ME INICIARON EN UNA ORGÍA.

Quedé desilusionada con el hombre que me desfloró y fue mi
primer novio hasta que descubrí que era casado. Decidí con mis padres que para
olvidarme lo mejor era irme a la casa de mi prima en Villa Regina donde vivía
con su madre hacía años.
Me recibieron con los brazos abiertos y me dispuse a pasar
los dos meses hasta el comienzo de la facultad en marzo.
Me hice enseguida de un grupo de amigos con los que compartí
mis salidas a bailar junto con Luciana, mi prima, que estaba de novia formal con
un estudiante en Bahía Blanca y que me presentó a Tino, un amigo, estudiante y
jugador de básquet del club local.
Luego de un par de encuentros en la confitería del club, me
invitó al baile de carnaval del sábado siguiente, que por supuesto acepté
encantada. Ya me había olvidado de Jorge.
Mientras bailábamos me susurró al oído lo feliz que lo hacía
y la envidia de las mujeres del pueblo que me hacían una rival hermosa y
peligrosa para ellas.
Tino era una presa codiciada. Media un metro noventa y casi
cien kilos de músculos trabajados en el gimnasio. Se sentía seguro de si mismo y
me propuso ser su pareja. Conocía el desengaño amoroso que había sufrido a
través de mi prima y entre besos y caricias acepté.
Estaba eufórica y apasionada con mi nueva pareja del verano,
me sentía una porteña piola que había conquistado al hombre deseado por todas.
Algunas mujeres me hicieron un vacío y otras se acercaron
mucho más, creándose un círculo íntimo con dos o tres parejas que comenzaron a
hurgar en mis experiencias anteriores y de paso contar las suyas.
Eran las más liberales del grupo y suponían que yo como
porteña estaría evolucionada, y no tendría el remilgo de las pueblerinas. No me
atreví a desmentirlas y cuando abordaban temas sexuales las seguía en la
conversación. Si hubieran sabido que solo había tenido relaciones con mi novio a
los veintitrés años no me lo hubiesen creído, así que opté por seguirles la
corriente.
Con Mario y Valeria fuimos una tarde para bañarnos en el río,
y hacer un picnic bajo la arboleda frondosa que circundaba la playa. La tarde
era hermosa. Nos bañamos y luego merendamos. Fuimos a caminar con Tino y al
retornar en un claro del monte percibimos voces entrecortadas y observamos a
Valeria y Mario haciendo el amor. Me puse a mil. Hacía meses de mi última
relación con Jorge. Tino se dio cuenta y me tomó por detrás mientras me pedía
silencio. Nos pusimos en cuclillas y los observamos sin interrumpirlos. Valeria
montada a horcajadas abierta de piernas hacía entrar y salir la verga de Mario
entre jadeos y gemidos de placer hasta que terminaron en un orgasmo prolongado y
ruidoso. Se fueron riendo satisfechos y felices.

Jamás había visto una pareja en semejante situación. De la
calentura que me produjo busqué la boca de Tino girando mi cabeza para
encontrarla. Me tomó en sus brazos y me beso con pasión
Entonces comenzó nuestro tiempo. Me quitó la bikini mientras
yo le bajaba el slip. Los dos desnudos, nos abrazamos y nos besamos. Tomé su
miembro erecto con mis manos, me arrodillé y le practiqué una mamada con todo,
jadeaba y me pidió que me detuviese pues iba a eyacular, entonces me acosté de
espaldas sobre la lona que llevaba Tino y abriéndome de piernas le ofrecí mi
vulva depilada. Me cogió torpemente una y otra vez hasta que eyaculó dentro mio.
Al terminar tomé nuevamente su miembro y lo limpié sin dejar una gota de semen.
Quedó rendido y abrazado prodigándome palabras de amor que respondí acalorada y
feliz.
Nos colocamos la malla y volvimos donde estaban Valeria y
Mario que al vernos esbozaron una sonrisa cómplice preguntándonos como lo
habíamos pasado. Tino respondió diciendo que había descubierto a la mujer soñada
y habíamos gozado como ellos cuando los descubrimos entre los árboles.
A partir de allí cogíamos casi todos los días y Tino al
conocerme mejor fue haciéndome gozar más y más. Era un semental en la cama.
El día antes de emprender el regreso a la Capital, decidimos
como despedida ir a bailar a Gral. Roca con Mario, Valeria, Susana y Santiago
que querían agasajarme.
Todo transcurrió con normalidad hasta que emprendimos el
regreso a la medianoche. Habíamos bebido más de la cuenta. Estaba mareada y
desinhibida. No me di cuenta cuando nos detuvimos en la chacra de Mario antes de
llegar al pueblo, ni creo que me enteré donde estábamos. Entre risas y la música
de fondo que colocó Mario, nos pusimos a bailar hasta que Valeria y Susana, me
invitaron a pasar al baño. Las acompañé y quedé atónita cuando se desnudaron y
me pidieron que hiciese lo mismo. Les dije que no estaba dispuesta pues jamás lo
había hecho delante de otras personas. Con sorna comentaron que luego de lo
vivido con Tino no me creían. Se fueron y me dejaron sola luego de beber y dejar
el resto de una bebida extraña en una jarra.
Sentía las risotadas de las parejas. Traspiraba y no sabia
que hacer. Tomé el líquido de la jarra hasta el último sorbo, e inmediatamente
me sentí rara, estaba algo borracha o la bebida contenía algo afrodisíaco. Llegó
Tino a buscarme y fue el quien me desnudó, sin que me defendiese.
Irrumpí de su mano en el living y observé a las dos parejas
cogiendo en sendos sillones. Podía verlos a pesar de mi mareo. Tino me sentó a
horcajadas sobre su pija que se introdujo hasta el fondo de mi vagina, y ya nada
me importó. Estaba en el paraíso. Lo cabalgaba con frenesí. La bebida me había
relajado y ya no tenía límites Luego me colocó de espaldas y me cogió hasta que
la voz de Mario y Santiago lo llamaron y le dijeron que Valeria y Susana,
estaban preparadas.

Tino se desprendió de mí y se situó por detrás de las dos que
de bruces recibieron el enorme tributo de Tino que pasaba de una a otra,
entrando y saliendo de sus culos generosos. Me volví loca de celos, y lo aparté
pese a las protestas de todos. Entre voces sugerentes me decían que yo no era
capaz de soportar lo que Susana y Valeria recibían. Recuerdo vagamente que les
dije que podía eso y mucho más, entonces Tino de espaldas en el diván, me pidió
que lo volviese a montar. Me enterró su verga hasta los testículos y mientras me
besaba me aprisionó con sus manos las nalgas. Las abrió para dejar el orificio
anal expuesto para explorarlo. Lo último de lo que tuve conciencia, fue sentir
una boca y la lengua lubricándome el ano, y luego una pija dura introduciéndose
en mi recto luego de atravesar el esfínter. Lancé un grito de dolor ante
semejante embate y al sentir las dos pijas en mi interior me desmayé. Fueron
unos segundos y al recobrar la conciencia, transportada a un mundo mágico, me
encontré rodeada por todos. Mario me cogía por la concha y Tino con su enorme
pija por el culo. Santiago me ofrecía la pija para que la mamara lo que hice sin
hesitar. Valeria y Susana se pajeaban observando la escena. Cambiamos de roles y
acabé varias veces. Me llenaron de leche, que escurrió por mis piernas y gocé
cuando Susana con su lengua y su boca me chupó la concha, y limpio los restos de
semen.

Fue una orgía increíble que terminó de madrugada. Estaba tan
rendida y mareada que Tino tuvo que llevarme a casa, pues casi no podía
mantenerme en pié. La despertó a mi prima Luciana que me introdujo a hurtadillas
para no despertar a mi tía y evitar que me viera en semejante estado. Me dormí
profundamente hasta el mediodía.
Me desperté, me bañé, y cuando me miré al espejo me asusté.
Mis ojeras delataban la noche de lujuria y desenfreno que había tenido. Me
compuse lo mejor posible y me dirigí a almorzar. Mi tía me preguntó como había
sido la despedida y si la había pasado bien durante mis vacaciones. Por supuesto
le agradecí por todas las atenciones y le conté por encima la despedida que me
habían ofrecido mis amigos.
Estuve dolorida y con el orificio anal irritado por un
tiempo, hasta que en Buenos Aires volvió todo a la normalidad.
Munjol (Marta.S.)