Desde que me quite la máscara ante mi hijo me siento una
mujer nueva, sin prejuicios ni tontos tabúes.
Si bien no puedo contar con mis dedos las veces que nos
inhibimos, puedo recordar muy bien la mejor tarde de sexo que tuvimos hasta
ahora.
Fue en la época de vacaciones, el y yo teníamos nuestro
tiempo libre y decidimos ir a algún lado fuera de la ciudad para poder pasarla
mucho mejor. Me puse en contacto con un amigo que tiene una casa de verano en
Funes, y como él iba a irse fuera del país dejaba su casa sola. Por suerte él no
tuvo ningún problema en que Daniel y yo nos quedásemos en la casa por unas
semanas, y como le dije que iba con mi hijo no iba a sospechar nada raro (pues
debería, ¿no?).
Una vez que tuvimos todo arreglado, empacamos las cosas,
tomamos el auto y salimos de todo ese ruido para disfrutar de los mejores polvos
de nuestras vidas. Durante el viaje, mientras manejaba mi hijo que estaba
aprendiendo, decidí soltar un poco la situación y sabía exactamente como...
- hijo, mantén el volante firme y mira hacia adelante,
relájate; susurre a su oído mientras le tocaba su paquete por sobre el pantalón.
Recuerdo que en ese momento estaba sonando en la radio "Mariposa pontiac" de los
Redonditos de Ricota. Fue como si la estuviesen tocando solo para nosotros,
realmente increíble. A todo esto Daniel estaba bastante sorprendido, emocionado
y a la vez un poco nervioso, la verdad es que desde que tuvimos nuestra hermosa
experiencia sigue siendo el inocente de la relación. Yo creo que es mejor de
esta forma, así puedo dominar la situación sin que se escape de mis manos,
enseñarles lo mejor de lo que conozco y aprender cosas nuevas, juntos.
La situación del auto me estaba excitando demasiado, nunca
había hecho nada así pero quería probarlo y quien mejor que mi hijo. Una sonrisa
se dibujo en mi rostro cuando libere su miembro semierecto, esperando que le den
unas caricias
- uy, el pobre quiere cariñito, mama lo va a tratar muy bien
Baje mi cabeza a la altura de su entrepierna para empezar a
chupar sus huevos, cosa que él disfrutaba mucho. Esos testículos me volvían
loca, los engullía hasta mas no poder, los metía en mi boca y saboreaba su
gusto. Con mis dedos le rozaba su glande y de tanto en tanto bajaba su prepucio
y lo volvía a subir.
Después de unos minutos de ese pequeño juego, lo único que
podía hacer era darle mas placer... levante mis ojos para mirarlo mientras
pasaba mi lengua por su palo hasta llegar al pajarito. Él estaba gozando
bastante y trataba de no perder la vista en el camino, mi pobre niño.
Por lo alocada que era la situación quise darle algo
especial, así que sin pensarlo me lo trague de un solo bocado. Sentí que me
llenaba toda por dentro pero no me importaba, ese era mi tesoro, solo mío y todo
para mí. Cuando no pude contenerme más lo saque de mi boca y empecé a chuparlo
delicadamente, lento y suave. Apretaba su glande con mis labios, le daba
pequeños besos, pasaba mi lengua recogiendo ese néctar que lo cubría todo.
A todo esto, yo también quería disfrutar del momento, por lo
que me había levantado mi remera y estaba acariciándome las tetas con mi mano
libre.
- ahh.. mmm... ma... ya sale.. ya acabo
Vaya que se notaba que ya lo iba a hacer, estaba tan caliente
que no podía contener las tremendas ganas de darme su fluido.
- si mi nene, dale a mamita tu rica leche toda en la carita,
si, si, quiero tomármela toda, vamos, dale, no aguantes mas...
Estaba completamente segura que no iba a poder retener toda
su leche en mi boca, así que moví su miembro un poco para el costado, para mi
lado, para que apunte directamente a mi cara y a mis tetas.
Daniel paró el auto a un lado de la carretera y sujetó el
volante con muchísima fuerza justo en el momento que se descargaba como un burro
en celo. Fue un chorro bastante poderoso que me dio de lleno en el ojo, los
demás dieron a mi mejilla y mi cuello. El se preocupó mucho por el "incidente"
pero yo le dije que no pasaba nada, que no podía controlar esas cosas. Así pude
tranquilizarlo un poco mientras que busque en mi mochila una bolsa de
servilletas y una botella de agua. Llevé a mi boca el resto de semen que tenia
en mi cuerpo, ya que ese era el punto, y baje del auto para poder lavarme. En
verdad el ojo me ardía bastante, como si me hubiesen tirado jugo de limón, no se
lo deseo a nadie. Bien, con la servilleta pude quitar lo que cubría mis párpados
y luego use el agua para remover lo que quedaba adentro. Después de unos minutos
ya estaba bien, pero ver como se preocupo mi hijo por mí me emocionó bastante,
me sentí segura con él. Quizás esto que estaba sucediendo entre los dos era
mucho mejor de lo que pensaba.
El resto del viaje fue bastante tranquilo, salvo por algunas
caricias y besos, palabras dulces y piropos, no paso nada más. Llegamos a la
casa ya cuando era de noche, se escuchaban los grillos en los pastos y los
bichitos de luz iluminaban el lugar, era una noche muy tranquila.
Apenas entramos a la casa, Daniel me apoyo por detrás
haciendo sentir su erección entre mis nalgas. Yo me di vuelta, lo abrase y le di
un beso bien grande.
- esperá hasta después de comer, te tengo preparada una
sorpresa interesante... le dije.
Él, lejos de estar decepcionado, se emocionó muchísimo y
después de darme un beso en la mejilla corrió a la pieza con las maletas para
guardar la ropa.
En realidad lo que tenía en mente era ponerme un conjunto
muy, pero muy sexi que había comprado para una ocasión como esta. Para esa noche
tenía que seducir a mi hijo al máximo en todo aspecto, para poder pasarla mucho
pero mucho mejor. decidí usar una remera blanca mangas cortas y un pantalón
vaquero corto bien apretado. para calentar mas el ambiente supe que era mejor no
usar sostén, como la remera era bastante fina mis pezones se iban a dejar ver
fácilmente. Además pensé que era mejor si me ataba el pelo con una colita, ya
que acostumbro a usarlo suelto hacia adelante y de esta forma él bien no podría
ver mis grandes atributos...
No tardamos mucho en poner la mesa para comer algo ligero.
Cuando Daniel llegó a la cocina para ayudarme lo noté muy contento con la forma
en que yo estaba vestida, demasiado contento si saben a lo que me refiero. Para
serles sinceros, la comida no era lo que realmente estábamos esperando los dos,
en todo momentos nos mirábamos con cara de lujuria y deseo. Yo pasaba la punta
de mi pie por su miembro, él acariciaba mi pierna, en fin, nos estábamos
satisfaciendo un poco antes de que sea la hora de ir a coger, digo a dormir.
En cierto momento Daniel rompió el silencio y como todo un
príncipe me tomó en sus brazos y me llevo a nuestra cama. Me recostó suavemente
y comenzó a besarme, yo me entregue totalmente a sus labios, a sus manos que
recorrían mis piernas, a su cuerpo que se apoyaba sobre el mío; me sentía más
viva que nunca. Él dejó de besarme para mi sorpresa y comenzó a bajar hacia mi
entrepierna mientras iba besando mis tetas, mi ombligo, mis manos. Cuando tuvo
su cara metida mis piernas me miro a los ojos y me dijo
- hoy me hiciste pasar un momento muy lindo, ahora es mi
turno
Sabiendo a lo que se refería corrí un poco el pantalón muy
apurada y deje libre mi conejito que moría de ganas de ser chupado. Con sus dos
manos me separo bien las piernas y pasó su lengua por toda mis labios mayores.
El solo tacto de esa lengua me hizo estremecer y no pude esconder el goce que
sentí
- aaaahhhhhhhh!!!! aaaaaahhhhhhhh!!!!!
Grité muy fuerte, acostada en la cama totalmente vulnerable.
El no se detuvo, ni titubeo, siguió chupando todo lo que podía abarcar con su
maravillosa lengua.
- el.. el clítoris... chápamelo por favor... le dije como
pude.
Ahora su lengua también se adueño de mi clítoris, bien durito
e hinchado. Estaba en las nubes y no quería bajar, por nada del mundo. Les
confieso que no tengo mucha resistencia y en una situación sexual enseguida me
vengo, para colmo esto era mejor porque lo estaba haciendo con mi hijo!. Percibí
que no quedaba mucho tiempo antes de que deje salir todo ese fluido reservado
para Danielcito. Le hice saber pero él siguió con su trabajo que hacía tan bien,
le pedí que no siguiera, que iba a ensuciarlo todo. El no escucho, solo quería
darme más placer, nada más importaba y así fue. Mi líquido salió como un pequeño
chorro hacia su cara, luego bajo por la raya de mi cola y descansó en la cama.
- que travieso que sos, me hiciste acabar, le dije en tono de
broma
Mi niño, sin poner cara de asco ni nada, se limpió con la
sábana de la cama y me miró sonriente. Yo le sonreí de vuelta, y me acerqué
hacia él para besarlo, como lo merecía por tan preciado regalo que me había
hecho. Justo en el momento que nuestros labios se fundían escuchamos un gran
trueno que estremeció todo. Por el miedo los dos nos abrazamos y nos acercamos
mucho, concebí su abrazo como el de un hombre maduro, no un niño. No me
importaba que caigan mil rayos, yo contaba con el amor de mi vida.
Las gotas de lluvia no se hicieron esperar y cayeron con toda
su furia. Nos daba igual si lloviese o no, de todas formas lo que teníamos
pensado hacer era algo que íbamos a hacer adentro de la casa, pero, yo había
olvidado la mesa con el mantel y la comida en el jardín!. Cuando me di cuenta
salí corriendo para recoger todo antes de que se moje demasiado, Daniel me
siguió para ayudarme y juntos nos apuramos para no mojarnos mucho.
La lluvia era realmente espantosa, el piso estaba muy
resbaloso y en cierto momento, como tenía que pasar, piso mal y me resbalo hacia
atrás. Daniel, que estaba a mi lado, se da cuenta y me trata de agarrarme, pero
él también se resbala y nos caemos los dos al suelo. Con él sobre mi, lo único
que quedaba era reírnos de la situación, pero al poco tiempo vi en sus ojos el
amor que me tenía y mi corazón dejó de latir por unos segundos solo para
escuchar latir el suyo por mí. Tome sus mejillas y lo acerqué hacia mí, cerramos
los ojos como dos inexpertos y nos besamos dulcemente.
Al principio el beso era muy inocente, pero luego empezó a
crecer, más fuerte, más mojado, más caliente y no pudimos disimular más.
Necesitábamos saciarnos lo más rápido posible, él quería hacerme poseerme y yo
quería ser su suya, su mujer. Como dos animales comenzamos a desnudarnos entre
los dos sin dejar de besarnos, sin poder controlar nuestros cuerpos. Igual que
alguien que siempre da todo sin importarle nada, me puse sobre Daniel
controlando la situación. Sin vacilar metí su pene en mi ya mojada vagina y
empecé a montarlo. La lluvia era tan fuerte que no podíamos oír nuestros propios
jadeos, así que solo por escuchar su quejido lo cabalgaba más fuerte y duro,
quería que gozara de mí, que como se deleitara con el agujero de su madre.
Quería oírlo gritar en el aire mi nombre, como yo lo gritaba las noches que me
masturbaba pensando en él; me lo debía por no darme este placer antes.
Mi orgasmo y el suyo ya venían en camino, lo podía sentir en
cada fibra de mi ser, mis pezones al rojo vivo, mi concha bien mojada, mi culo
abriendo y cerrándose y... llegó fuertemente, en un mar de gritos por parte de
los dos. Su leche, su preciada leche y mi fluido llenaron toda mi entrada. Pero
no, yo quería más, quería todo esta noche, no privarme de nada. Así que le di a
Daniel lo único que no lo había concedido hasta ahora, él lo iba a sentir y yo
también. Me levanté un poco hasta dejar libre su pene, moví mis caderas un poco
hacia adelante. Sin miedo puse su glande en la entrada de mi ano y empecé a
sentarme poco a poco en él, que todavía conservaba su firmeza.
Mi hijo, sorprendido por mi conducta me miro a los ojos, pero
su cara de sorpresa cambió al poco tiempo a una de placer que yo estaba buscando
desesperadamente. Mi culo es bastante estrecho y nunca me lo habían hecho por
allí, sin embargo como estaba tan caliente y además él estaba tan mojado entró
sin problemas. Como dije una vez, hecho a medida.
Primero lo monté lento para que acostumbrarme, luego más
rápido, más adentro y más rápido, hasta que mi hijo tomó mis nalgas y puso el
ritmo del coito. En cierto momento él sacaba por completo su pene y luego lo
volvía a meter hasta el fondo, cosa que me volvía paranoica. Adentro y afuera,
adentro otra vez y luego afuera, así seguimos durante varios minutos; nuestra
resistencia fue increíble, no sé si fue porque ya habíamos tenido un orgasmo o
por el hecho de que era algo tan bueno, de todas formas fueron los mejores
momentos que pasamos hasta el día de hoy.
La lluvia iba cesando mientras nosotros estábamos más
próximos al orgasmo, un paso cada vez más cerca del premio mayor. En el momento
que sentí que me venía me acerqué a Daniel y lo besé en la boca para de alguna
forma ahora mi grito de dolor y placer, él hizo lo mismo y me penetró con mucha
más fuerza, bien hasta el fondo. Pude sentir como sus huevos chocaban contra mis
nalgas, casi como hiriéndome.
- aaaahhhhh, me rompes toda, que bueno, te amo, te amo hijo,
te amo, era lo único que podía pensar en esos instantes.
Después de tantos de placer, después de dar lo mejor que
teníamos cada uno no pudimos más y en el mejor momento de la noche llegamos al
éxtasis total. Yo acabe primero sobre su ombligo y pubis, luego él llenó mi
recto con su espesa leche, calentita. Cuando nos percatamos, la lluvia ya había
pasado y nuestro intento de rescatar algo quedo fallido por el mejor polvo que
hemos tirado en nuestra vida. Comparado con eso, las perdidas son justificadas,
no?.
Sigan leyendo los relatos, escriban y no se pierdan.
Luna