MI ALUMNA PREDILECTA IV.
Antes que nada, gracias a los que dejan sus comentarios en
mis relatos, los leo todos y es gratificante saber si gusta o no lo que este
autor les brinda y también sus valoraciones, desde ya muchísimas gracias a todos
y en especial a esa mujer con quien estoy empezando a contactarme producto de
esta historia.
Como ya les he contado, la relación con Griselda surgió por
su iniciativa aquel día que decidí darle una segunda oportunidad para su examen
o evaluación y para eso tuvo que venir a mi oficina a completarlo (quien no lo
ha leído, pues busque el relato mi alumna predilecta en esta web y comience
desde el principio).
También les conté como es que se dio nuestro segundo
encuentro tras ser acosado por esa alumna en el establecimiento donde imparto
clases (mi alumna predilecta 2) y como me vi casi forzado a un tercer encuentro
con ella ese mismo día (mi alumna predilecta 3).
Hoy les voy a relatar como sigue esta historia y espero que
sea también de su agrado como las anteriores.
Pues bien, después de nuestro segundo encuentro fuera de las
aulas o la escuela, la relación con Griselda tomo una frecuencia que me era muy
satisfactoria, no pasaba de una semana, cuando mucho diez días, en que nos
volvíamos a encontrar ya sea en mi oficina o en algún albergue transitorio
(hotel alojamiento – motel o como les llamen).
Cada nuevo encuentro no dejaba de ser tan excitante como
aquellas primeras veces, ella tenia una energía sexual envidiable, siempre
estaba dispuesta a nuestros encuentros y se notaba que los disfrutaba tanto como
yo.
En sus propias palabras "lo que mas me gusta profesor es
chuparsela porque puedo hacerlo por bastante tiempo" siempre me decía y esta de
más aclararles que me encantan dar y que me den sexo oral, es embriagador,
excitante y el mejor preludio para una buena penetración.
En nuestros encuentros en los albergues a los que fuimos
seguimos explorando la relación y comenzamos a usar los juguetes sexuales que se
ofrecen y a ella le encantaba cuando antes de penetrarla le daba dos o tres
orgasmos con ellos y luego la cogía hasta reventar los dos exhaustos en la cama.
También le gustaba mirar las películas XXX, ya que cuando encontraba alguna
posición nueva inmediatamente quería practicarla.
Mientras tanto, en la escuela siempre parecíamos simplemente
alumna y profesor y las conversaciones eran triviales y relativas al estudio y,
de cuando en cuando, ella aprovechaba a darme una nota donde me decía que la
llame para vernos o me informaba de sus actividades a fin de programar algún
encuentro sexual.
En uno de esos días, al terminar mi clase en su curso, todos
los alumnos se despedían mientras yo acomodaba mis cosas en el maletín cuando
ella se acercó, me saludo y disimuladamente me entregó una nota doblada en
cientos de pliegues, cabía perfectamente en la palma de la mano aquella hoja
enorme. Yo sabiendo de sus usuales contenidos, la guarde en un bolsillo y la
olvidé allí hasta que salí de la escuela en las primeras horas de la tarde.
Llegando a mi oficina y buscando unas monedas para pagar el
viaje en taxímetro encontré la nota y de inmediato la leí y vaya sorpresa con su
texto, el cual decía más o menos algo asi: "Necesito verlo con urgencia,
tengo algo importante que decirle y no puedo esperar. Hay una persona que supo
de lo nuestro y me lo dijo. Lo llamo a las 16 a su oficina. Con amor su mejor
alumna".
Mi dios, no podía ser, había sido mas que cauto en los
encuentros y ni por asomo creía que alguien se hubiera dado cuenta de lo que
sucedía entre nosotros. De más esta decirles que mi mente volaba a una velocidad
vertiginosa tratando de dilucidar quien, como y cuando se habían enterado de
todo y, por sobre todo, rezaba, imploraba, suplicaba que no se enteraran las
autoridades del establecimiento o alguno que le dijera a mi esposa de eso.
Llegué a la oficina y me encerré en mi escritorio y tal como
dijo, a las 16 horas sonó el teléfono y mi secretaría me anuncia que me llama
una alumna. Era ella, al fin sabría que sucedía.
Salude como de costumbre "Hola" y del otro lado su vos
respondió "Hola profesor" y de inmediato dijo: "No puedo hablar ahora, mis
padres están en casa. Creé que podría verlo hoy a las 19 ó 19.30 profesor" Yo de
inmediato le dije: "Si, porque no venis a mi oficina a las 19.30, te parece?"
Ella dijo: "Si, es perfecto, en su oficina a esa hora profesor".
Ansioso por la situación no deje que cortara la comunicación
y le dije: "Espera, Espera nena. Decime al menos quien es, decime algo más, me
tenes muerto de la intriga" y ella rápido me dijo: "Es una alumna, una
compañera, después hablamos mejor profesor, ahora no puedo" y simplemente corto.
La tarde transcurrió con una lentitud que una tortuga hubiera
dado la vuelta al mundo caminando en ese lapso de tiempo. Cada minuto era eterno
y más aún cuando después de las 18.30 mi secretaría se fue de la oficina y quede
sólo aguardando su llegada.
Se hizo la hora que llegara y ni noticias de Griselda y como
cerca de 19.45 suena el timbre del portero eléctrico desde la calle. Atiendo y
era ella, abrí y le indiqué que subiera. Ella me preguntó: "Está sólo? Y yo le
dije: "Si, si claro. Subí Nena" y dos minutos después sentí el ascensor en el
piso y un instante más sonó el timbre de la oficina.
Cuando abrí la puerta me quería morir, mis ojos no podían
creer lo que veía y no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Parada en el
umbral estaba Griselda acompañada de Silvina, otra alumna del curso de ella, las
dos vestían aun el uniforme escolar y mientras Griselda me saluda "Hola
profesor", Silvina reía por lo bajo con picardía como quien te ha pillado en
algo prohibido.
Respondí el saludo con un beso en la mejilla a Griselda y con
otro a Silvina las invite a entrar. Le dije que me esperaran un instante en la
sala de recepción y me dirigí a mi oficina a ordenar mis pensamientos y tratar
de pensar en que haría. En verdad no se me ocurría nada, pues si aquella
muchacha estaba allí era porque en realidad sabia de nosotros dos. Yo no recibía
a nadie de la escuela en mi oficina y ellas habían llegado sin una cita previa,
ni motivo aparente y ahí estaban. Decidí entonces dejar que ellas hablaran
primero y algo más tranquilo y expectante de lo que ocurriría me volví a la sala
de espera a su encuentro.
Una vez ahí les agradecí que esperaran y me excuse diciendo
que tenía que terminar un trabaja que estaba haciendo. Inmediatamente después
las invite a pasar a mi despacho y los tres nos dirigimos hacía ahí. Al llegar
ellas tomaron asiento del otro lado del escritorio y yo en mi sillón como de
costumbre y tratando de disimular dije: "Bueno niñas, que las trae por aquí, a
ver?".
Silvina rompió en una risa cómplice mirando a su amiga y
compañera de estudios y yo trague saliva (glup) al darme cuenta que mi pregunta
estaba completamente de más. Fue Griselda la que tomo la palabra y casi como si
nos encontráramos solos en mi oficina como otras veces dijo: "Ya le dije
profesor, en la nota que le di hoy. Silvina sabe lo que sucede." Y agregó: "Es
ella la que le dije que sabía. No podía decirle en la nota porque ella me lo
prohibió y hoy en la tarde, ella estaba en casa y tampoco me dejo decir nada
hasta estar aca con usted"
Tome aire y pregunté: ¿Cómo es que sabe todo?.
Ahí fue Silvina la que tomó la palabra y respondió: "Que lo
se todo profesor. Lo se desde hace casi un mes ya. Los he visto, note como se
miran, note como se tratan e, incluso, note como Griselda le daba notas al
despedirse y así me enteré. Usted entiende?" y yo automáticamente le dije: "No.
No entiendo lo que decís"
"Digo que cuando vi que le daba notas la busque, le pregunte
y hasta que me lo contó todo no deje de acosarla, Ud. sabe profesor, dos amigas
no se pueden ocultar algo cuando una de las dos intuye que algo pasa", agregó.
"Ahhhh" dije yo como asintiendo y ella continuó. "La semana
pasada no tuvo más remedio que decírmelo todo antes que yo le contara a sus
padres"
Comprendí que Silvina estaba extorsionando a Griselda hasta
que le extrajo todo lo que habíamos hecho y ante ese hecho de inmediato caí en
que yo sería la próxima victima de esa extorsión.
Como pude le hable y dije: "Bien. Bien y ahora que ya sabes
porque ella te contó todo, que es lo que vas a hacer" y su respuesta no se hizo
esperar. "Mire profesor, como hacer, quiero hacer muchas cosas" y dejo la frase
resonando en el aire por lo que tuve agregar: "Que cosas Silvina?"
Parecía que ella no sabía como responder esa simple pregunta
y yo me temí lo peor, que fuera a decirlo en la escuela o mi casa y pensé para
mi ES MI FIN, mientras Griselda se dirigía a Silvina y le decía: "Dale, decile
nena. Vos quisiste venir, ahora decile si te animas" lo cual me asustó más.
"Bueno" empezó Silvina. "Yo ya se lo que pasa entre ustedes
dos. Se cuando lo hicieron por primera vez, de sus otros encuentros, de que
llevan casi dos meses viéndose y ..." en ese momento se paró de su silla y
comenzó a caminar dando vueltas por mi escritorio y concluyó diciendo: "Bueno,
lo que quiero decir es que después de que me contó todo Griselda yo también
quise ... Yo también, quiero ... Yo también quiero hacerlo con ud. Profesor"
Mudo quede de una pieza como estaca clavada al sillón, no podía responder, ni
reaccionar a lo que oía.
La voz de Griselda me saco del sopor y el estupor de lo que
acababa de oír de aquella chiquilina "Heyy, Profesor, le pasa algo?" "No. No
estoy bien, no es nada" y de inmediato agregué: "que decís Silvina?"
"Digo lo que oyó profesor, que yo también lo quiero hacer con
Usted como Griselda", a lo que respondí: "y si digo que no?". Ella me miró a los
ojos y dijo: "entonces se pueden enterar los padres de Griselda, no le parece?".
Entendía bien lo que decía aquella niña, que para entonces de
niña no tenía nada y más podría ser un cliente de mi estudio por su sagacidad y
malicia que mi alumna del instituto secundario y mirando a Griselda le inquirí:
"Y vos Griselda, sabías de esto, que decís, dale decí algo?" y pensaba que con
ello todo se desvanecería y volveríamos a la normalidad.
"Hace una semana que me dice a mi lo mismo profesor"
respondió Griselda para luego agregar: "Ya no había forma de que la pudiera
detener o de no decirle nada, por eso estamos acá profesor"
"Pero, entonces, vos estas de acuerdo con esto, vos queres
que ella y yo ..." balbuceé y Griselda se levantó de su asiento y dando la
vuelta y acercándose a mi por un lado me abrazó y agregó: "No. Ella y Usted, no,
nada que ver profesor. En todo caso, sería una sola vez y estaríamos ella, usted
y yo, los tres, me entiende, acepte con esa condición" y sin mediar otra palabra
me beso frente a Silvina que miraba de pie desde el otro lado del escritorio.
Yo trate de no responder el beso, de apartarla de mi, aquello
era muy fuerte y me encontraba shoqueado de cómo las dos niñas estaban ahí
ofreciéndome hacer un trío. Nuevamente Griselda se lanzó sobre mi a besarme
tomando su cara con mis dos manos y para cuando pude separarme de ella y ver que
hacía Silvina mi sorpresa inicial aumento considerablemente.
En tan sólo pocos segundos Silvina se había quitado su camisa
de la escuela y estaba desabrochando su brasier negro y dejando sus dos pequeños
pechos completamente desnudos.
Mi primer reacción fue preguntarle: "Silvina, que estas
haciendo?" y su respuesta, natural como el agua de un manantial resonó en la
sala: "Preparándome" y Griselda otra vez me volvió a besar metiendo su lengua en
mi boca todo cuanto podía mientras su mano derecha comenzaba a hurgar en mi
entrepierna buscando mi miembro.
Si bien hasta ese momento todo se había sucedido de un modo
vertiginoso y los nervios no me dejaban ni pensar, ni disfrutar de las caricias
y el momento, la mano de Griselda comenzó a sobarme la verga de la misma
deliciosa manera que me tenia acostumbrado y de inmediato comenzó a crecer bajo
mis pantalones. Abrió el cierre de mi pantalón y metió la mano hasta tomarme la
verga bajo la ropa y comenzar un movimiento de sube y baja de una lenta y suave
masturbación mientras no dejaba de besarme.
Fue instantáneo que mi miembro se endureciera como nunca
antes, era una roca en su mano y sentía el calor que emanaba de la excitación
que me estaba produciendo Griselda y el morbo de saber que detrás suyo Silvina
se estaba desnudando para ofrecerse junto a su amiga e instintivamente me solté
a acariciar aquel cuerpo que tanto conocía.
De inmediato sentí dos manos más que comenzaron a acariciarme
desde el otro lado, que buscaban mi corbata para quitarla y que lentamente
abrían mi camisa y acariciaban mi pecho.
Griselda dejo de besarme y cedió su lugar a Silvina. Ella sin
más preámbulo tomo mi cara y la dirigió a sus pequeñas tetas cuyos pezones ya
estaban duros. Sus pechos eran pequeños, más bien diría yo que incipientes, era
obvio que aun no se habían desarrollado por completo. Sus pezones bien oscuros
resaltaban en la piel juvenil de aquella niña.
Succioné el pezón con fuerza y avidez y Silvina explotó en un
gemido largo y estruendoso: AAAAHHHhhhhhhh....
Seguí jugando con mi lengua y con mis dos manos acaricié esos
pequeños montículos de carne joven mientras observaba a Silvina completamente
desnuda frente a mi. A diferencia de Griselda, Silvina era de caderas más anchas
y por lo tanto tenía un gran culo macizo y carnoso que de inmediato acaricie.
Para entonces, Griselda también se había desnudado y la ropa
de ambas yacía en el suelo de mi despacho y se dispuso a hacer lo mismo conmigo
quitando mis zapatos, las medias, los pantalones y el bóxer que traía puestos
ese día.
Ya los tres desnudos y sin que me dejaran levantar del
sillón, Griselda comenzó a mamarme como me tenia acostumbrado dedicándose en
especial a recorrer mi verga con su lengua y jugar con mi glande golpeándolo
contra su lengua extendida boca afuera.
Yo seguía acariciando a Silvina a voluntad, amasaba aquellas
nalgas redondas y firmes, percibía la suavidad de la piel de aquella niña y mis
dedos que jugaban por el canal que las separa descendía hasta que note la gran
humedad que salía de su sexo y el abundante flujo que estaba destilando. Lo
recogí con la punta de dos dedos y me lo lleve a la boca para percibir su sabor.
Era mas fuerte que el de Griselda, tanto en el olor como en
su sabor un tanto más ácido si así puede decirse pero, no obstante eso me
pareció un néctar exquisito. Busque en la entre pierna de Griselda y también
tome un poco de sus jugos y también los llevé a mi boca para saborearlo.
Silvina estaba excitadísima y constantemente gemía y decía:
"Si profesor. Que bien lo hace. Más, quiero más" y yo seguía comiéndole los
pezones con voracidad mientras me aferraba a su culo. Un par de minutos después
me separé un poco de ella y me detuve a observarla con más detenimiento. Era una
visión espléndida. Sus brazos extendidos acariciaban mi pecho, en su cara
dibujada una sonrisa de placer mientras la lengua mojaba los labios. Sus pechos
parecían limitarse a los pezones que se situaban sobre unas pequeñas
protuberancias de carne. Su vientre era plano y se le marcaban los músculos
abdominales suavemente bajo la piel y su pubis era una curva perfecta y las más
fantástico de aquella visión era que estaba depilada completamente, no había un
solo vello que lo cubría y más abajo sus labios vaginales completamente
hinchados y se podía ver desde donde estaba el clítoris que sobresalía casi dos
centímetros por sobre la vagina.
Me puse de pié y fui guiando a Silvina hasta el sofá del otro
lado de mi despacho, si aquel donde había sido la primera vez con Griselda y su
amiga nos siguió por el otro lado. Cuando llegamos la recosté sobre su espalda y
me arrodille entre sus piernas para chuparle se hermosa concha.
Ni bien mi lengua se poso en su pelvis y comencé a bajar por
su concha saboreándola Silvina comenzó a gemir en voz fuerte "Aggggg, si
profesor. Me mata, Me mata de placer" y yo continué comiéndola hasta que no
quedara ni un solo rastro de todo aquel flujo que ya había destilado, mientras
que Griselda se arrodillo junto a mi y seguí chupando mi sexo como posesa.
Separe los labios de la vagina y jugué con mi lengua sobre su
clítoris y no más de un minuto después Silvina tenía su primer orgasmo de
aquella noche. Sintiéndola satisfecha por aquel momento, me senté en el otro
lado del sofá y deje que Griselda me mamara como a ella le gustaba y cuando se
repuso Silvina, ésta se le unió para compartir mi verga entre ambas.
Griselda sostenía mi verga con firmeza entre sus dos manos
mientras la lamía y cada tanto le ofrecía un instante a su amiga mi sexo que la
otra devoraba con glotonería y luego se lo quitaba para meterselo por completo
en su boca hasta tenerlo íntegramente en su garganta. Varias veces repitió ese
movimiento hasta que fue silvina la que tomó mi falo entre sus diminutos dedos y
lo compartía con Griselda cada tanto.
Mientras que Silvina metía mi verga durísima en su boca
Griselda jugaba con mis bolas y luego cuando su amiga lo soltaba un instante se
dirigía presurosa a chuparlo metiéndoselo en su boca. En uno de esos movimientos
las dos niñas se encontraron en mi glande y ambas jugando con sus lenguas
comenzaron a rozarse en un beso de lengua compartiendo los jugos preseminales
que afloraban de mi sexo.
Esa imagen me calentó sobremanera. Ambas con sus lenguas
extendidas, una frente a la otra, sosteniendo mi verga a escasos diez
centímetros de sus rostros pero prodigándose una caricia una a la otra
comiéndose las lenguas hasta que dejaron de hacerlo para volver a chuparme a mi.
Yo estaba deseando penetrarlas para ese entonces y así se los
hice saber, diciéndoles: "Veni Griselda que te quiero coger". De inmediato se
puso de pie, levantó una pierna por sobre mi cuerpo y con la ayuda de su amiga
se sentó sobre mi pene dejándose caer hasta que todo estuvo adentro e hizo tope
con mi pelvis.
De inmediato comenzó un sube y baja infernal. No la había
notado tan excitada en nuestros últimos encuentros como en ese momento. Silvina
que estaba a nuestro lado miraba la escena y se masturbaba con frenesí
alcanzando un segundo orgasmo tan intenso como el primero.
Viendo que aquella niña realmente estaba ansiosa le dije a
Griselda: "Es tiempo que Silvina tenga lo que quiere" y ella, riendo en forma
cómplice, dijo: "Si métasela profesor. Quiero ver como se la coge a esta putita
reventada".
Griselda se separó de mi y yo hice que Silvina se recostara
otra vez en el sofá y me situé sobre ella en la posición del misionero. Apoyé mi
pene en la entrada de su vagina que estaba empapada de sus propios jugos y
cuando me disponía a iniciar la penetración sentí el cuerpo de Griselda desde
atrás a mis espaldas recostarse en mi haciéndome caer sobre Silvina y penetrarla
de una sola vez. Como describir el grito que dio Silvina en ese momento que no
se esperaba, ni que la penetrara con tanta violencia, ni calculaba que el peso
de mi cuerpo sería el de los dos sobre ella.
No obstante la sorpresa, me recibió con facilidad en su
interior y la violencia de la penetración se hizo notar en sus manos cuando
clavó en mis brazos sus largas unas dejando una marca que duro más de tres días
en el lugar donde se aferraba a mi.
De inmediato comenzamos a movernos, yo movía mis caderas
entrando y saliendo de la vagina de Silvina y Griselda, sobre mis espaldas y
tomada a mi cintura acompañaba el movimiento mientras besaba mi cuelo y hombros
y decía: "Dele duro profesor. Hágale sentir ese hermosa verga que tiene a esa
puta" y yo como poseído por sus palabras aumentaba mi ritmo de penetración.
Estuvimos como dos o tres minutos bombeando los dos sobre el
cuerpo de Silvina mientras que ella gemía y decía cosas sin sentido hasta que
explotó en un orgasmo inmenso y luego varios pequeños que le siguieron hasta que
quedó rendida, jadeando y casi como desvanecida y sólo repetía "Basta, Basta, no
puedo más, no más, ya".
Yo me salí de las entrañas de Silvina y me dirigía a Griselda
otra vez para volverla a coger. La calentura de ambos estaba en su cúspide, al
máximo, deseando ambos poder descargarnos.
Me puse de pié detrás de Griselda y reclinándola sobre el
sofá la penetré de una sola vez en esa posición y comencé a bombearla con todas
mis fuerzas. Ella Gemía y repetía: "Hágame acabar profesor. Cojame como Usted
sabe profesor" y yo le respondía aumentando mi ritmo.
En la posición en que estábamos la cabeza de Griselda estaba
casi en la entre pierna de Silvina y notando que ya estábamos alcanzando el
clímax le ordené: "Chupale la conchita Griselda", "Chupasela bien" y ella tomo
entre sus manos la concha de Silvina y le enterró la lengua haciéndola revivir
por completo.
Yo bombeaba en la vagina de Griselda y ella repetía el
movimiento con su lengua en la de Silvina y no tardamos ni dos minutos en volver
a tener cada uno un orgasmo. Primero fue Silvina que después de lo ocurrido
estaba tan dispuesta que no supimos si tuvo un orgasmo o era la continuación de
los anteriores. Luego fui yo, que viendo retorcerse de placer el cuerpecito de
aquella mocosa no resistí más el morbo y la excitación de estar con ellas y me
vine soltando cinco o seis chorros inmensos de mi leche en la vagina de Griselda
e inundándola por completo hasta que rebalsaba con el movimiento de la cogida.
Cuando sintió sus entrañas llenas de semen, Griselda explotó
en uno de sus conocidos orgasmos ayudándose con sus dedos al masturbar su
clítoris tal como yo le había enseñado otras veces antes y que se le había
convertido ya en todo un vicio al coger.
Aferrado a las caderas de Griselda intentaba recuperar mi
respiración y recomponerme y por su parte ella no dejaba de revolear las caderas
enterrándose mi verga bien hondo para seguir gozando de su acabada mientras
nuestros jugos se le escurrían de su concha por los muslos de tan abundantes que
eran.
Un par de minutos después no separamos y yo me senté en una
de las sillas a descansar un instante y Griselda vino a mi, se sentó de frente y
comenzó a besarme otra vez metiendo su lengua bien adentro de mi boca y
aferrándose a mi cuello. Silvina por su parte terminaba de retorcerse en el sofá
con sus manos en la vagina y gemía teniendo un ultimo orgasmo. No podía creer
todo lo que pasaba, jamás me hubiera imaginado un trío con mis alumnas y jamás
habíamos hablado de algo así con Griselda pero ella parecía estar no sólo de
acuerdo en todo, sino que lo disfrutaba como una experiencia más.
Cinco minutos después dejamos de acariciarnos con Griselda y
ella se levantó de la silla donde estábamos para dirigirse hacia Silvina en el
sofá. Cuando llegó se sentó a su lado y le preguntó: "Estas bien Silvi" y su
amiga contestó "Si. Si estoy Bien. Fue genial Griselda". De inmediato las dos
comenzaron a besarse como antes lo hacia Griselda conmigo pero, esta vez, sus
manos no aferraban el cuello de su amiga sino que jugaban con los pechos y
pezones de Silvina.
Iniciaron ambas a acariciarse y mientras una le tocaba y
amasaba los pechos a la otra, su amiga con los dedos hurgaba en el sexo de
Griselda metiendo primero uno y luego dos dedos juntos aumentándole la
excitación. Fue cosa de sólo observar la escena que ambas estaban haciendo. Las
dos de costado en el sofá, una frente a la otra a escasos treinta o cuarenta
centímetros. Las manos que recorrían sus cuerpos y la excitación que crecía en
el ambiente a cada instante.
Casi sin percibirse, Silvina retiró sus dedos de la concha de
Griselda y acerco su cuerpo al de ella, ahora los pechos se tocaban sin la ayuda
de la mano, se rozaban pezón con pezón y las manos de ambas abrazaban a la otra,
una por el cuello y la otra aferrándola por las nalgas. Griselda hizo un
movimiento sobre Silvina y aquella cayo de espaldas en los almohadones del sofá
y su cuerpo encima de ella, las piernas completamente entrelazadas y comenzó un
movimiento de su pelvis frotándose contra su amante de turno.
Era impactante ver a Griselda casi literalmente acogiéndose a
Silvina y como ésta la tomaba por las nalgas y la pegaba más a si misma en
búsqueda del placer de esos dos cuerpos que parecían solo uno. Los gemidos de
una y la otra se confundían "ahhggggg" "siiii, Silvi, así" "Ufffff Griselda, que
buena estas" y a cada movimiento intensificaban el ritmo dejándome ver que lo
estaban gozando en grande.
Con un movimiento rápido Griselda se giro sobre Silvina y le
colocó su vagina en el rostro ordenándole: "Chupame Silvi, Chupame fuerte amor"
y ella hizo lo mismo con su amante iniciando un sesenta y nueve espléndido entre
las dos. Yo me levante de mi silla para acercarme a ellas y poder ver con más
detalle mientras me masturbaba lentamente para disfrutar mas la visión que me
ofrecían.
La lengua de Griselda surcaba de la vagina al ano y volvía
recogiendo todos los jugos de su amiga que eran mas que abundates y Silvina
mordía los labios vaginales de Griselda y le metía la lengua en su orificio todo
lo que podía para volver a chuparle el clítoris y repetían esos movimientos una
y otra vez hasta que Griselda anunció que se venia en un orgasmo gritando: "Dame
duro Silvi, dame duro que acaboooo, aaaauuuuucccchhhhh" y comenzó a refregarle
con fuerza su sexo en el rostro de Silvina como si lo estuviera cabalgando.
Cuando las convulsiones del orgasmo de Griselda concluyeron
ella dejó caer su cuerpo hacia delante en clara señal que había quedado
satisfecha y yo aproveche a darle mi verga otra vez a Silvina para que me la
mamara. Un momento después hice que Griselda dejara el sofá, me recoste yo en
los almohadones y le pedí a Silvina que se colocara encima mío y muy obediente
se subió a la altura de mis caderas y ayudando con su mano guió mi verga a la
entrada de su cueva y se dejo deslizar hasta que estuvo toda adentro.
Yo tomaba a Silvina por las caderas y comenzamos a movernos
en el clásico movimiento mete y saca, adelante y atrás. Le indique que se
quedara en esa posición erguida y que mientras se movía acariciara su vagina,
tocara su clítoris para aumentarle el placer y así lo hizo. Cosa de unos
segundos más tarde Silvina estaba casi lista para otro orgasmo como los
anteriores.
Estando en esa posición los dos, Griselda se colocó detrás de
Silvina y con su cuerpo acompañaba los movimientos de su amiga mientras daba en
su cuello y hombros delicados besos con sus labios y le pasaba la lengua y con
sus manos la tomaba por ambos pechos retorciéndole los pezones.
Ese movimiento duro algo más de dos o tres minutos y yo
sentía escurrir los jugos de Silvina por mi pelvis y los muslos y ella a cada
estocada en su interior soltaba un gemido cada vez mas fuerte "Auuuggggg",
"Siiii, Siiiii profesor" o bien se daba besos de lengua con cierta dificultad
con Griselda que asomaba su cabeza a un lado de ella. Desde mi posición era una
alucinación, la cara de viciosas de aquellas dos chiquillas ofreciéndoseme ahí,
disfrutando de esa ración de sexo salvage y, lo mejor de todo, nada había sido
planeado, ni forzado y la entrega de ellas era total.
Como yo ya había tenido mi primer eyeculación esta vez podía
durar más que antes y aproveche eso para hacer acabar a Silvina sin correrme..
Cuando Silvina alcanzo el punto máximo de su excitación dejo la posición sentada
sobre mis caderas para ponerse de cuclillas sobre mi verga y con movimientos
fuertes sube y baja se clavó mi sexo con una intensidad que jamás sospeche
tendría aquella niña. Cada vez que estaba en lo alto, simplemente se dejaba caer
por completo enterrándose mi verga en su sexo y con cada movimiento su pelvis
comenzaró a dar golpes contra mi cadera haciendo un sonido hueco como quien
golpea suavemente una madera "Ploc", "Ploc", "Ploc" y el ritmo aumentaba a cada
vez.
Cuando su orgasmo se avecinaba, cambió los movimientos y ya
no subia tanto, sino que eran movimientos cortos y fuerte, como golpeando un
clavo con un martillo para remachar la unión y luego de tres o cuatro veces,
simplemente se dejo caer, se pego a mi, se aferró por mi cintura y exploto en un
estridente orgasmo jadeando sin cesar "Ahhhhhh, Ahhhhhhh, AAAAiiiiiiii,
OOOOoogggg, Si, Si, Asi, asiiiiii que estoy acabando".
Cuando se hubo calmado sólo se recostó a mi lado en el sofá a
recobrar el sentido. Como yo aun seguía excitado me acerque a Griselda y le
dije: "ahora te toca a vos nena" "Quiero romperte ese culito lindo que tenes,
bebe".
Ella sabía lo que me gustaba y se dio la vuelta, se arrodillo
sobre el sofa, se recostó en el respaldo y me ofreció su culo para que lo
lamiera y me lo cogiera. Comencé jugando con mi lengua en los pliegues rosados
de su ano y de inmediato se notó la reacción de ella comenzando a dilatarse
suavemente dejando que mi lengua entrara con facilidad.
Viendo que ella estaba lo suficientemente excitada, metí
primero un dedo y luego dos a la vez hasta que ambos se deslizaban por el
interior suavemente. Griselda había tomado el gusto y placer del sexo anal y
casi todas las veces que nos encontrábamos lo hacíamos de esa manera y ese día
no era una excepción. Mientras mis dedos le arrancaban gemidos de placer le
pedía Silvina que me chupara un poco para lubricármela.
Cuando la sentí bien lubricada y mis dedos en el culo de
Griselda resbalan con total naturalidad saque mi miembro de la boca de Silvina y
lo apoyé en la entrada del culo de Griselda. Al sentir mi verga dura presta a
penetrarla, Griselda moví su mano derecha y me tomo de la cadera y ella misma
comenzó a deslizarse hacia atrás buscando la penetración y no se detuvo ni un
segundo hasta que toda mi verga desapareció en sus entrañas e hizo tope mis
bolas junto a su sexo.
Luego de acomodarnos un segundo a la penetración, inicié el
movimiento de mete y saca, suave, lento, como a mi me gusta para sentir como el
esfínter y las paredes intestinales apretaban mi verga de un modo delicioso.
Griselda mientras tanto, con su mano derecha, comenzó a acariciarse el clítoris
para aumentar su excitación y al cabo de unos segundo ya estaba gimiendo de
placer y pidiendo más verga en el culo como ya era una costumbre.
"Dele profesor, rómpamelo todo, dele duro profesor, hágame
acabar" y yo aumente el ritmo sabiendo que ella lo que quería era que lo hiciera
con fuerza y de modo salvaje. Mientras ahí estábamos los dos, Silvina miraba
absorta la escena y se acariciaba sus tetas delicadamente.
La excitación de Griselda crecía a cada instante y ya no era
yo quien marcaba los movimientos de la penetración sino ella, que a cada
movimiento arrojaba más y más fuerta hacia atrás sus caderas enterrandose mi
verga integramente en sus entrañas y golpeando sus nalgas contra mi cadera
"Plaf, Plaf, Plaf, Plaf".
El orgasmo de Griselda no se hizo esperar y al empujar una
vez más hacia atrás reclinó su cara sobre el respaldo del sillon y dio un grito
ahogado por una feroz mordida en el cuero del mueble "Auuuchhh, Aaaaggggg",
"SSSiiiiiiiii Profesoooorrrr, asíiiiiiiiii que me me gustaaaaa, no se detenga" y
yo le bombeé dos, tres cuatro veces más hasta que ella sola se hecho hacia
delante descansando de la intensidad de su orgasmo y separándose de mi.
Como yo aun no había vuelto a eyacular le pedí a Silvina que
se pusiera de cuatro patas y otra vez le metí mi verga por esa estrecha vagina
que aun seguía empapada. Me aferré a sus caderas y comencé el movimiento
tratando de tener mi propio orgasmo. Aquella niña gritaba, bufaba y gemía como
una perra en celo y casi desde el mismo instante en que la penetré comenzó a
tener su orgasmo, seguido de varios pequeños y diciéndome "Que bien coge
profesor, siga, siga, no se detenga, rómpame en dos profesor" y yo aumente mi
ritmo de las penetraciones.
Fue cosa de un minuto y poco más para que me viniera en el
interior de Silvina esparciendo mi semen en forma abundante otra vez. Cuando
ella sintió mis jugos explotar en su interior volvió a tener un orgasmo intenso
que yo ayude a aumentar acariciándole el clítoris hasta que gritando "Basta,
Basta, No puedo más" se separo de mi para caer exhausta en el sofá.
Yo me senté entre ambas ahí mismo donde estaba. Griselda ya
se recomponía de su orgasmo mientras silvina sólo jadeaba con su respiración
entre cortada tratando de recobrarse. Griselda se recostó en mi hombro sentada a
mi lado y cada tanto intercambiábamos dulces besos como siempre lo hacíamos al
finalizar nuestros encuentros.
Yo le agradecía a Griselda por aquella experiencia y ella me
confesó que desde hacía una semana que venía planeando este encuentro con
Silvina e, incluso, que una vez en su casa las dos solas tuvieron un encuentro
entre ellas.
Diez minutos después y ya todos recobrados nos fuimos al
sanitario a higienizarnos y nos volvimos a vestir y casí media hora después
ambas niñas se marchaban de mi oficina rumbo a sus casas mientras yo me quedaba
arreglando todo para no dejar huellas de lo que ahí había ocurrido.
Tal como lo hablamos ese día, nunca más volví a tener nada
con Silvina y ella, cumpliendo su palabra, no dijo nada de la relación que tenía
con Griselda pero ésta me confesó después que un par de veces habían vuelto a
tener sexo entre ellas y que si yo quería, podríamos repetir la experiencia de
ese día. Claro que no quise, ya era mucho inconveniente mantener una relación
con mi alumna predilecta y no podía darme el lujo de ampliar ese circulo y que
se pudiera saber todo más allá de nosotros y siempre me rehusé a que se
repitiera.
El resto de cómo fueron los demás encuentros con mi alumna
predilecta, los voy a guardar para mi y con este relato doy por concluida esta
historia, espero que la hayan disfrutado, al menos un poco con su lectura, pues
se que no se compara con lo que he vivido con mi querida Griselda y el placer
que ella me ha dado durante todo ese tiempo que duro lo nuestro.