Mi nuevo vecino
Como lo he narrado en otras oportunidades, he sido una chica
muy ardiente desde muy corta edad y muy precoz en cuanto a mi desarrollo físico.
Descubrí los secretos de mi sexo a los 10 años con mis toques íntimos y desde
entonces no he dejado de masturbarme. Lo que les contaré sobre la pérdida de mi
virginidad sucedió a mis 14 años. En la actualidad tengo 23, profesional con
buena situación económica, soltera y sin compromisos sentimentales. Mi
desarrollo físico ha sido muy benevolente conmigo y desde muy joven siempre he
aparentado más edad de la que realmente he tenido, por eso, a los 14 ya se me
estaba formando un cuerpo muy hermoso, con largas piernas, un culito muy bien
contorneado y paradito y unos senos ya redondos que se anunciaban muy
exquisitos, lo que me hacía aparentar una niña de más de 16 años de edad, segura
de mi misma y con cierta madurez. Antes de que mis padres se divorciaran, la
vida familiar era muy holgada y próspera. La clásica familia clase media
profesional, con buena casa, autos y las comodidades que brinda este medio
social, incluyendo, por supuesto, vivir en una buena urbanización.
Bien, todo comenzó el día de mi 14 cumpleaños cuando mami
invitó a una amiga y su familia recién mudada al vecindario, con quien mamá ya
había hecho amistad en días anteriores.
La noche de la fiesta, la que celebramos en el amplio patio
de cesped que bordea la casa, se apareció la familia a que hago referencia,
compuesta por una señora muy atractiva y su hijo único, Raúl. Desde el momento
que ví a éste chico me impacto enormemente; un adolescente de 17 años de edad,
con porte atlético, alto, bien parecido y muy sexy.
Durante el transcurso de la fiesta Raúl y yo bailamos y
charlamos con mucha cordialidad. Nos sentíamos muy bien juntos. Le conté sobre
mí y él de su vida, confesándome lo que no quería escuchar, que tenía novia, la
hija de un colega de su padre médico a la que conocía desde muy niño. Eso me
sonó a compromiso entre ambos haciéndome sentir totalmente frustrada y
desilusionada. Desde ese instante mis alas arrastraban por el piso.
En los días siguientes me sentía muy mal, es por eso que no
quise ver más a Raúl como el hombre de mis sueños, si no como un amigo, decisión
que luchaba conmigo misma por borrar de mi mente esa ilusión de niña enamorada,
a pesar del esfuerzo que eso significaba para una adolescente que había sido
flechada en el primer momento. Sin embargo, seguía aferrada a una puerta
esperanzadora de que las cosas pudieran cambiar. Para suerte mía, él estudiaba
en el mismo liceo donde yo estaba. Yo en el segundo año y él ya en el último. En
el liceo, Raúl era el clásico chico destacado en todo: buen estudiante, buen
amigo y compañero de clase, admirado por todos y sobre todo por las chicas, y un
excelente baskebolista, líder del equipo de la escuela. Yo intentaba hacer
contacto con él de cualquier manera, pero como siempre, con la mala suerte de
que su novia no se despegaba de él en ningún momento, Claro, cómo se iba a
despegar si estudiaban en el mismo salón. Se veían muy enamorados. Diríamos que
eran la envidia de muchos.
Ya sin esperanza me resigné a no conquistarlo. Sentí que era
imposible lograr ese propósito, aunque siempre conversábamos por teléfono para
saludarnos o hablar sobre cualquier cosa de poco interés, donde siempre se
colaba el eterno tema de su novia Miriam, lo que me hacía rabiar como loca,
hasta que una tarde me llamó para invitarme a conocer el último videojuego que
su papá le había traído. Me dio un salto en el corazón escuchar su invitación,
preguntándome a mi misma si esa seria la oportunidad por tanto tiempo deseada.
Aunque no quise ilusionarme del todo, acepte su invitación. En un par de horas
ya me estaba recogiéndome en mi casa.
Con pocas esperanzas de que pudiera pasar algo especial entre
los dos, me preparé para la cita sin dejar de hacerlo con alguna picardía y mala
intención, albergando la esperanza de que se olvidara por momento de su
"amorcito lindo", como el mismo la llamaba, y cediera a mis encantos. Escogí una
minifalda verde, parecidas a las que usamos para la escuela que casi dejaba al
desnudo la totalidad de mis hermosos muslos; la apropiada para una casería de
altura y para mostrar algunos de mis sensuales atributos íntimos, apenas
cubiertos por una pequeña tanguita. Igualmente, me puse una franelita color
limón claro, tan ajustada a mi cuerpo que hacía que se notaran un par de
redondos y firmes senos, libres de todo sostén que miraban al cielo y hacían
destacar los dos botoncitos que los adorna. Me saboreaba cuando me admiraba al
espejo. ¡Estaba lista para el ataque!
Ya en casa de Raúl, después de cumplir con los formalismos
iniciales, pasamos al estudio, lugar profesionalmente decorado y adaptado como
salón de entretenimiento con todo tipo de aparatos, tales como VCR., TV,
videojuegos, equipo de sonido stereo y un par de mullidos sofás. No podía
esperar mejor ambiente para mis eróticos propósitos que éste tan bien diseñado
lugar. Sobre el piso, una gruesa alfombra roja vino tinto de trenzas largas,
donde se hundían mis pies, le daba el toque sexy a la habitación. Nos
encontrábamos solos ya que sus padres atendían el consultorio de su propiedad y
no regresarían sino pasadas las 9 de la noche, así que no hasta sus padres
conspiraban a favor de mi objetivo.
Mientras me ponía cómoda en uno de los sofás, Raúl encendía
el reproductor con el que empezamos a disfrutar de la buena música de su
colección de rock, que servía de marco ambiental a la amena charla que habíamos
iniciado sobre diferentes tópicos. Tenía que buscar la manera de tomar la
iniciativa y provocar los acontecimientos antes de que llegara al tema del
videojuego, el motivo de la invitación a su casa. O Raúl era un poco tímido e
insensible o yo no le interesaba para otra cosa que no fuera para una amistad,
ya que no daba señales de llevar la conversación al romanticismo, sexo o a algo
parecido. A mí si me interesaba él como hombre y como mi pareja; esa había sido
la intención de mi visita a su casa y no estaba dispuesta a perder esa
oportunidad. A pesar de mi firme decisión me estaba algo nerviosa, con una
sensación de mariposas revoloteando en mi estómago que no cesaba. Creo que me
había enamorado.
Entonces, antes de que Raúl pusiera a funcionar el fastidioso
videojuego, me levanté del sofá para sentarme en el piso con la excusa de
chequear la colección de discos que ahí había. "Ven, siéntate junto a mi, vamos
a ver qué de bueno tienes aquí" le dije. Así lo hizo. Yo aproveché la situación
para acomodarme de manera tal que quedara frente a él. Sentada sobre la roja
alfombra en posicin de yoga, me ubiqu de manera tal que pudiera
brindarle un panorama de mis muslos que derretiría al más indiferente y
frío de los hombres. Todo su interior quedaba expuesto ante él y al final de
ellos, discretamente se podía ver mi velludita vulvita, solo cubierta por una
franja blanca transparente de la panty que se enterraba, en parte, entre los
labios vaginales. De solo pensar en esa situación ya me estaba algo excitada,
con cierto humedecimiento en mi vagina. El intenso revoloteo de las mariposas no
paraba en mi vientre
Mientras Raúl insistía en hablar de su novia, -que cuánto la
quería desde niño, que qué chica tan buena y dulce, que yo tendría que conocerla
y hacerme buena amiga de ella, que cuando iríamos al cine o a la disco con ella
y que por qué yo no tenía novio- ¡QUE FASTIDIO!, yo intentaba atraer su atención
hacia lo que le estaba mostrando. El seguía impávido como si nada, como si mis
muslos y la pantaletica que se exhibía en su interior no existieran. Pensando
que esa estrategia no estaba funcionando, decidí tomar más control de la
situación cambiando el tema de conversación hacia un viejo álbum musical de los
Beatles, que estaba sobre la alfombra. Tomándolo entre mis manos, rápidamente me
moví hacia él de manera que mi minúscula falda al agitarse dejara al descubierto
parte de mi tanguita y mis nalgas. Muy inquieta me ubique a su lado, muy cerca
de él, con mi muslo muy pegado a su pierna y con la excusa de que me tradujera
el texto de presentación en inglés de la carátula del disco. Como él vestía un
short deportivo podía sentir la desnudez de su carne al contacto de mi muslo.
¡Que excitante ese instante de piel con piel! Uno de mis senos rozaba su brazo,
presionándolos delicadamente sobre su piel.
La emoción que la situación me estaba provocando hizo que mis
pezones comenzaran a brotar como pequeños capullos en flor, impulsados sobre
todo por la reacción de Raúl que ya empezaba a hacerse presente, dado el
nerviosismo que se hacía notar por el resquebrajamiento de sus palabras al
traducir el texto del álbum. Yo temía que me rechazara, pero por el contrario,
él no dio muestra de querer evadir la cercanía de mi cuerpo al suyo, y sin
aflojar la presa que ya tenía entre mis garras, aproveche el momento a mi favor
para unir más mi muslo y mi seno a su cuerpo, teniendo cuidado de que la
atención sobre el disco no se fuera a perder del todo o que se apartara de
repente de mi.
Mis pezones ya se habían extendidos al máximo pujando sobre
la franela, como si quisieran liberarse de esa muralla de tela que los mantenían
represados. Los rozaba maliciosamente sobre su brazo, situación que excitaban
mucho más a las inquietas mariposas que se agitaban incontrolables en mi
estómago y a la vez, comenzaba a humedecer mi virginal vagina.
Nuestras caras estaban casi juntas, podía sentir el calor de
su mejilla en la mía. Tenía miedo de apresurarme o de cometer algún error para
no romper el encanto mágico que se estaba presentando. Avanzando con mayor
audacia coloque mi mano sobre su muslo. El se quedó tranquilo, no sé si por
pena, timidez o indiferencia, pero si estaba segura que mi ataque estaba
surtiendo efecto y que él ya no podría ignorarlo más. Su piel se iba poniendo
cada vez más cálida y la mía de pellejo de gallina, con deliciosos escalofríos
que recorrían mi columna. Para mi sorpresa sentí la mano de Raúl posarse sobre
la mía; de inmediato se la tome entrelazando mis dedos con los suyos llevándola,
sin pérdida de tiempo, a mi pierna para, de esa manera, deslizar sobre mi cálido
muslo. Nos miramos frente a frente. Un inmenso silencio dominó el ambiente.
Fueron segundos muy largos e intensos, de total emoción y excitación para los
dos. Nuestros labios se acercaban lentamente y nuestras bocas se iban abriendo
para entregarse en un apasionado beso que agitó mi alma. No podía evitar el
sudor que empapaba la palma de mis manos, producto de la emoción y nerviosismo
que estaba experimentando y que incrementaba el palpitar de mi pecho, Nuestras
lenguas se buscaron, se encontraron, danzando dentro de nuestras bocas.
Raúl había superado su inquietud y timidez tomando la
situación en sus manos. De igual manera, mi nerviosismo cedió ante la llegada de
la pasión que me hacía perder los sentidos. Era una entrega total y ya no me
preocupaba la inminente pérdida de mi virginidad. Nunca había deseado a un chico
de esa manera como a Raúl. Tendida sobre la mullida alfombra, mis piernas se
aflojaron ante la incontenible arremetida de sus caricias, que aunque un poco
toscas, me producían mucho placer. Mordía mis senos, mis pezones y su mano,
instalada dentro de mi tanga, acariciaba mi vagina buscando penetrar sus dedos
dentro del ya mojado tierno canal. La excitación que estaba sintiendo era de tal
magnitud que no le di importancia a su manera inexperta y brusca de acariciarme.
Todo lo contrario, mis muslos se separaron para permitir el acoplamiento del
cuerpo de Raún entre ellos.
Tal era la desesperación del chico que ni siquiera se
desvistió. Su pene, duro y erecto como grueso mástil brotaba del pantalón. ¡Qué
enorme instrumento! Si en el mundo existe un único ejemplar de su tipo, ese era
el pene de Raúl; de una longitud difícil de imaginar y de un grosor tal que
hacía que faltaran dedos para cubrirlo con la mano. ¡Eso no era un pene!… era un
enorme animal de gigante cabeza nacarada con brotadas venas palpitantes.
Abrí más mis piernas para facilitar la penetración, la que
esperaba emocionadamente excitada en pocos segundos. Vi como tomó entre su mano
aquel hermoso ejemplar llevándolo a la entrada de mi pequeña y hambrienta
cuquita. Su manera torpe de manejarlo entre los labios retardaba la penetración,
a pesar de los empujones que daba con su cuerpo, hasta que al fin logró insertar
un par de centímetros. Sentí el placer de aquel enorme glande deslizarse entre
los labios pero un descomunal dolor me hizo dar el más desgarrador grito. Más
que placer sentía un daga ardiente quemar mi vagina cuando de solo golpe llegó a
lo profundo como si quisiera atravesar mi adolescente cuerpo. Lloraba; gritaba y
pataleaba retorciéndome desesperada intentando expulsar de mi herido y sangrante
canal aquella monstruosidad que invadía violentamente mis entrañas, pero la
fuerza del musculoso cuerpo de Raúl pudo más. Parecía como poseído por mil
demonios quien apoyado sobre sus rodillas tomó mis piernas abiertas para
llevarlas contra mi pecho. En esa posición incrementó la arremetida de su pene,
taladrándome, esta vez, sin contemplación alguna. Mi resistencia y pataleo
continuaba sin parar en un intento sobrenatural por quitarme de encima a Raúl,
pero un par de fuertes bofetadas que sacudió mi cara logró inmovilizarme. No
quise continuar con mi rechazo y entregada e inmóvil dejé que terminara de
violarme. Raúl jadeaba como perro rabioso mientras subía el ritmo de aquel
hiriente entra y saca, hasta que un ahogado gemido anunciaba el final de aquella
terrible pesadilla. Un chorro de semen caliente que bañaba por borbollones mis
paredes internas inundó mi vagina, impulsado por las espasmódicas convulsiones
de Raúl.
Aquel pesado cuerpo quedó tendido sobre el mío, jadeante y
sudoroso, con su pene aún palpitante dentro de mi. Esa tarde se había escapado
de mi alma la castidad que por años mantuve, llevándose consigo las ilusiones de
la adolescencia. El cristal roto de mis ilusiones se había destrozado en mil
pedazos que nunca más se volverían a juntar, lo que dificultaba para siempre que
el amor varonil se hiciera presente el resto de mis días. Con la misma intensa y
ardiente pasión como estuve amando a Raúl, de la misma manera ese fuego se
convirtió en el más frío de los témpanos. Mi amor por él quedó regado en la
mezcla de sangre y semen que manchaba la alfombra.
LuzMar
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