Bien, aquí me encuentro de nuevo dispuesto a entregarles el
tercero de esta serie de relatos, les dejé en el día en que iba a cenar con
ella.
Cuando llegó la hora yo me comencé a arreglar, quería ir muy
bien puesto para impresionarla, pero tampoco quería ser excesivo, así que opté
por un jersey fresquito, pues estábamos en verano y unos pantalones de lino
beiges, llegué allí con una botella de champange y llamé a la puerta.
Al cabo de un minuto escaso me abrió la puerta, lo primero
que hicimos ambos fue examinar nuestra indumentaria, ella llevaba un vestido
negro sin mangas y de botones, llevaba abrochados sólo cuatro botones, lo que
permitía un generoso escote y también una buena imagen de sus piernas, no
llevaba sujetador y sus pezones amenazaban con taladrar la tela.
Hola Juan, has llegado muy puntual.- dijo con voz muy
sensual.- me gustan los hombres puntuales.
Suelo ser muy puntual, no tiene importancia.- dije pasando
muy cerca de ella hasta dentro de la casa.- He traído champange.
Ahhh, perfecto, a mí me sienta fatal, se me sube enseguida.
Vaya lo siento.
No, si es perfecto, hoy pienso hacer cosas horribles.- me
dijo cogiéndo la botella de mis manos y muy cerca de forma que rocé sus
pechos.- tal vez luego quieras que las olvide.
En absoluto.- dije cogiéndola de la cintura y acercando mi
miembro a su concha para que lo sintiera.
Bueno.- dijo separándose bruscamente.- vamos a cenar.
Nos sentamos a la mesa y cenamos un plato muy exótico.
Mmm, está buenísimo, eres muy buena cocinera.
También soy buena en otras cosas. De todas formas eso es
una de mis especialidades.
Me tendrás que enseñar el resto de tus especialidades.
Por supuesto.
Acabamos de cenar y empezamos a beber champange, al poco rato
ya estábamos muy contentillos y yo le pregunté por el postre.
¿Y con qué postre me vas a deleitar?
Pues eso depende, yo tengo aquí un poco de chocolate
caliente, pero con el calor que hace en esta época del año no sé si te
apetecerá.
Tú trae un poco, que yo lo aprovecho.
Trajo el chocolate y se quedó a mi lado mientras lo dejaba en
la mesa, mi cara quedaba a la altura de su ombligo, entonces me giré hacia ella
y la senté sobre mi colo con las piernas abiertas.
¿No vas a tomarte el postre antes?.- preguntó
En eso estoy.
Le desabroché los botones del vestido y ante mí saltaron
disparados esos pezones que habían estado toda la noche deseando ser liberados.
Su vestido quedó como un mísero chaleco que le quité sin muchos miramientos y
ella quedó en mi colo con un tanguita como única vestimenta.
Mi pene estaba luchando por salir de su encierro pero me
resistí a que me hiciera nada, iba a empezar yo. Tiré casi todo lo de la mesa,
no sin antes apartar el chocolate y la puse encima de la mesa, ella seguía con
sus piernas enroscadas en mi cintura y yo le empecé a untar las tetas con el
chocolate que estaba ardiendo y la hacía suspirar, después lo fui retirando de
todo su cuerpo con mi lengua, me desembaracé de sus piernas y me las puse
alrededor del cuello, mientras yo estaba sentado, tenía ante mí a ese estupendo
coñito totalmente humedecido bajo el tanga, empecé a untar la cara interior de
sus muslos. Fui desde la rodilla hasta los laterales del tanga muy despacito,
tomándome mi tiempo en lamer el chocolate, ella estaba deseosa de que llegase a
su coño, pero estaba decidido a hacerla esperar. En un movimiento rápido me
levanté y la giré, enconces empecé a untar sus nalgas y otra vez la cara interna
de sus muslos, ella me facilitó el trabajo poniéndose a cuatro patas sobre la
mesa, yo seguí lamiendo su perfecto trasero mientras le masajeaba los pechos y
pellizcaba sus pezones.
Llegó un momento en que me imploró que la follara o la
comiera de una vez, que estaba más que a punto, entonces yo le bajé lentamente
el tanga y en cuanto le metí un dedo en la vagina impregnado de chocolate se
corrió. Se derrumbó sobre la mesa, se dio la vuelta y me aseguró que nunca antes
se había corrido con tan poco. Estaba toda llena de chocolate, a pesar del que
yo le había retirado con la lengua y dijo que mejor nos duchábamos, me quitó el
jersey, me bajó los pantalones y me arrancó el slip que llevaba, mis zapatos se
quedaron en algún escalón y ella se quitó las sandalias de tacón de aguja en el
baño, me arrojó a la ducha donde el día anterior había follado con el fontanero
y me dijo que le tocaba a ella.
Empezó a besarme el cuello, las orejas, el pecho, se detuvo
en mi ombligo, me dio la vuelta y pasó su lengua por mi rajita, por la que iba
entrando agua a la vez que su lengua abría paso. Y por último me chupó la polla
que ya estaba morada de aguantarme, no hizo falta más que se la metiera hasta el
fondo una vez, que su nariz tocara mi vello y que me masajeara un poco los
cojones para que me corriera inundando su boca, me dejó la verga totalmente
limpia y luego me secó y nos fuimos a la cama.
Estuvimos un rato tumbados en la cama desnudos, pero entonces
ella se levantó y movió un biombo que había frente a la cama, entonces apareció
el televisor que debió utilizar el día que la ví por primera vez y me puso una
cinta.
Yo empecé a verla y de pronto la ví a ella en una barra de
baile de streeptes, era una auténtica profesional, llevaba un conjunto de encaje
rojo y un liguero y se encaramaba a la barra hasta alturas y en posiciones
insospechadas para mí, luego se quitaba toda la ropa y se iba del escenario, la
cámara la seguía y entraban en un apartado privado donde había una columna con
un saliente hacia arriba y en forma de pene, entonces ella comentaba a cámara
que el baile la había dejado cachondísima y que se iba a follar a la columna y
así lo hizo, se subió a la columna, se abrazó a ella y se metió el pene que
salía todo dentro. Luego llegó a un orgasmo, no sé si fingido o real.
Ver aquello hizo que mi polla se pusiera otra vez en pie de
guerra, entonces la abracé y le dije que quería darle por el culo, me dijo que
encantada y mientras le iba dilatando el ano le pregunté:
Así que es a eso a lo que te dedicas, eres bailarina.
No, eso fue una temporada, también he hecho alguna peli
pero ahora trabajo por el día en una consulta de un dentista que abre sólo por
la tarde y alguna que otra noche practico la prostitución de lujo.
Vaya, una puta cara.
Y de las buenas, sólo acepto grupo, puedo unirme a
matrimonios que montan orgías, o bailo, ahh,.- ya casi estaba a punto de
metersela-. Mm, espera o no puedo hablar, y me tiro a unos cuantos tíos en una
falsa reunión de negocios, ya me entiendes.
Oh, si, creo que algún día te contrataré.- y le clavé la
verga toda.
Entonces ella empezó a moverse y los dós cogimos un compás,
adelante, atrás, adelante, atrás, estuvimos así un ratito hasta que ella me dijo
que se quería levantar sin salir de mi, entonces los dos nos pusimos de pie y yo
me senté y ella encima, todo eso sin dejar de penetrarla. En esa postura yo
podía lamer sus orejitas y acariciar sus pechos, sentir su piel caliente, lamer
su espalda, en un momento concreto la giré y metí mi cabeza bajo uno de sus
brazos para lamerle un pecho. Al poco rato nos corrimos los dos y el semen
empezó a escurrile del trasero cuando se levantó, lo fue aprovechando y
estendiendo por su cuerpo, luego se fue ella sola a la ducha para no volver a
empezar y volvió a la habitación con una toalla.
No es necesario.- me dijo
El qué?
Que me contrates, me encanta follar contigo.
Lo sé, pero yo quiero verte hacerlo con otros, quiero verte
mansturbarte, quiero verte cuando tu estés pendiente de otros.
Bueno, eso también puedes hacerlo.
¿Cómo?
Bueno, desde tu edificio ese de ahí se ve todo lo que pasa
en mi habitación, quiero que pongas micros en la casa y cámaras, quiero que
hagas una peli porno sobre mí.
¿Por qué crees que yo puedo hacer eso?
No te hagas el tonto, he visto tu nave, desde aquí se ven
un equipo de audiovisuales tremendo. Si antes me he ganado la vida con pelis
porno en las que ni siquiera me corría imaginate con los polvos que me echo en
esta casa.
¿Te echas muchos?
Tú pon las cámaras y verás.
Está bien, pero eso no quita que te contrate.- dije
acabando de vestirme.
Como quieras.- se sentó sobre mí.- entonces, ¿vendrás
mañana a ponerlo todo?
Por supuesto, a las siete estaré aquí, y así después me
quedo a dormir.
No, después nos vamos al cine, quiero que me folles en
sitios públicos, quiero que lo hagamos en el coche, en la playa, en la
montaña, en un parking, en todas partes.
Está bien, después nos vamos al cine, pero ahora me tengo
que ir. Si me quedo no paramos en toda la noche.
Vale. Hasta luego.- antes de que se levantara le quité la
toalla y le besé un pezón a modo de saludo.- quédate desnuda en la ventana un
rato, espera a que encienda la luz de la nave y te haré unas fotos como si
fueran robadas. Cuando apague la luz te vuelves a meter dentro.
Vale, haré como si acabara de salir de la ducha.
Perfecto.
Llegué a la nave y encendí la luz, al poco salió con una
toalla en la cabeza y con otra sobre el cuerpo. Había puesto un espejo de cuerpo
entero frente a la ventana, bueno era casi una galeria, llegaba hasta el suelo,
entonces se soltó el pelo y fingió que se le caía la toalla, comenzó a mirarse
en el espejo manteniendo un momento cada postura para que yo sacara las fotos,
gasté un carrete de 36 fotos y apagué la luz. Ella se metió en la cama y yo
estaba seguro de que nunca iba a olvidar a mi vecina, eso estaba claro. Y me iba
a divertir mucho con la peli porno y todo lo demás. En mi próximo relato os
contaré lo que pasó en el cine.