MI PRIMERA EXPERIENCIA ORAL (1).
Soy Sara, tengo catorce años, mido 1,59 tengo el pelo castaño
y por los hombros y empiezo a tener una figura de mujer, ya que se nota que voy
cambiando poco a poco. Tengo una amiga que se llama Sonia (de mi misma edad,
morena pelo largo, menos tetas que yo, aunque su cuerpo no se puede despreciar
(creo) y mide 1,56), a la que aprecio mucho, porque en el barrio, a ella y a mí,
casi siempre nos han hecho de lado las chicas, y por consiguiente los chicos
también.
No es porque seamos feas, ya que para nuestros catorce años,
somos unas chicas normales, o por lo menos así nos consideramos, y tampoco
porque no queramos relacionarnos con la gente de nuestra edad del barrio o de
otros grupos, sino porque hay una chica que se llama Cinthya que se ha propuesto
amargarme la vida, dejándome sin amigas en el barrio y en el instituto, que está
cerca de casa, y de paso sin amigos, ya que va diciendo mentiras y tonterías de
mí y de Sonia, que también la ha metido en el saco de sus falsedades, y que es
la única amiga que me ha ayudado siempre.
Así pues, nos hemos hecho amigas, con un lazo muy especial,
tanto, que hemos llegado a intimar mucho, y sea en mi casa o en la suya, hacemos
los deberes, los trabajos, nos hemos llegado a quedar a dormir juntas en una
casa o en otra (aunque hace poco ya nos vamos quedando más en la suya), salimos
juntas a otras zonas de la ciudad, nos hemos contado intimidades, sueños y
fantasías eróticas, nos hemos llegado a dar algún morreo y a tocarnos por encima
de la ropa, y hemos hecho alguna que otra locura, como la que paso a contaros:
Mi amiga Sonia vive con su padre, en un piso pequeño dos
bloques detrás del mío, ya que su madre murió hace un tiempo, y su único
hermano, seis años mayor que ella se marchó hace mucho a trabajar lejos, y sólo
viene de paso. El padre de mi amiga trabaja en una fábrica a turnos, y casi
siempre está fuera, porque cuando no trabaja, se va de bares y vuelve tarde,
borracho y cansado. Y por eso, Sonia hace todo lo que puede en su casa, además
de ir al instituto.
Era una tarde en la que estábamos en su casa, y como era
viernes, no ponían nada especial en la tele, hacía frío en la calle y no
teníamos ganas de salir, propuso que me quedara en su casa. Llamé a mis padres,
y pedí que se pusiera mi madre, que es más comprensiva que mi padre (más
estricto). Me costó poco convencerla para que me quedara, y luego de darle las
gracias a mi mamá, me pidió que no diera guerra que su padre trabajaba mucho,
que hiciera todos los deberes y que mañana (el sábado) tenía que volver antes de
comer, e ir a hacer todo lo que me pidiera de la casa. Se lo prometí y colgué.
El grito de alegría que dimos Sonia y yo y el abrazo con caída en el sofá y
magreo de culo que me dio me puso un poco calentilla.
Hoy vamos a hacer algo especial que tengo pensado desde hace
mucho tiempo – me dijo con cara maliciosa.
¿Qué es?- le contesté con cara de sorpresa.
Algo que siempre he querido probar- y se lanzó contra mí, me
volvió a tumbar en el sofá, y me besó. Se me subió todo a la garganta, se me
erizó el pelo, y empezaba a excitarme. Una mano suya se posó en mis tetas y me
susurró al oído.
No te estarás volviendo lesbiana – le dije cuando me pude
soltar de sus labios.
Creo que no, porque me siguen gustando los tíos del instituto
que te dije– contestó –, pero cada día que pasa me vuelven más loca estas tetas
que tienes- y me cogió otra vez los pechos, y los acarició por encima del jersey
de cuello que llevaba-. ¿Estás dispuesta a hacer lo mismo que yo haga?
Su voz me sonó dura y mandona. Estaba en un estado de
excitación que no podía contestar que no, pero por otro lado, me daba miedo lo
que me pidiera.
Somos amigas, si no confiamos la una en la otra, esto se
acabó, y nos separaremos. Estoy tan excitada como tú, y tengo ganas de probar
una cosa que da vueltas en la cabeza desde hace un tiempo- se explicó
levantándose de encima mío. Se sentó en el sofá y me volvió a preguntar-. ¿Estás
dispuesta Sara?
No sé. Cuéntamelo y decido.
No, porque puede que te rajes. Necesito que lo hagas conmigo
y sin preguntas.
La duda me podía, pero en ese momento habló mi boca por la
excitación que me había puesto.
Venga, vale. ¿Qué es?
No, porque te rajarás.
No me rajaré, te lo prometo.
Si te rajas, me harás los deberes de un mes y me limpiarás y
recogerás mi casa.
¿Y si no, qué?- le contesté con algo de chulería.
Haré lo que quieras- dijo desafiante.
Hecho- contesté, y le tendí mi mano, que al momento chocó con
la suya en un fuerte apretón.
Ya te tengo en el bote- dijo mientras sonreía-. ¡Que bien nos
lo vamos a pasar esta noche!
Por un lado me daba miedo, pero por otro quería saber hasta
dónde sería capaz de llegar. Me levanté y me fui al baño, y cuando estaba
sentada para orinar, apareció ella en la puerta y, con los brazos cruzados
sujetándose las tetas y apoyada en el quicio de la puerta me dijo:
Necesito que me ayudes en todo lo que te pida.
Ok, que quieres.
¿Tienes dinero?
Algo llevo en la mochila ¿por qué?
Te contaré mi plan –dijo mientras yo me levantaba de la taza
y me subía las bragas y el pantalón.
Hace mucho, mi padre llegó a casa tarde y borracho (como casi
siempre), y en vez de irse a la cama, se puso a ver la tele, y cogió uno de esos
canales locales que dan porno por la noche…
¿Has visto tú alguna vez eso? – le pregunté con cara de susto
no me interrumpas, coño. Bueno que le vi a mi padre
haciéndose una paja, pero le costó mucho porque iba borracho. Y lo que más me
llamó la atención fue el chorro blanco de semen que soltó al principio. Quiero
que hoy, si llega a la misma hora, y hace lo mismo, se la chupemos entre las
dos, y comernos ese chorro de semen blanco y espeso
Estaba que no me lo podía creer. Quería que le chupáramos la
polla a su padre. Me daba asco pensarlo, y estaba que me caía del susto. Ella me
vio la cara, el gesto y mi expresión de yo qué se… y dijo:
Si te vas a echar atrás, recuerda la promesa- me dijo
suavemente-, y si lo cumples haré lo que tú quieras.
Vale, no me rajaré y lo haré.
Pero aún hay algo más – me dijo cogiéndome de la mano y
llevándome de nuevo al sofá del salón-. Me gustaría también ver una película
pornográfica contigo, y por eso te he preguntado que si llevas dinero, para que
bajes a alquilarla. Somos amigas y me gustaría que compartiéramos más que una
amistad y unas cuantas confidencias. Me gustaría probar a tu lado esas cosas,
porque somos amigas ¿no?- dijo, poniendo cara de corderita.
No sabía qué contestar, si marcharme corriendo o gritarle que
era una salida. Sabía que si me echaba a atrás pasaría un mes malo, ya que me
tocaría hacer los deberes por partida doble y además, recoger su casa, que no es
que fuera un palacio... Pero en un rincón de mí, también quería saber que se
siente cuando se ven esas películas. Respiré profundamente y le dije:
Vale, pero vamos las dos juntas a alquilarla.
Se le encendió la mirada, me dio un abrazo que casi me ahoga,
y con una risita de grititos, empezó a saltar a mi alrededor. Volvió a abrazarme
y me besó, larga y dulcemente, como siempre había soñado que me besaría el
primer novio que tuviera, pero en realidad era mi mejor y única amiga la que me
estaba dando el beso. Sus manos empezaron a bajar por mi cuerpo. Llegaron a mi
pecho y lo sobaron a conciencia, me estaba calentando. Una mano suya siguió
camino abajo por mi cuerpo y se posó en mi culo, y lo comenzó a estrujar. Mi
calentón era ya increíble, y comencé a hacer lo mismo con ella, sobándole sus
tetitas por encima del suéter rojo. Los besos se sucedían, y estaba ya empapando
mis braguitas. Cuando se detuvo, abrí los ojos y vi su tierna mirada fundiéndose
con la mía.
Vamos a por la película – me susurró.
Nos arreglamos la ropa y nos fuimos a por la película, pero
lejos del barrio, para evitar la tortura verbal de Cinthya y la vergüenza de
sacar esa película en el video-club del barrio. La chica del video-club al que
fuimos nos miró con cara rara, y cuando nos pidió el carnet, Sonia sacó una
fotocopia en color de un carnet falsificado. La chica no dijo nada y sacamos la
película. Camino a casa de Sonia, iba excitada y confusa No sabía lo que iba a
pasar, pero no podía echarme atrás ya.
Cuando llegamos a su casa, puso la calefacción a tope. Nos
quitamos el abrigo y nos sentamos excitadas en el sofá. Puso la película en el
video y comenzó la fiesta particular. Era de una tía que estaba perseguida por
unos mafiosos. En su intento de huida de ellos, cada vez que pedía ayuda a
alguien, fuera mujer o hombre o grupo, tenía que satisfacerlos sexualmente. Me
estaba empezando a calentar, cuando sentí una mano que me estaba acariciando, y
mi mirada se cruzó con la de Sonia, que estaba muy caliente. Me sobó entera, y
me estrujó todo lo que pudo. El calor interno y la calefacción comenzaron a
hacer efecto, y cuando Sonia me quitó el jersey no protesté. Me quedé con un
sujetador rosa que cubría mis tetas, y ella comenzó a acariciarlas mientras veía
la película. Siguió su excursión por mi cuerpo, y comenzó a meterme mano por
encima del pantalón, que a los cinco minutos de sobarlo, me lo quitó, y tampoco
protesté. Estaba absorta en la película, en cómo se follaban a la protagonista,
cómo comía polla, y como chupaba los coños de las personas que la ayudaban.
Sonia ya metía su mano dentro de mis braguitas a juego con mi sujetador, y yo no
protestaba, estaba disfrutando y ella lo sabía, porque mi respiración me
delataba.
En esa estaba la protagonista con una rubia, chupándole el
coño y metiéndole un dedo en su coño, cuando Sonia se acercó más a mi cuerpo,
corrió a un lado mis braguitas y comenzó a comerme el coño. Nunca antes había
experimentado tal sensación, que hizo que me derritiera por dentro. Era
increíble lo bien que se podía sentir una cuando le comen el coño.Primero lo
lamió con la punta de la lengua, luego le pasó la lengua entera y por último me
sorbió el clítoris. Me arrancó un gemido de placer, que se tuvo que escuchar
hasta en mi casa. Comencé a jadear y a mover mi pelvis con cada caricia suya. Me
estaba empapando entera con esa comida de coño que me estaba dando. Se levantó y
se arrodilló delante de mi. Me quitó las bragas y las tiró por ahí. Me abrió de
piernas y me dijo
Disfruta.
No podía quitar ojo a lo que me estaba haciendo, ni podía
quitar ojo a la película. Estaba disfrutando mucho. Mis manos, como poseídas,
comenzaron a pellizcar mis pezones, me estaba volviendo loca, gemía y gritaba
como nunca. La boca y la lengua de Sonia comenzaron a pasar por mi clítoris como
si se lo quisiera tragar, y por mi entrada como si quisiera penetrarme con su
lengua. No aguantaba más. Estaba que me caía del placer. Apreté su cabeza contra
mi sexo y comencé a correrme por primera vez en mi vida. Fue algo espectacular,
estuve convulsionándome casi medio minuto. Mis gritos y jadeos eran sonoros. No
quería que se apartara nunca de ahí, pero llegó un momento en que ya empezaba a
sentir molestia y la aparté. Tenía la boca húmeda pringosa, el pelo alborotado
por mis manos, la mirada clavada en mí, y jadeaba como yo, ya que una de sus
manos estaba dentro de su pantalón.
¡Qué pasada! – le dije cuando pude recuperar el aliento.
Pues ahora te toca a ti – me dijo. Y al momento se quitó toda
la ropa. Puede contemplar unas tetas pequeñas pero firmes, con un pezón pequeño
y duro, y una aureola oscura y pequeña también. Un cuerpo delgado y blanquecino,
que resaltaba su melena morena, y un sexo con poco pelo, debido a que se lo
tenía que haber afeitado-. Ahora quiero disfrutar yo.
Se sentó en el sofá abierta de piernas, me puso entre ellas,
y me acercó a sus labios. Me besó y sentí el sabor de mi sexo en su boca. Me
embriagó esa sensación, su lengua, que acababa de estar en mi coño, recorriendo
mi boca por dentro. Me calentaba cada vez más, y me dejaba llevar por mi amiga.
Me fue bajando poco a poco, y yo, recorría con mi lengua su cuello, su busto y
llegué hasta sus tetas, que me comí glotonamente. Pasé mi lengua por sus pezones
y los succionaba con mis labios, jugaba con mi lengua a golpearlos, a lamerlos,
y poco a poco, mis manos se iban acercando a su conejo empapado de jugos. Mi
amiga gemía y se sobaba las tetas, no hacía caso de la película y sólo se
dedicaba a sobarse ella y mi pelo. Me fui bajando poco a poco hacia su vientre,
que saboreé mucho, y cuando llegué a su monte de Venus, saqué mi lengua y
comencé a comérmelo como ella lo había hecho, y eso que lo tenía reciente en mi
mente. Sorbí y lamí como recordaba que ella me lo había hecho. Comí su coño con
dulzura y con pasión. Ella me guiaba la cabeza me decía cómo lo tenía que hacer,
cómo se lo tenía que coger, y cuando llevaba un rato comiéndome ese coño
delicioso, me hizo lo mismo que antes le hice yo, sujetó mi cabeza fuerte contra
su sexo y se corrió sonoramente, con gritos y gemidos, espasmos y movimientos.
Cuando acabó, me subió hasta su cara, me besó fuertemente, me estrujó una teta y
me dijo, jadeante todavía
Eres genial Sara, y por eso te quiero. Espero que sigamos
siendo buenas amigas-. Y me volvió a besar.
Yo estaba algo desconcertada con todo lo que había pasado,
pero con la calentura que tenía, no podía pensar bien. Seguía dándome besos y
sobándome con Sonia cuando miré el reloj y ví que eran casi las nueve. Su padre
saldría de trabajar dentro de una hora. Me levanté y le dije con prisa.
¡Oye, tú! ¡Que tu padre está a punto de llegar, vamos a
vestirnos y a guardar la película!
CONTINUARÁ…