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Mi nuevo vecino
Hetero: Primera vez- 2008-07-02 00:05:11
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Mi nuevo vecino

Como lo he narrado en otras oportunidades, he sido una chica muy ardiente desde muy corta edad y muy precoz en cuanto a mi desarrollo físico. Descubrí los secretos de mi sexo a los 10 años con mis toques íntimos y desde entonces no he dejado de masturbarme. Lo que les contaré sobre la pérdida de mi virginidad sucedió a mis 14 años. En la actualidad tengo 23, profesional con buena situación económica, soltera y sin compromisos sentimentales. Mi desarrollo físico ha sido muy benevolente conmigo y desde muy joven siempre he aparentado más edad de la que realmente he tenido, por eso, a los 14 ya se me estaba formando un cuerpo muy hermoso, con largas piernas, un culito muy bien contorneado y paradito y unos senos ya redondos que se anunciaban muy exquisitos, lo que me hacía aparentar una niña de más de 16 años de edad, segura de mi misma y con cierta madurez. Antes de que mis padres se divorciaran, la vida familiar era muy holgada y próspera. La clásica familia clase media profesional, con buena casa, autos y las comodidades que brinda este medio social, incluyendo, por supuesto, vivir en una buena urbanización.

Bien, todo comenzó el día de mi 14 cumpleaños cuando mami invitó a una amiga y su familia recién mudada al vecindario, con quien mamá ya había hecho amistad en días anteriores.

La noche de la fiesta, la que celebramos en el amplio patio de cesped que bordea la casa, se apareció la familia a que hago referencia, compuesta por una señora muy atractiva y su hijo único, Raúl. Desde el momento que ví a éste chico me impacto enormemente; un adolescente de 17 años de edad, con porte atlético, alto, bien parecido y muy sexy.

Durante el transcurso de la fiesta Raúl y yo bailamos y charlamos con mucha cordialidad. Nos sentíamos muy bien juntos. Le conté sobre mí y él de su vida, confesándome lo que no quería escuchar, que tenía novia, la hija de un colega de su padre médico a la que conocía desde muy niño. Eso me sonó a compromiso entre ambos haciéndome sentir totalmente frustrada y desilusionada. Desde ese instante mis alas arrastraban por el piso.

En los días siguientes me sentía muy mal, es por eso que no quise ver más a Raúl como el hombre de mis sueños, si no como un amigo, decisión que luchaba conmigo misma por borrar de mi mente esa ilusión de niña enamorada, a pesar del esfuerzo que eso significaba para una adolescente que había sido flechada en el primer momento. Sin embargo, seguía aferrada a una puerta esperanzadora de que las cosas pudieran cambiar. Para suerte mía, él estudiaba en el mismo liceo donde yo estaba. Yo en el segundo año y él ya en el último. En el liceo, Raúl era el clásico chico destacado en todo: buen estudiante, buen amigo y compañero de clase, admirado por todos y sobre todo por las chicas, y un excelente baskebolista, líder del equipo de la escuela. Yo intentaba hacer contacto con él de cualquier manera, pero como siempre, con la mala suerte de que su novia no se despegaba de él en ningún momento, Claro, cómo se iba a despegar si estudiaban en el mismo salón. Se veían muy enamorados. Diríamos que eran la envidia de muchos.

Ya sin esperanza me resigné a no conquistarlo. Sentí que era imposible lograr ese propósito, aunque siempre conversábamos por teléfono para saludarnos o hablar sobre cualquier cosa de poco interés, donde siempre se colaba el eterno tema de su novia Miriam, lo que me hacía rabiar como loca, hasta que una tarde me llamó para invitarme a conocer el último videojuego que su papá le había traído. Me dio un salto en el corazón escuchar su invitación, preguntándome a mi misma si esa seria la oportunidad por tanto tiempo deseada. Aunque no quise ilusionarme del todo, acepte su invitación. En un par de horas ya me estaba recogiéndome en mi casa.

Con pocas esperanzas de que pudiera pasar algo especial entre los dos, me preparé para la cita sin dejar de hacerlo con alguna picardía y mala intención, albergando la esperanza de que se olvidara por momento de su "amorcito lindo", como el mismo la llamaba, y cediera a mis encantos. Escogí una minifalda verde, parecidas a las que usamos para la escuela que casi dejaba al desnudo la totalidad de mis hermosos muslos; la apropiada para una casería de altura y para mostrar algunos de mis sensuales atributos íntimos, apenas cubiertos por una pequeña tanguita. Igualmente, me puse una franelita color limón claro, tan ajustada a mi cuerpo que hacía que se notaran un par de redondos y firmes senos, libres de todo sostén que miraban al cielo y hacían destacar los dos botoncitos que los adorna. Me saboreaba cuando me admiraba al espejo. ¡Estaba lista para el ataque!

Ya en casa de Raúl, después de cumplir con los formalismos iniciales, pasamos al estudio, lugar profesionalmente decorado y adaptado como salón de entretenimiento con todo tipo de aparatos, tales como VCR., TV, videojuegos, equipo de sonido stereo y un par de mullidos sofás. No podía esperar mejor ambiente para mis eróticos propósitos que éste tan bien diseñado lugar. Sobre el piso, una gruesa alfombra roja vino tinto de trenzas largas, donde se hundían mis pies, le daba el toque sexy a la habitación. Nos encontrábamos solos ya que sus padres atendían el consultorio de su propiedad y no regresarían sino pasadas las 9 de la noche, así que no hasta sus padres conspiraban a favor de mi objetivo.

Mientras me ponía cómoda en uno de los sofás, Raúl encendía el reproductor con el que empezamos a disfrutar de la buena música de su colección de rock, que servía de marco ambiental a la amena charla que habíamos iniciado sobre diferentes tópicos. Tenía que buscar la manera de tomar la iniciativa y provocar los acontecimientos antes de que llegara al tema del videojuego, el motivo de la invitación a su casa. O Raúl era un poco tímido e insensible o yo no le interesaba para otra cosa que no fuera para una amistad, ya que no daba señales de llevar la conversación al romanticismo, sexo o a algo parecido. A mí si me interesaba él como hombre y como mi pareja; esa había sido la intención de mi visita a su casa y no estaba dispuesta a perder esa oportunidad. A pesar de mi firme decisión me estaba algo nerviosa, con una sensación de mariposas revoloteando en mi estómago que no cesaba. Creo que me había enamorado.

Entonces, antes de que Raúl pusiera a funcionar el fastidioso videojuego, me levanté del sofá para sentarme en el piso con la excusa de chequear la colección de discos que ahí había. "Ven, siéntate junto a mi, vamos a ver qué de bueno tienes aquí" le dije. Así lo hizo. Yo aproveché la situación para acomodarme de manera tal que quedara frente a él. Sentada sobre la roja alfombra en posicin de yoga, me ubiqu de manera tal que pudiera brindarle un panorama de mis muslos que derretiría al más indiferente y frío de los hombres. Todo su interior quedaba expuesto ante él y al final de ellos, discretamente se podía ver mi velludita vulvita, solo cubierta por una franja blanca transparente de la panty que se enterraba, en parte, entre los labios vaginales. De solo pensar en esa situación ya me estaba algo excitada, con cierto humedecimiento en mi vagina. El intenso revoloteo de las mariposas no paraba en mi vientre

Mientras Raúl insistía en hablar de su novia, -que cuánto la quería desde niño, que qué chica tan buena y dulce, que yo tendría que conocerla y hacerme buena amiga de ella, que cuando iríamos al cine o a la disco con ella y que por qué yo no tenía novio- ¡QUE FASTIDIO!, yo intentaba atraer su atención hacia lo que le estaba mostrando. El seguía impávido como si nada, como si mis muslos y la pantaletica que se exhibía en su interior no existieran. Pensando que esa estrategia no estaba funcionando, decidí tomar más control de la situación cambiando el tema de conversación hacia un viejo álbum musical de los Beatles, que estaba sobre la alfombra. Tomándolo entre mis manos, rápidamente me moví hacia él de manera que mi minúscula falda al agitarse dejara al descubierto parte de mi tanguita y mis nalgas. Muy inquieta me ubique a su lado, muy cerca de él, con mi muslo muy pegado a su pierna y con la excusa de que me tradujera el texto de presentación en inglés de la carátula del disco. Como él vestía un short deportivo podía sentir la desnudez de su carne al contacto de mi muslo. ¡Que excitante ese instante de piel con piel! Uno de mis senos rozaba su brazo, presionándolos delicadamente sobre su piel.

La emoción que la situación me estaba provocando hizo que mis pezones comenzaran a brotar como pequeños capullos en flor, impulsados sobre todo por la reacción de Raúl que ya empezaba a hacerse presente, dado el nerviosismo que se hacía notar por el resquebrajamiento de sus palabras al traducir el texto del álbum. Yo temía que me rechazara, pero por el contrario, él no dio muestra de querer evadir la cercanía de mi cuerpo al suyo, y sin aflojar la presa que ya tenía entre mis garras, aproveche el momento a mi favor para unir más mi muslo y mi seno a su cuerpo, teniendo cuidado de que la atención sobre el disco no se fuera a perder del todo o que se apartara de repente de mi.

Mis pezones ya se habían extendidos al máximo pujando sobre la franela, como si quisieran liberarse de esa muralla de tela que los mantenían represados. Los rozaba maliciosamente sobre su brazo, situación que excitaban mucho más a las inquietas mariposas que se agitaban incontrolables en mi estómago y a la vez, comenzaba a humedecer mi virginal vagina.

Nuestras caras estaban casi juntas, podía sentir el calor de su mejilla en la mía. Tenía miedo de apresurarme o de cometer algún error para no romper el encanto mágico que se estaba presentando. Avanzando con mayor audacia coloque mi mano sobre su muslo. El se quedó tranquilo, no sé si por pena, timidez o indiferencia, pero si estaba segura que mi ataque estaba surtiendo efecto y que él ya no podría ignorarlo más. Su piel se iba poniendo cada vez más cálida y la mía de pellejo de gallina, con deliciosos escalofríos que recorrían mi columna. Para mi sorpresa sentí la mano de Raúl posarse sobre la mía; de inmediato se la tome entrelazando mis dedos con los suyos llevándola, sin pérdida de tiempo, a mi pierna para, de esa manera, deslizar sobre mi cálido muslo. Nos miramos frente a frente. Un inmenso silencio dominó el ambiente. Fueron segundos muy largos e intensos, de total emoción y excitación para los dos. Nuestros labios se acercaban lentamente y nuestras bocas se iban abriendo para entregarse en un apasionado beso que agitó mi alma. No podía evitar el sudor que empapaba la palma de mis manos, producto de la emoción y nerviosismo que estaba experimentando y que incrementaba el palpitar de mi pecho, Nuestras lenguas se buscaron, se encontraron, danzando dentro de nuestras bocas.

Raúl había superado su inquietud y timidez tomando la situación en sus manos. De igual manera, mi nerviosismo cedió ante la llegada de la pasión que me hacía perder los sentidos. Era una entrega total y ya no me preocupaba la inminente pérdida de mi virginidad. Nunca había deseado a un chico de esa manera como a Raúl. Tendida sobre la mullida alfombra, mis piernas se aflojaron ante la incontenible arremetida de sus caricias, que aunque un poco toscas, me producían mucho placer. Mordía mis senos, mis pezones y su mano, instalada dentro de mi tanga, acariciaba mi vagina buscando penetrar sus dedos dentro del ya mojado tierno canal. La excitación que estaba sintiendo era de tal magnitud que no le di importancia a su manera inexperta y brusca de acariciarme. Todo lo contrario, mis muslos se separaron para permitir el acoplamiento del cuerpo de Raún entre ellos.

Tal era la desesperación del chico que ni siquiera se desvistió. Su pene, duro y erecto como grueso mástil brotaba del pantalón. ¡Qué enorme instrumento! Si en el mundo existe un único ejemplar de su tipo, ese era el pene de Raúl; de una longitud difícil de imaginar y de un grosor tal que hacía que faltaran dedos para cubrirlo con la mano. ¡Eso no era un pene!… era un enorme animal de gigante cabeza nacarada con brotadas venas palpitantes.

Abrí más mis piernas para facilitar la penetración, la que esperaba emocionadamente excitada en pocos segundos. Vi como tomó entre su mano aquel hermoso ejemplar llevándolo a la entrada de mi pequeña y hambrienta cuquita. Su manera torpe de manejarlo entre los labios retardaba la penetración, a pesar de los empujones que daba con su cuerpo, hasta que al fin logró insertar un par de centímetros. Sentí el placer de aquel enorme glande deslizarse entre los labios pero un descomunal dolor me hizo dar el más desgarrador grito. Más que placer sentía un daga ardiente quemar mi vagina cuando de solo golpe llegó a lo profundo como si quisiera atravesar mi adolescente cuerpo. Lloraba; gritaba y pataleaba retorciéndome desesperada intentando expulsar de mi herido y sangrante canal aquella monstruosidad que invadía violentamente mis entrañas, pero la fuerza del musculoso cuerpo de Raúl pudo más. Parecía como poseído por mil demonios quien apoyado sobre sus rodillas tomó mis piernas abiertas para llevarlas contra mi pecho. En esa posición incrementó la arremetida de su pene, taladrándome, esta vez, sin contemplación alguna. Mi resistencia y pataleo continuaba sin parar en un intento sobrenatural por quitarme de encima a Raúl, pero un par de fuertes bofetadas que sacudió mi cara logró inmovilizarme. No quise continuar con mi rechazo y entregada e inmóvil dejé que terminara de violarme. Raúl jadeaba como perro rabioso mientras subía el ritmo de aquel hiriente entra y saca, hasta que un ahogado gemido anunciaba el final de aquella terrible pesadilla. Un chorro de semen caliente que bañaba por borbollones mis paredes internas inundó mi vagina, impulsado por las espasmódicas convulsiones de Raúl.

Aquel pesado cuerpo quedó tendido sobre el mío, jadeante y sudoroso, con su pene aún palpitante dentro de mi. Esa tarde se había escapado de mi alma la castidad que por años mantuve, llevándose consigo las ilusiones de la adolescencia. El cristal roto de mis ilusiones se había destrozado en mil pedazos que nunca más se volverían a juntar, lo que dificultaba para siempre que el amor varonil se hiciera presente el resto de mis días. Con la misma intensa y ardiente pasión como estuve amando a Raúl, de la misma manera ese fuego se convirtió en el más frío de los témpanos. Mi amor por él quedó regado en la mezcla de sangre y semen que manchaba la alfombra.

LuzMar

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