Todo empezó un 26 de Mayo de hace dos años. Iba a ir, como
cada fin de semana al pueblo donde vive mi prima, sobre todo para despejarme de
todos los ajetreos del instituto, y en fin, tomarme un descanso, pero no fui. No
se por que, decidí quedarme. Por aquel entonces, conocí a un chico por internet,
que desde luego me gustaba. Hacía mucho tiempo que hablaba con él y lo conocía
perfectamente, aunque nunca lo había visto. Ese día, quedé con él. Me llamaba
demasiado la curiosidad, y antes, había conocido a muchos otros por internet
pero no había sentido lo mismo que cuando vi a este chico.
Cuando lo vi, me entró un escalofrío por todo el cuerpo. Noté
entonces que me gustaba demasiado y yo a él igual. Era perfecto, un morenazo de
ojos negros, ni muy alto ni muy bajo, ni gordo ni flaco, y sobre todo, simpático
y un poco tímido.
Pasamos toda la tarde hablando de nuestras cosas y, de
repente, él me besó. Me cogió de la mano y me llevó a su casa, que no había
nadie.
Nos seguimos besando, los dos en su cama y acto seguido, él
se quitó la camiseta.
Me fue bajando los tirantes de mi camiseta de tirantes, y me
desabrochó el sujetador todavía sin quitarme la camiseta.
Me empezó a lamer mis pezones, suavemente de arriba a bajo y
a tocarlos con sus suaves dedos. Yo le quité el pantalón y los calzoncillos y
empecé a masturbarlo introduciendo su sexo en mi boca, chupandolo de arriba
abajo. Él me quitó la camiseta y el pantalón. Y empezó a masturbarme. Primero
fue con el dedo, por mi clítoris pero, después, empezó a lamérmelo e hicimos el
69. Yo estaba tan cachonda que cogí un condón de su cajón y se lo puse con la
boca, entonces se puso encima mía y me penetró.
Lo primero que sentí, fue un dolor agudo, pero empezó a
besarme y ese dolor se transformó en placer.
Nos movíamos despacito al principio, aunque luego, cogimos
velocidad y fue un orgasmo intenso el que tuve. Después de que yo me corriera,
me puse encima de él, y empecé a moverme como nunca antes lo había hecho y él se
sintió tan bien, que lanzó un grito de placer.
Cuando acabamos, nos quedamos los dos tumbados en su cama,
besándonos.