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Memorias de la joven Candy (2)
Hetero: Primera vez- 2008-03-07 08:32:10
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MEMORIAS DE LA JOVEN CANDY

SEGUNDA PARTE

 

POR SILVIA

 

Desde el día en que me integré a la familia que me recibió en la ciudad, mi vida cambió notablemente, pues me sorprendí al saberme deseada, y por tanto asediada por el señor de la casa, en tanto que de su joven y apuesto hijo solo recibía un trato tan indiferente que me resultaba doloroso, pues, comprendí que estaba enamorada de él.

Para complicar aún más las cosas, una noche en la que mis preocupaciones me quitaron el sueño, y fui a buscar un vaso de agua, sorprendí una íntima conversación entre el señor y su esposa que estaban solos en la sala, probablemente intercambiando confidencias después de haber hecho el amor, pues, ella aún estaba semidesnuda.

Cuando en su charla escuché mi nombre, la curiosidad me hizo actuar con discreción por lo que silenciosamente me oculté tras una puerta procurando enterarme de los detalles de aquella insólita conversación, pues, sin poderlo creer oí que ella le pedía a su marido no negar la atracción que sentía por mí. ¡Y lo decía con un tono tal que parecía no estar enfadada por ello!. Al contrario, con total sorpresa escuché que ella decía:

- Si es tan grande tu deseo por Candy, no debes dejar de conquistarla y hacerla tuya. No puedes permitir que un jovenzuelo de su colegio te gane y goce de su virginidad antes que tú. – Vamos, anímate – concluyó.

Escuché eso y me puse a temblar no tanto por la sorpresa de las palabras de la esposa de mi patrón, como por la incitación que hacía a su marido de poseerme. Pero lo que siguió a continuación, me dejó aún mas perpleja y confusa, pues, nunca habría imaginado escuchar de una mujer la siguiente confesión:

- Debes comprender que no te animo a hacerlo pensando solo en ti, pues, en aspectos del amor, soy egoista, y también busco la forma de lograr mis deseos. En este caso, te confieso – dijo la esposa a su marido – que también a mí me gusta la joven Candy, y deseo tenerla en mis brazos, acariciar su cuerpo, y ser acariciada por ella.

Hasta ese momento, en mi ingenua e inocente formación, no conocia nada de la atracción entre mujeres, por lo que las palabras escuchadas me causaron asombro, ya que no podía entender que la señora me desee. Sin embargo lo que escuché fue poco, comparado con la conclusión de aquella insólita confesión, pues ella dijo luego:

- Por eso te doy mi consentimiento a que la conquistes, pues, deseo que la poseas e inicies en el amor para que pueda yo hacer lo mismo, y hasta tal vez, para que después la gocemos los dos juntos. Estás de acuerdo? – concluyó.

No quise oir qué respondía el señor de la casa, por lo que casi enferma de miedo huí hacia mi habitación, metiéndome en la cama, donde definitivamente perdí completamente el sueño pues, las palabras escuchadas no dejaban de sonar en mis oídos haciendo que mi cabeza se llene de confusos pensamientos que me inquietaron de tal manera que pensé abandonar la casa para retornar de inmediato a mi pueblo. Recién al amanecer pude dormir algo, sirviéndome ese ligero reposo y una posterior ducha fría, para refrescar mi dolorida cabeza y aclarar un poco mis ideas. No podía retornar a mi pueblo y abandonar el colegio donde tan bien me estaba yendo, así que decidí minimizar el asunto, tratando de imaginarme que solo fue un mal entendido mío, o tal vez solo el producto de una charla erótica fruto de la imaginación y fantasía de los dueños de la casa.

Me tranquilicé durante el transcurso de los siguientes días, pues, todo continuaba en la casa aparentemente igual, aunque el señor continuaba mirándome con evidente deseo y no perdía ocasión para dirigirme palabras galantes. Sólo en una oportunidad me pareció notar que la señora paseaba de manera muy rara su intensa mirada por mi cuerpo, lo cuál me hizo sentir algo inquietante y extraño, pues, recordé sus palabras de una noche anterior. Pensando en ello, durante las noches, sentía que me humedecía, presa de excitación, por lo que recurría a la forma recientemente descubierta de desahogar mi deseo mediante el uso frenético de mis dedos en mi sensible clítoris, hasta alcanzar mi placer.

Así transcurrió casi un mes, hasta que un fin de semana, en el que no tenía clases, fui llamada por la señora que me dijo con toda naturalidad que debía alistarme para salir a la calle de compras con su esposo. Grande fue mi sorpresa escucharla, pues, hasta entonces solo se usaban mis servicios en la casa para las tareas domésticas de limpieza y ayuda en todo cuanto pudiera, sin que jamás haya salido a la calle con los dos esposos juntos, con excepción de la señora a quién a veces acompañaba de compras al Super.

No pude sin embargo replicar la orden recibida, por lo que fui a mi habitación a cambiarme y alistarme para salir, meditando en lo que ello podría significar y en la forma en que yo debería actuar, pues, no sabía como reaccionar ni comportarme ante la orden de la señora, de quién a tiempo de separarme escuché que me decía:

- Ponte lo mas bonita que puedas, pues, él desea llevarte a varios lugares -

Así es que mientras me ponía la mejor de la sencilla ropa con que contaba, tomé la decisión de llegar hasta donde los esposos quisieran llevarme, dejando de lado mis escrúpulos, pues, si no lo hacía corria el riesgo de ser echada de aquella casa en la que hasta entonces había recibido un buen trato, siendo facilitado en todo mi propósito de estudiar en la ciudad formándome así para el futuro. En mi pueblo viví en un deplorable estado de pobreza e ignorancia, al que no desea retornar, por lo que en ese momento decidí arriesgarlo todo para quedarme en la ciudad, pensando que dado el comportamiento, tal vez galante, pero en todo momento caballeroso del señor de la casa, y la paciencia y bondad con que siempre me trató la señora, nada malo me pasaría con ellos.

Pensando de esa manera y con una decisión tomada, me sentí mejor y con mas confianza que los días posteriores a la conversación que sorprendí. Mis temores habían desaparecido, siendo sustituidos por algo que tenía mucho mas de curiosidad que de deseo o excitación. Menos aún pensé en ese momento en entregarme a cambio de alguna cosa, aunque estaba conciente que a partir de esa tarde algo, que aún no sabía qué era, cambiaría en mi vida y la orientaría de manera diferente a la simple manera de vivir que hasta entonces me había imaginado.

Cuando terminé de alistarme, fui, bastante nerviosa, donde los esposos me aguardaban, y después con ellos hasta donde estaba el automovil de la familia al que me hicieron subir, acomodándome en el asiento delantero, al lado del conductor, en cuyo puesto se sentó el señor de la casa, tomando el volante, mientras su esposa nos despedía alegremente, aunque con una enigmática sonrisa en su rostro. De esa manera me encontré al lado de un hombre maduro en una supuesta salida de compras, sorprendiéndome él con una conversación agradable. Era casi un monólogo, pues, yo con mi nerviosismo, apenas atinaba a contestarle. Fue sin embargo muy atento y amable. Su tono de voz era pausado y tranquilo y fue inspirándome confianza, ya que poco a poco perdí el estado de tensión que sentía y fui respondiendo a sus preguntas y comentarios de la manera más cortés que pude encontrar.

Es así que fui conducida hasta un gran almacen que no conocía, pues, mis compras personales hasta entonces solo las hice en modestas tiendas. El me condujo con mucha cortesía hacia el lugar destinado a ropa femenina, diciéndome que deseaba obsequiarme lo que necesitara, pues, quería verme bien vestida, sin desentornar con mis compañeras de Colegio, las que suponía que eran unas jovencitas elegantes o por lo menos plenas de deseo de lucir bien, como ocurre con toda joven linda, me dijo.

De esa manera me encontré en medio de una gran variedad de ropa juvenil que hasta entonces solo imaginé tener algún día. Elegí tímidamente una prenda modesta, pero él me animó a escoger más, mostrándome personalmente sus preferencias. Noté su inclinación hacia los escotes pronunciados y telas suaves y delgadas, por lo que guiándome por su preferencia, ya que tenía poco conocimiento de la moda actual, y presa de un inusitado entusiasmo, elegí varias blusas y algunos vestidos que me parecieron algo atrevidos, pero que los escogí sobre todo observando la clara expresión de aprobación de su rostro. Confieso que con esa hasta entonces desconocida experiencia para mí, me sentí presa de una especial alegría y satisfacción, probablemente motivada en la espectativa de lucir bien sustituyendo mis viejas prendas por todas aquella flamante y atrayente ropa que por primera vez estaba adquiriendo en mi vida. Aunque no me lo hubiera propuesto, mi rostro reflejaba la felicidad de ese momento, y él me lo hizo notar con una amplia sonrisa, llevándome de un lugar a otro, mostrando así una paciencia que me sorprendió gratamente.

Después de aquellas compras, me llevó en busca de zapatos nuevos, eligiendo unos bonitos, muy modernos y de tacones altos, pues, dijo que con ellos resaltaría mejor mi figura, lo que hizo que me sonroje, aunque me hizo sentir bien. Simple vanidad femenina, supongo. Concluído aquello, me llevó a la sección de ropa interior, llegando a la cuál sentí vergüenza, pues, una cosa es comprar acompañada de un hombre, vestidos y otra muy diferente escoger y adquirir bombachas, bikinis y sostenes, no? ..... seguramente él vió como me sonrojé al llegar al lugar, por lo que con toda discresión, me dijo que no me preocupara, que él me esperaría fuera pero que no fuera modesta en mis compras, pues, creía que necesitaría de todo. Es así que ingresé a la dependencia de lencería y ropa interior sola, pero tuve la suerte de encontrar una joven dependienta que entendió mi necesidad de ayuda, por lo que compré muchas cosas de las que me antojé con solo verlas e imaginar cómo lucirían en mi joven cuerpo. Cuando concluí, salí y me encontré con él, esperandome, siempre con una paciente y comprensiva sonrisa en su rostro, lo que me hizo pensar que era una persona agradable, lo que pude comprobar en el auto, cuando salíamos del almacén, pues, en su conversación no mencionó el gasto que hizo en mis compras, sino que fue encaminada a diversos temas, mostrando cordialidad y un excelente humor. Cuando lo miré conduciendo el auto en esos momentos, ví en él a un hombre maduro, pero apuesto, y me sentí tranquila, feliz en su compañía: ¡mi temor y nerviosismo anterior habían desaparecido!

Me llevó entonces a una elegante heladería, conduciéndome a ella del brazo, cuál si fuera mi pareja, a pesar de la diferencia de edad. Mientras esperamos la atención del pedido que él hizo, viendo mi ignorancia en el tema, miré alredor mío, notando el bello ambiente en que me encontraba con su llamativo y elegante decorado en medio del cuál me sentía insignificante, pero feliz. Si él pretendió deslumbrarme, lo consiguió del todo y estaba en camino de conquistarme, pues, su amabilidad y agradable compañia me ganaban cada vez más. Fue en ese momento que cambiando ligeramente de tono, pero sin dejar de sonreirme, me preguntó qué pensaba de todo lo que hizo: su invitación, las compras, y el tenerme ahí en su compañía. Confundida, no supe qué responder. Entonces él me dijo lo siguiente:

- Bien sabes, Candy, que me agradas mucho. Veo en ti una hermosa joven camino de convertirse en una bella mujer. Sé que no puedo conquistar tu corazón, y menos aún pienso que puedas enamorarte de mí, pero no puedo evitar mirarte y desearte. Soy casado y hay mucha diferencia de edades entre nosotros, pero si tu deseas, podríamos llegar a un acuerdo que nos convenga a ambos. Eres inteligente, y sabes lo que espero de ti, pues, estoy seguro que has adivinado mis pensamientos con solo ver en casa cómo te observo, cómo recorro con mi mirada tu joven y bello cuerpo, el cuál me gusta y atrae como no creo que puedas imaginarte – Concluyó diciendo.

Notando mi silencio y probablemente, observando mi cara de asombro ante sus palabras, pues, aunque esperaba algo así, no dejó de sorprenderme la manera directa en que me hacía su proposición, continuó de la siguiente manera:

- Si tú me aceptas y accedes a mis deseos, prometo tratarte como a una princesa. No solo seré generoso contigo, sino que te daré en todo momento un trato amable y cortés. Podrás continuar estudiando, con la ventaja de saberte protegida por mí, recibiendo mi ayuda personal en todo cuanto necesites. Incluso en la casa mejorará tu situación, y no tendrás inconveniente alguno con mi esposa, quién estará enterada de lo nuestro, pero actuará discretamente, sin ocasionarte ninguna molestia por causa de nuestra relación – Hizo así una pausa, para luego continuar de la siguiente manera:

- A cambio de todo cuanto te dé, solo espero de ti tu compañía. Deseo que te dejes amar, prometiendo tratarte bien. Para ello buscaremos en cada ocasión un lugar adecuado, a salvo de miradas indiscretas, de modo que no ganes mala fama y puedas hacer tu vida normalmente, sin que lo nuestro interfiera en ella. Qué dices? – concluyó.

Tardé bastante en responder aquella inquietante y dificil pregunta. La esperaba, aunque de una manera diferente. Había meditado en diferentes formas de responderla, pero al cabo de un momento, mirándole directamente a los ojos sólo atiné a decirle:

- De acuerdo. Estoy lista. Vamos? –

Diciendo esto, me levanté de la mesa, lo tomé de la mano para alzarlo y lo saqué del lugar conduciéndolo esta vez yo, del brazo, hacia su automóvil, en el cuál sabía que iríamos al sitio en que realizaríamos nuestra "primera vez".

De esta manera comencé una extraña relación convirtiéndome en la joven querida de un generoso y guapo hombre maduro que desde ese instante, dejó de ser para mí el señor de la casa para convertirse simplemente en mi amante.

En los próximos capítulos narraré la forma en que, con él, perdí mi virginidad, y como aprendí a gozar, convirtiéndome en una verdadera mujer sensual. Hasta pronto.

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