Mi realización III
El viaje de novios los hicimos al caribe, a un
hotel con muchas estrellas y en primera línea de playa, pero la noche de bodas
debido ya al avanzado estado de gestación, la cosa quedó en unos simples
besitos pues no queríamos desgraciar a la criatura. Así que yo que seguía con
mi obsesión, de poner cuernos a diestro y siniestro pues me ponía a cien el
follarme a la mujer de otro. No quería chicas guapas ni espectaculares rubias,
sencillamente follar lo que era de otro y, luego mirarlo por encima del hombro
pensando en el tamaño de sus cuernos.
No tardé en encontrar a una mujer ya entrada en
años. Erika dijo llamarse, venezolana ella, de cuarenta y muchos años.
Era ese tipo de mujer que se dice que quien tuvo retuvo, y sin ser una belleza
espectacular siempre hacía volver la cabeza a los hombres. Me dijo que estaba
allí acompañando a su marido en un viaje de negocios el cual no le hacia ni
caso. Solo pensaba en perseguir jovencitas y pasaba olímpicamente de ella. No
deje escapar la oportunidad y después de unas copas y un poco de charla la
acompañe hasta una caseta de las que se utilizan para cambiarse de traje de
baño, bastante espaciosa y con unos bancos bastante cómodos en el centro.
Allí me senté y ella me bajo el pantalón de las
bermudas. Yo como siempre estaba trempado a tope, con esa mezcla de deseo y
morbo de coger lo que era de otro. Aun tenia la falda azul puesta. Mi boca se
cebo en su pezón derecho. Sus tetas eran grandes, muy grandes. Sentir aquello
en mi boca nublaba mi mente, no hubiese parado nunca si ella no me hubiese
dejado entrever que quería que bajase mas por su cuerpo. La gire y la puse
boca abajo, baje la cremallera de su falda y se la quite. La dejé en pelotas y
ante mi quedó aquel hermoso culo, culo que ese día seria mio. No pude evitar
manosearlo mientras ella se movía lascivamente pidiéndome caña. Mi mano paso
hacia su coño, acariciaba su depilada mata de pelo en un suave ir y venir.
Notaba como se iba poniendo húmeda, cada vez movía mas su caderas, se estaba
poniendo caliente, y yo necesitaba meter mi polla en su cueva.
Al bajar a su entrepierna, noté un gusto que me
hizo notar que no había sido el primero en probar aquel coño ese día. La miré
y se lo dije hasta que ella me contestó:
- Estoy dispuesta a con dos hombres por cada
mujer que el cabrón de mi marido se cepille.
Paro de moverse, se volvió, su lengua ascendía
rozándome la piel del pecho, llego hasta mi oreja y me susurro..
- Montame, quiero que seas mi jinete
particular. Mi culo te llama.
Acto seguido, se puso a cuatro patas, culo en
pompa, aquella imagen era impresionante ese gran culo delante de mi polla.
Podia ver su clítoris húmedo y caliente y, su pelo púbico delicadamente
depilado y al fondo sus grandes tetas apuntando al centro de la tierra.
Encorvó un poco la espalda, mostrando aun mas su abertura, agarre mi polla
como un torero dispuesto a entrar a matar. La situé justo delante, pase mis
dedos por sus labios mayores y con su flujo impregne mi espada. Poco a poco la
iba metiendo, ella levanto su cabeza, la estrechez hacia que fuese con
cuidado, lo que sentía era una mezcla de placer, gusto y poder.
Cada vez se la metía mas rápidamente mientras
la agarraba por las caderas. Mi respiración se alteraba, ella jadeaba y yo
seguía metiéndosela cada vez mas bruscamente. Era mía, yo era quien mandaba, a
ella le gustaba, una de sus manos estaba en su clítoris, frotándolo
repetidamente. Mi polla entraba y salía cada vez mas rápido. Ella gritaba, yo
notaba como el primer chorro de semen iba por mi polla, intentaba retenerlo,
haciéndolo mas duradero y disfrutar mas del placer que aquel culo me
proporcionaba. Ella se retorcía de placer, yo estaba a punto ya, iba a
explotar.
Al momento saqué mi espada y el semen encontró
la salida, me corrí encima suya...
Se dio la vuelta y cogió mi polla y se la
introdujo otra vez en la boca, su calidez y suavidad contrastaba con la
estrechez de su culo, el placer que sentía con mi polla en su boca era
inmenso, mis manos estaban acariciando sus labios internos, rosados, calientes
y mojados.
Así estuvimos casi todos los días. Recuerdo que
en nuestra segunda cita en la caseta, ella me confeso que era una amante de la
penetración anal pero que su marido lo consideraba asqueroso. Al momento ella
se engolosinaba con mi gruesa verga que chupaba con una pasión desbordada. Fué
cuando besé sus nalgas redondas que ella me pidió, me suplicó que la
penetrara en su ano.
No me lo pensé dos veces, después de todo, el
ver su rico culo invitándole a que lo destrozara con mi herramienta, era una
de sus más deseadas fantasías. Entonces, empecé a lamer el área donde
habría de trabajar. Me humedecí un dedo con saliva y lo introduje en el culo
de Erika lentamente. Ella gemía cada vez que mi dedo penetraba más y más
su interior. Con su mano ella acariciaba su clítoris y ante tal estimulación
no tardó mucho en tener un orgasmo formidable. Tan pronto como ella se recobró
de su orgasmo, tomé mi picha, escupí sobre su cabeza y lo guié al precioso
orificio que estaba a punto de ser penetrado.
Sin vaselina ni mas preámbulos se la metí de un
sopetón hasta los huevos, pero ella ni abrió los labios, solo tembló de placer
y pidió mas, así que yo continúe cada vez mas violentamente mientras mi mano
llegaba hasta su coño, haciéndole una monumental paja. Nuestros gemidos se
confundían con el ruido de nuestro cuerpos al chocar. Más y más rápido, con
más y más fuerza... hasta que el final llegó, exploté en su interior. Mi semen
inundó sus intestinos.
Así estuvimos casi todos los días de mi luna de miel, hasta
que volvimos a casa y aunque los cuernos con la venezolana fueron mas grandes
que los de las demás, tampoco aquello me permitió sentirme realizado.