Escribo así para atraparte.
James Douglas Morrison.
No aparece en la mayoría de los mapas de Cataluña, pero
Riudarenes existe y no queda muy lejos de Barcelona.
En Riudarenes no hay edificios ni avenidas, casi no hay
cemento. Los ruidos se reducen al suave susurro del viento acariciando la copa
de los arboles, el chirrido de los pájaros, los aislados pasos de los
caminantes. En Riudarenes, apenas hay una iglesia, una pocas calles, un hotel
sin conserje y mil trescientos habitantes. Pero está "No Zepellin", un modesto
boliche de aspecto bohemio y en el cual se acordó el esperado encuentro que me
trajo al viejo continente.
Así es, no crucé el maldito océano Atlántico, solo para
recostarme plácidamente sobre el verde manto de un jardín catalán a observar el
cielo desde esta parte del mundo. Claro que no.
Si me endeudé por cuatro vidas, obvié abismales distancias,
cancelé obstáculos y llegué tan lejos, fue pura y exclusivamente, por el deseo
de reflejarme en el azul profundo de unos ojos de anónima mirada, en un rostro
invisible de perfectos labios en llamas. Karenc... un ángel sin alas, la luna en
mis noches, mis obsesiones personificadas en una mujer. Es verdad que no conozco
un solo lunar de su anatomía, pero he confirmado dos o tres puntos importantes
en su vida, entre ellos, un grueso anillo dorado que en su anular izquierdo yace
representando su felicidad marital. ¿Si me importa?. Jamás me atrajo la idea de
portar elementos de oro... mucho menos en mis dedos.
Lo único cierto es que me enamoré... no tiene caso negarlo.
He sido siempre un oscuro cuervo sin tierra ni cielo, paria del amor, profeta
del vacío, el novio del olvido, un momento, un suspiro, un adiós. Pero aquella
perfecta extraña, con sus hilos de sensual prosa y ardientes musas impregnadas
de romanticismo incendiado en la entrepierna, me arrastró a las vicisitudes de
ese complejo sentimiento, hasta que decidí jugarme el pellejo por la humedad de
uno de esos besos con dueño, y aceptar la arriesgada proposición de reunirnos en
aquél lejano pueblito catalán.
¿Porqué la pequeña Riudarenes y no la colosal urbe de
Barcelona, para un encuentro tan trascendental?. Todos poseemos una vida que
cuidar fuera de nuestras fantasías más oscuras. Esa vida social, pulcra,
correcta, real... esa vida amoldada para que encaje en el engranaje del sistema
impuesto, armada por los limitados parámetros a cumplir como buen ser humano
moderno... estudiar, trabajar, gustar, contraer matrimonio, procrearse y sin
mas, morir. Obviamente, ella la tiene... también Soc, el tercero en cuestión.
Soc es un tipo culto y ameno, economista de profesión,
excelente escritor por afición y la otra persona interesada en el deslumbrante
brillo de aquellos azules ojos de gata. ¿Si me pone celoso que él forme parte
del encuentro?. Piensen lo que quieran, responderé con el más fiel de mis
silencios.
Tras un arduo viaje, en avión clase turista primero, taxi
después... llegué a Riudarenes con una pequeña mochila con la estampa de Jim
Morrison como equipaje y la ansiedad en el filo de mis dientes, cortando uñas.
Sin conserje ni campanillas que me anuncien, reservé una habitación en el hotel
del pueblo, el único que pude encontrar, me afeité, me bañé y me dirigí hacia el
bohemio "No Zepellin", como se había acordado vía net días atrás.
- 22 horas, mesa 3. Iré vestida de rojo, como la pasión que
este trío encierra.- Textuales palabras las de Karenc en una sala de chat que
ardía entre las llamas del deseo. – Traje negro, como el color de nuestra
fiesta.- acotó Soc, poco romántico, pero no por eso, falto de verdad.
Al entrar al pub, la inquietud y su consiguiente alteración,
trepó hasta mis hombros, haciendo que mis piernas temblaran al compás de los
acelerados latidos de mi corazón y me cuestione incesantemente que diablos hacia
tan lejos de Buenos Aires. ¿Qué hago aquí?. Debo estar totalmente desquiciado.
Luces tenues, ambiente oscuro, velas, redes en las paredes,
murmullos y suave música... buen lugar. Sin apoyar los pies en el piso, empujado
por la inercia de haber llegado hasta allí, caminé hacia la mesa tres,
dubitativo, nervioso, temeroso... así es, el miedo forma parte del camino hacia
lo que vendrá, es el factor de segura presencia, al cruzar las barreras de lo
nuevo.
Allí estaban... sentados, elegantes, sonrientes, expectantes,
dudando de mi palabra quizá. Y porque no habrían de hacerlo... ¿acaso no soy mas
que un extraño, un ave de paso, un hola y un adiós?. Lo he sido toda mi vida y
sinceramente, nunca pretendí cambiar esa suerte.
- Buenas noches.- Alcancé a balbucear mientras mi mirada se
derramó en la inmensidad del azul cielo que hacían de los ojos de Karenc, el
único lugar en donde deseaba estar.
Soc se levantó con una sonrisa cómplice y cordialmente me
extendió su mano. – Bienvenido Crow. Te figuraba mas alto.- Me causó gracia
aquélla apreciación. - Pues, hombre... en realidad, el alto eres tu.-
Se había quebrado el hielo que erigen las presentaciones,
pues las sonrisas se multiplicaron, pero mis ojos no podían alejarse del cálido
mirar de esa misteriosa mujer, que de alguna misteriosa manera me había
arrastrado a dejarlo todo por una noche a su lado... ¡solo una noche!.
– ¡Hola Crow!... te imaginaba algo distinto, no se como
explicarlo.- dijo ella, empleando la voz mas dulce que jamás haya acariciado a
mis oídos, y rompiendo por un instante el hechizo del que estaba preso. – Que
irrespetuosa soy. Perdona, ¡es que las sorpresas... ! - y tras levantarse de su
asiento, con un dulce beso en uno de mis pómulos, sus dulces labios acariciaron
mi alma.
Tal cual lo había prometido, un vestido rojo como la pasión
cubría a sus sinuosas curvas peligrosas, pero gustoso ofrecía, la desnudez de
sus delgados hombros y su blanca espalda, un escote delicioso y unas piernas
dignas de una empedernida escaladora de categorías. Si con el velo del misterio
había logrado embrujar a mi corazón... que sería de mí, ahora que su belleza se
derramaba sin tapujos ante mi atónito mirar.
Con la habilidad que da la experiencia de numerosas veladas,
Soc elevó levemente una mano por sobre su cabeza y no alcanzó a bajarla, cuando
el camarero, con un cartón dorado entre sus manos, ya se encontraba frente a
nuestra mesa. – Ustedes dirán.- Y un Crozes-Herimitage, delicioso vino francés,
fue el pedido de mis amigos españoles... – Que sean dos.- agregó jocosamente
Karenc; un tequila... José Cuervo en lo posible, fue mi elección. – Señor, ¿un
vaso?.- Preguntó el iluso camarero, al cual miré con cierta sorna. – Deseo
beber, no humedecer mis labios.-
A pesar de tantos encuentros en ese universo llamado
internet, y en los cuales miles de confesiones se dieron cita, no dejábamos de
ser solo unos perfectos extraños entre sí. Apenas conocíamos la superficie de
nuestros inmensos océanos, las oscuras profundidades eran todavía una incógnita,
hilera de suposiciones, dudas, posibilidades. Esa noche no solo develaba
nuestros rostros y formas, el brillo de los ojos o el color de la piel... esa
noche nos sumergíamos en la hondura de nuestras almas, en el mundo dentro
nuestro, en el misterio tras las miradas.
- Crow... cierto es que nuestros escritos nos indujeron a
querer ver mas allá de nuestras fantasías, y entiendo que por ello has venido.
Pero debo confesarte... en tu lugar, difícilmente hubiese pensado siquiera en
subirme al avión.- Dijo Soc, mientras en una mano sostenía una copa de fino
cristal sin tallar, hasta la mitad del delicioso vino, y del cual aspiraba su
aroma con enorme placer.
Sonreí de lado, me acomodé en el asiento y como en toda la
noche, mis embrujados ojos se recostaron en el profundo azul ocular de mi dulce
princesita. Cuál sería mi respuesta, es lo que seguramente, se preguntaba
Karenc, recordando quizá mis guiños románticos, mis caricias virtuales, mis
sentimientos por ella. – Cruzar el maldito océano Atlántico para destruir a las
lejanías y reducirlas a este momento, pulverizar a todas las imposibilidades que
se oponían a este encuentro y lograr así estar ahora alojado en sus pupilas, ha
sido sin ninguna duda, lo único con sentido que he hecho en toda mi vida.-
Un tenso silencio descendió hasta nosotros y se posó en el
borde de las copas, en el dibujo de los labios, en la punta de las cejas. Los
rostros se tornaron grises, dubitativos, impregnados de gestos muertos... y por
enésima vez... sonreí. – No se asusten... no traje drogas ni armas, debí
arrojarlas en Buenos Aires, camino al aeropuerto. Solo poseo el rostro de Jim
Morrison estampado en la mochila que me sirvió de maleta. Tal vez, tanta poesía
y excesos, me convierte en un maldito poeta hasta en las simples respuestas.-
- ¿Estás en pareja?.- me pregunta Karenc, mientras apoya sus
delgados brazos sobre la mesa y deja que la perfecta ondules de sus pechos hagan
leña de nuestra imaginación.
- Estoy con ustedes.-
- ¿ Y tu, Soc?.-
- Mi princesa guerrera... un hombre siempre debe transitar
los caminos de la vida, acompañado... no por eso casado. Esta noche tu me
acompañas, haciendo de esta luna, la mejor luna.- responde el bohemio escritor,
mientras lleva el fino borde de la copa a sus labios para empaparse la garganta
con la deliciosa sangre de la vid.
- ¿Piensas eso Crow?.-
- Pienso que no necesito que nadie me acompañe en los ocultos
senderos que recorro. Si dudas esta noche es diferente... pero es solo una noche
y mi equipaje espera.-
- Hombre... ¿Nunca te has enamorado?.- pregunta Soc,
confundido por mi respuesta.
- Me encanta este pueblo. En su pequeñez, esconde la grandeza
de una cultura, y en su gente, la curiosidad que los llevó a los más inhóspitos
lugares del mundo.-
- O sea que no quieres mostrarnos mas que la superficie.-
dice Karenc clavando las dagas de su mirar en mi pálido rostro.
- No es eso. Solo que a veces es mejor no responder a ciertas
preguntas con la claridad pretendida. Me gusta abrir las alas de mi libertad y
batirlas en el inmenso cielo. El amor nos ata, nos limita, nos duerme en su
dulce regazo... y al despertar un día, descubrimos que ha muerto y solo su
recuerdo nos mantiene al lado de ese ser amado en el pasado. Quizá he amado, tal
vez me amaron... pero, ¿qué importancia tiene?.-
- Joder que te han lastimado Crow.- dice Soc, y golpea su
mirada contra su copa vacía.
- Puede que lo hayan hecho... pero sabes a que me refiero.-
Apoyo pizca de sal entre el pulgar y el índice de mi mano izquierda, y la llevo
a mi boca. Agarro el vaso de tequila con mi derecha y lo hundo entre mis labios
de un solo sorbo.
- Realmente, no sé a lo que te refieres. No soy un tipo muy
romántico, lo saben pues me he cansado de decirlo cuantas veces pude, y aún así,
pienso que no es posible vivir escondiéndose del amor y todo lo que provoca.
Seguramente aún no ha llegado esa persona que logre arrancarte los te amo mas
sinceros. Cuestión de tiempo... ya verás.-
- Soc, que así sea.- respondo muy poco convencido, siempre
con mis ojos apoyados en el oceánico iris de aquella doncella.
- Princesa... ya que estamos abordando el tema del amor.
¿Estas enamorada?.-
- Amo a mi esposo, pero tengo mis amores imposibles pululando
por los valles de mi mente.-
A veces reniego de tener oídos y que estos escuchen. Maldigo
algunas preguntas, aún mas a sus respuestas, pero en una conversación en la cual
tres extraños intentan develar el misterio del otro, es inevitable. Hablamos por
horas, bebimos por ciento... y el resultado era el único que se podía dar...
tres bohemios endulzados de alcohol comenzando a seducir a las parcas del deseo.
- Karenc... princesita guerrera, en persona echas por tierra
a tu salvaje avatar. Ese vestido te convierte en la pasión misma, con perfectas
curvas de apetitosa felina.- arremete Soc apoyando sus manos sobre las manos de
la mujer que me llevó a la lejana España. Esta sonríe como solo las mujeres
saben sonreír en esas circunstancias en las que son acariciadas por el fuego de
las palabras. Yo no sonrío tanto.
- Que tierno eres. Pues el oscuro traje le calza muy sensual
a tu alta figura morena, y a esa misteriosa entrepierna.- Soc deslizó sus manos
por sobre los brazos de Karenc hasta alojarlas en aquellos pequeños y femeninos
hombros. Ella acercó su delicado rostro al angular rostro del bohemio escritor y
le plantó un profundo beso entre los labios. ¿Si me dolió?. Basta de tonteras...
molestaba en el quinto forro de las pelotas ser un mero fisgón, un mirón de
ultimo vagón, una figura inerte en el vivo lienzo de la lujuria.
- Parece ser delicioso.- Mi voz quebrando aquella apasionada
postal con el afán de dar aviso de mi presencia, se deja oír como los ecos de
los fusiles en el campo de batalla más allá.
- Crow, mi dulce Crow... ¿quisieras probarlo con tus propios
labios?. Pues personalmente, me fascinaría probar las mieles de los tuyos.- Dice
Karenc con su húmeda boca y acercando su rostro hacia mí, con la sensualidad que
le da el fogoso momento. Sonríe Soc llevando en sus ojos el resplandor de las
llamas del placer. Ese tío es todo un demonio vestido de ángel sacro.
- Mi adorable Princesita... bien sabes que moriría por
sumergirme en tu beso y su calor. Pero debo decirle que no, a tu apetecible
proposición.-
Se paralizan las finas agujas de los relojes... el relato
junto a ellas. Profundo silencio, denso por cierto... tanto que podría cortarlo
con un cuchillo tal cual rodajas de pan caliente. Tanto que nos ahoga en su
pesadez, convirtiéndonos en personajes desconcertados y confusos, desparramados
en una novela de áspero humor negro. Si aquella mujer me había dado motivos
suficientes para atravesar el ancho y maldito Atlántico, cargado de inmensos
deseos y un amor tan extraño como cierto... ¿porqué negarle la vida al eje de
mis sueños más profundos?.
- Entonces... el temor que me asolaba por las noches, de cara
a mi almohada... ¿es real?. ¿No soy quien creías que era?.- Solloza la mujer que
entre sus redes, atrapó a mi opaca existencia. Nuestro compañero abrió los ojos
como si de dos platos se tratase, y por un instante, pareció caer el telón de la
velada.
Poso mi mirada sobre sus ojos y sonrío. - No existe persona
en la tierra que no este dispuesto a dar el alma por uno... solo uno de tus
besos. Daría la mía... no lo dudes ni un segundo, pero tengo mis motivos para
decir que no.-
- ¿Qué esquivo motivo puede privarte del divino néctar de sus
labios?.- pregunta Soc totalmente sorprendido por la contundente negativa,
mientras la entristecida expresión en el rostro de la princesa, sirve de amargo
trasfondo. Y sus deliciosas tetas, a no olvidarnos de ellas.
- No me queda mucho tiempo en esta bella tierra, y la noche
comienza a perderse entre los recuerdos de un nuevo amanecer. A solo dos calles
se encuentra el hotel que he reservado para mi corta estadía. Karenc, necesitó
como al aire que respiro, tenerte entre mis brazos, contra mi piel, bajo mis
caricias. Soc... supongo que también tú lo deseas.- Directo al grano, atacando
de lleno a la raíz del encuentro, mis palabras derramaron una cascada de
expresiones de sorpresa sobre las caras de los dos bellos españoles. Debo
confesar, también me sorprendió aquella reacción tan instintiva... mas, si era
procedente de un ser tan apático como este negro cuervo, un oculto ser que
siempre pendió de su razón y su lógica, por sobre sus sentimientos. – Qué
piensas Karenc.- agrego con el temor de una muy posible negativa.
- Pienso que no vas a dejarnos meter las narices mas allá de
la superficie que nos muestras. Pienso que jamas conoceremos a esa interesante
persona que yace dentro de ti... y que es hora de pedir la cuenta para escribir
nuestro relato con las plumas de nuestros cuerpos. Pues, verdad es que nuestras
oscuras fantasías nos han unido esta noche... solo eso. ¿No es cierto, Crow?.-
Sus ojos se clavaron como espinas en mis ojos... noté ciertas sombras de
desilusión en el fondo de sus pupilas... no me sorprendió. Con frecuencia suelo
despertar esos sentimientos.
El silencio fue protagonista absoluto apenas pagamos la
cuenta, y lo fue hasta que la puerta de la habitación del hotel se cerró tras
nosotros. Ni una sola palabra, apenas el sonido de nuestros pasos, el de la
respiración entrecortada, el del viento frío proveniente de los Pirineos,
corriendo a través de las copas de los arboles. Un abanico de posibilidades se
abrió a cualquier explicación posible, pero siempre me incliné por la presencia
de los feroces cancerberos de la infidelidad y la culpabilidad que en sus fauces
llevaban, entre los latidos de mis amigos. En realidad, jamás se los pregunté...
¿qué sentido tenia hacerlo?. ¿Acaso cambiaría algo?. Siempre pensé que las
respuestas obvias deberían carecer de preguntas.
La habitación no era digna ni para el mas cerrado de los
aplausos, carecía de buena iluminación, grandes espejos e intensos colores, pero
el ambiente no tardó en plagarse de ardientes latidos ansiosos de la esencia que
destilábamos en cada uno de nuestros relatos. ¿No buscábamos abrirle las celdas
a esos demonios?. Pues, allí estaban, y la cena servida.
El vestido rojo pasión de Karenc era sin dudas, la antesala a
la desnudez mas festejada, el ultimo vestigio que cubría al mayor de mis sueños,
la sombra que precedía a la blanca luz de la belleza y porque no, de mi
felicidad. Que hermosa es, ángel de mi pecho, platónico amor, imposible hasta
los huesos... cualquier línea que mi imaginación trazó en pos de formar
contornos, curvas, no vislumbran siquiera a la verdad de su presencia.
Por enésima vez, mis ojos se perdieron el azul cielo de sus
ojos, y tomándola suavemente de la cintura, la acerqué a mi cuerpo deseoso de su
cuerpo. Mis labios temblaron ante los suyos, se aproximaron las bocas, se
rozaron de hecho, mas el beso nunca llegó. Ellos se prendieron en su dulce y
suave cuello con sabor a rosal en primavera, y fueron mordiscos en celo, lamidas
felinas.
Soc no era una figura impávida en el contexto de la postal,
claro que no. Más rápido que un bombero y sin necesidad de que lo llamen, llevó
sus manos a los duros muslos de nuestra amante guerrera y los acarició con sutil
salvajismo. No tardó en apoyar sus labios en la blanca espalda que lo reclamaba,
para luego humedecerla con su filosa lengua, ante los primeros gemidos de la
bella ninfa.
Presas de la impaciencia, las yemas de mis dedos comenzaron a
deslizarse por sobre los armoniosos y marcados pechos de Karenc, que aún se
encontraban debajo de la delgada tela roja pasión. Sentí la dureza de sus
pezones, la excitación dentro de su pecho, el alocado galope de sus latidos. Mi
boca continuaba en el valle de su cuello, hasta que decidió aventurarse hacia el
sur, el divino sur de mis sueños. Tomé las tiras que surcaban a sus delgados
hombros y así, su vestido descendió hasta su cintura, dejando ante mis ojos a
sus firmes senos, de oscuros pezones en punta. Que bellos, tanto que decidí
abarcarlos con mis besos enardecidos en deseo.
Mientras tanto, Soc ya se encontraba agachado, detrás de la
princesita guerrera. Sus rodillas se hundían en la vieja alfombra de la
habitación y su boca hacía lo mismo, pero recorriendo la parte baja de aquella
espalda. Con cautela, tomó al molesto rojo vestido y de un tirón, lo dejó entre
los finos tobillos de nuestra amante en común. Nunca sabré si mi amigo Soc,
estuvo enamorado de Karenc, o solo eran desesperados deseos de poseerla... solo
puedo asegurar que esa noche, el ambiente no era solo de sexo y nada más.
Un tanga negro tal cual hilo dental, se perdía entre los
redondos muslos de la excitada alteza, y la lengua de Soc, seguía con esmero su
oculto recorrido en llamas. Mis labios succionaban a sus pezones, los atrapaba
mis dientes suavemente y tiraban hacia arriba, succionaba, mordisqueaba...
Karenc, se retorcía de placer. ¿Que mujer no lo haría mientras dos bocas la
recorren con tanta vehemencia?.
- Chicos... si que saben como besar a una chica.- sollozó la
excitada autora, entre gemidos y espasmos.
Mientras le chupaba las tetas, mi mirada acampó en su
encendido rostro buscando a la tormenta dentro de sus ojos, pero ella los
cerraba como conteniendo todo el fuego de su cuerpo detrás de los párpados. Que
hermosa es... aquélla cara, aquellos gestos serían mi perdición. No por nada,
nos separa el maldito océano Atlántico y toda la lejanía que eso implica.
La lengua de Soc se paseaba fogosa muy cerca de un dilatado
ano, hasta que se posó sobre él con fuerza, y Karenc poniendo sus manos sobre mi
pecho, me empujó hacia atrás, haciéndome caer sentado en el borde de la cama.
¿Qué pretendía?. No pregunten si es que no quieren pasar por fisgones ilusos.
Solo continuaré con lo ocurrido.
Me recosté sobre la cama mientras la ardiente guerrera
prácticamente me arrancaba los pantalones primero, y el slip después. Antes de
que pudiera darme cuenta, mi pene se encontraba entre sus manos, macizo y erecto
como un pequeño faro de caliente coronilla, presto a ser víctima de los bravos
oleajes de la desenfrenada lujuria de mi dulce dama. Tiernos besos se posaban
sobre mi hinchado glande, mientras sus manos subían y bajaban a través del largo
de mi pene, al ritmo venenoso de mi acelerada respiración. Besos que iban
transformándose en feroces lengüetazos degustando a mi hombría, para convertirse
luego en una boca enterrándose golosamente a mi falo entre sus sedientos labios.
La manera de succionar mi pene cuando yacía en sus fauces, el roce de sus
dientes, la caricia de su lengua, el calor de su saliva, el frío de su
respiración, y las yemas de sus dedos jugando con mis huevos, la convertían en
la mamada del siglo.
Al borde de la desesperación, el impaciente Soc había
arrancado de lleno al tanga negro, dejando a la vista, el precioso culo de
Karenc y los carnosos labios de su húmeda vagina. El paraíso mismo se encontraba
en aquel triángulo de Venus, quizá por ello, mi autor amigo, no tardó en
introducir su lengua entre aquéllos apetitosos muslos como si se tratase de lo
ultimo que haría en su vida. Hermosos gemidos los que se desprendieron desde las
profundidades de la princesa guerrera. El solo hecho de escucharlos provocaron a
las danzantes musas de la lujuria para que nos desgarren el alma, muy
lentamente. Y lo hicieron, claro que si.
Karenc apoyó sus rodillas flexionadas sobre la cama,
ofreciendo así, sus líneas abiertas y mojadas, mientras su largo y azabache
cabello se derramaba salvaje sobre mi entrepierna. El sonido de cada acometida
impetuosa de su boca sobre mi pene duro de placer, podía oírse tan claramente
como sus salvajes jadeos. Espléndidos embates, húmedos, insaciables, en llamas,
hacían de mi un mero juguete de su pasión... y sinceramente, me fascinaba serlo.
Tal cual fornidas garras, las bulliciosas manos de mi
compañero de ruta, se aferraron a los muslos de la amante guerrera. Que visión
más placentera, que paisaje inigualable el de sus nalgas separadas y el ano
abierto y palpitante. Ni hablar de los labios de su vagina, brillando en su
humedad de fuego, latiendo inmerso en el infierno que la lujuria provoca,
deseando la humana daga. Soc sumergió su rostro en aquella delicia empuñando su
lengua y un fuerte gemido se hundió en mi ingle totalmente cubierta de saliva y
sudor.
Maldito océano Atlántico, me repetía extasiado, mientras
Karenc recostaba su cabeza sobre mi pubis e infligía en el tronco de mi pene,
mordiscos de animal en celo, de profundo retozo, de enorme placer. Llevé mi
mirada a un costado de la cama y la estampa de Jim Morrison me observaba desde
mi mochila. El muy cabrón parecía sonreír... maldito sea, ni siquiera un gramo
de nada o el olor de una parra en flor. En su irónica y pendenciera sonrisa,
llevaba un mensaje, marcaba un deseo... pero eso me lo guardo. Tampoco les voy a
describir con lujo de detalles cada recoveco de mis oscuros escondrijos.
- Princesa, eres mas de lo que dices.- exclamó jadeante Soc,
con su boca abismada en el abierto y empapado sexo de ese demonio de mujer. No
se equivocaba... sin ningún lugar a dudas, mi amada es mucho más de lo que
cualquiera de sus relatos puedan decir.
Más veloz que un pensamiento y obedeciendo a su naturaleza,
Soc decidió alejar su rostro de aquellas grietas en erupción y se paró frente a
ellas. Por un instante, observó la belleza que el destino puso ante sus ojos y
sonrío. Desabotonó su pantalón con la prisa de las ganas, y este cayó entre sus
tobillos, la misma suerte corrió su sudada ropa interior. Su desnudez ofreció
entonces un venoso y tenso pene apuntando al cielo raso, al cual tomó entre sus
manos y lo dirigió hacia aquel paraíso que su boca había sobado de manera
magistral.
Situó su morado glande entre los humedecidos labios
vaginales, y lo empapó al recorrer la ardiente línea de la suave vulva, de
arriba hacia abajo. Un intenso espasmo recorrió cada músculo, cada vello, cada
gota de sudor, cada latido del cuerpo de Karenc, que instintivamente, abrió al
máximo sus piernas... y más.
- Soc, ¿qué esperas?... deseo tu polla dentro de mí...
necesito sentirla.- sollozó nuestra princesa alejando por un instante a mi pene
de su boca. Acaso, ¿quién puede negar la caballerosidad que caracteriza a mi
compañero?. Jamás le diría que no a una amiga en su desesperado pedido, mucho
menos a ella. Nunca traicionaría a su naturaleza, mucho menos en ese momento.
Un sutil movimiento de su ingle hacia aquel triángulo
venusino de extrema belleza, y su posterior presión contra la caliente vagina,
logró enterrar a su inflamado bálano entre los carnosos labios llenos de jugo.
Como poseída por demonios provenientes desde los llanos del sexo, apoyó sus
manos sobre mí sudado pecho, estiró sus brazos, encorvó su espalda e introdujo
desesperada, a mi pene dentro de su boca.
Entre jadeos, espasmos y escalofríos, la verga de Soc se
enterró de un solo golpe en la palpitante vagina de Karenc, para luego comenzar
con el deseado mete y saca.
Que postal... que efigie.
Jamás mi imaginación me había llevado a esta situación, ni
siquiera se acercó a lo que esa noche ocurrió entre esas cuatro paredes de
hotel. Ya lo dije antes... no era solo sexo, claro que no. No sabría explicarlo,
pero un extraño sentimiento que compartimos, llevó a nuestras almas al éxtasis,
a la cima de las sensaciones.
Cerré los ojos, me dejé llevar y volé lejos... muy lejos. Un
cielo de jadeos, de húmedos chasquidos, de respiraciones entrecortadas, de
cálidos alientos, de te amo en silencio, de entrepiernas mojadas, de manos
sudadas, de Karenc a mi lado... solo Karenc. Agradecí en silencio no haber
colocado un arma dentro de mi mochila o intentar esconder un picahielos debajo
de una almohada. Soc, eres un gran tipo, sabes muy bien cuanto te aprecio, pero
a veces mis sentimientos visten a mis ojos de tinieblas, y no puedo ver mas allá
de mis oscuros latidos.
Al abrir los ojos, Karenc se encontraba sentada sobre mis
piernas, de espaldas a mí, mientras se deleitaba con el tieso falo de Soc dentro
de su insaciable boca. Por un instante, lo alejó de sus labios y me miró directo
a los ojos, dentro del alma. – Crow... mi querido Crow... compláceme y penétrame
como tanto lo he soñado.- A punto estuve de darle un beso en esos rojos labios,
pero no lo hice. Tengo mis motivos.
La tomé de la fina cintura y coloqué mi pija a la altura de
su vagina, mi perdición. Solo sentir su caliente jugo descender por la dermis de
mi glande, provocó en mi la sensación de recibir una poderosa descarga
eléctrica. Observé la celestial palidez de su espalda, cada lunar, cada pliegue,
las líneas del cuello, el asomo de sus senos, el dibujo de su columna, el
salvaje movimiento de sus cabellos, la dulzura de sus hombros... ahhhh, y su
vagina rodeó a mi pene por completo. Lo devoró como su corazón se devoró a mi
vida, a mis razones, a mis lógicas, a todo lo que hubiese sido si el destino
fuese otro.
Recosté mi rostro sobre su espalda, cerré mis ojos y la
besé... imaginé sus labios, la frescura de su aliento, el dolor de no tenerlos.
Saltaba sobre mí, empujaba contra ella, sentía como nuestros calores se
entreveraban, como el sudor era uno, como el tiempo se consumía.
La rodeé entre mis brazos y la empujé hacia mí... lo mas que
pude. Ella aplastó su rostro contra la ingle de Soc, enterrando sus dedos en las
nalgas del autor. La cima del éxtasis estaba frente a nosotros, el cielo se
esparció sobre nuestras pieles y como en una noche soñada, el orgasmo fue uno
solo... inmenso, profundo, intenso, uno. Se derramaron los fluidos, los jugos de
la pasión, la esencia de la vida, se estrujaron las gargantas en jadeos eternos,
en suspiros por mil, y nos abrazamos mientras rendidos caímos sobre la cama.
Como en todas las noches, llegó el amanecer, y con él, mi
adiós. Decidí partir mientras dormían. Detesto las despedidas, mucho más cuando
en el afán de memorizar un rostro, no hago mas que arrancarme el corazón con mis
propias manos y sin anestesia. Me vestí, tomé mi mochila y posé una mano sobre
el picaporte de la puerta. Eché un ultimo vistazo. Que grato conocer a tan
entrañables personas... jamás los olvidaré, me dije. Soc, no voy a mentirte,
hasta ultimo momento pensé en hundirte el rostro debajo de una almohada... esa
sobre la que tu cabeza descansa ahora, pero son impulsos pasajeros... ellos no
quitan que te aprecie de la manera en que lo hago. Y a Karenc... que hermoso ha
sido tenerla, al menos, por una noche, lejos de su vida marital, de sus
recuerdos sin mí, de su camino junto a él. Sentir su piel, sus humedades, el
aroma de sus cabellos, la suavidad de sus caricias, el calor de sus jadeos...
conocerla ha sido lo mejor que me ocurrió en la vida. Estaré perdido sin ti.
Bajé el picaporte y abrí la puerta. – Crow... sé porque no
has querido besarme en la boca... no creas que no me di cuenta de ello.- murmuró
Karenc, entre dientes, sentada en el borde de la cama.
- ¿Cómo dices?.-
- Es el mismo motivo que me hará llorar por las noches, de
cara a mi almohada, cada vez que recuerde este momento. El mismo motivo que te
tendrá como el mejor de mis recuerdos. Ese motivo que es mejor callar, para
poder seguir, aunque me arrepienta toda la vida por no haberlo dicho. Tantas
cosas que no diremos, tantas noches que perderemos, tanto llanto y sonrisas al
volver la mente a este cuarto, Crow... gracias por venir a mí.-
- Karenc... -
- Yo también Crow... yo también.-
Mi espalda abarcó su mirada y el sonido de la puerta volvió
todo a su perversa normalidad, pues el maldito océano Atlántico había recuperado
la distancia y su destino de separarnos para siempre.
Dedicado a Erotika y Sociedad.