Luna Llena
Heme aquí sentado en el autobús, regreso a casa después de mi
viaje anual a Guanajuato, uno de los estados de este gran país llamado México.
Antes de continuar considero necesario describirme: soy alto
(1.87 mts), cabello negro, ojos oscuros, un poco delgado y de piel morena clara
, algunas amigas me consideran atractivo y me gusta creerles.
Como les decía me encuentro en el autobús escuchando los
diálogos de una aburrida película y observando el paisaje mientras recapitulo lo
ocurrido en la ultima semana.
Día 1:
Eran las 8:00 am de un calido viernes de finales de abril
cuando el autobús se detuvo por fin en la terminal, después de cuatro horas de
viaje por fin me encontraba en el único lugar que considero mi hogar; después de
tomar un improvisado desayuno telefonee a mi prima la cual era la causante de mi
presencia ya que el día siguiente era su cumpleaños.
Omitiré todo el recorrido matutino por cuestiones obvias.
Por la tarde mientras recorríamos una plaza comercial
coincidimos con XXXX (mi salud física peligra si digo su nombre) ella es de
estatura promedio, piel blanca, cabello negro, un trasero bastante firme y unas
piernas deliciosas, sus senos son mas bien normales aunque desafiantes aunque lo
que siempre ha llamado mi atención es su rostro, su mirada aunque desconozco el
color exacto de sus ojos tiene ese aire de misterio y burguesía oscura.
Mi primera reacción al verla fue abrazarla ya que seria muy
estupido de mi parte perder la oportunidad de tenerla entre mis brazos pero casi
inmediatamente después la solté al ver la cara de asombro de su madre la cual no
me conocía, (los que conozcan Guanajuato sabrán que es raro ver a alguien con
ropa negra sobre todo por el calor que hace en la zona ), después de las
presentaciones y una leve charla nos despedimos hasta el otro día.
Día 2:
Que comience la fiesta.
Llegaba ala fiesta y al entrar lo primero que vi fue su
sonrisa y esa mirada que denota cierta maldad, se veía preciosa llevaba un
pantalón negro a la cadera de un material parecido ala licra, una blusa color
vino de manga larga y botones al frente cubierta por una chamarra de piel color
negro, su rostro iba coronado por una valerina (o como se llamen esas cosas) del
mismo color de su blusa, al abrazarla llego hasta mi nariz el embriagante olor
de su perfume; después de algunos minutos platicando me separe de ella y recorrí
el lugar saludando a familiares y amigos con la imagen de XXXX dando vueltas por
mi cabeza.
Ya entrada la media noche mientras el grupo tocaba y la
cerveza corría como el agua reanudamos nuestra platica separándonos un poco de
todo el mundo en dirección de una zona oscura y fuera de la vista de todo
curioso, tonteamos un rato pero esta vez era diferente había algo en su mirada
que me lo decía, la forma en que se humedecía los labios me hacia perder el
control a ratos y poco a poco nos fuimos acercando el uno al otro.
Comenzamos con un tímido beso el cual ninguno rechazo y
lentamente comenzó a arder el infierno, la tome por la cintura y pegándola a mi
comencé a besar su cuello mientras mis manos bajaban por su espalda hasta
aferrarse a ese trasero que siempre había deseado, mordía suavemente su cuello
disfrutando los suspiros de XXXX en mi oreja que mordía suavemente.
El lugar donde nos encontrábamos estaba completamente solo
así que aproveche para desabrochar los botones de su blusa y pasar mi lengua por
sus senos aun cubiertos por el sostén, embriagándome cada vez mas con su
excitante perfume, con una mano disfrutaba recorriendo su trasero mientras
besaba su pecho y con la otra buscaba el broche de la caja de Pandora, el cual
cedió bajo la destreza de las enseñanzas de un viejo maestro y gran amigo.
Así pude disfrutar libremente de esos pezones rosa pálido que
demostraban abiertamente la excitación de XXXX, la erección en mis pantalones
comenzaba a exigir su liberación cuando un ruido nos distrajo, alguien se
acercaba preguntando por ella.
Rápidamente nos arreglamos y nos acercamos a ver que pasaba,
era su hermana , sus padres habían llegado por ella.
Me di cuenta d e que una vez mas la suerte se había burlado d
e mi mientras ella recorría el lugar despidiéndose, pero antes de irse me llamo
y llevo de nuevo un poco lejos de toda mirada, tomo mi mano y la coloco entre
sus piernas.
Podía sentir el calor y la humedad de su pantalón mientras me
decía:
" no te atrevas a irte de Guanajuato sin acabar lo que
empezaste "
CONTINUARA