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Mi primo Roberto
Hetero: Primera vez- 2008-03-07 08:32:17
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Era sábado por la tarde, una calurosa tarde de verano. Estaba en casa d e mi abuela, había invitado a unos amigos, para bañarnos en su enorme piscina ya que ella se había ido a pasar unos días fuera. No es que no dejara que nos bañaramos sino que lo que no le gustaba es que invitara a todos mis amigos! Y como no, invité a mi primo, Roberto, hacía tiempo que sentía algo por él, él era un deseo inalcanzable un amor platónico, me encantaba cuando me abrazaba y cuando sentía el calor de sus mejillas en las mías, cuando me saludaba con dos besos.

Cuando me acostaba solía sentir que él se tumbaba a mi lado, se me ponía la piel de gallina cada vez que me imaginaba el calor de su piel, pero era mi primo!!

Ya estabamos casi todos cuando oí el coche de Roberto que aparcaba, se había traído el también a unos amigos. Eran todos mayores que yo, yo sólo tenía 18 años y además sabía que estaban encantados de venir, con todas mis amigas de mi misma edad año arriba, año abajo, casi ninguna habíamos tenido relaciones sexuales todavía.

Nos pasamos toda la tarde en la piscina, jugando, riendo. Yo llevaba ese bañador negro que me queda tan bien, cuando se moja, parece que la tela es brillante, además estaba encantada con él doblemente porque ese año ya había conseguido llenarlo, es increíble como me habían crecido los pechos en tan poco tiempo.

Empezó a oscurecer y la gente empezó a marcharse, hasta que nos quedamos a solas mi primo y yo.

- Roberto, me voy a dar otro baño!

- Vale Judith

Roberto se quedó sentado en una mesa con su ordenador portátil, pero no me quitaba los ojos de encima, aunque intentaba disimularlo cuando le miraba fijamente.

Salí de la piscina y fui hacia él.

-¿que haces? - le dije mientras me acercaba y como quien no quiere la cosa me senté en sus rodillas. En ese instante noté como cierta parte de su cuerpo estaba en tensión, me acomodé un poquito más, justo en el centro quería sentirla.

Le miré fijamente a los ojos y cuando quise darme cuenta estábamos labio contra labio, con mis brazos rodee su cuello y me cogí de su espalda desnuda. Mientras le besaba sentía algo que no había sentido nunca, que mi coñito se dilataba, estaba pidiendo a gritos de él.

Pero me levanté, no podía ser, era mi primo.

Roberto vino hacia mi, se acercó a mi oreja y me dijo: vamos a la piscina.

No podía evitarlo, sus palabras me hechizaban, me rendía al tambor de sus deseos y me tiré a la piscina y él se acercó al bordillo y se quito el bañador, delante de mis ojos, nunca había visto ninguna antes y lo cierto es que me encantaba lo que veía. Se sentó en el bordillo y se metió en el agua, fue caminando hacia mi, y empezó a besarme de nuevo. Cuando quise darme cuenta tenía la espalda en la pared y las manos de Roberto en mis pechos. Emezó a bajarme los tirantes del bañador, y empezó a mordisquear mis pezones, que sensación!!! Se me pone la piel de gallina, mientras siento sus manos sujetando mis pechos por debajo.

Sin soltar uno de mis pezones de entre sus labios empieza a bajarme el bañador.

- Roberto, no lo hagas.

No me hace caso. Empiezo a sentir el agua fresca entre mis piernas. Con suavidad coge mis rodillas y me suve a caballito delante de él, siento como su enorme polla se clava en mi abdomen. Empieza a apretar su pecho contra el mío y desliza su mano por entre mis piernas y empieza a tocarme donde nadie lo ha hecho, con la voz entre cortada le digo que no lo haga.

- Sssssh, me susurra en la oreja.

- Roberto, aún no he estado con ningún chico, ten cuidado por favor.

Siento como la punta de su polla se acerca, empiezo a temblar como una hoja entre sus brazos, pongo mi cabeza apollada en su hombro y lo mismo hace él, estamos super juntos, cuando noto que algo se abre camino.

- Roberto - digo con la voz entrecortada, casi sin fueras, estoy a su voluntad - no - un no, que es un sí en el fondo de mi corazón.

Empezó a empujar con mucha suavidad, pero aún así me dolía, era una mezcla de dolor y placer, cuando de pronto, se paró, y empujó un poco más, algo le estaba haciendo parar, algo me dolía. Empezó a besarme suavemente y puso sus manos en mis caderas, sujetándome con su pecho apollado en el mío y dió un golpe fuerte, en seco!!

Un gemido de placer salió de mi garganta, empezó a moverme en círculos encima de él, para acomodarse aún más dentro de mi, un fino hilo de sangre salía de entre mis piernas, me había desvirgado mi primo.

Sentía sus huevos llenos de leche en mi culo, me asustaba que estuviera haciendomelo a pelo, pero me excitaba. Empezó a moverse. Me tenía bien sujeta a la pared, inmóvilizada. Sentía como entraba y salía de mi, poseyendome, llenándome, le gemía en la oreja, eso hacía que se le endureciera más la polla.

Dejó de hacer presión con su pecho, sólo me sujetaba levemente de la cintura, ahora era yo la que marcaba el ritmo, mi cuerpecito empezaba a contornearse desde la cintura, moviendo la pelvis, con mis manos en los hombros de Roberto y mirándole a los ojos mientras me mordía el labio inferior y jadeaba. Empecé a moverme más rápido y más, no sabía porque, pero tenía que hacerlo, hasta que sentí un escalofrío, seguido por un espasmo, seguía moviendome, estaba apunto, lo notaba, cuando empecé a gemir, los gemidos se convirtieron en gritos, me estaba corriendo en los brazos de Roberto. Echaba la cabeza hacía atrás y me dejaba llevar por lo que me decía mi cuerpo, moverme!!

Pronto sentí unas palpitaciones dentro de mi, no era yo, era la polla de Roberto apunto de estallar, me daba miedo que descargara dentro de mi, le dije que saliera, pero él quería acabar la faena. Sentí como los chorros salían disparados hasta chocar con el fondo de mi cuerpecito. Ya se había corrido pero aún tenía espasmos y me atraía hacie él como si de una muñequita se tratara, una muñequita que podía manejar a su antojo.

Salió de mi con cuidado y salío de la piscina, cogió una toalla y me ayudó a salir mientras me rodeaba con la toalla y me cogía en brazos y dulcemente me llevaba al sofá del porche, allí me quedé dormida en sus brazos.

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