A pesar de que el invierno parece
estar terminando y de que el sol se deja sentir, a ratos la temperatura
es fría, lo que nos obliga a Mariana y a mí (semidesnudos,
apenas tapados con albornoces de baño) a entrar en la casa tras
la estupenda comida preparada por una callada y agradable mujerona de unos
cincuenta años ("es Merche, la señora que cuida de la
casa y de mí") que discretamente nos atiende, incluso cuando
sentados en un grandísimo sofá del salón empezamos
a besarnos y acariciarnos cada vez con más intensidad ("tengo
muchas ganas de comerte el rabo; te vas a enterar de lo que vale un peine,
tío guapo").
No se si es verdad que está
necesitada de sexo y practica poco, pero me está haciendo una mamada
y comida de polla excelente, con una lengua vibrante que sube, baja, aprieta,
lame, chupa y uniéndolo a besos, mordisquitos, chupetones y todo
lo que con labios, lengua y dientes puede hacerse. Me ha puesto muy bruto,
mucho, mucho y no tengo ganas de correrme en su boca, así que doy
un tirón de su cabello hacia arriba (me gusta escuchar un quejidito
que más bien me parece un gemido de aceptación) y tras hacer
que se arrodille apoyada en el asiento penetro de un fuerte empujón
("sí, con fuerza, corazón; ¡empuja, empuja!")
su empapado coño para continuar un movimiento rápido de metesaca.
Me agarro a sus tetas con fuerza (no puedo dejar de admirar el glorioso
culazo moreno y mentalmente apunto que me lo voy a follar) y según
bombeo voy apretando más y más ("me gusta, me gusta;
no pares") hasta que más que agarrar pellizco esas dos colinas
picudas y morenas ("me excitas mucho; sí, sí, trátame
como quieras, excítate mucho pero no pares").
Se corre cuatro o cinco minutos
después dando un grito fuerte y largo ("aaayyyyyyy; ay mamá,
qué rico") y yo sigo dándole pollazos hasta que me siento
exprimir el pene por esa especie de aspirador que tiene por vagina, saco
apresuradamente el cipote y eyaculo sobre el culo, la espalda y el cabello,
lo que añade gusto a mi placer. Me derrumbo sobre el sofá,
quedamos totalmente relajados apoyados uno en el otro (me encanta mancharme
con mi propio semen y extenderlo con mis manos por culo y espalda de Mariana)
y antes de dormirme apenas me da tiempo a percatarme de que nos tapa Merche
con una manta mientras dice con una sonrisa de oreja a oreja: "señorita,
me encanta ver que tiene sus corriditas; ya nos hacía falta una
buena ración de polla en esta casa. Les voy a preparar una cena
que les de más ganas para la noche; ¡qué envidia!.
Duerme bien guapetón".
Ante la sugestiva cena de pescados
y mariscos preparada por Merche y la ingestión de helado champán
charlamos intentando conocernos, en especial Mariana que parece tener muchas
ganas de hablar: "Mi matrimonio fué un acontecimiento social
en Segovia, dos de sus jóvenes más prometedores en lo profesional
(mi ex es notario, actual senador del PP y futuro alcalde de esa conservadora
ciudad) y ciudadanos pertenecientes a la burguesía más tradicional
unían abolengos, dineros, relaciones y especulaciones inmobiliarias
a mayor gloria de las cuentas corrientes familiares y de la clase dirigente
segoviana. Sólo hubo un pequeño fallo, ni nos conocíamos
ni nos queríamos ni nos necesitábamos ni a mí me importaron
un bledo las expectativas creadas a nuestro alrededor. Mi marido es maricón
perdido, de los que sabe disimular e incluso follarse a una mujer (no a
la suya) de tiempo en tiempo para guardar las apariencias, pero le he visto
más de una vez penetrado por su amante (un joven alemán muy
rubio que está buenísimo), comerle la polla a dos jovencitos
a la vez y correrse como una yegua en celo empalado por el pollón
del rubito. Al segundo año de casados me lo confesó, me permitió
observar sus juegos sexuales y siguió sin darme rabo, aunque eso
sí, exigiéndome decoro y buenas maneras para seguir disimulando.
Planeé una venganza que fué considerada escandalosa y que
puso al descubierto la hipocresía más absoluta por parte
de familiares, amigos, compañeros de trabajo y todo titirimundi
que se creyó con derecho a opinar".
"En casa de mis suegros llevaba
muchos años sirviendo en la cocina una mujer gitana que cocinaba
como los ángeles. Tenía cuatro hijos varones de entre veintitrés
y dieciocho años, cada uno de ellos más guapo que un adonis
y uno a uno o todos juntos chulos, canallas, pendencieros, chaperos de
tronío, buscavidas, gigolós cotizados y absolutamente admirados
por las cuarentonas, las viudas, las jovencitas y los maricas de la ciudad.
El más joven trabajaba en ocasiones en nuestra casa cuidando del
jardín, la piscina y el mantenimiento en general. Desde siempre
cada vez que me miraba parecía que me desnudaba y poco a poco, sobre
todo por la necesidad de sexo que me iba asfixiando, empecé a darle
pie a pensar que me tenía a su disposición. Nos acostamos
(debería decir que follamos) media docena de veces (fué la
primera vez que tuve orgasmos y que chupaba un pene y me comían
el sexo), le dí dinero y llevé a su ánimo la idea
de que quería hacérmelo con sus hermanos y montar una especie
de orgía junto con mis cuñadas, dinero de por medio".
"Mi ex-marido tiene dos hermanas
solteras que en aquel entonces ya se acercaban a los cuarenta años
y que son las mujeres más cotillas y falsas que en el mundo puedan
encontrarse. En alguna ocasión yo les había servido de tapadera
(y les había dejado habitaciones en casa) para sus sesiones de sexo
con cualquier noviete de turno o con algún joven soldadito (su padre
es militar de alta graduación) o con sementales de pago que desde
Madrid hacían venir. Nos llevábamos bien, sin amistad ni
verdadera intimidad, pero sirvieron para mis propósitos. Conocían
a los guapos gitanazos desde siempre y se les iban los ojos tras ellos
como si de dulces se tratara. Su sorpresa fué mayúscula cuando
supuestamente iban una tarde de verano a mi casa para merendar y se encontraron
con los cuatro hermanos bañándose en la piscina con sucintos
y ajustados bañadores que resaltaban unos culitos y unos paquetes
verdaderamente apetecibles. Copas, calor, porros, piscina, bañadores
y bikinis, alguna rayita, cremas extendidas con morbillo y detrás
del cinco viene el seis. Los jóvenes, aleccionados y bien pagados
por mí, le dieron a esas dos arpías las mejores folladas
de su vida mientras yo estrenaba una cámara de vídeo recién
comprada y gastaba varios carretes de una Polaroid (amén de un pajote
que tuve que hacerme ante el espectáculo). La tarde se convertía
en noche cuando las dos rendidas cuarentonas aún solicitaban un
último esfuerzo a cuatro pollas escocidas y vacías ya de
ganas y semen".
"A mi marido estuvo a punto
de darle un infarto (no fué nada comparado con la situación
que se planteó en casa de mis suegros) cuando vió una copia
de la cinta de video de la actuación de sus hermanas, aunque realmente
creo que lo que le gustó y excitó fueron los culos, pollas
y cuerpos de los jóvenes gitanos. Mi petición y pretensión
de divorciarme fué inmediatamente atendida (ya llevaba años
detrás de ello con la callada por respuesta) y conseguí todo
lo que me interesaba. Mis cuñadas lo tomaron después de un
par de meses a broma y quedaron reafirmadas como entendedoras ante sus
amigas y la comunidad de salidas y mal folladas hipócritas de las
familias bien de Segovia".
"Una noche, como un año
después de la tarde de la orgía de mis cuñadas, regresaba
al piso que había alquilado en una zona retirada del centro de la
ciudad (apenas salía a la espera del divorcio y me limitaba a estudiar
con ganas el temario porque además todas mis amistades se alinearon
con mi marido y quedé sola por completo excepto por mi anciana madre
y dos conocidas que también estaban preparando la oposición)
cuando un par de hombres se acercan, me golpean en el estómago y
la cara y me introducen en mi propio piso en donde con los ojos vendados,
amordazada, desnuda y atada colgando de las manos del enganche de la lámpara
del comedor se dedican a tocarme, pellizcarme, acariciarme, meterme mano,
chuparme las tetas, el sexo, el culo, todo en silencio, sin decir nada
de nada y excitándome como nunca lo había estado hasta entonces.
Es cierto, estaba total y absolutamente excitada por la situación
(aunque tenía mucho miedo por lo que pudiera pasarme), por las caricias
de los dos hombres y por mi urgente necesidad de sexo (desde la aventura
con el joven gitano sólo me había masturbado alguna que otra
vez)".
"Una voz para mí desconocida
empezó a insultarme (cerda, zorra, golfa, comepollas, lamecoños,
tortillera, puta, pajera, guarra, ...) mientras me golpeaba en la espalda,
muslos y culo con lo que me pareció una fina correa que me hacía
daño. Una segunda voz se unió a la primera (esta puta está
muy cachonda, me parece bien que le demos un buen escarmiento, pero creo
que me la voy a tirar sin esperar al patrón porque está muy
buena) y minutos después, cuando uno de mis raptores había
metido dos o tres dedos en mi coño y los retorcía al mismo
tiempo que pellizcaba con saña mi culo, una tercera voz claramente
disimulada se dirigió en tono cortante a los otros dos: descolgad
a la puta; tu, quítale la mordaza y átala a cuatro patas
a esa mesa baja. Dicho y hecho. Atada y totalmente expuestos coño,
boca y culo, empezó una loca orgía de sexo en la que dos
pollas se turnaban en penetrarme y follarme por todos mis agujeros (hasta
entonces nunca me habían dado por el culo) mientras un tercero no
dejaba de insultarme, pellizcarme, golpearme y hacerme daño. A pesar
de todo no pude evitar excitarme como una loca aunque no conseguí
correrme y al cabo de lo que me parecieron más de dos horas mis
dos folladores debieron quedarse secos de semen y con las ganas acabadas".
"El tercer hombre, tras desatarme
y colocarme boca arriba en la mesa, empieza a follarme lenta y profundamente,
con un ritmo sostenido y constante que parece propio de una máquina,
logrando llevarme a mi máxima excitación, tanto, que al sentir
que el hombre se corre echando su leche sobre mi cuerpo, empiezo a tener
un orgasmo estupendo cortado de raíz cuando bruscamente me arrancan
la venda de los ojos y veo que es mi suegro quien me acaba de follar. No
me dieron tiempo a recuperarme de la impresión, entre insultos los
tres hombres me empezaron a golpear con sus cinturones, cada vez con más
fuerza y saña, hasta que perdí el conocimiento en el momento
en que estaban orinando sobre mí. Tardé mes y medio en poder
salir de casa y me han quedado media docena de pequeñas cicatrices
como recuerdo".
"Tuve la suerte de aprobar
las oposiciones a forense durante el trámite final del divorcio
y no he aparecido por mi ciudad natal desde la muerte de mi madre, en parte
porque no me apetece y en parte por miedo a mi suegro, que sería
capaz de hacer cualquier cosa después de la vergüenza que pasó.
Mi ex se fué a vivir a Barcelona con su alemán".
La historia que me cuenta Mariana
me ha impactado, pero sobre todas las cosas me ha excitado y se da cuenta
("me gusta que estés empalmado; haz lo que te apetezca porque
todo me gusta"), se arrodilla sobre la alfombra y comienza una lenta
y suave mamada hasta que minutos después le digo que se siente sobre
mí, lo que hace con el rabo dentro de su peludo exprimidor y con
su habitual maestría me echa un polvazo cojonudo. ¿He dicho
que me encanta este coño aspirador?; ¡qué corrida más
buena!. Tras sacársela del coño se sienta a mis pies y lame,
aprieta, acaricia y chupa el rabo intentando despertarlo de nuevo, lo que
consigue con bastante rapidez y con suficiente rigidez como para que sigamos
follando. ¿He dicho ya lo de que soy un tío de una sola vez?.
Veo que está muy excitada, se toca tetas y chocho y respira con
ansia y agitación por lo que hago que se ponga a cuatro patas sobre
un amplio sillón ("por favor Luis, en el culo, métela
en mi culo; nunca me lo hacen y me gusta") y con algo de dificultad
meto el rabo en ese estrecho agujerito, me agarro a sus tetas y me dejo
llevar por el movimiento adelante-atrás que ella impone mientras
se masturba el clítoris al mismo ritmo y gime y habla en voz baja
de forma incoherente ("aayyy, sí, sí; más culito,
más culito; ¡empuja!").
Estoy cerca de correrme y me parece
que la mujer también cuando se acerca a nosotros Merche, la criada,
con cierta urgencia y el teléfono móvil en la mano ("señorito,
señorito, le llaman y parece urgente"). Seguimos en la misma
postura e intento sosegarme (no es cosa fácil porque ella sigue
moviéndose y además su culo parece también tener vida
propia apretando y masajeándome el rabo) mientras atiendo a mi contacto
en las conversaciones entre ETA y el Gobierno que me pone al día
de una situación que hace innecesaria mi presencia en esta ciudad
porque se rompen definitivamente las negociaciones y van a remitir un comunicado
escrito a todos los periódicos. No consigo comprometerle para una
entrevista y nos despedimos.
"Señorito, no olvide
a mi niña; siga con ella que le va a dar algo". La frase de
Merche, el rápido movimiento de Mariana y su agitado gimoteo me
obligan a levantarme cuidando de no sacar la polla (sólo medio rígida
pero bien dentro del estupendo culo), me siento en una silla de respaldo
recto que ha acercado la criada (se toca las tetas sobre la ropa, se nota
que está muy excitada y deseando ver qué vamos a hacer),
con la mano izquierda aprieto y pellizco los pezones de mi partenaire y
con la derecha paso a masturbar su clítoris. Llevo ya bastantes
minutos en esta postura y me duelen los muslos, los dedos y siento escocidísima
la polla cuando Mariana por fín se corre dando un grito ("ay
mamá, ay mamá") y con lo que me parece un orgasmo largo
y profundo. Queda desplomada, medio sobre mí y medio caída,
recuperando la respiración y muy cansada, medio desmayada. Merche
la ayuda a levantarse, saca mi hinchado cipote de su culo y la tumba en
un sofá. Después se dirige hacia mí (se ha quitado
la blusa y un grandísimo sujetador color carne y se acaricia dos
tetazas morenas, grandonas, muy redondas, caídas pero aún
deseables, de pezones oscuros, largos y gruesos rodeados de varios evidentes
pelos morenos) que me he puesto de pie a la espectativa de lo que ella
vaya a hacer, se arrodilla y me hace una larga y estupenda mamada que actúa
de bálsamo para mi escocido pene, acerca sus tetas a mis huevos
de manera que los aprisiona como si de una paja cubana se tratara y se
traga toda mi leche cuando muchos minutos después logro eyacular.
Antes de quedar dormido en otro
de los sofás de la estancia oigo varios grititos que me dan idea
de que se ha corrido Merche tras una agitada masturbación. Mi último
pensamiento según voy cerrando los ojos es para mi futura mujer.
Mañana me vuelvo a Madrid, ¿y si me encuentro con Manuela?.