... continuación de "Mi 1a Vez: Atracción Explosiva"
Estabamos ya completamente desnudos y extasiados sobre la
cama, nuestra respiración era agitada y nuestros cuerpos estaban exhaustos y
húmedos; podía sentir como escurría entre mis piernas una humedad que provenía
de mi propio coñito y que esa noche, mi primera noche de sexo y desenfreno,
había brotado en abundante cantidad ante el delicioso estímulo que fue tener la
boca, la ardiente lengua y la enorme verga de mi compañero en mi, podía sentir
como ardía mi sexo, como mi cuerpo pese a estar desnudo en una noche fría,
emanaba un calor que sin duda era el calor de un hambre que comenzaba a ser
saciada, un hambre de sexo que esa noche estaba encontrando su alimento, y que
aún podía saborear en mi, sintiendo en mi boca los vestigios de esa explosión
maravillosa que mi amante me otorgó al darme de beber de su gruesa e inflamada
verga, verga que por cierto, aún me tenía adolorida por haberme desvirgado de
esa forma tan apasionada y violenta...
¿Cuántos minutos estaríamos así? cinco, quizás diez, tratando
de reponernos para siquiera sacar el habla, que finalmente no fue necesario,
porque bastó sentir su mano, esta vez cariñosa y suave, que caballerosamente me
invito a que nos levantásemos, y al hacerlo, al estar de pie junto a la cama con
el hombre que me había dado tanto placer de una forma tan maravillosa, no pude
evitar sentir una emoción tan inmensa, que me surgieron unos deseos inmensos de
decirle, que darle las gracias, de agradecerle por estar haciendo de mi primera
experiencia sexual una vivencia de antología que jamás podría olvidar, quería
decirle que él era el primero, el único que me había tocado de ese modo, que mi
piel se derretía entre sus dedos y que me temblaban las piernas con sólo
mirarlo, quería decirle tantas cosas, y mi boca no respondía, sólo mis ojos
hablaban por mi, y sentí como 2 lágrimas rodaban por mis mejillas, al tiempo que
él las secó tiernamente, y acercando mi boca a la suya, me besó, fundiéndose
nuestras almas como ya lo habían hecho nuestros cuerpos, y en ese beso eterno,
comprendí que ese hombre, era mi hombre, y yo, su mujer.
Cuando finalizó ese beso, sentí un escalofrío recorriendo
todo mi cuerpo, y erizando mi piel, y mi compañero sonriendo me dice –Tienes
frío, vamos a darnos una ducha juntos- y viendo como ya habían reaccionado
mis pezones y se habían puesto bien duros, bajó con su boca hasta ellos,
succionándolos suavecito, primero a uno, y luego al otro –para que éste no
crea que tengo un favorito- me dijo, y sonrió, y pude ver que no sólo su
rostro era precioso, sino que su sonrisa era celestial y bella, y pude sentir
como su mano apretando suave y firmemente la mía, me invitaba a la ducha, y lo
acompañé.
El baño era amplio y acogedor, la tina triangular daba pie a
un espacio en el área posterior donde habían muchos adminículos pequeños y
pintorescos, shampoo, jaboncitos, gorros de baño y un par de frascos de colores,
que al verlos con más detalle, descubrí que eran aceite de sándalo y de
almendras. –¿Te han hecho alguna vez un masaje con éstos?- y al querer
terminar la frase, titubeó.... –Por favor perdóname, hemos compartido tanto y
ni siquiera sé tu nombre- yo le sonreí y simplemente conteste –Lorena, me
llamo Lorena, y nop, jamás me han hecho siquiera un masaje- y abriendo el de
almendras y dándomelo a oler, tomo una graciosa pose medieval y ceremoniosa y me
dijo –Pues yo, como que me llamo Sergio, prometo y os juro bella damisela,
que esta noche conoceréis de atenciones y placeres, que sin duda os merecéis por
seros así de bella- y acto seguido hizo un ademán de reverencia y cuando se
levantaba, tomándome por sorpresa, me levantó de mis piernas y llevándome en sus
hombros, me introdujo a la tina, y mientras nos reíamos y jugueteábamos él se
metió también, cerró la ventanilla y me abrazó muy fuerte y rico, comenzando a
besarme de una forma que me hacía rápidamente entrar en calor, pude abrazarlo y
sentir su espalda tan masculina, tocaba sus brazos grandes y fuertes, enredaba
mis manos en su cabello y con mis piernas comenzaba a rodear las suyas, y él me
ayudaba levantándome una rodilla y comenzábamos así a sentir como nuestros
cuerpos comenzaban a hervir de pasión nuevamente, y pude apreciar como su propio
sexo se endurecía entre mis manos, y lo oí murmurar extasiado y muy bajito
–Cómo me excitas mujer!- y respondí con unas caricias esta vez más intensas,
que semejaban masturbarlo, y vaya que era efectivo, y ya para agregarle más
calor e al asunto, abrí las llaves de agua y dando con una exquisita temperatura
tibia que se aunaba a nuestra temperatura en ascenso, comenzamos a sentir como
nuestros besos, nuestra fusión, nuestro contacto piel con piel era bendecido por
un agua que no hacía más que aumentar nuestra excitación, nos hacía besarnos aún
más intensamente, y al hacerlo, sentíamos como nuestras lenguas añoraban el
contacto, como nuestras manos se deleitaban al tocar la piel del otro, como nos
íbamos explorando más y más íntimamente, sentí como sus manos buscaban mis
pechos y las apretaban de una forma que llegaba a doler, pero era un dolor tan
placentero, que mi cuerpo entero lo agradecía, me apretaba ambos pechos al mismo
tiempo que su lengua se trasladaba de mi boca a mi cuello, para ir bajando hasta
dar con mis erectos y rosados pezones, que lo recibían reaccionando aún mas,
mientras me repetía una y otra vez –Me encantas tus tetas amor, las tienes
exquisitas- y la escalada de placer aumentaba, mientras lo veía buscando el
jabón liquido, de rosas y orquídeas, dispuso una pequeña cantidad de él, bajaron
más sus manitas, y sentí como suavemente acariciaba mi aún adolorida [pero muy
agradecida] conchita, y la acariciaba suave y rico, deslizando sus dedos por
depilado monte de Venus, me limpió bien, haciendo una suave espuma, se preocupó
de dejarme absolutamente pulcra y limpia, y en el proceso, pude disfrutar de
cómo sus dedos me tocaban por completo, mi labios, vulva, mi coño entero, y
también como lavaba y apretaba mi redondo culo, y separaba mi trasero para al
pasar sus dedos por mi aún virgen ano, enjabonarlo no sólo por fuera, sino
también algo adentro, metiendo su dedo índice bien lubricado en jabón, y
enjuagándome prolijamente, y con su otra mano fue ascendiendo hasta mi ranurita
delantera, sentía como su mano exploraba mis labios, como los iba separando, y a
su vez mi cuerpo, instintivamente, me obligaba a abrir mis piernas y sentirme
tan entregada, que cuando sentí sus dedos penetrándome, mis piernas temblaron y
mi cuerpo entero reaccionó, y pude sentir como me contraía internamente, y él,
al sentir como mi coñito aprisionaba sus dedos, me dijo –No sé como haces
eso, pero es delicioso cómo se siente, mira como me tienes!- y claro, al
enseñarme su pene, vi cuan erecto estaba, con su tronco gruesesisimo, su
prepucio ya corrido, y un rosado y deliciosamente brillante glande que parecía
querer explotar, y mientras lo veía, me volvió a sacudir con nuevos y más
profundos movimientos dentro de mi, y sentí como ya no eran dos, sino tres de
sus gruesos dedos los que me penetraban... –Me encanta sentirte dentro-
fue lo único que pude pronunciar, y me respondió –Eres deliciosa- al
tiempo que retirando sus dedos de mi vagina, comenzó a lamérselos, y poniéndose
de pie, me los introdujo a la boca diciendo –Prueba, ve cuan sabrosa y rica
estás- y probé de sus dedos mi propio sabor, y de inmediato me besó, y fue
un beso tan caliente, húmedo, hambriento y soñado, que apegué mi cuerpo al suyo,
y él, entendiendo mi mensaje, me hizo tomarle su erecto miembro y me dijo al
oído –Quiero que me mames la verga como tú sabes hacerlo- y cómo negarme,
si desde que la vi no he dejado de desearla, y bajé hacia ella, sintiendo el
agua caer sobre mi cuello, mi espalda, se la mamé con mi hambre acumulada por
siglos, sentía como su enorme y gruesa verga se hundía en mi garganta, como mis
labios apenas lograban rodear su grueso tronco, y como sus huevos se volvían
duros y calientes, los rozaba y sobaba, mientras seguía sintiendo el ímpetu con
que su verga entraba y salía cada vez con más fuerza de mi boca, mi lengua
jugueteando con ella, devorándola, queriendo mamársela toda la noche, la seguía
chupando fuertemente mientras lo escuchaba decir –Oh si, cómetela toda, que
rico mamas, es toda tuya, cómela, cómetela toda- y gemía mientras yo seguía
succionándolo, lamiéndolo entero, y sintiendo tanto placer al sentir ese enorme
pedazo de carne en mi boca, que mi propio sexo reaccionó, humedeciéndose y
obligándome a parar, porque mi sexo, necesitaba, añoraba sentir esa verga
dentro, muy muy dentro, y me puse de pie, y le dije sin pudor: –Necesito que
me claves tu verga, te necesito dentro.
Cógeme de una vez, te lo suplico- y con una facilidad
mágica, me ayudó a subir a él, así de pie, contra la pared, aún bajo el agua de
la ducha, acomodó su erecta e impresionante verga y la hundió en mi, y una
oleada de placer inundó mi cuerpo, mis piernas rodeando su culo, y él entrando
completamente en mi, besó, lamió mi cuello, y en cada movimiento me penetraba
aún más, y mi vagina húmeda y caliente, lo recibía contrayéndose de placer, –Qué
apretadita estás amor- me decía, mientras sentía que mi cuerpo se partía en
dos con cada movimiento –Que grandiosa verga tienes, cógeme, cógeme así, dame
fuerte- le suplicaba, y él aumentaba la intensidad de su penetración, y me
daba mucho más fuerte, haciendo que de mi cuerpo extasiado escurriera de una
humedad que unida al sudor me hacia sentir tan mojada y excitada que mis uñas se
enterraron en su espalda, y más aumentaron sus gemidos, arañé sus brazos,
marcando su piel con mi pasión ya sin limites, y el bajando sus manos para
asirme con más fuerza, me tomo del culo y me siguió cogiendo con fuerza, más
rápido y más duro –Que rico cuerpo tienes- y apretaba mis glúteos
mientras se deleitaba viendo el vaivén de mis tetas en cada movimiento de esa
increíble cogida que nos estabamos dando, –Y tú que rica verga tienes!!-
atiné a decir, mientras mi cuerpo se contorsionaba del placer al gozar de una
manera que jamás siquiera llegué a soñar, él me seguía ensartando su enorme
verga, y sentía como nuestros cuerpos húmedos chocaban en cada arrebato de esa
penetración que se hacía cada segundo más intensa, y cuando me dijo –Que rico
te mueves, oh, que rico coño tienes- sólo pude pedirle más y más, porque
sentía que cada vez el clímax estaba más cercano, y quería más, –Dame, porfa
dame, dame todo, lléname el coño, lléname de tu verga, dame tu crema, ahhhh,
dame, amor, dame- le supliqué, y moviéndose aún más rápido me preguntó –Quieres
que te de?, quieres que te llene el coño con mi leche amor?, estás segura?-
–Si, ahhhh, ahhhh si, dame dame, dame- y en una sacudida conjunta,
alcanzamos un orgasmo en que mi cuerpo se sacudió de placer y él regó mi coño
con su cremosa leche, y exhaustos nos quedamos viendo unos segundos, para poco a
poco ir separando nuestros cuerpos, mirarnos y regalarnos una sonrisa cómplice,
abrazarnos bajo la regadera, y sentir el agua bendiciendo la que había sido
nuestra segunda cogida de la noche... pero que no sería la última =)
Continuará...