Sue sentía caer interminablemente en un pozo oscuro, un lugar donde solo
existían visiones. Vio sus años de infancia y juventud, su boda
con Reed su viaje al espacio y su transformación en la mujer invisible.
Se vio sentada ante los dioses egipcios de la muerte, Thot y Anubis quienes
la juzgaban de acuerdo a sus obras. Luego solo oscuridad y silencio. La visión
de estar dentro de un liquido caliente mientras alguien la observaba. La clara
conciencia de estar en un lugar que no tenía sentido para ella. Finalmente
el viaje terminó.
Los bellos ojos azules de Sue se abrieron poco a poco, ajustándose a
los intensos rayos del sol que penetraban por los grandes ventanales del palacio
de Tut. Su vista recorrió las paredes, tapizadas de jeroglíficos
resaltados de oro y lapislázulis, las blancas cortinas de seda y los
extraños muebles propios de la época. Se dio cuenta de que estaba
recostada sobre un confortable lecho recubierto de cojines y almohadones rellenos
de plumas. A su lado se encontraba su joven esclava Muwa quien la miraba expectante.
-Señora.-dijo alegremente la chica etiope.-¿En verdad has vuelto
del valle de la muerte?.-Sue miro el rostro oscuro de su sirvienta y le dedicó
una leve sonrisa.
-Así parece mi fiel amiga.-en ese momento una figura se acercó
al lecho de la enferma, y Sue reconoció las hermosas facciones de su
"rival" Nefri. Esta la miraba con los ojos llenos de temor pero sin
peder su aire de orgullo propio de una princesa egipcia.
-¡Déjanos solas esclava!.-ordenó a Muwa. Esta la miro desafiante,
sujetando en su mano de ébano la blanca mano de su dueña. No obstante
Sue decidió que no era el momento para enfrentar a Nefri y oprimiendo
la mano de su amiga la instó a obedecer. Muwa bajo la cabeza y con una
rápida reverencia abandono la recamara de su ama. Apenas la joven hubo
desaparecido, Nefri se acercó a Sue con gesto amenazante.
-¡Escucha extrajera, más vale que Tut no se entere de lo que sucedió
en el palacio! ¡Si lo hace tu amigo, el bufón, morirá!.-a
Sue le tomo unos instantes comprender las palabras de su "rival de amores",
su mente estaba muy confusa. Pero pronto recordó lo ocurrido en las habitaciones
del cruel hermano de Nefri. Por primera vez desde que cayo bajo el influjo del
rayo Ultra-diodo sintió que la rabia le corría por las venas.
-¡¿Por qué debería esconder lo que tú hermano
me hizo.?!.-dijo desafiante.
-Ya te lo dije extrajera.-repuso Nefri.-Porque si no tu amigo, el bufón
de la corte, morirá junto con mi hermano. Además...-
-¿Además que?-
-Además me debes tú vida.-Sue la miro sorprendida.
-¿De qué diablos estas hablando?.-Nefri miro a su rival con extrañeza,
no conocía esa expresión bárbara, pero no le presto mayor
atención.
-Después de que la cobra de mí hermano te mordió, él
mando a sus esclavos que te dejaran abandonada en algún sitio del palacio.
De haberte quedado ahí hubieras muerto. Pero yo te encontré y
pedí ayuda, es por eso que la sombra de la muerte no pudo atraparte.-Sue
guardo silencio. Si bien no creía totalmente en el relato de la princesa,
era obvio que en su estado, drogada por el loto azul y envenenada por la cobra
de Ozmandias, forzosamente tenía que haber sido auxiliada por alguien...
la pregunta era ¿por qué?.
-No lo entiendo.-dijo mirando directo a los ojos de Nefri.-¿Qué
razón tendrías para ayudarme, cuando sé que mi presencia
te molesta tanto como a tú hermano?.-la princesa egipcia desvió
la mirada y contesto en voz baja.
-Lo hice para salvar a Ozmandias precisamente.-
-¿Cómo?.-
-El pensó que podía culpar de tú muerte a los saltimbanquis,
ya que algunos de ellos usan cobras para sus actos, pero yo estoy segura de
que Tut, no se como, descubriría su mentira lo castigaría. Por
eso te ayude.-por primera vez Sue se dio cuenta del miedo que afloraba en la
voz de la princesa cada vez que hablaba del Faraón.
-Dime algo Nefri. ¿Tú amas a Tut?.-interrogo la mujer del siglo
XX. Acaso pensando en una posible ayuda para escapar.
-Yo lo odio.-respondió la princesa.-Por su culpa Egipto se ha corrompido.
Nuestra gloria se ha vuelto vergüenza y nuestros nombres serán olvidados
por nuestro descendientes.-
-Entonces ayúdame a escapar.-pidió Sue esperanzada en la revelación
hecha por la princesa. Pero antes de que Nefri pudiera responderle la puerta
de la habitación se abrió de golpe y un grupo de soldados irrumpió.
-¡Princesa el Faraón de los Siete Soles te manda llamar!-dijo el
hombre al mando mientras los guardias sujetaban a Nefri, esta se sacudió
las manos de los soldados y con toda dignidad emprendió la marcha por
su propio pie. Sue la miro admirando su coraje, digno de una princesa, pero
también la miro con tristeza. Tal vez, en otro tiempo y lugar, hubieran
podido ser amigas.
-¡Muwa!.-gritó Sue tan pronto como las puertas de su habitación
volvieron a cerrarse. La joven esclava llego junto a ella y se postro a un lado
de su cama. -Ve y averigua porque se han llevado al princesa Nefri de esa forma.-Muwa
salió rápidamente a cumplir el mandato de su ama. Sue se recostó
en la cama y espero, pero estaba tan débil que el sueño la venció
y se quedo profundamente dormida, pese a lo cual creyó escuchar los gritos
de una multitud y el inconfundible sonido del rayo Ultra-diodo al ser disparado.
Luego solo silencio...
Cuando despertó las sombras de la noche comenzaban a caer sobre la tierra
de los Faraones.-¡Muwa!.-grito casi instintivamente. La esclava etiope
acudió pronta su llamado.
-Aquí estoy señora.-
-Enciende una luz y cuéntame ¿qué ha ocurrido?.-la joven
hizo lo que Sue le indico y encendió varias lámparas de aceite,
cuya pálida ilumino perfectamente la confortable recamara de la mujer
invisible. Luego Muwa se arrodillo a un lado del lecho de su ama y en voz baja
le contó lo ocurrido esa tarde.
-Escuche que anoche un rebelde llamado Sabah-Nur intento asesinar al Faraón,
pero fallo; y el hijo del Ra acuso a la princesa Nefri y al Visir Logos de ser
sus cómplices. Esta tarde iban a ser ejecutados. Pero algo paso... de
pronto ese salvaje se soltó y Tut le lanzo una rayo de Sol, pero aún
así él pudo escapar ayudado por los esclavos que se amotinaron
creyéndolo un enviado de los dioses. En cuanto a la princesa Nefri fue
condenada a morir en las mazmorras que hay bajo el palacio.-Sue escuchaba con
asombro. ¿Quién podía ser ese extraño rebelde capas
de soportar una descarga del arma de Tut? Y ¿En verdad Nefri le había
ayudado ó era solo una conspiración para deshacerse de Ozmandias?.
-¿No tienes hambre señora?.-pregunto de pronto al fiel Muwa. Sue
se dio cuenta de que no había probado bocado desde ese día nefasto
y esa conciencia hizo que su estomago despertara escandalosamente. Ambas se
miraron y rieron como niñas por el incidente.
-Si. Deseo algo de comer.-Muwa sonrió y se levanto para traer algo de
comer a Sue. Esta miro por la ventana y sintió que una inquietud se apoderaba
de ella.-Muwa.-llamó de pronto.-Hace cuanto que... "mi espíritu
vago por la tierra de Anubis".-la joven etiope se medito la pregunta y
respondió con seguridad.
-El Sol salió dos veces mientras estuviste con los muertos señora.-dicho
lo anterior Muwa desapareció por la puerta de la habitación. Sue
recordó entonces el motivo de su preocupación. Reed les había
dicho que tenían siete días para esperar el extraño fenómeno
que prometía una cura para Ben. Ahora se daba cuenta de que ya habían
pasado cinco días.
-En dos días la maquina del Doctor Doom se marchara de esta época
y nos quedaremos aquí para siempre.-pensó con tristeza.-Oh! Ben
Reed ¿dónde están? ¿Es este nuestro destino?.-cuando
Muwa entro llevando una bandeja con viandas y vino encontró a su señora
llorando como una niña asustada. Largo rato le toma a la joven esclava
tranquilizar a su señora y convencerla de comer un poco. Sue comió
sin mucho apetito, lo había perdido por sus reflexiones, pero aún
así se sintió reconfortada por el alimento. Más tarde,
como aun estaba débil se recostó para dormir. Pero horas después
unos gritos la despertaron de su sueño.
-¡POR LOS DIOSES LOS MUERTOS SALEN DE SUS TUMBAS ES EL FIN!.-gritaba alguien
en la noche.
-¡LLAMEN A LOS GUARDIAS!. ¡AAAAHHHHHHHH!.-Sue se incorporo y sin
pensarlo camino hacia la terraza de su habitación para ver cual era la
causa de aquel alboroto. Pero desde ahí solo alcanzó a ver luces
corriendo de un lado a otro, así como el sonido de caballos y carros
de guerra desplazándose por las empedradas calles. Gritos y confusión.
En ese momento una manos la tomaron por el brazo y la jalaron de vuelta al interior
de su habitación.
-¡¿Quién es?!.-grito la mujer del siglo XX soltándose
del intruso.
-Soy yo señora:-respondió la fiel Muwa arrodillándose ante
ella.
-Muwa ¿qué esta pasando?.-interrogo su mirando hacia las tinieblas
de la noche.
-No lo se señora.-respondió la etiope apoyando la cabeza contra
las rodillas de Sue.-Pero estoy muy asustada.-Sue bajo la mirada, la escasa
luz de las estrellas solo le permitía ver los negros ojos de Muwa, húmedos
por el llanto, y llenos de temores primitivos. La mujer invisible se inclino
sobre ella y tomándola por los hombros la hizo levantar.
-Quédate conmigo Muwa.-dijo pasando su brazo por la espalda de la joven
esclava.-Esta noche yo cuidare de ti.-ambas caminaron de regreso a la cama de
Sue, aunque esta tuvo que ordenarle a Muwa que subiera a ella. Como una chiquilla
junto a su madre Muwa se abrazó a Sue desesperada, mientras los extraños
sonidos se iban desvaneciendo. Sue nunca sabría el horror que ocurrió
esa noche y la maldición que por él cayó sobre el mundo...
pero eso es una historia que será contada en otra ocasión.
Por un momento ambas mujeres quedaron tendidas en el lecho, abrazadas, reconfortándose
con su mutua presencia de los terrores de la tierra del Nilo. Al fin el silencio
volvió a reinar y ellas pudieron relajarse un poco.
-Parece que todo termino.-dijo Sue escuchando atentamente.
-Ahora ya no me importa.-respondió Muwa con los tiernos ojos fijos en
el bello rostro de Sue, esta la miro sonriente, pero al cabo de unos momentos
el contacto del bello cuerpo de la chica desnuda entre sus brazos le hizo experimentar
una rara sensación. Las mejillas le ardían y su corazón
latía con fuerza, sus ojos se humedecieron con lagrimas de incomprensible
significado, ¿acaso felicidad?. Tímidamente Sue dejo que el dorso
de su mano se paseara por los pequeños senos de la etiope, descubriendo
que eran muy cálidos y firmes como piezas de ébano viviente. Muwa
miro extrañada a su señora, pero no hizo nada por apartar sus
blancas manos de su cuerpo. Sue continuó con su exploración de
aquel cuerpo más joven que el suyo propio. Su mano llego hasta la entrepierna
de la joven esclava y temblando de expectación toco los abultados labios
del oscuro coño, con sorpresa descubrió que estaban libres de
toda pilosidad, y que su calor crecía conforme ella paseaba sus dedos
por esa piel suave.
Sue se sintió hechizada por la salvaje y primitiva belleza de su esclava
y sin poder evitarlo pego sus labios a unos de los pequeños y puntiagudos
pezones de la chica etiope. Disfrutando al sentir como se endurecía bajo
la caricia de su boca, Muwa gimió y se aparto un poco de su ama, pero
Sue la sujeto y dirigió su atención hacia el otro seno haciéndolo
reaccionar de igual manera. Entonces la chica de piel oscura se levanto un poco
y tomando uno de los blancos pechos de la mujer invisible se lo llevo a la boca,
Sue sintió un delicioso espasmo cuando los carnosos labios de su esclava
rodearon su erguido pezón. Muwa chupaba como una bebe mientras su mano
acariciaba torpemente el seno de su señora.
-¡Ohhhhh!... ¡Mí dulce pequeña!... ¡Sigue!...-gemía
Sue arqueando su cuerpo para dejar que sus pechos fueran devorados por la fiel
etiope. Luego Sue tomo la cabeza de Muwa entre sus manos y apartándola
de sus pechos la atrajo hacia sí para besarla. Ella le correspondió
torpemente, como solo lo hace una virgen, pero con todo el amor que sentía
hacia esa mujer blanca que la había tomado a su servicio de entre todas
las demás esclavas del palacio. Nuevamente Sue comenzó a recorrer
el cuerpo de Muwa, esta vez con sus labios, lamiendo y mordiendo cada palmo
de piel oscura hasta llegar al valle de Venus. En ese momento Muwa tuvo una
reacción instintiva y cerro los muslos a los labios de su ama. Sue la
miro entre la penumbra, en sus ojos había sorpresa pero no reproche hacia
la joven esclava, y sonrió sintiéndose perversa por "violar"
a una chica tan joven. Sue beso los tersos muslos y acarició las firmes
nalgas de ébano, Muwa se agitaba perturbada por las caricias de su ama
y lentamente fue rindiéndose a sus demandas. Con decisión Sue
apoyo sus manos entre los muslos de Muwa y emulando la hazaña de Hércules
separo las columnas negras que le cerraban el paso hacia la vulva oscura de
su amante.
Golosamente Sue se dejo ir sobre la fuente íntima de su esclava, lamiendo
los abultados labios, aspirando el fuerte aroma a mujer que manaba de los cálidos
interiores de Muwa, para luego saborear en su paladar el sabor salado de la
vagina. Pronto encontró el pequeño clítoris de su presa
y tomándolo en sus labios lo mordió cuidadosamente.
-¡Aaaaaahhhhh!...-¡Aaaaahhhhhhh!..-gemía la esclava negra
sintiendo como un fuego nacía entre su sexo y la boca de su ama para
luego expandirse por todo su cuerpo. Entonces Sue recordó algo que había
visto en su tiempo, algo que siempre la excito pero que no se atrevía
a pedir a su esposo. Lentamente comenzó a girar sobre la cama hasta que
paso su pierna sobre el rostro de Muwa, de modo que la chica pudiera ver su
coño rubio frente a ella.
-Hazlo por favor.-pidió dulcemente a su sirvienta. Esta dudo un poco
pero ansiosa de corresponder a las atenciones de su dueña, comenzó
a besar los labios mayores de Sue que se contraían presas de un hambre
extraña. La joven etiope dejo que su lengua saliera hacia las entrañas
de Sue, acariciando y sorbiendo los jugos que escurrían por los pliegues
de su vulva. Por un rato no se escucho más que los suaves chupetes que
ambas daban y recibían. Hasta que Sue sintió que su vientre se
desgarraba y una convulsión salvaje la sacudió de pies a cabeza,
espoleándola para hundir su lengua hasta el fondo de Muwa y apoderarse
de su manantial de placer.
-¡Aaaaahhhhh!... ¡Aaaaaaahhhhh!... ¡Me muerooo!... ¡Toma
todo de mi Muwa Todooooo!-grito Sue sintiendo que caía en un vértice
de placer.
-¡Yo también señora!...¡Me mueroooo!... ¡Oh
dioses voy a su lado!..-respondió Muwa devorando todo los que escurría
por la vulva ardiente de Sue, al tiempo que dejaba libre su propio caudal de
néctar para que su señora lo tomara a su antojo. Finalmente ambas
quedaron tendidas sobre la cama, abrazando sus rodillas, y riendo como niñas
que cometen su primera travesura.
-Te amo señora.-dijo la joven esclava.
-Y yo a ti pequeña.-respondió Sue sin saber porque, acaso era
solo una forma de cortesía o ¿acaso había algo más?.
El sueño la venció antes de encontrar la respuesta.
Al día siguiente Sue y Muwa fueron despertadas abruptamente cuando la
pesada puerta de la habitación fue abierta sin ninguna consideración.
Sue se cubrió instintivamente con las sabanas de lino, mientras Muwa,
sin nada con que cubrir su desnudes echaba a correr fuera de la habitación,
seguida por la mirada burlona del poderoso Faraón Rama-Tut.
-Vaya... vaya. Así que la virtuosa señora Richards engaña
a "sus esposos" con una joven ¿eh?. Me pregunto ¿qué
diría la gente de su época si pudiera vela ahora?.-Sue miro con
odio al viajero del tiempo, pero opto por controlarse ya que nada podía
hacer contra él.
-¡Qué quiere de mí ahora?- pregunto mientras se levantaba
de su lecho. Su bello cuerpo quedaba sensualmente enmarcado por la sabana blanca,
Tut la admiro un momento antes de responder a su pregunta.
-¡He decidido que nuestra boda será mañana!.-anunció
victorioso.-Por lo tanto es necesario que asistas al templo de Isis. Donde las
sacerdotisas la prepararán para nuestra unión.-Sue retrocedió
aterrada, sintiendo como si el mundo se hundiera bajo sus pies. De alguna forma
el solo pensar en casarse con aquel hombre venido de los confines del tiempo
la aterraba más que la idea de morir ó quedar atrapada en esa
época extraña.
-Yo... yo... necesito tiempo...-balbuceó en un último intento
por oponerse a la voluntad de usurpador. Pero este, sabiéndose dueño
de la situación, se limito a sonreír cruelmente.
-Lo siento querida ¡El Faraón ha hablado!.-los soldados se acercaron
a Sue mientras esta retrocedía, pero cuando uno de ellos extendió
la mano hacia ella, entonces el recuerdo de Nefri llego a su cabeza y con un
violento ademán aparto la mano del hombre que la amenazaba. Luego se
ciñó la sabana a su cuerpo y emprendió el camino con la
frente alta, como se supone que debe hacerlo una princesa. Tut la miro sorprendido.
En verdad la mujer, de todas las épocas, era un misterio más allá
de su entendimiento.
Los guardias condujeron a Sue hacia uno de los patios donde ya la aguardaba
una carroza tirada por caballos, provista de conductor, ella subió sin
vacilar y así partió seguida por varios jinetes, a su paso pudo
ver las grandes barcas que surcaban por el regio Nilo. Las caravanas de tierras
exóticas llevando y trayendo mercancías. Mientras sentía
sobre su cuerpo el viento cálido del desierto, También noto las
miradas de todos, ilotas y libres, que la contemplaban con recelo y veneración.
Finalmente Sue llego al templo de la diosa Isis, un lugar bello, ricamente decorado
y minuciosamente atendido por las sacerdotisas que la cantaban alabanzas y ofrendaban
incienso a la diosa madre Isis. En la entrada fue recibida por las más
altas sacerdotisas de la diosa quienes la llevaron al interior del regio edificio.
A pesar de su estado de animo Sue se sintió fascinada por la belleza
de aquel templo pagano del cual la gente de su tiempo solo conocería
las ruinas. Las sacerdotisas la llevaron hasta una pequeña alcoba totalmente
cerrada.
-Arrodíllate Señora.-le pidió la más vieja de las
mujeres que la atendían. Sue obedeció y se coloco, con los muslos
abiertos sobre un angosto canal labrado en el suelo. Sus manos fueron colocadas
detrás de su nuca y la hicieron inclinarse hasta que su frente toco el
frío mármol. Una vez en esa pose las sacerdotisas se desnudaron
a su vez y, asistidas por dos eunucos, comenzaron a limpiar el cuerpo de Sue.
Esta se estremeció al sentir el contacto de agua caliente sobre su piel,
junto con el roce de ásperos cepillos por todo su cuerpo.
Al terminar las sacerdotisas se dieron a la tarea de sacar su cuerpo con suaves
toallas de algodón, para luego frotar su piel blanca con aceites perfumados.
Sue se dio cuenta de que su cuerpo estaba en un estado de insoportable sensibilidad,
y que el toque de esas mujeres, pese a ser indiferente, le producía una
peculiar excitación. ¿Acaso era uno más de los efectos
del rayo de Tut?. Cuando su cuerpo estuvo seco la mujer invisible creyó
que habían terminado y trato de levantarse, pero la mano firme de la
sacerdotisa le mando quedarse como estaba. Entonces Sue sintió que algo
frío y metálico entraba en su vulva, provocándole un delicioso
hormigueo que amenazaba con llegar al orgasmo, casi de inmediato una fuente
de agua lleno su sexo. Como toda mujer Sue estaba familiarizada con ese tipo
de higiene, aunque nunca había experimentado emociones como las que la
atormentaban; pero aún le aguardaba una nueva sorpresa. Pues no tardo
en percatarse de que los largos dedos de una de las sacerdotisas estaba untándole
aceite en el ano. Sue se agito para evitar aquel roce que estaba a punto de
romper su resistencia. Pero lo único que logro fue que dos de ellas le
sujetaran los tobillos para mantenerla firme en su postura.
En ese momento sintió la penetración de otro instrumento metálico,
que se abría paso en sus entrañas, de inmediato apretó
las mandíbulas y contrajo los labios de su vulva. Lo cual la hizo que
oleadas de placer le recorrieran todo el cuerpo. El flujo que inundaba su vulva
ceso en ese momento. Lo que siguió fue indescriptible: las sacerdotisas
comenzaron a verter un caudal de agua caliente dentro del cuerpo de la mujer
del siglo XX, un caudal que, a diferencia de lo que ocurría con el que
estaba en su vagina, no salía de su cuerpo, sino que lo llenaba sin ninguna
consideración. La mente de Sue protestaba por aquella nueva humillación,
al tiempo que esa parte de su cuerpo parecía despertar a la vida por
primera vez, por un momento deseo con toda el alma poder levantarse y quitarse
ese abominable aparato que invadía su cuerpo. Odiaba sentirse tan indefensa,
tan usada, pero no se atrevió a hacer nada. No tenía la voluntad
ni el poder para oponerse a las costumbres de esa tierra y tiempo ajenos para
ella.
Entonces las sacerdotisas le ayudaron a levantarse y Sue cerro los ojos anticipándose
a lo que estaba por venir. Como lo temía le hicieron abrir las piernas
y sacando la punta metálica de un jalón motivaron el desalojo
del agua que anegaba las entrañas de la mujer invisible. Esta sintió
las mejillas ardiendo por la vergüenza, pero sabía que no podía
hacer nada por impedir que su cuerpo se liberara del exceso de líquidos.
La sensación fue insoportablemente placentera, aunque no dejo de ser
también horriblemente humillante. Las sacerdotisas volvieron a limpiar
el cuerpo de Sue con abundante agua, luego volvieron a perfumarla y finalmente
la vistieron con una regia túnica de blanca seda y adornada con joyas
de oro y plata, su cabello rubio, mucho más largo que cuando llego, fue
peinado de forma curiosa para poder colocar sobre su cabeza una regia corona
de forma cilíndrica.
Así ataviada la condujeron ante el sumo sacerdote, quien la llevo ante
el altar de la diosa y ofreció sacrificios en su favor, nada sangriento
por fortuna, Sue se sentía intoxicada por el humo del incienso y por
los cánticos que no cesaban. Por fin la llevaron hasta una cámara
subterránea, cuya puerta estaba custodiada por dos grandes eunucos armados
con gruesas espadas de hierro.
-Aquí permanecerás hasta mañana.-le dijo el sacerdote dejándola
sola. Sue miro el lugar, provisto de un regio taburete para descansar y con
una mesa con algunas viandas y vino. Por un momento pensó en escapar,
pero no había forma de hacerlo sin ayuda.
Resignada se recostó en el mullido diván y espero. No supo en
que momento el ruido de las piedras rozando entre sí la despertó.
Sorprendida miro como una de las paredes de la sala se hacia a un lado para
dejar pasar a una elegante figura cubierta por una capa escarlata.
-Buenas noche querida.-dijo sonriente Rama-Tut acercándose a ella.
-En mi época es de mala suerte ver a la novia antes de la boda.-dijo
Sue con cinismo.
-Yo no creó en esas tonterías.-respondió Tut arrogante.-Además
he tenido que privarme de tu compañía desde ese incidente tuyo
con Ozmandias.-
-¡Usted lo sabía!.-dijo Sue poniéndose de pie de un salto.
-Yo lo se todo querida.-dijo el viajero del tiempo mientras tomaba algunas viandas
de la mesa.-Como también se que estas frutas y vino están envenenados.-Sue
miro con horror los alimentos y dio gracias por su falta de apetito.
-¿Cómo es posible?.-interrogo disgustada de que todo el mundo
quisiera hacerle daño.
-Es simple.-dijo Tut.-Muchos sacerdotes creen que has traído la desgracia
sobre Egipto. Así que si mueres ellos serán felices.-
-¿A eso ha venido?.. ¿A salvarme?...-
-En parte. Aunque suponía que no tendrías mucho apetito.-dijo
el Faraón depositando la comida envenenada en su lugar.-En realidad estoy
aquí para que festejemos en privado nuestro enlace y el comienzo de mi
plan.-
-¿Su plan?.-dijo Sue recordando vagamente el primer encuentro con el
Faraón.
-Una vez que nos casemos liberare todo el poder tecnológico que traje
conmigo desde el siglo XXX. Esta tierra se convertirá en el imperio más
poderoso de todas las épocas, conquistaremos todo y a todos, y moldearemos
el futuro a nuestra voluntad.-
-Es una locura.-dijo Sue retrocediendo asustada por la envergadura de aquel
proyecto siniestro.-Alguien lo detendrá.-
-¿Quién?.-dijo Tut burlón.-El súper héroe
más cercano esta a cuatro mil años en el futuro. Y ustedes los
llamados Cuatro Fantásticos no son una amenaza. Pero no hablemos más
de eso. ¡Ven conmigo!.-Tut tomó a su por el brazo y la condujo
hasta le pasaje secreto por donde él había llegado y penetraron
en una angosto túnel mientras la puerta secreta se cerraba detrás
de ellos. Por largos minutos caminaron casi en tinieblas hasta que llegaron
a una pared bien conocida por Tut, donde este acciono un mecanismo secreto que
abrió una salida para ellos. Con sorpresa Sue descubrió que estaban
en sus habitaciones del palacio.
Pero no pudo meditar sobre ello pues el Faraón la atrajo hacia sí
y sin más preámbulos la beso apasionadamente. Sue se resistió
por unos segundos, pero su cuerpo la traiciono un vez más y se abandono
a las caricias del viajero del tiempo. Tut solo interrumpió su embate
el tiempo necesario para despojar a Sue de sus ropas ceremoniales, de inmediato
volvió a besar los erectos pezones de su prisionera. Sue gemía
sintiendo arder su vulva bajo las caricias de su verdugo. El cual no espero
más y tomándola entre sus brazos la llevo hasta el lecho que los
esperaba. Ahí la deposito y sin miramientos se arrojo entre sus muslos
para tomar por asalto la fuente de placer de la mujer invisible.
-¡Aaaaaggggg!... ¡Aaaaaahhhhhh!...-gimió Sue al sentir el
roce de la lengua de Tut sobre sus delicados labios mayores, retorciéndose
voluptuosa con cada lamida, su respiración se hizo más fuerte
conforme el apéndice del hombre del siglo XXX se abría paso entre
los pliegues de su vagina. Sue tomo en sus manos la calva cabeza de Rama-Tut
y la empujo más contra su coño húmedo y palpitante.-¡Anda!.-le
grito loca de deseo.-¡Tómame de una vez maldito impostor!.-
Ni tardo ni perezoso Tut abandono su labor para colocar la cabeza de su miembro
frente la entrada de Sue y tomándola de las caderas lanzo una sola y
definitiva embestida la penetro totalmente. Sin embargo ambos estaban tan excitados
que vasto un leve meneo para que ambos se corrieran como dos adolescentes.
-Vaya señora Richard.-dijo Tut jadeante.-Veo que empieza a disfrutar
de nuestro relación.-Sue no le respondió pues en ese momento descubrió
una sombra oculta detrás de una de las cortinas.
-¡¿Quién esta ahí?!.- exclamo alarmada. En respuesta
Tut se incorporo de un salto y avanzo como un tigre sobre el intruso. Este trato
de huir pero el Faraón lo tomo del brazo y en segundos lo inmovilizó.
-¡Piedad señor!.-grito el espía al verse atrapado. En el
lecho Sue reconoció la voz de su sirvienta.
-¿Eres Tú Muwa?.-dijo sin poder ver claramente en la oscuridad.
-¡Soy yo señora.!.-respondió la aterrada joven etiope.-¡Por
favor pide al hijo del sol que tenga piedad de mí!
-Es mi sirvienta.-dijo Sue dirigiéndose a Tut.-Por favor deja que se
vaya.-
-De ningún modo querida.-contesto el Faraón al tiempo que volvía
a la cama llevando a la chica sujeta aún sujeta por el brazo.-Ya que
esta chiquilla quiere ver como gozan los dioses le daremos gusto. ¡Desnúdate
y ve junto a tu señora!.-ordenó arrojándola al piso. La
esclava no dudo en hacer lo que se la había mandado y despojándose
de su pobre túnica se trepo al lecho de sus amos. Por un momento Tut
comparo el cuerpo grácil y oscuro de la etiope con la belleza rubia de
Sue, cosa que lo excito más aún. -
-¿Qué esperas muchacha? ¡Da placer a tu señora!.-ordenó
sonriente.-Muwa se arrodillo entre los muslos de Sue y hundió su rostro
entre aquellas columnas de alabastro cuyos misterios ya conocía. Su ágil
lengua jugaba y lamía entre los labios íntimos, disfrutando del
sabor salado de su ama y haciéndola estremecer cada vez que tocaba su
duro clítoris. Cosa que hacia estremecer de placer a la mujer invisible.
Tut miro la escena divertido pero también un tanto celoso. Al fin se
acercó a la pareja y sin consideración retiro a la etiope de su
labor para volver a ensartar libremente a Sue.
-¡Aaaaahhhhhh!... ¡Sí!... ¡Sí!... ¡Damelo
todo!...-Sue abrió la boca sorprendida por el inesperado cambio, pero
no tardo mucho en recuperarse y cerrando las piernas entorno a las caderas de
su cabalgador comenzó a moverse salvajemente disfrutando de la penetración
del Faraón. Mientras tanto Muwa, excitada por la vista de sus amos, se
acercó a las nalgas del hombre del futuro y empezó a frotar sus
regidos y puntiagudos pechos contra su espalda. Tut resintió la caricia
y acelero sus embestidas contra la cadera de Sue, al tiempo que sus manos oprimían
los grandes senos blancos de la mujer invisible. La cual sentía que su
vulva se inflamaba a cada golpe de verga que recibía.
-¡Ven Muwa!.-llamo con voz ahogada por el gozo. La chica abandono su labor
y se recostó al lado de su ama.-Siéntate sobre mi Muwa.-pidió
Sue. La chica pareció no comprender la orden pues se quedo quieta a un
lado de su dueña.
-¡No escuchaste!.-rugió el Faraón.-¡Móntate
sobre la cara de tu señora! ¡O juro por los dioses que mañana
los buitres comerán tus entrañas!.-asustada Muwa obedeció
y abriendo las piernas se dejo caer sobre el rostro de Sue, quien al momento
comenzó a lamer el coño negro de su esclava haciéndola
jadear y moverse como si cabalgara sobre un caballo.
-¡Ohhhhhh!... ¡Ooooohhhhhh!... ¡Mí señora es
generosa con su esclava!... ¡Oh dioses!...-gemía la esclava. Tut
se estiro para poder besar los senos de ébano mientras sus manso seguían
acariciando los blancos montes de la mujer del siglo XX. Aquello no podía
durar mucho, Sue aferró con sus manos las nalgas de Muwa y hundió
su lengua al máximo sintiendo que la joven liberaba su fuente de placer,
mientras Tut se agitaba y lanzaba en sus entrañas un caudal de ardiente
semen que chocaba contra le fondo de su matriz, motivando su propia corrida.
-¡Aaaaahhhhhhh!.-grito Muwa.
-¡Me corrrooooo!.-exclamó Tut.
Poco a poco se separaron y quedaron tendidos sobre el lecho. Pero Tut no dejaba
de contemplar la belleza de aquella esclava y sintiendo que las fuerzas retornaba
a él la atrajo a su lado.-Ven a mí pequeña zorra del desierto.-Muwa
miro a Sue suplicante pero esta solo giro la cabeza hacia el otro lado de la
habitación. Las manos del Faraón masajearon los pequeños
pechos de la etiope, al tiempo que sus labios se unían en un beso que
marcaba el dominio del rey sobre su esclava. Muwa cerro los ojos y se abandono
a las caricias de su amo, que despertaban en su cuerpo un calor abrasador, totalmente
distinto al que sentía en brazos de su señora. De pronto los dedos
del hombre comenzaron a masajear la vulva de la chica la cual se retiro pudorosa.
-¡Estate quieta!.-ordeno Tut hundiendo sus dedos en las entrañas
de Muwa.
-No... por favor... por favor hijo del sol... noooo.-protestaba levemente pero
no se resistía al avance del su señor. Sin perder más tiempo
Tut le abrió las piernas y colocando su gran miembro ante su vulva procedió
a derribar la puerta de su virginidad.-¡Aaaaaaaagggggg!... ¡Noooo!...-grito
Muwa al sentir como su carne se abría para alojar la lanza amatoria de
su Faraón, quien lanzaba su ariete con fuerza para entrar totalmente
en aquellas carnes oscuras. En ese momento Muwa sintió unas manos suaves
y delicadas acariciando sus pechos y al mirar descubrió a Sue, quien
la beso con delicadeza ofreciéndole un consuelo a su dolor. Por suerte
eso basto para relajar a la chica y que dejara de oponer resistencia al avance
de Tut. Poco a poco una excitación desconocida se fue apoderando de la
joven esclava, su vulva empezó a escurrir jugos y sus manos se aferraron
a las anchas espaldas de su cabalgador quien se movía cada vez con más
fuerza hasta que al fin estallo de nuevo en un más de semen.
-¡Aaaaahhhhhh!... ¡Me sacas la vida hijo del Sol!... ¡Me muero!..-grito
Muwa al sentir como sus jugos se mezclaban con los del hombre del siglo XXX.
Largo rato continuo aquella orgía hasta que los tres cayeron profundamente
en un delicioso letargo. Quedando Tut en medio y Sue y Muwa a cada lado, ambas
con una mano sobre la verga de su amante, como si la protegieran de cualquier
peligro. De esta manera ninguno de ellos vio como la noche se transformaba en
día, no porque llegara el amanecer, sino por el paso de un enorme cometa
que ilumino el cielo durante varios minutos.
Al día siguiente Tut condujo a Sue de regreso a sus aposentos en el templo
de Isis, de donde las sacerdotisas la sacaron para llevarla de nuevo al palacio.
El lugar estaba lleno de gente, ricos comerciante y miembros de las familias
nobles que acudían a ver el enlace de su despreciado, pero sobre todo
temido, monarca. Sue fue llevada hasta un gran altar que sostenía la
imagen del poderoso dios Ra, y junto al cual la esperaba su futuro esposo, ataviado
con una majestuosa armadura de guerra en forma de halcón y una gran capa
escarlata que ondeaba con el viento, además su corona bulbosa hecha de
oro y plata.
-¡ESCUCHENME PUEBLO DE EGIPTO.-proclamo Tut a los presentes.-¡YO
EL FARAÓN DE LOS SIETE SOLES PROCLAMO QUE ES EL MOMENTO DE CASARME! ¡Y
HE AQUÍ LA QUE SERÁ VUESTRA REINA!.-Sue dio un paso al frente.
En ese momento una figura gallarda, envuelta en una capa de lana apareció
de atrás de la estatua y sin perder un segundo se lanzo sobre el Faraón.
-¡¿QUIÉN OSA ENFRENTARSE A MÍ?!.-grito Tut tomado
por sorpresa. Los dos hombres comenzaron a luchar y, durante el forcejeo, Tut
logro despojar de la capa a su atacante. A la vista de todos quedo el cuerpo
de un hombre blanco y musculoso, de cabello corto y facciones duras, como las
de un guerrero. Sue miro intrigada la escena, ¿acaso era el llamado Sabah-Nur
en un nuevo intento de matar a Rama.Tut?. Por un momento así lo creyó.
Pero entonces se dio cuenta de que el extraño no buscaba la vida del
Faraón sino la poderosa arma que traía oculta detrás de
su capa escarlata.
-¡El juego se acabo Faraón de mentiras!.-dijo el extraño
al apartarse de su presa con el rayo Ultra-diodo en sus manos.-¡Ahora
dime como libero a mis amigos o te daré una muestra de tu propia medicina!.-en
ese momento Sue creyó soñar, había una sola persona que
podía hablar así, una sola persona con esos grandes ojos azules...
Su amigo Ben Grimm.
-¡BEN!.-grito Sue con el rostro iluminado por la alegría.
-¡No temas Susi! ¡El guapo Ben ha venido a salvarte!.-dijo el hombre
encañonando a Rama-Tut al tiempo que volvía a expresar su demanda.-¡Por
última vez! ¡¿Cómo libero a mis amigos?!.-Tur miro
la decisión en los ojos de aquel hombre y termino por ceder.
-A su izquierda esta el interruptor de potencia. Solo ajústelo en frecuencia
4.5.-Ben se dispuso a llevar a cabo el ajuste, pero al hacerlo noto que su mano
adquiría una vez más un intenso color anaranjado y que su piel
se tornaba áspera y quebradiza como la roca al cuartearse. Sin tiempo
que perder le dio la espalda a su enemigo y disparo el arma contra Sue. Esta
sintió una gran ola de calor y de pronto se dio cuenta de que estaba
libre. Pero no había tiempo para celebrar ya que Ben se encontraba de
rodillas, transformándose una vez más en ese abominable gigante
de piedra conocido en el siglo XX como la Cosa.
-¡Toma el arma Sue!.-dijo con sus últimas fuerzas. Sue tomo el
arma y disparo contra su amigo. Cuando la luz se disipo la Cosa se levanto,
imponente, implacable pero sobre todo ¡libre!
-¡¿DÓNDE ESTA RAMA-TUT?!.-grito el coloso lleno de furia.-¡ES
HORA DE PELEAR!.-pero Rama-Tut había aprovechado la distracción
de su enemigo para descender el altar y refugiarse entre sus soldados.
-¡¡Destrúyanlos!!.-grito mientras huía desesperado.
Sabía de sobra que ahora su ejercito nada podía hacer contra sus
enemigos necesitaba algo más... Algo que él sabía donde
hallar. Mientras tanto los soldados atacaban a Ben con todas sus fuerzas, pero
sus armas de hierro se hacían pedazos contra la piel del gigante de roca,
el cual se deshacía de ellos como si fueran mosquitos. Por su parte Sue
miraba en todas direcciones tratando de encontrar a algún otro miembro
del grupo, de pronto descubrió a un saltimbanqui solitario y de piel
blanca recargado contra una de las columnas del palacio.-¡JOHNNY-grito
apuntado hacia él con el rayo y disparando con certera puntería.
En segundos el joven se levanto y lanzó su grito de guerra.
-¡LLAMAS A MÍ!.-el cuerpo ardiente de la antorcha humana se elevo
por el aire ante el asombro y terror de los egipcios que para ese momento solo
pensaban en escapar. Aún así Johnny lanzo algunas ráfagas
de fuego contra los soldados que trataban de ensartarlo con sus afiladas lanzas.
Después se acercó a su hermana, quien le sonrió gustosa
de verlo en todo su esplendor.
-¡¿Estas bien Johnny?!.-
-Yo... Creó que sí.-dijo vacilante.
-¿Y Reed?.-preguntó Sue mirando en todas direcciones.-
-Creó que lo vi por allá.-respondió la antorcha señalando
hacia un lado del salón. Sue le dio el arma.
-Ve y libéralo.-Johnny volvió a encender su cuerpo y salió
volando en busca de su cuñado. En pocos segundos Johnny descubrió
al doctor Richards y disparándole lo libero también.
-¡Bien hecho Johnny!.-exclamó el señor fantástico
uniéndose a la lucha. Pronto los cuatro héroes se reunieron al
pie del altar, mientras los soldados emprendían la fuga ante el poder
de sus adversarios.
-¿Dónde esta Rama-Tut?.-interrogo Mr. Fantástico.
-No lo sabemos.-dijeron Ben y Johnny.
-El dijo que estaba listo para liberar todo su poder en esta época.-comentó
Sue. Por un momento el hombre elástico meditó y al fin dio con
la calve.
-¡La Esfinge!.-todos lo miraron atonitos.-Sospecho que la Esfinge no es
una estatua sino la nave de Tut. ¡Vamos por él!-los cuatro héroes
del siglo XX se lanzaron en pos de su enemigo. Pero antes de salir del templo
Sue miro hacia atrás y descubrió a una chica de piel oscura que
la miraba con los ojos llenos de lagrimas, oculta detrás de una pesada
columna.
-Adiós Muwa.-dijo con la garganta apretada pero sin detenerse.
En pocos minutos los Cuatro Fantásticos entraron a la Esfinge, tal como
Reed lo había dicho era una imponente fortaleza, llena de armas y cosas
de increíble tecnología. Ahí los estaba esperando Tut,
ahora ataviado con una armadura de complejo diseño y de alta tecnología.
-¡USTEDES NO ARRUINARAN MIS PLANES!.-dijo abriendo fuego con un poderoso
rayo láser. En respuesta Johnny lo derribo con una poderosa llamarada.
Ben intento acercarse pero en ese momento un robot de forma extraña,
grande y con seis brazos, lo golpeo mandándolo hasta el otro lado de
la nave. Nuevamente Tut dejo el campo de batalla y busco refugio en la sala
de control. Ahí vio en los monitores como los cuatro fantásticos
destruían una a una sus defensas. Tut era un hombre orgulloso pero no
un estúpido. Se dio cuenta de que nada podía hacer salvo escapar.
Así entro en una cápsula especial y emprendió el camino
hacia su propio tiempo.
-¡Escapo!.-grito Johnny desde lo alto viendo como un bólido de
forma alargada despegaba de la esfinge para desaparecer en el cielo.
-¡No importa tenemos que irnos ahora!.-dijo Reed evidentemente alarmado.-¡Solo
nos quedan unos minutos antes de que la maquina de Doom parta de esta época.-Todos
emprendieron una veloz carrera hacia su lugar de llegada, pero aún así
se detuvieron cuando la gran esfinge estallo en mil pedazos.
-¡Qué fue eso?.-dijo Johnny admirado por el suceso.
-¡No importa! dijo Reed reanudando la carrera.-¡Nosotros nos vamos!-
De sobra esta decir que los héroes lograron llegar a la maquina del tiempo
y volver a su propia época. Una vez a salvo, Ben les contó sobre
un misterioso cometa que había visto la noche anterior, y cuya energía
no solo le devolvió su forma humana, sino que además lo libero
de los efectos del rayo Ultra-diodo. Días más tarde, en el Museo
metropolitano, los cuatro admiraban la colección de artículos
egipcios que dio origen a su aventura.
-Lo siento Ben.-dijo Reed colocando la mano en el hombro de su amigo.-De haber
podido tomar una muestra de la radiación del cometa. Tal vez...-
-No importa "elástico".-dijo el noble gigante.-Ya encontraras
la forma.-
Sue se alejo de sus amigos y caminó hacia unos maniquíes que representaban
a una altiva egipcia siendo servida por jóvenes esclavas de piel negra.
Aunque sus recuerdos eran confusos, debido a las alteraciones que su cerebro
había sufrido por el rayo de Tut según le explico su esposo, el
recuerdo de esa joven esclava era lo único que no quería olvidar.
-Sue ya nos vamos.- le grito su hermano atrayendo de nuevo la atención
de la gente del museo. Sue se limpio las lagrimas y camino detrás de
sus amigos. Solo quería llegar a casa y recostarse para soñar
con las arenas del desierto, con déspotas Faraones y con dulces esclavas
de piel oscura
FIN.
AUTOR: "EL MONJE"