El relato que les voy a contar es verídico y pasó este verano
en una población de la costa. Me llamo Santiago y tengo 15 años. Durante el mes
de agosto tuve que acompañar a mi padre a la costa, ya que él trabaja en un
hotel en la capital y le trasladaron para vacaciones a la isla a reforzar la
plantilla. Los primeros días me aburría de lo lindo en el hotel, ya que aunque
salía por la playa no conocía a nadie de mi edad. Un día hice amistad con un
chico el cual me contó que durante la noche se dedicaba a robar a los turistas
pasando por los balcones del hotel, por lo que quedé con él para ver como lo
hacía.
Cuando anocheció subimos a la primera planta y salimos a la
terraza. Mi amigo se coló en una habitación y al instante salió con una cámara
de fotos. Durante la noche entró en ocho o diez habitaciones sin que sus dueños
se dieran cuenta, consiguiendo un buen botín. Le pregunté como hacía para que no
se diesen cuenta de que entraba, y me enseñó un spray, que echaba por debajo de
la puerta para adormecer a los huéspedes, y luego él entraba sin ningún
problema. Le dije que me diese un bote que yo también iría con él las próximas
noches.
Así quedamos, me dio el bote y me fui a dormir al hotel de mi
padre. Al día siguiente quedé con él, pero el miedo a que me pillasen me hizo no
acudir a la cita. Pasaron los días y no volví a ver al chico, por lo que supuse
que le habrían detenido. Allí estaba yo, de nuevo sólo pero con el bote de
anestésico. Una tarde me encontraba en la piscina remojándome los pies cuando ví
pasar a una chavalita que me llamó la atención. Debería tener unos 14 años,
rubita y bien vestida. Echándole morro me dirigí a ella y le pregunté si conocía
el hotel, más que nada para romper el hielo. No me hizo ni caso, así que con
disimulo la seguí para ver dónde dormía. Cuando supe en que habitación dormía me
dispuse a urdir un plan para tirármela, total, mi novia no se iba a enterar y
mis cojones necesitaban ya vaciarse dentro de una almeja.
Cuando llegó la noche salí con cuidado de mi cuarto y salí a
las terrazas. Casi todo el mundo se encontraba ya durmiendo, por lo que no me
fue difícil llegar hasta el balcón de mi joven amiguita. Agité el bote y lo
rocié dentro de la habitación de la niña simplemente metiendo el brazo por entre
la puerta corredera de la terraza que se encontraba abierta. Esperé un rato a
que hiciera efecto.
Cuando entré dentro zarandeé el cuerpo de la chica para ver
si se despertaba. Como no reaccionó encendí la luz tras cerrar bien la puerta
del balcón. Allí se encontraba mi víctima tumbada en la cama vestida con un
conjunto de color rosa, y en la cama de al lado un chico de su misma edad, que
supuse sería su noviete, pues ambos llevaban en el cuello el mismo colgante.
Sobre una mesilla había varios efectos y una cámara de vídeo, así que cogí la
cámara, la enfoque hacia la cama de la chica y la puse a grabar.
Me acerqué a ellá y la besé los labios. Le abrí un poco la
boca y sorbí su lengua. Mi polla hacía rato que ya había reaccionado. Me quité
toda la ropa y me quedé desnudo. Sentado en el borde de la cama le bajé el
sujetador dejando al aire sus pechos. Los tenía pequeñitos, pero graciosos, con
una aureola de unos dos centímetros coronada por un lindo pezón oscuro. No dudé
y besé aquellas montañitas con glotonería recreándome en los pequeños bultitos
que crecían en el rosetón que rodeaba los pezones. Los pellizqué y sorbí hasta
cansarme. Con cuidado para no dañarla le quité las braguitas dejando al
descubierto su lindo coño castaño recubierto de una preciosa pelambrera. Separé
sus piernas y chupé con delicia el pequeño clítoris que coronaba su raja pasando
mi lengua arriba y abajo sin dejar de untarle saliva. Creo que la chica debió de
humedecerse pues noté en la boca un sabor agridulce que me hizo estremecer.
Como mi polla estaba a punto de estallar decidí que ya era
hora de iniciar la faena. Situé e la chica en el bode de la cama, con las
piernas bien abierta y le pasé la punta de mi rabo a lo largo de su raja,
humedeciendo con mis primeras gotas sus rizos oscuros que me invitaban a cruzar
el umbral de su conejo. No esperé más. Empujé mi polla hasta que la cabezota de
mi rabo se metió dentro de ella. Había penetrado unos centímetros cuando noté
una barrera que me cerraba el paso. La muy puta era aún virgen. Dudé en
follármela y desvirgarla, pero como la calentura que llevaba podía más que yo
decidí seguir con mi faena, aunque sin penetrarla demasiado. Con las manos le
abrí un poco el coño para no hacerle daño.
El movimiento de mi polla era muy pequeño, apenas unos
centímetros, pero lo suficiente para que el rozamiento de su carne y la visión
de sus tetas y de los pelos de su coño me calentasen aún más.
Así que le metí el rabo lo que pude y me la follé con
cuidado. Cuando noté que estaba a punto de correrme paré los ligeros movimientos
de vaivén hasta que las ganas cesaron. No pude aguantar mucho más, así que de
nuevo volví a iniciar la penetración. Supongo que su himen debió de pensar que
aquella situación no le gustaba, así que poco a poco comenzó a dilatarse
permitiendo que mi rabo cada vez entrase más dentro del conejo de la chica hasta
que llegó un momento que mis huevos chocaron con sus rizos. Sin darme casi
cuenta acababa de desvirgar a la chica.
Como el calor que me estaba dando aquella almejita recién
abierta superaba lo que mi picha podía resistir, me abandoné dejando que el
gusto me alcanzase, sacando todo mi rabo para volver a metérselo hasta el fondo
tan pronto noté que los primeros chorros de leche subían por mi rabo.
Noté como fluía la lefa abandonando mi rabo yéndose a clavar
en lo más profundo del coño virgen de la niña, que acogía por primera vez un
flujo tan caliente de semen. Después de inyectarle tres o cuatros cañonazos de
leche caí rendido sobre ella instante que aproveché para chuparle de nuevo la
boca y meterle la lengua hasta dentro.
Cuando creí conveniente le saqué el rabo de entre las
piernas. Un hilo de semen le salía de entre los rizos empapando sus muslos.
Grabé bien unos buenos primeros planos de sus tetas, de su coño chorrente y de
su cara de niña pija recién follada. Como no quise que me pudiesen meter en un
lío le limpié con una toalla la leche de su coño y después se lo lavé bien con
una esponja. Como sabía que la niña se iba a dar cuenta se me ocurrió una
estratagema para evitar que denunciase la violación. Le quité la ropa a su
noviete, y tras unos buenos manoseos conseguí que se le empalmase la polla.
No debía de tener más de 13 centímetros de larga, pero lo
suficiente para mis planes. Se la meneé hasta que se corrió, procurando recoger
toda la leche que luego tuve la paciencia de introducir en el coño de la niña y
por su pelambrera. Luego arrojé el contenido de una botella de ginebra por la
cama y en la boca de ambos. Así cuando despertasen tendrían la sensación de
haber pasado una noche loca.
Como aún tenía tiempo, volví a pajear al chico, extendiendo
esta vez la poca leche que le salió por la cara y los labios de chica. Me marché
de allí tumbando a ambos desnudos en la misma cama. Debo decirles que por
supuesto aún guardo la cinta que grabé y el spray adormecedor por si vuelvo a
tener ocasión de usarlo.
Santi.