Era una masajista especial. Me la había recomendado una amiga
porque decía que era casi milagrosa, que te hacia desaparecer cualquier dolor
que tuvieras. Te descontracturaba a la perfección y en pocas sesiones te
solucionaba cualquier problema que tuvieras.
Me acuerdo que fui por un dolor en la cintura y ahí comenzó
la historia.
Patricia era una mujer elegante. Era de pelo color castaño,
ojos claros y una boca muy sensual con unos labios prominentes.
No tenía mucho busto pero la cola era perfecta, durita y
paradita.
Estaba casada y tenía un par de hijos.
Fue muy atenta al recibirme por primera vez y mientras me
hacía pasar a la sala de espera (en realidad el living del departamento que
ocupaba para dar masajes) me ofreció tomar una copa.
En realidad tenía una ayudante para ello pero, según me dijo
después, la primera vez era ella la que recibía a los pacientes. Era una
gentileza de su parte.
Cuando me tocó el turno me hizo pasar y dijo que me
desvistiera totalmente y me cubriera las partes íntimas con una toalla que tenía
sobre la camilla. Me indicó ello y se retiró de la habitación para regresar una
vez que yo le dijera que estaba listo.
Me hizo poner boca abajo y comenzó masajeándome desde la
planta de los pies hasta culminar en la nuca. Cuando pasó por mi cola me pidió
permiso para quitar un momento la toalla y masajear toda la zona con la crema
que usaba al respecto.
Inmediatamente que lo hizo me volvió a cubrir y siguió
subiendo hasta culminar en la nuca, como ya expresé recién.
A pesar de ser mujer tenía una fuerza especial en sus brazos
y cuando me descontraturaba la espalda puedo asegurarles que sentía
perfectamente como se introducían sus dedos en mi cuerpo.
Después de haber estado un buen rato me hizo girar y procedió
a masajearme boca arriba.
Comenzó nuevamente por los pies, tomando dedo por dedo y
luego siguió por las piernas hasta la entrepierna.
Me acariciaba los muslos del lado interior y empecé a sentir
sensaciones y trataba de pensar en cualquier cosa para no tener una erección.
Lo que pasa es que sus dedos pasaban muy cerca de mis
testículos y de mi miembro y yo me empezaba a hacer el bocho.
Creo que la tuve la erección y fue cuando ella pasó
rápidamente hacia mi panza para continuar subiendo y culminar, previo masajearme
también los brazos, en mi cabeza.
Me sentí muy bien realmente y el ambiente en el que me
encontraba favorecía la situación. Había música puesta muy suavemente y la luz
era tenue.
También había un incienso prendido de un agradable aroma.
Cuando me retiré parecía que flotaba. Realmente me había
dejado muy bien Patricia y esa noche se lo agradecí telefónicamente a mi amiga.
La próxima sesión fue a los dos días (habíamos quedado dos
visitas por semana) y fui recibido por su asistenta, una chica muy modosita y de
buen físico, quien me convidó con café mientras aguardaba que me atendieran.
Cuando ingresé se repitió la misma situación de la vez
anterior. Me desnudé totalmente y luego de situarme en la camilla tapado apenas
con la toalla llamé a la kinesióloga para que me atendiera.
Patricia era y es muy simpática y tiene una voz muy sensual,
con lo que uno se siente muy bien y se calienta fácilmente.
Cuando me estaba masajeando de arriba y llegó a mi
entrepierna avanzó más de lo que lo había hecho la vez anterior.
Directamente me sacó la toalla y según dijo era para poder
trabajar mejor ya que necesitaba tocar algunos puntos que de la otra forma no
podría hacerlo.
Apenas anduvo cerca de mi miembro a mí se me paró y no lo
pude evitar.
Le pedí disculpas por la situación y ella, sonriendo, dijo
que no me preocupara que eso les ocurría a todo y que si persistía tendría la
solución.
No podía imaginar cuál era aunque pensaba mil cosas.
Como mi situación no variaba o mejor dicho aumentaba segundo
a segundo de tamaño Patricia me susurró al oído que iba a tener que actuar.
Le di mi consentimiento y fue entonces que pasó algo
maravilloso.
Empezó a acariciarme la pija de una manera espectacular.
Mientras una de sus manos tomaban mis huevos la otra subía y bajaba por el
tronco deslizándome suavemente la piel que cubre mi glande haciéndome sentir
unas sensaciones muy agradables.
Lo hacía con tal habilidad que no lo podía creer. Nunca nadie
me había masturbado de tal manera.
Insinué decir unas palabras pero me pidió que me callara y
también apartó mi mano cuando quise tocarla. Me dijo que me quedara quieto que
era ella la que iba a actuar y que si no estaba de acuerdo me vistiera y me
retirara.
Como imaginarán me quedé lo más quietecito.
Sus manos seguían masturbándome y en determinado momento posó
esos hermosos y prominentes labios sobre la cabeza de mi pija y creí
desfallecer.
Estaba muy excitado y pensaba que podía acabar en cualquier
momento.
Me la chupó por unos instantes o mejor dicho me masturbó con
su boca y luego la retiró y dejó mi verga nuevamente al hermoso cuidado de sus
manos.
Aceleró el ritmo de tal manera que le dije que no podía
aguantarme más e hizo caso omiso a ello.
Siguió con su tarea hasta que lancé un impresionante chorro
de leche que se desparramó sobre mi cuerpo y en la camilla.
Siguió masturbándome hasta que no me salió más nada y recién
ahí me limpió todo con la toalla que en algún momento me cubría.
Mi pija se puso fláccida, le dio un nuevo beso y me indicó
que me podía vestir.
Cuando pensé que todo había terminado ese día me dijo que me
esperaba la próxima y me dio un beso de despedida.
La había pasado muy bien con Patricia y esperaba ansioso
nuestro próximo encuentro.
Antes de irme me aclaró que lo que había pasado no implicaba
que hubiera nada entre nosotros, que la cosa no pasaría de ello. Que era una
gentileza que ofrecía aparte de sus masajes y que si no me gustaba podía dejar
de ir.
De más está decir que la semana siguiente estaba en el
consultorio un rato antes de que me tocara el turno. Estaba ansioso y deseoso de
pasarla bien, porque además era muy buena kinesióloga.
La cosa fue increscendo sesión tras sesión y había un montón
de variedades para la masturbación que me practicaba.
No pasaba de allí la cosa pero me sentía muy bien. Patricia
llegó hasta dejar que le eyaculara en la boca.
Masajistas como estas son pocas las que pueden conseguirse y
le estaré agradecido eternamente a la amiga que me la recomendó.