Hoy, al despertar, tenía un excelente sabor de boca (empleo
esta frase como cuando alguien ha tenido una grata experiencia), comenzaron a
llegar a mi mente escenas del sueño que tuve anoche. En verdad, que rico sueño
el que les relato a continuación:
Me encontraba de viaje junto con mi familia, viajábamos en
una camioneta de renta, íbamos rumbo a alguna parte del sudeste de México, tal
vez Chiapas o Quintana Roo, cuando nos detuvimos en la ciudad de Villahermosa,
en el Estado Mexicano de Tabasco, no sé por qué en mi sueño se me ocurrió que
apareciera una amiga, de nombre Liliana, radicando en esta ciudad, si ella,
tengo entendido, vive en la ciudad de México, pero en fin. El motivo por el que
nos detuvimos fue porque la camioneta se averió al pasar por esa ciudad, y todo
parece indicar que en plena calle, ella, mi amiga, pasaba en su carro junto con
su esposo y su pequeña hija, cuando me vio y detuvieron la marcha. Lo que
recuerdo es que al parecer mi padre había ido a un taller para ver lo del
desperfecto del vehículo, acompañado del esposo de mi amiga, pues conocía bien
la ciudad, esto a petición de ella, que por cierto es un tipo realmente
chocante, lo conocí cuando ella y yo éramos compañeros en la facultad; mientras
nosotros fuimos invitados a casa de ella, ya fuera para tomar un refresco, pues
el calor era intenso, ya que en mi sueño eran como las dos de la tarde, o bien,
simplemente para aguardar a que regresaran con la camioneta arreglada y
continuar nuestro viaje. En el camino supongo que íbamos platicando como se
espera después de varios años de no vernos, cosas como qué había sido de
nuestras vidas, lo que habíamos estado haciendo, etc. Cuando llegamos a su casa,
que era de dos plantas o pisos, afuera, en la calle, estaba lo que me pareció
era parte de su familia, tomando el fresco, conviviendo en la vía pública,
sentados en pequeños bancos hechos de madera y bebiendo algo frío, procurando
sacudirse el calor, que como ya comenté era insoportable; se hizo la
presentación de ambas familias y la mía se quedó afuera, con la de ella,
haciendo lo mismo, mientras yo acompañaba a Liliana adentro de su casa, pues
llevaría a su pequeña de 2 años a dormir.
Subimos por las escaleras continuando la plática hasta llegar
a su habitación, la que estaba a oscuras casi por completo, de no ser por una
pequeña lámpara de buró encendida que apenas iluminaba la habitación, entramos y
me senté en su cama, que era el único lugar disponible para hacerlo, y la charla
siguió mientras cambiaba de ropas a su hija, así que me puse un poco más cómodo
en postura, pues creo que era normal hacerlo cuando ambos fuimos los mejores
amigos en la escuela, o sea, me recosté con los brazos detrás de mi cabeza y con
una pierna semi subida en la cama y la otra tocando el piso; cuando hubo
terminado de vestir a la niña, ésta gateó sobre la cama hasta acomodarse a un
costado mío, apoyando su pequeña cabecita en mi pecho, balbuceando quien sabe
que cosa, como si me abrazara, y se quedó dormida, esa escena creo un ambiente
de ternura y lo llenó de recuerdos, pues con ello nos acordamos, y lo
comentamos, lo que alguna vez le había dicho, que cuando termináramos la carrera
le propondría matrimonio y que tendríamos una pequeña a la que llamaríamos
Amanda, argumentándole, además, en ese momento, que la amaba, que siempre lo
había hecho, pero no se había podido conseguir nada porque ella conoció a su
actual esposo, pero ella dijo algo que me sorprendió muchísimo, me dijo que la
niña se llamaba Amanda, que lo había recordado y la había nombrado así porque
ella, en aquel entonces, sentía lo mismo que yo, pero que nunca se atrevió a
decírmelo por mi forma de ser, pues yo era el típico canalla que coqueteaba con
cuanta mujer se le ponía enfrente, y era entendible.
Ese momento cambió el ambiente, al hablar del amor que yo le
tuve (y que a decir verdad con este sueño ha renacido en mi, o mejor dicho lo he
recordado y vuelto a sentir, como si nunca hubiera dejado de estarlo) y del que
ella me tuvo, creo que nos excitó, pues jamás, ni por un momento, estuvimos
juntos como pareja, aun siendo los mejores amigos y confidentes nunca
experimentamos algo sexual, aunque al parecer a ambos siempre se nos antojaba,
pero no lo decíamos o hacíamos por respeto.
Debo aquí, creo, hacer hincapié para describirles a Liliana.
Es una chica que actualmente debe tener 29 años de edad (yo tengo 27), mide como
1.57 de estatura, desde que la conocí nunca cambió su físico, y en este sueño
que les relato la vi igual, obvio, su cuerpo era realmente bello, debe serlo a
pesar de que, como ya dije, tengo años de no verla, tenía unos senos, sin
haberlos visto nunca en vivo y a todo color, preciosos, grandes, tal vez de 34
C, ella era blanca de piel, debe seguir siéndolo, por lo que me imagino sus
pezones son rozados y con aureolas grandes, estaba un poquito pasadita de peso,
por lo que se pudiera creer que una cinturita no tenía, pero la realidad es que
sí se le veía así, pues sus caderas, Dios mío, qué caderas, eran prominentes, y
tenía unas nalgas de campeonato, muy paradas, tanto que a veces le llegaba a
comentar que en ellas podría poner un vaso repleto de agua y no se caía, tal vez
medirían algo así como 115 cm y obviamente tenía unas piernas llenitas pero bien
delineadas; la recuerdo muy atractiva, bonita, eso se los aseguro, al menos a mi
me gustaba mucho porque se parecía a una señora que salía en un comercial de un
suavizante de ropa, y miren que para aparecer en televisión deben ser muy
guapas. Bueno, con esto creo que se podrán dar cuenta del monumento de mujer que
nunca aproveché y que tal vez ustedes caballeros nunca lleguen a tenerla.
Estaba en que la niña se había dormido recargando su cabeza
en mi pecho, Liliana la retiró para llevarla a su cuna, y al colocarla dentro,
ya se imaginan el espectáculo que me proporcionó, así es como me hubiera gustado
poseerla hace años, que nalgas tan hermosas tiene, por qué nunca la toqué aunque
fuera de broma, a fin de cuentas creo que pude haberlo hecho sin que ella se
fuera a molestar – pensaba -; todo esto ocurría con la puerta de su habitación
abierta de par en par, mientras nuestras familias seguían en la charla en la
calle; luego, se dio vuelta y nuestras miradas se cruzaron, que sensación tan
rica esa de mirarla a los ojos, se acercó a mi, se sentó en la cama apoyando su
brazo izquierdo sobre la misma y el derecho sobre su pierna del mismo lado, y
pude ver, en la posición en la que me encontraba, pues seguía acostado, con mis
piernas junto a las de ella, como sus prominentes pechos caían casi libres, por
el peso, y con eso, y la imagen que había tenido hacía tan sólo un momento de
sus nalgas, mi verga comenzaba a pararse, y se notaba claro por encima del
pantalón, ella me miró y acto seguido miró mi tranca y dijo "si tan sólo nos
hubiéramos armado de valor para decirnos lo que sentíamos ahora estaríamos
juntos", y le respondí "júralo que así sería, estas hermosa y los años no han
pasado en vano, te encuentro como los buenos vinos, con el tiempo se ponen
mejor", y fue con esa frase que se montó sobre mi con las piernas abiertas, me
tomó de la solapa de la camisa y me jaló, levantándome con ese movimiento,
quedando de frente el uno del otro y nos besamos con descuido, un beso tan
apasionado que aún puedo sentirlo en mis labios.
De pronto, en mi sueño, ya estabamos desnudos y en la
posición inicial, es decir, ella montándome con sus manos apoyadas en mi pecho y
yo recostado, sujetándola de los brazos, sin haber penetración alguna; la
admiraba toda completa, la forma en la que colgaban sus senos era la más
excitante visión que alguien en mi posición hubiera tenido, eran realmente
hermosos, grandes, y ella comenzó a moverse, haciéndolo circularmente, hacia
delante y atrás, con la única finalidad de sentir mi hombría cerca de sus labios
vaginales, pero ya no quería esperar, la jalé para acomodarla de tal forma en la
que su vagina me quedara sobre mi boca, que desde hacía rato ya comenzaba a
saborear sus juguitos, y empece a chuparle sus labios inferiores, estando en esa
posición y tocándole los pechos por un buen rato, hasta que conseguí sacarle el
primer orgasmo.
La regresé a la posición en la que comenzamos y la levanté un
poco para poder penetrarla, y ella, dándose cuenta de lo que planeaba hacer, me
dijo que si no pensaba ponerme un condón, pero le dije que no tenía, que si ella
tenía alguno que no había problema, pero respondió que sí tenía, pero que su
marido se daría cuenta de que lo había usado, así que le dije que no se
preocupara, que si no había problema, sería muy cuidadoso de no venirme dentro
de ella y evitar un embarazo, y que además, en ese primer encuentro sexual en
nuestras vidas de amor secreto, me gustaría sentirla a plenitud y que ella
hiciera lo mismo, a lo que estuvo de acuerdo, así que sin esperar más la
penetré, tan profundamente que ella suspiró con descaro, casi gimiendo, algo de
lo que no podíamos darnos el gusto por la cercanía de nuestros parientes y la
puerta abierta, misma que habíamos determinado dejar así para que no
sospecharan; ella subía y bajaba de mi falo a placer, su cara delataba que lo
disfrutaba, y yo pensé que tal vez nunca lo había hecho de esa forma, o que
nunca había tenido un orgasmo, pero claro, que se podía esperar de un patán como
su machista marido, seguramente sólo se acomodaban en la del misionero y asunto
arreglado y concluido, así que me dediqué a dale más placer y cooperé para que
su goce fuera mejor, único, digno de recordarme y extrañarme, así que le
acaricie las tetas que rebotaban, apretando de vez en cuando sus deliciosos
pezones.
Me levanté hasta estar sentado, ella me tomó del cuello y en
momentos revolvía mi cabello, y yo, tomándola de la cintura para ayudarle un
poco en los movimientos, me puse a besarle ese par de globos suaves y llenos de
placer, le chupaba esos botones rosados, dando a veces pequeños mordiscos leves
que la hacían desvariar y suspirar, ambos estabamos sudando a chorros, ella casi
se desmayaba del placer que estaba sintiendo, en verdad lo disfrutaba pues movía
su cabeza para todos lados y comenzó a incrementar el ritmo, ese sube y baja que
sentía que en una de esas me desprendía mi herramienta, pues créanlo, la sentía
apretada, hasta que llegó su segundo orgasmo de la calurosa tarde, pero no
permití que lo siguiera haciendo, sería absurdo no poder aprovechar más de ese
soñado cuerpo y esa amada alma y correrme, así que me separé de ella, ella no
reaccionaba, sus ojos estaban cerrados, y yo, al ver esa reacción suya, me
excité más, por lo que la acomodé en cuatro para penetrarla por detrás en su
raja, en verdad que espectáculo ese que me ofrecía, verla empinada, invitándome
a poseerla de la manera mal vil y descarada, y viendo ese ancho trasero, nunca
lo hubiera imaginado, y como todo un experto, me mojé mi dedo y lo introduje en
su vagina para poder alcanzar su punto G, mismo que no me fue trabajoso masajear
y hacer que tuviera un tercer orgasmo, éste más prolongado que los otros, y sin
más ni más, puse la punta de mi bien parada y enrojecida verga en su hendidura y
me propuse a frotarla un poco, tratando de conseguir su desesperación por volver
a sentirme adentro y que me dijera, me rogara, que ya se lo diera, y
efectivamente, lo gozó como nadie antes lo había gozado, y su voz no se hizo
esperar, me pidió que la ensartara salvajemente, y a fin de complacerla, de un
solo golpe se la metí hasta el fondo, chocando mis huevos con su vulva,
sacándole un gemido temeroso, y empece el mete y saca, sintiendo una vez más su
apretado, empapado y viscoso bizcocho, el olor que se desprendía en ese momento,
el sonido de nuestros cuerpos al chocar y el que se produce por el aire en su
vagina consiguieron provocar en mi un grado de excitación tal que no iba a poder
contener más mi corrida, así que disminuí el ritmo, lo saqué por completo y me
apreté el glande para calmar la salida de la leche que estaba seguro quedaría
embarrada en su prominente culo, empinado como estaba; cuando me calmé un poco,
sin haber dejado en este tiempo de frotar su vulva con mis dedos, volví a
ensartarla, pero muy suavemente, sacando casi por completo mi tranca de su
orificio vaginal y metiéndola de golpe, estuve haciendo eso por espacio de cinco
minutos, en eso pude ver, tal vez de reojo, que un chico, de aproximadamente 16
años, estaba tratando de ocultarse afuera de la habitación, asomando apenas su
cabeza, y deduje que nos había estado mirando y pajeándose, pero no sabía por
cuanto tiempo, y eso me excitó mucho más, así que decidí darle un final caliente
al asunto, seguí metiendo y sacando mi verga con más fuerza y ella empezó a
hacer gestos de placer, indicativo de que se avecinaba el cuarto orgasmo, así
que arrecié los movimientos y ella casi se desmayó, consiguiendo tener el
avistado orgasmo; en ese momento, por descuido, mi verga se resbaló hacia
arriba, alcanzando a darle un toque en su ano, respondiendo ella con un
movimiento de rechazo, volteó, me miró a los ojos y me dijo que ni lo intentara
por ahí, pues no lo deseaba por no sentirse preparada para recibir mi pieza por
ese otro orificio, a lo que le dije que había sido un accidente, así que volví a
meterla en su vagina y bombeé como nunca hasta que sentí que me corría, saque mi
verga, por cierto extremadamente roja, y le dejé ir un abundante chorro de leche
sobre sus nalgotas, semen que le escurría por entre las mismas y seguía su
camino hacia sus piernas, tallé mi vara en su culo, batiendo todo su trasero con
mis mocos, hasta que la erección cedió. Liliana se quedó tirada, boca abajo
sobre la cama y mientras yo, al ver que el chico ya no estaba, comencé a
vestirme, sin mediar palabra alguna con ella.
Casi terminaba de hacerlo cuando ella se levantó de la cama,
tomó su ropa y caminó hacia el baño, y pude ver el movimiento de su culo al
caminar, meneándose de lado a lado, algo que antes, en la vida real, había visto
cuando ella se alejaba al marcharse de la escuela, pero obviamente vestida con
sus clásicos jeans ajustados, de la forma en la que la costura se mete entre sus
nalgas, dejando ver la forma en la que su pantaleta se le marcaba por debajo, y
se me antojaba realmente algún día poder, aunque fuera, darle un beso en cada
nalga, pero esa imagen que tenía, en mi sueño, me volvió a poner a cien, mi falo
se entiesó de nuevo y caminé hacia ella, y mientras se arreglaba el cabello
frente al espejo, completamente desnuda, yo la tomé de la cintura, por detrás, y
le pegué mi miembro duro y excitado nuevamente en sus nalgotas, como señal de
que quería metérsela por su culo, mientras le besaba la nuca, ella comprendió y
respondió parando más su de por si parado trasero, y deduje que era momento de
hacer lo que antes no me había permitido, le pregunté si quería hacerlo así,
para reafirmar su respuesta, y ella dijo que si, porque pasaría mucho tiempo
antes de volverme a ver, y cuando me bajaba el pantalón para metérsela por su
culo, escuchamos la voz de un chico, supongo que era el mismo que había visto
asomarse y pajearse, que gritaba que ya habían llegado su esposo y mi padre,
mientras subía por las escaleras lentamente, así que nuestro segundo encuentro
valió madre y me quedé con las ganas de cogérmela por atrás, me subí el pantalón
rápidamente, la giré, le di un beso apasionado, de esos de despedida, de los que
se dan las parejas cuando saben que pasará mucho tiempo antes de que se vuelvan
a ver, beso que ella me devolvió y entendí en ese momento que ambos estabamos
enamorados, y salí, vestido como ya estaba, hacia la recamara y me senté en la
cama, y ella cerró la puerta del baño con sigilo, como pretexto para no
delatarnos al poder tener la idea de argumentar que ella había entrado al baño
por una necesidad y que enseguida bajaríamos. En fin, como si no hubiera pasado
nada. Esto último es un supongamos, pues hasta la parte en la que la veo cerrar
la puerta del baño fue cuando me desperté, claro con una erección marca diablo,
por lo que tuve que pajearme para no bajar con la verga hinchada de excitación.
Ahora espero poder encontrarla para contactarla y ver si
pudiera funcionar una relación, que aun que no me importaría ser el amante,
preferiría en verdad, y lo deseo con el corazón, ser su segundo y último marido.
Para ti Liliana, esperando que algún día te llegue, y
valiéndome madre si el imbécil de tu esposo lo lee.
Gordito.