La vida sexual de mi novia María y yo siempre ha sido muy
activa y progresiva, es decir, cuando veíamos que las relaciones sexuales
corrían el riesgo de volverse monótonas buscamos alternativas, abríamos nuestros
horizontes, sin limitarnos en lo más mínimo.
Al principio fueron las películas pornos, luego el decirnos
cosas más fuertes como "Voy a comerte el coño hasta que no puedas dejar de
gritar de placer, puta", "Córrete en mi boca, cabrón", y cosas así. Luego
intercambiábamos fantasías, ella me decía que le excitaba imaginarse a otra
chica chupándome la polla, y nos masturbábamos contándonos las perversiones que
se nos venían a la cabeza. A ella le excitaba que le contara la fantasía en la
que un montón de tíos se la follaban enérgicamente, abriéndole el coño y su culo
con enormes pollas… le encanta, y a mi también, porque se pone más y más fogosa
de manera que prácticamente me viola hasta que me corro en su boca y en su cara.
Luego esas fantasías las íbamos acercando a la realidad,
usábamos nombres reales de personas más o menos cercanas. Casi siempre ella
proponía a una amiga suya, o incluso a alguna de sus primas, pues ella estaba
empecinada en tener una relación lésbica con una de sus amigas o de trío
conmigo.
Este año conoció en el trabajo a Eva, una chica muy
extrovertida que, la verdad sea dicha, no tenía una cara lo que se dice bonita,
pero poseía un buen cuerpo, tampoco para tirar cohetes, pero sí como para
echarle un buen polvo. María (mi novia), me la presentó por el messenger y
enseguida comencé a entablar ese tipo de extraña amistad que se produce a través
de internet. Poco tiempo después, ambas quedaron para ir de marcha, y dado que
Eva vivía lejos de las discotecas más frecuentadas por la juventud de mi ciudad,
María le propuso que se quedara a dormir en nuestra casa. Así fue. Aquella
noche, cuando conocí a Eva en persona, me puse mis pantalones favoritos, esos
que marcan mi paquete sobre todo, y que a las chicas les resulta casi imposible
no quedarse mirando. La pillé en muchas ocasiones mirándome el paquete, pero no
le di importancia. Antes de que llegaran a casa las esperé despierto, sólo con
el pantalón de pijama puesto, sin calzoncillos, de manera que se podía apreciar,
pues casi transparentaba, la forma de mi polla y de mis huevos. Sé que bromearon
con eso, hecho que me excitó. Yo dormí aquella noche en el sofá, pero antes me
hice una buena paja imaginando a María y a Eva en el cuarto metiéndose mano,
acariciándose el coño, y corriéndose como un par de putas viciosas. Recuerdo que
cuando me corrí en el wc, imaginaba sus caras recibiendo mi gran descarga de
semen.
Le pregunté a mi novia al día siguiente si le había tentado
la posibilidad de acariciar a Eva y de tener sexo con ella. Me respondió que sí,
que la situación era extraña y excitante, y que llegó a masturbarse
discretamente mientras Eva dormía. A todo esto yo le metí mi mano bajo el
pantalón de su pijama y comencé a masturbarla a medida que me contaba lo
gratamente prohibitivo que resultaba tener a su lado la posibilidad de llevar a
cabo una de nuestras fantasías más repetidas. Ella me cogió la polla y
comenzamos a imaginarnos a Eva en actitud de puta caliente ansiosa de follar con
nosotros dos. María y yo terminamos haciendo un sesenta y nueve en el sofá, yo
le chupé el agujero de su culo y le metía mi lengua por el coño, y ella me comía
los huevos con gran fuerza. Ambos nos corrimos en nuestras bocas.
Días después, María y Eva bromeaban entre ellas diciendo que
la próxima vez me llamarían para que durmiera con ellas. La iniciativa,
curiosamente, surgió de Eva. Pasaron tres semanas antes de que María y Eva
quedaran de nuevo en casa, esta vez no para ir de marcha, sino para ver una
película en nuestro DVD (la película en cuestión era "Infiel"). Antes ya Eva me
había dicho cosas por el messenger del tipo "imagínate a las dos abrazadas a ti"
y alguna que otra frase de ese tipo.
Mi novia estaba más que dispuesta a llevar a cabo una de
nuestras fantasías más repetidas con su amiga Eva. María se encargó los días
previos de hablarle bien de mi a Eva en el terreno sexual, para que ella misma
se fuese creando expectativas y pudiera llegar a fantasear sexualmente con esa
noche que estaba a punto de venir.
Llegó el gran día. Los tres cenamos comida rápida en la
calle, en un lugar cercano a la casa, y luego nos tomamos unas copas en un
reconocido bar nocturno de aquel lugar. Al regresar a casa, ya estaba la cama
matrimonial puesta en el salón, frente al televisor. Nos pusimos nuestros
pijamas. Yo, claro está, sin calzoncillos, para facilitar la labor de las chicas
si es que esa noche pasaba algo. María me invitó a ponerme entre ellas y Eva no
tardó en abrazarme. Pusimos la película, que tenía escenas eróticas bastante
calientes y al terminar ésta, nos dispusimos a dormir.
Parecía que todo iba a quedarse ahí, pues Eva se volvió
dándome la espalda, quedándose dormida enseguida (al menos eso parecía por el
sonido de su respiración). María también me dijo que estaba cansada y, al igual
que Eva, me dio la espalda. Y ahí estaba yo, empalmado entre dos mujeres, con
unas ganas de follar enormes.
Me volví hacia Eva, y fui acercando mi cabeza poco a poco a
su nuca, para que sintiera mi respiración. Sentía como su culo estaba cerca de
mi polla, pensé que no iba a poder aguantar más, quería follármela. Con el mismo
cuidado le pasé mi brazo por encima de su torso; ella se debió sorprender un
poco, pues el ritmo de su respiración cambió. Lo que vino después era impensable
que sucediera en la realidad que tanto María y yo habíamos fantaseado, pero así
sucedió.
Eva, quizá sin pretenderlo, movió un poco su cuerpo, sin
cambiar de posición (de espaldas a mi), y su culo fue a juntarse con mi polla
tiesa. Noté cómo su respiración se paró unos instantes, como si se hubiera dado
cuenta de lo que acababa de poner tan cerca de su culo. En esos momentos me
entraron ganas de bajarle los pantalones y de follármela sin más, pero me
aguanté, dejando entrever que lo sucedido había sido una casualidad… pero por
poco tiempo. La rodeé por la cintura con mi brazo y empujé un poco más para
sentir más el calor de su culo en mi polla. Mi sorpresa fue que, después de este
primer envite, ella comenzó a mover suavemente su culo acariciando mi polla por
encima de nuestros pijamas. La fantasía comenzaba a hacerse realidad.
Yo me volví y me puse boca arriba para que ella me metiera
mano en mi polla, pero antes de que Eva tuviera tiempo de darse la vuelta, María
se volvió y, creyendo que su amiga seguía de espaldas, fue ella quien puso su
mano bajo el pantalón de mi pijama y comenzó a acariciarme mi polla. Eva, que no
sabía que María me estaba masturbando suavemente, se encontró con la mano de
María sobre mi polla, y lejos de asustarse y de retirarla, comenzó a sobarme los
huevos. No me lo podía creer, una de las mayores fantasías sexuales que solemos
tener los hombres la estaba complaciendo.
Viendo la situación (o casi, porque estábamos a oscuras),
comencé a buscar con mi lengua la lengua de María primero, y de Eva después.
Mientras ellas seguían haciéndome la paja por turnos, cruzábamos nuestras
lenguas y pude sentir que María y Eva se estaban metiendo mano. Quise meter mi
mano por debajo de la parte de arriba del pijama de Eva, pero ya se lo había
quitado y pude tocar directamente sus grandes senos. Luego noté la inconfundible
lengua de mi novia recorriendo mi polla, llenándomela de saliva, y acercando su
culo a mi cabeza. Eva se anticipó y me retiró la cabeza de sus pezones y me
ordenó con un susurro "¡cómeme el coño!", y eso hice, saboreando una gran
cantidad de flujo a la vez que acariciaba el culo de mi novia con la otra mano.
Le chupé su agujero del culo y le iba metiendo mi dedo índice en él, y de cuando
en cuando le metía dos, y hasta tres, dedos por su coño.
Sabía que Eva no aguantaría mucho sin comerme la polla, que
en eso momentos estaba siendo mamada con fuerza por María. Hubo una pequeña
pausa antes de sentir la boca de Eva en mi polla, y es porque creo que las dos
comenzaron a besarse, entrelazando sus lenguas. Sin calentamiento ni tocamientos
previos, Eva se llevó mi polla a su boca, metiéndosela casi entera y haciéndome
cosas que sólo había visto en películas pornográficas. Escupía sobre mi polla y
extendía la saliva por mi polla y mis huevos a través de un rápido movimiento de
mano antes de volver a clavársela en su garganta. María me chupaba los huevos y
yo arqueaba el cuerpo para que me chuparan el agujero del culo, cosa que
hicieron, sin yo parar de comerle el coño a Eva, que cada vez estaba más húmeda
y excitada.
Mientras Eva y yo seguíamos haciendo el sesenta y nueve,
María encendió una vela, y así pudimos empezar verdaderamente a ver lo que
estábamos sintiendo. Pude ver sobre mí el coño de Eva abierto por tres de mis
dedos, todo lleno de saliva, a María masturbándose con una mano mientras que con
la otra sujetaba la cabeza de Eva, quien me seguía chupando la polla con fuerza.
María se tumbó a mi lado boca arriba, y en poco tiempo, Eva se pasó de estar
sobre mí, a estar sobre María haciendo el sesenta y nueve. Fue excitante ver
cómo se comían sus coños, y se metían sus dedos por el culo y por la vagina. Yo
me incorporé y me puse de rodillas delante de la cabeza de Eva y del coño de
María, haciéndome una paja. De vez en cuando agarraba de los pelos a Eva y le
metía mi polla en su boca. Me la follaba fuertemente hasta su garganta, hasta
sentía cómo le daban arcadas, pero la muy puta, en vez de retirarme, me animaba
a empujar más fuerte. A cada rato también la obligaba a seguir comiéndole el
coño a María, y así durante un buen rato, hasta que ella me cogió la polla con
su mano y me hizo metérsela por el coño a María. Ella adoptó una posición de
casi sentada sobre la boca de María, que no cesaba de meterle su lengua en el
coño a la vez que yo me la estaba follando. Esa postura permitía que yo le
chupara las tetas a Eva y cruzar nuestras lenguas. A veces yo sacaba mi polla
del coño de María y hacía que Eva me chupara la polla para que después ella, con
su mano, volviera a meterla en el coño de María.
Eva, la más activa de aquella noche, se puso esta vez a
cuatro patas sobre María, de manera que me estaba dando vía libre para
follármela e ir turnando mi polla en su coño y en el de María. Así hice, estaba
su coño muy lubricado, entre su flujo, mi saliva y la saliva de María, y le
clavé mi polla entera, hecho por el cual no pudo dejar de lanzar un fuerte jadeo
antes de seguir comiéndole la boca a mi novia. Tener dos coños ante mi fue el no
va más. Cuando se me antojaba se la metía por el coño a mi novia, luego a Eva,
si quería le metía mis dedos por sus culos, hasta que unas de las veces, se la
encajé en el culo a Eva. Siempre que me había follado por el culo a mi novia,
tenía cuidado de no hacerle daño, pero esta vez fue la primera ocasión en la que
pude sentir cómo mi polla penetró en su culo casi en su totalidad y sin
dificultad ninguna. A Eva le encantaba, pues no paraba de decirme que no parara,
que le rompiera el culo con mi polla, y María le agarraba la cabeza y la dirigía
a sus tetas. Luego vi la ocasión de realizar otro de mis deseos. Me tumbé en la
cama y dejaba que María y Eva me follaran. Se ponían encima de mí por turnos. La
primera en cabalgarme fue mi novia, que, quizá celosa de lo mucho que me había
follado a su amiga por culo, me cogió la polla para abrirse por detrás. Eva se
puso de pie y le acercaba su clítoris a la boca de María, y al rato le ponía el
agujero del culo para que mi novia se lo chupara. Con el culo y el coño
rebosantes de la saliva de María, Eva comenzó a cabalgarme, y con su mano, hacía
que cada embestida de mi polla fuese a parar primero en su coño, luego en su
culo, y así sucesivamente. Así se fueron turnando ambas, hasta que ya les avisé
de que iba a correrme.
Al darles el aviso, las dos dirigieron sus bocas a mi polla.
Se agarraban del pelo y se obligaban a meterse mi polla muy profunda en sus
gargantas. Paseaban sus lenguas a lo largo de toda mi polla, por mis huevos,
haciéndome unas mamadas increíbles. Eva colocó mi polla entre sus tetas y
comenzó a masturbarme con ellas.
Cuando ya no pude más me puse de pie en la cama, y ellas se
arrodillaron ante mi. Eva enseguida se adueñó de mi polla y comenzó a
masturbarme rápido, mientras mi novia me pedía que me corriera en sus bocas y en
sus caras. Eva apuntaba a la boca de María, quien recibió el primer "disparo" de
semen, que cayó directamente en su garganta. Luego Eva acercó su boca, pasando
su lengua sobre la punta de mi polla, y recibió dos envíos de semen más, el
primero le llenó la boca y el segundo dejó una gruesa línea blanca a lo largo de
su cara. Tuve más para llenar la cara de mi novia, y para que ellas jugaran
chupando el semen que salía de mi polla y el que caía en sus caras. Vi cómo se
intercambiaban el semen que había en sus bocas, cómo se lo extendían por su
cuerpo, escupiéndolo sobre sus tetas… y luego, para relajarme, me limpiaron la
polla con unas cariñosas mamadas.
Yo estaba destrozado. Una vez que se limpiaron, volvimos a
acostarnos, nos abrazábamos y nos besábamos, y yo les metía mano antes de ir
quedándome cada vez más dormido. Lo último que pude recordar es que María y Eva
empezaron un nuevo sesenta y nueve, porque querían, con toda la razón, correrse.
Yo no tenía fuerza para más esa noche.
Mi novia y Eva siguen manteniendo una buena amistad. Apenas
nos hemos vuelto a ver Eva y yo desde aquella noche. Lo que sí está claro es que
ni mi novia ni yo estamos arrepentidos. Es más, estamos deseando que Eva vuelva
a pasar otra noche en casa… y espero que sea pronto.