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Mi novia es experta en mamarlo
Hetero: General-
2008-05-14 00:05:12
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Con mi novia llevábamos más
o menos un año de relación y desde el primer mes habíamos
tenido relaciones sexuales. Estás eran bastante satisfactorias y
en cada encuentro mínimo lográbamos tener tres orgasmos,
y en ocasiones muchos más especialmente cuando pasábamos
toda la noche juntos. Todos los orgasmos eran placenteros, muy intensos
y curiosamente ella los lograba muy rápido por lo que antes de que
yo me derramara lograba tener dos o tres. Naturalmente gran parte de esta
felicidad se debía a la belleza que ella posee. Su rostro es hermoso,
adornado con unos grandes ojos verdes y labios carnosos y rojos. El cabello
es largo, de color castaño con iluminaciones y levemente ondulado.
Su cuello es terso y conduce a un par de preciosas tetas de mediano tamaño
(talla 34, copa B) muy firmes y con pezones firmes y grandes de color castaño.
Su cadera es ancha y por supuesto el culo es ancho y firme, las nalgas
son abundantes. Su vulva es digna de describirse. El pubis es suave y del
color del cabello, no se extiende mucho por lo que no necesita depilarse
demasiado. Con una pequeña rasurada queda de un tamaño perfecto
para apenas esconder los labios vulvares y apenas insinuarlos cuando está
desnuda. Por otro lado ella suele aplicarse perfume y los pelitos adquieren
un olor delicado e inolvidable. Los labios son de un color rosa intenso
y muy carnosos y húmedos. Con sólo acariciarla un poco se
empapa invitando a penetrarla. Al separarlos es posible encontrar su precioso
clítoris, que es de mediano tamaño y se endurece con facilidad.
La vagina es estrecha, caliente y muy húmeda, por lo que introducir
el pene resulta una delicia. Además es algo corta por lo que fácilmente
la cabeza de mi verga choca con el final volviéndonos locos. Nuestro
sexo era muy creativo y nos gustaba mucho variar las posiciones en que
yo la penetraba. Habíamos probado conmigo encima, con ella arriba,
de lado, desde atrás, penetración anal, en la ducha, de pie,
en una silla, sobre una mesa, etc., pero las que más nos gustaban
eran las posiciones en que mi semen penetraba muy dentro de ella. Cuando
esto sucedía ella se volvía loca y lograba que mi verga se
pusiera erecta nuevamente dentro de su vagina, era una locura alcanzar
dos orgasmos uno tras otro sin siquiera sacar el pene o descansar un minuto.
Otra cosa que me encanta de todo esto es que ella es muy expresiva y cuando
estamos haciendo el amor suele gemir, suspirar y gritar excitándome
mucho más. Sin embargo algo que yo deseaba mucho era que ella me
hiciera una gran mamada que me permitiera derramarme en su boca y ver cómo
tragaba el semen. Algunas veces, cuando eyaculaba sobre sus tetas, ella
lamía un poco y decía que era de buen sabor, pero nunca se
había animado a darme sexo oral. En principio tuve miedo de plantearle
mi deseo y en algunas oportunidades mientras hacíamos el amor las
sensaciones eran tan intensas que sencillamente lo olvidaba. Pero un día
en mi casa decidí comentárselo mientras charlábamos.
Aclaro que ese día no estábamos teniendo sexo sino sólo
conversando, ya que mi familia estaba viendo televisión en el piso
de abajo después de almorzar. A ella se le iluminaron los ojos.
Y me dijo que aunque lo había pensado no podía decirme porque
no lo había hecho aún. Yo le dije que la próxima vez
que lo hiciéramos podía ser una buena posibilidad para que
lo intentáramos y ella comenzó a besarme y a acariciarme.
Sus besos eran muy sugerentes y su lengua empujaba con fuerza contra mi
paladar y mi lengua. Sus labios succionaban con fuerza y su saliva humedecía
más y más mi boca. Con una mano ella acariciaba mis tetillas
mientras que con la otra llevó mi mano hasta sus tetas y me hizo
acariciarla por fuera del brasier, situación que no duró
mucho pues, muy excitado, rápidamente empecé a meter mis
dedos ya a pellizcar sus pezones, que estaban ya muy duros. Con la otra
mano mientras tanto yo le acariciaba las nalgas y la vulva por encima del
pantalón. Pronto ella bajó la cremallera de mi pantalón
y empezó a menear mi pene, cogiéndolo por sobre los calzoncillos,
yo sentía que estaba duro y humedecido. Deseaba que nos desnudáramos
e hiciéramos el amor. Pero ella no opinaba lo mismo, al momento
me quito el cinturón y desapuntó el pantalón, luego
lo bajó un poco y comenzó a lamer el pene y a humedecerlo
con su saliva. Primero lo hizo en la parte de abajo, junto al escroto,
con mucha suavidad lo recorría de abajo a arriba, deteniéndose
placenteramente en el surco que separa el tronco del pene con su cabeza.
Luego empezó a concentrarse sólo en la cabeza, que estaba
hinchada y roja como nunca, lamiéndola y succionándola con
sus labios. La sensación era irresistible creía que iba a
reventar. Mientras tanto mi mano había llegado hasta su vulva, con
la parte del antebrazo frotaba sus vellitos mientras mis dedos acariciaban
su clítoris que se sentía completamente empapado. Pero al
parecer ella tenía la intención de concentrarse sólo
en mí y me hizo sacar las manos. Yo solamente atiné a acariciar
su cabello y me dediqué a disfrutar. Ella había comenzado
a morder mi pene suavemente, sus dientes se hincaban sobre la piel de mi
miembro y me hacían estremecer, cuando ella lo notaba optaba por
lamer nuevamente. Cuando creyó que era suficiente se concentró
en mis bolas. Empezó a meneándolas con la mano y luego lamiéndolas
mientras con su otra mano me masturbaba con firmeza y apretando la verga.
Un poco después le dije que estaba a punto de derramarme y ella
suspendió sus movimientos, quería que durara un poco más.
Cuando volvió a iniciar sentí que me moría, las sensaciones
eran de lo más fuerte y ella se esforzaba en hacerme sentir lo mejor.
Fue cuando decidió hacer los movimientos de una penetración,
moviendo su cuello hizo que mi órgano entrara y saliera de su boca,
sus labios apretaban firmemente y con la mano se ayudaba para que mi prepucio
no cubriera el glande y permaneciera expuesto e hinchado. Con su lengua
no perdía oportunidad de lamer lo que encontrara y ayudaba a hacer
más fuertes los movimientos. Fue lo máximo: ella chupaba
con mucho entusiasmo y yo no podía contenerme más, una gran
cantidad de semen espeso y caliente se derramó en su boca, ella
siguió chupando y su lengua atrapaba cualquier resto de mi líquido
que quedará por ahí. Tuve que contenerme para no gritar.
Cuando ella sintió que el pene estaba perdiendo su erección
me dejó descansar. Lo recorrió lentamente con su lengua humedecida
y luego le dio algunos besos. Luego me abrazó y me besó,
me preguntó si me había gustado. A lo que yo obviamente respondía
que esperaba la oportunidad de repetir. En ese momento nos llamaron a tomar
onces y tuvimos que salir de mi cuarto. Luego ella tuvo que marcharse pues
tenía un compromiso con su papá. Fue una lástima,
hubiéramos podido tener el mejor sexo enseguida pues ambos estábamos
excitadísimos. Al despedirnos yo tenía una gran erección
y vi a través de su blusa que sus pezones estaban muy duros. Esa
noche al desvestirme para acostarme miré mi pene (que seguía
parado) y noté que en la punta tenía algunos moretones, producto
del ímpetu con que ella lo había chupado. No resistí
las ganas y la llamé para agradecérselo. Después lo
hicimos muchas más veces y lo incorporamos a nuestras costumbres
sexuales. También yo comencé a practicarle el sexo oral y
lo combinamos con la posición del 69. Pero esta es una historia
que contaré otro día. |
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