Ma. Laura, la morena de la ventana (Cara "A")
Por Yoda
En una noche de agosto, despejadísima, estrellada e iluminada
por una preciosa luna llena, me encontraba observando el espacio sideral
buscando a Venus, las Osas, los tres reyes, la Cruz del Sur y otras tantas y,
por supuesto la luna con su reflejo hipnotizante cuando otra luz llamó mi
atención, la de una ventana del edificio de al lado y dos pisos más abajo del
que me encontraba, en realidad no era la luz en sí la que llamó mi atención,
sino la silueta que a través de la cortina se movía. La de una mujer cambiándose
de ropa, de formas definidas, sin voluptuosidades pero muy atractivas. Le quedé
mirando por un buen rato mientras mi mente era azotada por mil ideas. Esa noche
me quedé despierto como la mayoría de las noches de luna llena, y es que en esas
noches me siento más vivo, y me es literalmente imposible dormir. Paso las
madrugadas mirando el cielo, intentando percibir su lento movimiento. Yo lo
llamo: tomar baños de luna.
El caso es que a partir de esa noche le observaba las más de
las veces, hasta que en una oportunidad la cortina estuvo un poco corrida, lo
suficiente como para poder ver con mas detalle su cuerpo, de piel morena,
cabellos negros, negrísimos y tan largos que llegaban hasta el comienzo de la
curva de sus caderas, que sin ser exageradas eran bien formadas al igual que sus
pechos, aunque no eran grandes tampoco se los veía pequeños, en conjunto se veía
proporcionado. Como a los dos o tres días mientras la observaba el ladrido
escandaloso de un can llamó su atención y se acercó a la ventana, al buscar el
motivo de los ladridos del animal nuestras miradas chocaron de frente y nos
quedamos mirando unos segundos, me retiré primero, muy nervioso y agitado.
Sentía que me había descubierto, eso era lo que imaginaba.
A la mañana siguiente yo salí temprano como todas las mañanas
a la facultad, al pasar frente a su edificio ella también salía, sólo continué
mi camino oyendo sus pasos unos metros mas atrás, de pronto escuché un -¡Hola!,
al regresar a ver sólo por instinto, la muchacha preguntó:
- ¡Espera!, ¿tienes la hora?
- Claro, las seis; conteste con voz entrecortada y la boca
seca.
- Gracias. ¿A dónde vas?
- A clases, estudio medicina. ¿Y tú, a dónde?
- Igual, a la "U", estudio periodismo.
- ¡Ah! que bien, ¿podemos ir juntos si no te molesta?
- No para nada. ¡Vamos!.
Caminamos las dos cuadras hasta la parada de buses
haciéndonos las típicas preguntas; que para mí suenan tontas y vacías, de
presentación. Ya en el bus ella logró un asiento y me paré junto a ella, se
ofreció a llevar mi mochila, inicialmente me negué pero insistió y finalmente le
dejé hacerlo. En el trayecto hasta el campus no hablamos mucho; a esas horas los
buses van llenos y hay mucho ruido. Un poco antes de llegar cogí mi tereque y
comenzamos a abrirnos paso entre la gente; yo por delante, al llegar a la parada
le extendí una mano para que bajara, retomamos la conversación; más bien
interrogatorio, mientras caminábamos, al llegar al campus ella se detuvo y me
dijo:
- Bueno, me voy a mi facu, gracias por la compañía.
- No, gracias a ti.
Me besó una mejilla y se alejó a paso vivo, le quedé mirando
unos segundos y me dirigí a mi facultad, con la mano en la mejilla como tratando
de evitar que nada borrara esa sensación y pensando en ella. En eso los gritos
de mi nombre me sacaron del ensimismamiento; un compañero que llegaba en ese
momento, después de saludar seguimos caminando mientras me hacia algún
comentario sobre alguna asignatura a lo que no ponía mucha atención y respondía
cualquier cosa. Ese día pasé bastante elevado sin atender ni entender mucho a
los profesores, pues mi mente estaba ocupada con aquella morena. María Laura es
su nombre.
De ahí en adelante continuaba observándola por las noches y
procurando coincidir por las mañanas para ir juntos al campus. Hasta que una
mañana me dijo que se había dado cuenta que la observaba mientras se cambiaba
por las noches y me preguntó por qué lo hacía, me quedé frió, sin saber que
responder y los nervios hicieron presa fácil de mí.
- Tranquilo sólo es una pregunta.
- Bueno es que yo…, yo, la verdad es que…, no se…, yo…
- Ya, si no te voy a hacer nada, a demás me agrada que me
veas.
-¡¿Qué?! ¿Cómo que te agrada?
- Sí, me gusta la cara que pones.
- ¿Y qué cara pongo?, Supongo que de baboso no.
- Pues no, no pones cara de baboso, y eso es lo que me gusta.
Soltamos unas risas y quedamos en silencio por un rato, yo
estaba confundido y pensaba; ¡esta chicuela está del tomate! Ella rompió el
silencio volviendo a preguntarme que por qué la miraba, ya más sereno le
respondí que me llamaba la atención su cuerpo pero no con morbo. Y era verdad.
- ¡A si eh! Y ¿Qué te llama la atención?
- Todo, si, tienes bonita figura y un cabello hermoso. Me
gusta mucho tu cabello.
- ¡Ya! ¿Y por qué mi cabello?
- Porque me gusta el cabello negro y largo, me atrae mucho.
Más a más tu piel tiene el tono que me gusta.
- O sea que reúno las condiciones de tu chica ideal.
- Sí. Bueno, eso.
- Pues tú tampoco es que estés mal, me eres simpático.
- ¿Simpático?
- Sí, me agrada ir juntos a la "U" conversando, entre otras
cosas.
Fuimos conversando del tema por todo el camino, al
despedirnos yo le pregunté que si podía esperarme en la tarde luego de clases,
me dijo que no podía, que tenía que hacer un trabajo de grupo pero anotó su
número de teléfono en uno de mis cuadernos y me dijo que la llamara como a las
seis de la tarde. En efecto la llamé a la hora acordada y quedamos en vernos el
sábado para salir a pasear.
Aquel sábado salimos en la tarde a un mall, iba decidido a
declararme y para ello después de dar unas vueltas mirando los escaparates la
invité a comer o tomar algo en una cafetería que conocía muy cerca del allí; que
además era de unos amigos, aceptó. Escogimos una masa para dos en un rinconcito
que daba a la ventana. Como es mi costumbre le retire la silla para que se
acomodara. Le pregunté:
- ¿Qué vas a pedir?
- Lo que tú pidas está bien.
- Aquí hacen unos pastelitos de jamón y queso muy buenos, ¿Te
parece? Y café.
- Sí, está bien.
Mientras esperábamos le quedé mirando a los ojos, los tenia
almendrados, negros y muy brillantes, tanto que podía reflejarme en ellos.
- Tienes una mirada muy bonita.
- Gracias; así dicen, pero yo no los veo tan bonitos.
- ¡Que dices! Si es verdad y por lo que oigo no soy el único
que te lo ha dicho.
Mientras comíamos y conversábamos le quedaba viendo
embelezándome con su belleza y, no es que tuviera una cara de portada, pero si
era bonita. Luego de que retiraron el servicio nos quedamos conversando un rato,
tomé sus manos entre las mías y las besé, a ella se le dibujo una cuasi sonrisa
en el rostro mientras me miraba con la cabeza inclinada hacia su hombro, le dije
sin emitir ruido, sólo para que leyera mis labios un ¡te quiero!, me respondió
de la misma manera con un ¡qué!, y así mismo le dije ¡eso mismo, te quiero!,
ella frunció levemente los labios para dispararme un beso, le respondí con un
gesto similar.
Al salir instintivamente nos abrazamos y fuimos caminando
hasta un parque cercano, nos sentamos en una banca y besé sus labios
tímidamente, respondió ídem. Le tomé las manos y le volví a repetir aquel ¡te
quiero! Pero esta vez haciendo sonar la voz, respondió con un ¡pero…! antes que
terminara la frase le callé con un beso, esta vez uno de a de veras, uno con
mucha pasión, permanecimos así unos cuantos segundos, al separarnos le dije:
- ¿Aceptas ser mi novia?
- No lo sé. Tendría que pensar.
- ¿Y qué tienes que pensar?
- No lo sé. Luego te digo.
- Está bien.
Con todo esto ya era bastante tarde, casi de noche y
decidimos volver a casa, decidimos ir caminando, al cabo que no estábamos muy
lejos tampoco, íbamos agarrados de las manos, de cuando en vez le daba
empujoncitos con mi hombro y me respondía igual, iba con una sensación muy
extraña en el estómago y ella a ratos iba mirando al suelo mientras hablábamos
de otras cosas y haciendo chistes, jugando como niños. Al llegar a la puerta de
su edificio le repetí la pregunta que le había hecho en el parque, -te lo digo
el lunes, me respondió y apenas si me besó la mejilla y se entró mientras reía.
Aquel fin de semana no la observé, en parte porque debía
estudiar y en parte porque no quería que se sintiera presionada ya que sabía que
la miraba. Finalmente llegó el lunes. Salí a la misma hora que de costumbre pero
no le encontré, al menos no por la mañana, sino a la tarde, al salir de clases
ella estaba esperándome afuera de mi facultad, bueno no la vi, ella se acercó
por detrás y tapó mis ojos con las manos y dijo:
- ¿Quién soy?
- No sé; le respondí con voz burlona.
- Vamos piensa.
- ¿Isabel?
- No, y deja de hacerte el chistoso.
- Está bien. Ma. Laura.
Me quitó las manos de los ojos y me di la vuelta, casi de
inmediato se colgó de mi cuello chantándome un sonoro beso en los labios. No me
dio tiempo a reaccionar pero le respondí como pude y luego de la escena le
pregunté por qué no salió en la mañana, respondiéndome que no había tenido
clases por la mañana, yo no sabía si insistir en su respuesta a mi petición o no
y mejor dejé que ella espontáneamente me lo dijera algún momento así que
comenzamos a caminar mientras le preguntaba cómo así no había tenido clases por
la mañana, solo contestó que estaba en semana de proyectos. Casi al llegar a
casa ella me preguntó:
- ¿Y no quieres saber mi respuesta?
- Pues sí, claro que sí, aunque me la imagino.
- ¿Y qué te imaginas?, ¿Qué es, sí o no?
- Supongo que es sí, de lo contrario no hubieras ido a mi
facu.
- ¿Y qué tal si en realidad es no?
- No hubieras ido tan graciosa y no estuvieras tan animada.
En ese momento me cogió de la mano y prácticamente me haló
dentro del edificio y en el recibidor me dio un beso muy intenso y fuerte que lo
sentí por todo el cuerpo que pareció durar una eternidad, dejé caer mi mochila
así como los pensamientos para abrazarla y estrecharla entre mis brazos al
tiempo que ella hacía lo mismo, al separarnos la quedé mirando a los ojos y me
dijo:
- Ya te di mi respuesta.
Lo único que se me ocurrió hacer en ese momento fue cogerle
de la cintura, levantarla y dar vueltas como trompo, ella comenzó a reír
pidiéndome que la bajara, diciéndome que no era para tanto y, es que me sentí
muy feliz. Luego de la arrebatada explosión de felicidad le bajé y le besé
muchas veces por toda su cara. Nos sentamos en un sillón y apoyó su cabeza en mi
pecho y comencé a acariciar y besarle el cabello, lo tenia muy suave y sedoso y
eso hacia despertar sensaciones muy placenteras, no tanto de excitación sino mas
bien de paz y tranquilidad y al mismo tiempo ponía en alerta todos mis sentidos.
Estuvimos así unos minutos sin decir nada hasta que:
- Oiga joven tengo que subir a almorzar que debo reunirme con
mis compañeros para seguir con el proyecto.
- Un ratito más si.
- Está bien pero sólo un ratito.
Se incorporó y la senté en mis piernas de frente a mí y
cogiéndole la cara le besé muy tiernamente enjugándome en su boca, enredó sus
dedos en mi cabello e hice lo propio con el suyo, nuestros pechos se apretaron y
un gemido suyo se ahogó en mi garganta. Al separarnos y levantarnos nos
despedimos. Desapareció en el ascensor dejando su aroma en el ambiente. Respire
hondo, recogí mi mochila y fui a casa. Al llegar ni bien acababa de cerrar la
puerta sonó el teléfono, del auricular salio un ruido similar a un beso
precedido de un ¡me gustas! Fue todo lo que alcance a escuchar antes de que se
cerrara la comunicación. Para mis adentros dije -loca.
Los siguientes tres meses los pasamos muy bien juntos. Aunque
no dejé de mirarle por las noches y ella de cuando en vez hacia algún tipo de
bailecito sugestivo, yendo y viniendo del campus juntos, en fin. Así llego
nuestro cuarto aniversario o como dirían algunos; cumple-mes. Debo anotar que en
todo ése tiempo no habíamos mantenido ningún tipo de relación sexual explicita,
salvo caricias, toqueteos y cosas por el estilo y, no por que no hayamos querido
sino, más bien porque quizá de alguna manera no lo pensamos necesario.
Finalmente llegó el sábado y, claro, había que celebrar, así que salimos a cenar
y luego a bailar.
Al terminar la velada estábamos de regreso a casa y de su
parte surgió una proposición:
- Quiero amanecer a tu lado.
- ¿A mi lado?
- Sí, quiero dormir contigo. ¿Acaso tú no?
- Claro que sí.
Sin decir casi nada conduje hacia el norte de la ciudad, a la
zona de los moteles. En el camino ella se sentó en mis piernas; de modo que
quedé en medio de las suyas, de frente a mí, esto me complicaba conducir, sólo
tomé mi derecha y bajé la velocidad. En cada semáforo en rojo nos besábamos y
ella se movía de arriba a bajo mientras el resto de conductores nos quedaban
mirando con cara, no se si de asombro o envidia, pero eso hacía que nos
excitáramos más y claro, nos reíamos al ver sus caras, más a más no faltaban los
comentarios y gritos por parte de uno que otro osado curioso que no podía evitar
decir algo.
La llevé a un lugar que las habitaciones tienen decoraciones
temáticas. Nos tocó una al estilo Grecia antigua, las lámparas simulaban
antorchas y el jacuzzi, de piedra con luces de colores en el fondo, todo
ambientado con música greca de liras y vientos. Luego de recorrer la habitación
le abracé y besé llevándola lentamente hasta la cama, la acosté sin parar de
besarla, así comenzamos a quitarnos la ropa el uno al otro hasta quedar tal y
como vinimos al mundo. Nos sentamos una frente al otro con las piernas por
detrás del otro y comencé a acariciar su espalda de arriba abajo con las yemas
de mis dedos casi rozando su piel, le pedí que no hiciera nada, que cerrara los
ojos y que sólo sintiera. Trazando círculos en sus omoplatos y recorriendo su
columna iba sintiendo como su piel se erizaba de apoco hasta que su respiración
comenzó a acelerarse.
Tiró su cabeza hacia atrás y aproveché para besar, rozar su
cuello con mis labios sin dejar las caricias en su espalda. Tras un buen rato la
acosté y procedí en su pecho, vientre, brazos y piernas de la misma manera,
poniendo énfasis e sus senos y pezones. La sensación de sentir, no su piel, sino
su vello me excitaba mucho y, a ella el hecho de que no la estuviera tocando
directamente la piel le producía un placer que nunca antes había experimentado;
esto me lo comentó luego. Cuando la sentí totalmente excitada me pidió que le
dejara hacerme lo mismo a mí, me acosté boca abajo y me dediqué a sentir sus
caricias, absorbiendo por mis poros los sutiles movimientos de sus manos sobre
mi piel; en el argot erótico lo llaman el beso de la araña a este tipo de
caricias, luego hizo lo propio con mi tórax, vientre y extremidades hasta que la
tomé entre mis brazos y nos besamos haciendo que la excitación de cada uno se
fundiese en una mayor.
- Quero sentirte.
- No, aún no.
- Por favor.
- tranquila, todo a su tiempo.
La recosté y sin más comencé a besar sus muslos mientras
acariciaba su costado y pecho. Con suaves besos recorrí la cara interna de sus
muslos hasta las corvas, las que lamí suavemente al tiempo que algún gemido huía
de su garganta impotente de contenerlo. De vuelta saboreando su piel rumbo a su
vulva, la que, cual imán me atraía sin posibilidad de resistencia alguna hasta
tener mis labios adheridos a ella. Su aroma y humedad obligaron a mi lengua a
acariciarla suavemente, primero sus alrededores y luego su centro para terminar
en su disparador de la máxima expresión de placer, el cual traté con suavidad en
un principio y, poco a poco ir aumentando la intensidad de las caricias hasta
encender la mecha que la llevaría a tener su primer orgasmo, casi sin control
comenzó a gritar y gemir, retorcerse de placer mientras sus manos presionaban mi
cabeza hacia sí ahogándome en sus líquidos tibios y empapando mi cara. A pesar
de aquello no me detuve y continué estimulándole.
Subí recorriendo su cuerpo hasta su boca, violentamente la
besé y nuestras lenguas entablaron una batalla en la que no habría vencedora,
nuestros cuerpos poco a poco se volvían uno, giramos varias veces a un lado y a
otro sin separarnos hasta quedar prisionero bajo su cuerpo, libando por mis
poros las gotas de sudor del suyo y los suyos el mío. Casi por instinto ella
inicio una serie de caricias, besos y lametones por mi cuello descendiendo por
mis hombros, pecho, vientre y piernas acompañados de suaves rasguños que
agudizaban mis sentidos y producían una excitación que iba in crescendo con cada
estimulo proporcionado por sus labios. Tras recorrerme todo el cuerpo comenzó a
acariciar el pene y testículos con un firme y placentero masaje, preparándolo
para remplazar sus manos por su boca y lengua.
Primero recorrió el pene con su lengua y luego con sus
labios, su mano continuaba masajeado los testículos y su otra mano paseaba por
los muslos. Al poco rato comenzó a chupar el glande y de apoco fue engullendo
gran parte del pene con movimientos rítmicos pero variando la presión, eso me
daba un gran placer, sentía como poco a poco se acercaba un orgasmo que tras
unos minutos de hábil estimulación llegó invadiendo todo mi cuerpo, exaltando
cada nervio y dejando mi mente en blanco, tan fuerte que convulsiones
incontrolables me sacudieron. Mi erección seguía intacta a pesar del orgasmo,
ella siguió estimulando mi miembro y ni bien había acabado de asimilar el primer
orgasmo me vino otro aun más intenso que el anterior. Levanté su cabeza e hice
que se acercara a mí, que juntara su cuerpo al mío para que sintiera lo que me
había provocado, le llene su cara de besos, ella acariciaba mi pecho y mis manos
se perdían entre sus oscuros cabellos largos. Con voz bajita casi susurrante me
preguntó:
- ¿No has eyaculado?
- No.
-¿por qué?
- no quiero hacerlo aún.
- ¿Pero has tenido dos orgasmos?
- Así es y, podría tener muchos más. Todos los que quieras
darme.
- ¿Practicas algún tipo de arte marcial?
- No. No es arte marcial, se llama tantra.
- ¿Y me puedes enseñar?
- Claro que sí, ya veras
Volvimos a besarnos y acariciarnos hasta que se quedo
adormilada sobre mi pecho.