Estaba muy cachonda aquella noche. Llegué a casa, encendí el
ordenador. Al poco apareció él, mi perrito fiel, mi aspirante a sumiso. Solo
verlo conectada me puso caliente, la señal de una buena corrida. Empezamos a
hablar y le dije como estaba. No me creyó. Lo normal es q sea él el q me induce
a tocarme. Pero esta vez mi necesidad de estallar era urgente. Normalmente
empezamos a charlar de manera natural, sin entrar en ningún papel, al poco me
dijo que se iba a duchar, que llegaba tarde a una cena.
_Espera un poco, te enseño las tetas, 5 minutos para terminar
de ponerme a cien, y correrme.
_Por supuesto, tan amable como siempre accedió. Pero esta vez
lo hice diferente. Le dije:
_Voy a dejar q veas mi cara mientras me corro.
Así q dejé la cámara dirigida a mi rostro, me desnudé
mostrándole mis pechos, mis pezones brillaban mojados con la saliva de mis dedos
mientras me los pellizcaba. Entonces cogí mi cepillo de dientes eléctrico, se lo
enseñé. Lo encendí, y lo acerqué con cariño a mi pepita, mi gran amiga, q tantas
satisfacciones me ha dado. Abrí las piernas, puse una sobre la mesa y la otra
sobre el manillar de la silla. Y abría cada vez más mis piernas, y el cepillo me
daba más y más gusto y yo no quería correrme, quería q durara más. Pero a la vez
necesitaba estallar. De vez en cuando miraba mi cara en la cámara, y me gustaba
ver mi cara q reflejaba el placer q estaba sintiendo. Y miraba lo q él me
escribía, me hablaba de sus dedos en mi culo, ya sabe lo cachonda que eso me
pone, de su lengua en mi coño. Y estallé, q rico, me corrí tan a gusto…Y
entonces le di las gracias por escrito. Y le mandé un beso a la cámara. Y vi mi
sonrisa, mi cara de felicidad. Y me abracé, y me di cariño. Y me puse el pijama
de nuevo. Y devolví el cepillo a su sitio.