pedírselo hasta
ahora, a pesar de que yo le había comentado que podía hacerle cualquier cosa y
ahora resultaba que era ésta la que se lo ofrecía. Parecía estar soñando.
Puso su boca en ese preciado agujerito y lo lubricó bien con
su saliva. Hasta le introdujo la lengua por dentro lo que provocó una exhalación
de la mujer. Despacio y con mucha suavidad le acercó la pija al orificio y
comenzó a penetrarla. Al principio le costó un poco porque su enorme cabeza no
pasaba por el pequeño lugar. Se detuvo, pero incitado por ella a continuar
siguió con la tarea. El orificio se fue dilatando poco a poco favorecido por los
movimientos que ella realizaba.
Esto permitió que el grueso miembro entrara casi todo. Piru
gimió pero le pidió que empezara a moverse y así lo hizo al ritmo de los glúteos
de ella que sí sabía como hacer aquello. Los apretaba cuando el pedazo entraba y
los aflojaba cuando éste salía.
Alentado por las palabras de ella que le exigían acabar de
una vez, derramó furiosamente su leche dentro de ese culo maravilloso. Luego, ya
distendido, quedó recostado sobre ella, pero no por mucho tiempo porque
consideró que le debía una gratificación a esa hembra maravillosa.
Quería chuparle la concha en agradecimiento por todo lo que
había hecho con él y además porque realmente tenía muchas ganas de hacerlo.
Piru no se resistió al embate, más bien lo recibió con mucho
agrado. Mientras él metía su lengua en la vagina para devorarle el clítoris,
ella le sujetaba la cabeza acariciándole el cabello y gozaba como nunca. Le
pedía que no se detuviera, que la hiciera acabar y empezó a tener -gracias a los
lengüetazos intensos- fuertes convulsiones llegando al orgasmo.
Cuando sus líquidos empezaron a fluir llevó su cuerpo hacia
abajo y quedando cara a cara con él le dio un beso de lengua que duró una
eternidad, saboreando de esa manera también sus propios jugos. Luego giró y dejó
que su amante se retirara de su cama.
Cuando me acosté junto a ella me tomó la pija -que estaba
endurecida y a punto de estallar- con sus manos y comenzó a masturbarme hasta
hacerme acabar furiosamente. Después me besó y me agradeció nuevamente. No me
atreví a preguntarle si sabía que otro se la había cogido pero estaba bien claro
todo.
Al día siguiente empacamos y volvimos todos contentos por el
paseo realizado. En ningún momento los amantes se cruzaron miradas cómplices. Se
trataron amigablemente como siempre, sin despertar las sospechas de Susana."
"Cuando estábamos de novios y empezamos a acariciarnos noté‚
con sorpresa que era una mujer distinta a lo que dejaba traslucir a simple
vista. Era siempre la que tomaba la iniciativa cuando empezábamos a acariciarnos
en la puerta de su casa aprovechando la oscuridad reinante en el lugar. Apenas
la tocaba sus manos rápidamente se dirigían a mi entrepierna y masajeaba de tal
manera el bulto que éste crecía de inmediato. Ahí y sin que se lo pidiera lo
sacaba afuera y se ponía a pajearme.Yo simultáneamente trataba de satisfacerla
metiéndole la mano dentro de su bombacha donde me encontraba con su humedecida
concha. Cuando mi dedo alcanzaba su objetivo se excitaba mucho y aceleraba sus
movimientos sobre mi verga hasta hacerme eyacular.
Al poco tiempo no solo me masturbaba sino que me la chupaba
hasta que tuviera un orgasmo y por más que quisiera apartarla se aferraba a mí y
no la sacaba de su boca hasta que no derramara toda mi leche en su interior. La
primera vez que me lo hizo me puse todo nervioso porque al agacharse y quedar en
la posición de chuparme la pija podía ser el blanco de las miradas curiosas de
los vecinos a pesar de las sombras. Después no me preocupé por nada.
Recuerdo que cuando íbamos al cine y le empezaba a tocar las
piernas para luego seguir subiendo hasta su cuevita ella rápidamente me la
sacaba afuera del pantalón y me masturbaba primero suave y después
frenéticamente hasta hacerme acabar en sus manos. Una vez, recuerdo, me tomó
desprevenido y cuando la sacó se inclinó de golpe y comenzó a succionármela ante
la mirada atónita de la pareja vecina. Traté de desalentarla porque a pesar de
que me gustaba lo que me estaba haciendo creía que no era lugar para ello y
pensé que nos iban a echar del cine, pero mi pedido resultó infructuoso y
continuó hasta hacerme acabar en su boca una vez más.
A esta altura yo ya me preguntaba dónde había aprendido todas
esas cosas. Sus amigas, en apariencia eran igual que ella y me acuerdo cómo
criticaban a otras que salían con más de un muchacho a la vez. Decían que eran
unas putas y no merecían ser sus amigas (Si supieran lo que me hacía mi novia a
mí se morirían de vergüenza, salvo que estuvieran disimulando y fueran todas
unas expertas como ella).
Cuando empezamos a coger era una máquina, me hacía gozar como
loco. Primero me la chupaba hasta dejármela bien al palo, cosa que no me
resultaba difícil, luego quería que le besara la concha así que nos mandábamos
unos 69 increíbles. Acabámos los dos casí al unísomo y luego de un rato se la
ponía en la concha y era ella la que me cogía, cabalgándome al mejor estidlo. Al
poco tiempo me pidió que le hiciera el culo y no me hice rogar.
La pasaba de maravillas pero siempre una idea fija me rondaba
la cabeza. Cómo era que ella sabía y hacía todas estas cosas. ¿Lo había
aprendido con sus amigas leyendo libros de sexo? ¿Se lo había enseñado algún
otro tipo? ¿Estaría cogiendo con otros además de hacerlo conmigo? Los celos
comenzaron a actuar. Pensaba continuamente que si era tan insaciable para el
sexo necesitaría a alguien más aparte de mí y eso me volvía loco.
No obstante y como la quería nos casamos con todas las de la
ley. En la luna de miel casi no salíamos de la habitación. Cogíamos todo el día
y por momentos no me daba respiro pero trataba de recuperarme (era más joven) lo
más pronto posible para no fallarle y pasar un papelón.
Una vez instalados en la casa que aún compartimos recuerdo
que tuvo una fiesta con compañeros del trabajo y la trajeron a casa el jefe y un
compañero. Yo la estaba esperando en la terraza preocupado por su tardanza (otra
vez los celos) y cuando el coche paró a unos metros del domicilio conyugal y no
en la propia puerta traté de agudizar mi vista para ver qué observaba. No se si
fue mi imaginación enfermiza o realmente ocurrió. Me pareció ver entonces que
ella, que venía sentada en medio de los dos hombres se inclinó para chupársela a
uno de ellos mientras el otro se la metía desde atrás. Lo que sí fue cierto es
que estuvieron un rato juntos los tres antes de que ella bajara y no se si tuvo
sexo o charlaron de cualquier cosa pero mi imaginación o lo que ví realmente me
hicieron acabar dentro de mi pantalón sin siquiera acariciármela..
Con el tiempo y mientras cogíamos le empecé a insinuar,
porque me parecía que con mi pija sola no le alcanzaba y yo no era el de antes,
si quería que hiciéramos participar a otro hombre en la cama y ella sonriente y
con cierta ironía me respondía que podría ser buena idea, que se lo dejar
pensar, lo que me producía calentura y bronca al mismo tiempo.
Entonces me decidí, buscaría un par de tipos para que se la
cogieran (eso sí, delante mio porque quería gozar del hecho), así que empecé a
buscar en los avisos de los diarios. Tenía miedo de meter a culquiera en nuestra
casa pero un día un amigo me contó de una agencia, a la que él recurría por
mujeres, que era muy sería y tenía tanto hombres como mujeres y que eran muy
responsables y de absoluta confianza. Eran discretos y cobrándote el honorario
que pretendían, que era bastante suculento, se les borraba rápidamente la
relación que habían tenido. Es más, era difícil que se repitiera la misma
persona aunque uno la pidiera. La agencia lo hacía para que no se entablara una
relación estable.
.
Así fue que concurrí a ésta y me mostraron el book de los
diferentes modelos que tenían y elegí dos que me pareció que a mi mujer podrían
satisfacerla. Uno era un tipo rubio de alrededor de 25 años y de acuerdo a lo
que se podía observar en la foto tenía un lomo espectacular y un pija de
considerables dimensiones. El otro era un morocho tipo caribeño de similar edad
y con una verga descomunal.
Sin contarle nada a mi esposa los hice venir a casa una noche
que ella me había avisado que llegaba un poco más tarde y me había pedido que
hiciera yo la comida. Preparé una mesa especial para la cena con mucho
champagne.
Cuando ella llegó se sorprendió y me preguntó si se celebraba
algo en especial. Le dije que tenía una sorpresa y que ya se iba a enterar.
Supongo que pensó que pasaríamos una noche especial, con buen sexo, pero creo
que no tanto como se la había preparado. Se duchó y se puso un vestido escotado
que le resalta las formas y que a mi me calienta mucho.
Comimos liviano y la estimulé para que tomara varias copas.
Luego comencé‚ a besarla y a acariciarla y poco a poco fui sacándole el vestido
dejándola apenas con su pequeña tanguita de encaje que le sienta tan bien.
Ella pretendía acariciarme la verga pero no la dejaba. Por
momentos hasta se puso algo molesta por ello pero no le hice caso. Continué
besándole y la fui llevando para el dormitorio donde permanecían los jóvenes
dentro del vestidor (se habían ubicado allí luego que ella se cambiaria).
La recosté sobre la cama y continúe besándola al tiempo que
le acariciaba sus tetas que tenían los pezones duros como nunca. Le saqué
suavemente su tanquita y comencé a besarle las piernas hasta que llegué a su
conchita. Ahí me mandé un trabajo sobre su clítoris como pienso que nunca la
había hecho y se puso loca. Me pedía que la cogiera y ahí aproveché para decirle
si no le gustaría que mientras yo me dedicaba a su conchita ella tuviera otra
pija a su disposición.
Estaba tan excitada y pasadita de alcohol que entrecerrando
los ojos afirmó con la cabeza.
Fue entonces que le dije que la sorpresa especial que le
tenía preparada estaba por concretarse.
Me dirigí a la puerta del vestidor y cuando la abrí y
aparecieron los dos tipos en bolas ella se quedó boquiabierta. Sus ojos iban
rápidamente de mi cara a las pijas de los muchachos y viceversa. Alcanzó a
exclamar que no lo podía creer, que estaba loco pero no los rechazó.
Cuando empezaron a acariciarla me miró como asustada, pero
ante mi sonrisa cómplice se distendió y empezó a actuar ella también. Recostada
sobre la cama comenzó a acariciarle las vergas mientras yo me dedicaba a su
conchita tal como se lo había prometido..
Después me retiré por un instante y los dos hombres
comenzaron a disfrutarla mientras yo miraba la escena. La besaban por todo el
cuerpo y ella me miraba en forma libidinosa (nunca me calenté tanto). Fue
penetrada de todas las formas posibles y ella no se quedó atrás y succionó sus
miembros de una manera increíble. Gemía y hasta llegó a gritar a raíz de los
orgasmos que le producían los muchachos. Realmente eran unos expertos y sabían
como satisfacer a una mujer. Actuaban delicadamente y eso a ella parecía que la
calentaba más.
Cuando todo termino su cuerpo lucía exhausto y con olor al
semen que habían derramado los hombres en esa especie de batalla sexual."