Los secretos de la mente (2: La hipnosis sigue su curso)
Llego a su casa muy excitado, su pene latente bajo el
pantalón lo estaba poniendo frenético, haciendo que recordara aún más la figura
de aquella mujer, que confiándose a él le había contado semejantes historias.
Así paso varios días, en los que esa imagen lo llevaba a sueños eróticos,
despertando así sus más bajos instintos y deseando volver a verla.
Llego la nueva cita, aquello se estaba convirtiendo en una
obsesión para Daniel, que cada vez la citaba antes de la semana para poder
verla. La estaba deseando tanto, que no sabia como poder tomarla, sentirla,
hacer en su persona todo lo que ella le relataba que había echo contándoselo con
detalles, más de una vez su pene se había erguido tras esa mesa que lo ocultaba,
y que a su vez cubría las distancias medico-paciente.
Hasta que un día Daniel ideó una estrategia, para apoderarse
del ser de Maria y descubrir el problema que esta tenia. Decidió hipnotizarla.
(lo que sucedió ese día lo relato en el descubrimiento del ser (6) por lo que
eludo esta situación que ya conoceréis).
Daniel, mantuvo a Maria hipnotizada después de aquella
sesión, en la que descubrió el daño que su padre le hizo cuando era pequeña y
que ella, sin darse cuenta de aquello había ido desechando de su mente. El
resultado había dado lugar a toda esa historia, porque Maria necesitaba, el amor
paterno que aparte de hacerle daño la había echo disfrutar tanto de pequeña, y
quería en su infierno volver a sentirse niña de nuevo.
Daniel se dijo cuando ella salió de la consulta ¡ya esta
echo! Ahora tendré que tener mucho cuidado, no la podré citar en mi consulta
pues si lo hago podrían sospechar. Así que dándole vueltas, llamó a Gloria y le
dijo que anulara todas las citas del día siguiente que no se encontraba bien y
que descansaría.
Cogió el teléfono y marco el número de Maria, su voz se
volvió firme y sin titubear dijo cuando oyó que levantaba el auricular:
D-Maria
M- Si soy yo dígame
D- "soy tu papi" y quiero que vengas a casa, quiero que cojas
un taxi y le digas que te traiga a esta dirección, (le dio la dirección que
Maria apunto en un bloc de notas que tenia junto al teléfono)
M- si papi ahora voy a casa.
Maria cogió la nota y salió de la casa, paro un taxi y le dio
la dirección donde debía llevarla.
Mientras Daniel, se asombraba de su poder mental, de cómo
ella había captado bien su mandato, y la esperaba ansioso ¡por fin iba a ser
posible su sueño su fantasía su deseo! Y se sentó en el sillón de la sala
esperando la llegada de Maria.
Oyó como un coche paraba en la puerta, se asomo a la ventana
y vio que era Maria que llegaba, fue hacia la puerta la abrió y le dijo ven con
papi Maria, a lo que Maria sonriendo y hablando como una niñita le dijo hola
papi, corriendo hacia él, lo abrazo y entraron dentro de la casa Daniel, que
cada vez estaba mas excitado, pero no podía dudar, debía llevar aquella
situación con mucho cuidado.
-Papa quiere que su niñita bonita se desvista y vaya a la
camita, que si es buena le daré un regalito.
-Si papi decía Maria ¡dámelo ya!.
-No nenita, primero tenemos que bañarnos, así que si eres
buena y haces todo lo que papá quiera te daré el regalito.
-Vale papi cogió a Daniel de la mano.
Daniel la llevo hasta el baño y primero le soltó el pelo que
lo llevaba recogido con un pasador, su pelo cayo en cascada hacia abajo mientras
Maria reía, le fue desabotonando la blusa dejando al descubierto sus pechos y
besándolos, su lengua no pudo resistir y la paseo por el cuello de esta que le
decía papá, ¡que me haces cosquillas!.
-Si nena los papis buenos hacen cosquillas a sus niñitas,
date la vuelta que te voy a quitar la ropita, quitó la blusa y el sujetador de
Maria, le aflojo la cremallera de la falda la cual cayó al suelo, quedándose
solo con la braguita, a Daniel le temblaban las manos su pene estaba erguido y a
punto de reventar, por fin ese cuerpo estaba allí, delante de él desnudo, lo
había deseado tanto en tantas sesiones, tendido sobre el diván de la consulta,
que estaba igual que un chaval el día de su primera vez.
Le bajo la braguita, mientras llenaba la bañera con agua
caliente mientras esta se llenaba, sentó a Maria en la cama besándola y
lamiéndola en toda su piel, recorrió su cuerpo, mientras ella se quedaba
quietecita como le había dicho su papi.
Cogiéndola en brazos, la llevo hasta la bañera y la introdujo
en ella, Daniel se quitó la bata que llevaba puesta y se introdujo en ella,
enjabono a Maria frotando con una esponja, su espalda, sus pechos y su vientre,
hasta que bajo su influjo le dijo, venga Maria que te voy a limpiar por dentro,
a lo que Maria se sentó encima de Daniel, al igual que hacia con su papi, y le
dijo papi que no te has puesto el aceite y después me va a doler. Daniel cogió
el aceite de baño y se lo untó en su pene, introduciéndolo en la vagina de Maria
que se dejaba hacer, como una niñita buena.
Daniel noto la vagina de Maria mojada por su flujo, así que
empezó a moverse y preguntándole, ¿te gusta mi niña? a lo que ella le comentaba,
si papa me gusta limpiarme por dentro me hace cosquillas.
Daniel le agarro los pechos, y la puso a cuatro patas sobre
la bañera para poder moverse, a lo que María contesto papa así no se lava, pero
Daniel con voz firme le dijo, mi niñita hará todo lo que su papi le diga. Así
que agacha tu cabecita, y quiero que goces como lo hace tu mami, Maria empezó a
gritar de placer, Daniel en continuos movimientos estaba a punto de llegar, por
lo que paró en seco, a lo que Maria le dijo ¡no pares papi que me gusta!, no
nena ya es hora de lavarte los dientes, así que ya sabes vamos a darle
vitaminas, se coloco de rodillas ante ella, y Maria empezó a frotarse el pene
por la boca, metiéndolo y frotándolo por sus encías. Daniel no pudo por más que
dejarse ir, mirando a Maria como disfrutaba de su semen, como si fuera de veras
vitaminas de vida para ella.
Pero a Daniel le gustaba que ella colaborara más, y que no
fuera solo una niñita buena en sus brazos, si no que pidiera las cosas que a
ella le gustaba, que tuviera algo de más mayor por lo que le dijo:
-Muy bien Maria has sido una niña muy buena, ahora quiero que
escuches mi voz atentamente, el tiempo ha pasado ahora tienes trece años, eres
una mujercita llena de deseos. Tu cuerpo es una fuente de placer, y tu lo sabes
y lo disfrutas, lo descubres sola tocantote cada noche, ahora quiero ver como lo
haces.
Tu papi quiere saber, porque te escondes de él para
masturbarte, y quiere saber porque no compartes con él ese momento. Ahora Maria
contesta dime cuando te das cuenta de que lo que hace tu papa contigo no esta
bien.
-Mi madre me dice que tengo que tener cuidado con los chicos,
que me pueden embarazar, si meten su cosita dentro de mi, y me dice que hay
muchas formas de sentir placer, sin necesidad de meter el pene en la vagina me
informa sobre eso, yo ya sabia algo y pienso entonces, que lo que mi papa me
hacia estaba mal, pero no quiero recordarlo, porque mi papi es bueno y me quiere
mucho, así que ahora desde que me baño sola, me toco yo solita y me lavo por
dentro con mis dedos. Lo malo es que mis dientes ahora no tienen vitamina y mi
madre me tendrá que llevar al dentista a mí me da miedo.
-No tengas miedo Maria ahora escucha tienes trece años ¿te
gusta algún chico?.
-Me gusta Manuel, ¡dice que me quiere! y cuando estamos solos
me besa y me gusta, pero mi madre dice que no me deje, que los chicos todos
quieren lo mismo. Así que yo no dejo que su cosita me roce, solo dejo que me
acaricie.
-¿Como es tu cuerpo Maria, notas algo nuevo en tu el?.
-Me han crecido los pechos a veces me duelen un poco y tengo
vello en el pubis y no me gusta.
-¿Quieres que te lo quite Maria?, le pregunto Daniel que se
le estaba poniendo de nuevo dura, y la idea de rasurarle el pubis lo estaba
enardeciendo.
-Vale dijo Maria.
-Buena chica, ahora quiero que te eches encima de la cama y
que levantes las piernas, yo te pasaré la espuma y te quitare ese vello que
tanto te molesta, así que mientras yo te lo hago quiero que te toques los
pechos, los acaricies, y te cojas los pezones dándote gusto, quiero que
disfrutes del roce de la navaja, pero no vayas a moverte, de cintura para abajo
estarás anclada, solo podrás sentir el frío del acero en tu piel, eso te dará
mucho placer! Siéntelo!.
Tomó la brocha llena de espuma, embadurnando con ella todo el
pubis de Maria, cogió la navaja y la pasó cuidadosamente llevándose trás ella el
vello pubico de Maria, que reposaba mordiéndose el labio inferior, con sus manos
sobre sus pechos ¡masturbándoselos!, mientras Daniel, la observaba desde abajo.
Notaba la respiración de Maria agitada, estiraba sus pezones
entrizados en dos dedos, los retorcía en el aire y luego, los metía hacia
adentro ayudada con un dedo, estaba de nuevo frenético.
Acabó de rasurarla limpiando la espuma restante, y allí de
nuevo estaba su pubis sin vello, igual que una niñita, rosado y fresco abierto
para el, como una rosa abre los petados a la vida.
Ahora Maria ya te puedes mover tus caderas tienen libertad y
puedes gozar de tu cuerpo, Maria bajó su mano derecha hasta su raja,
introduciendo su dedo corazón en ella, se frotaba con el haciendo movimientos
circulares primero, y de arriba abajo después su boca gemía.
Cuando la voz de Daniel le ordeno que no se podía correr,
solo gozar de sus caricias, así se llevo más o menos unos veinte minutos,
parando cada dos por tres, porque el orgasmo le sobrevenía, entonces ella paraba
y el placer se revolvía hacia adentro, era un placer interno que la estaba
llevando al cielo pero sin llegar por completo.
Daniel no podía más, la veía gozar como una loca, sus ojos
cerrados, sus mejillas sonrosadas y su boca entreabierta deseando llenarla con
otra boca, se acercó a ella le retiró la mano que transcurría por su pubis,
agarrándose a sus caderas y hundiendo su cara en esa concha chorreante de flujo,
lamiéndola, mordiéndola, sorbiendo ese jugo que se le antojo un manjar
delicioso.
Su boca se agarró a los labios externos estirándolos, después
su lengua, se abría paso a través de los internos, moviéndola sobre su clítoris.
Maria se revolvía de gusto allí, en la cama sin poder llegar ya que se lo había
ordenado Daniel, el cual entusiasmado en lamer aquella concha se olvidaba de
todo, la agarró por su culo apretando sus cachas y subiéndola hacia su cara, que
estaba metida dentro del sexo de Maria, así la apretaba mas contra él,
presionando su nariz en su clítoris, su lengua se introdujo en la vagina,
bebiendo las entrañas de Maria que solo hacia gemir y gemir, ahogándose en un
placer infinito, pero sin poder correrse.
Sus manos seguían en sus pechos dándose placer en ellos,
temblaba su cuerpo, y su vientre retumbaba dentro de ella queriendo explotar.
Pero no podía, el placer llegaba a ella y en un grito ahogado se revolvía hacia
a dentro una y otra vez. Daniel estaba ajeno a todo lo que el interior de ella
estaba sintiendo, cuando aparto la cara de su concha, la vio allí descontrolada
sobre la cama, con los labios ensangrentados de morderlos y los ojos idos.
Por un momento se asustó y recordó que le había ordenado que
no se podía correr.
Así que en ese momento le dijo ordenándole de nuevo: María
ahora voy a penetrarte, cuando me oigas gemir, quiero que tu también llegues,
este orgasmo será el mayor de cuanto hayas tenido, en tu vida y lo desearas
siempre, cada vez que me veas, te mojaras y desearas que mi poya, te penetre y
que te haga feliz, para que eso ocurra, harás siempre lo que yo te ordene, seré
lo único que deseas, lo único que necesites para ser feliz.
No lo olvides, estas enamorada de mi, y estarás deseando que
te llame y que te de placer, ya que seré el dueño de tu sexo, de tu mente y de
tu vida, la cual vivirás por mi. Ahora vamos a hacer el amor y todo será muy
dulce, haga lo que haga, será para ti una caricia no sentirás nuca daño y todo
será placer para ti.
La sacó de la cama besándola en la boca, Maria abrió los
ojos, reconociendo aquel ser, como la persona más bella del mundo, mientras
Daniel mordía sus labios ensangrentados, a ella le supo el beso más dulce que le
habían dado nunca. Las manos de Daniel apretaban su espalda y su culo, con una
intensidad desmesurada llegando, hasta amoratar su cuerpo en distintos lugares,
chupaba su cuello llenándola de moretones, que ella disfrutaba como si de la mas
suave caricia se tratara, sus pechos recibieron mordiscos dejando señalado el
pecho de Maria, que gozaba como una loca con su amor, (pensaba ella que todo
eran caricias dulces, que su enamorado depositaba en su cuerpo para llenarla de
placer, caricias a las cuales ella respondía con toda la fogosidad de su amor).
Daniel perdió el control, la cogió por su pelo tirándole de
el y agachándola hasta la altura de su pene, hizo que se la metiera en la boca,
que la chupara mientras él se movía frenético, metiéndosela hasta la garganta
una y otra vez, mientras su mano guiaba la cabeza de Maria a tirones de pelo, le
dijo que mientras metiera cuatro dedos en su vagina y se masturbara, él
procuraba no gemir para no confundirla, ya que le había ordenado que cuando
gimiera él, se podía dejar ir, así que debía estar constantemente, ahogando los
gritos de placer que le sobrevenía, no pudiendo más, la levanto igual que la
agacho a tirones de pelo insultándola, la cogió por los hombros y la volvió de
espaldas a él, hizo que se sujetara a una mesa de escritorio que tenia en
aquella habitación, le metió la poya en su coño que estaba chorreante de flujo,
ella gemía y gritaba de placer, él notaba como su concha chupaba aquella poya
dura, que estaba a punto de vomitar su semen.
La saco de nuevo y la rozó por su ano, lubricándolo con ella
sujetó su pene con una mano, atinando en aquel agujero que se le antojo como el
pozo de la depresión de ella, oscuro y hondo y sin pensárselo dos veces, empujo
fuertemente provocando gritos en Maria. Aquel pozo se lleno de su poya
haciéndolo sangrar.
Como un desesperado empezó a moverse descontroladamente,
clavando sus uñas en las caderas de Maria. Dejando que el sonido de sus gemidos
salieran por su boca, Maria oyendo ese gemido se dejo ir, y el se vació dentro
de su ano. Maria se dejó caer encima de la mesa su cuerpo temblaba y se
contraía, así estuvo varios minutos cayendo desfallecida al suelo.
Una vez que Daniel se recuperara de aquel orgasmo, miro a
Maria que aún seguía con espasmos de placer en su cuerpo. Hasta entonces no se
dio cuenta del daño que le había causado debido a su intensidad.
Se acerco a ella, la rodeo con sus brazos, la beso con
suavidad todo el cuerpo mientras ella reaccionaba diciéndole ¡te amo , te amo mi
vida ¡
En ese momento se sintió el ser más despreciable del mundo,
pero aún así no dejaría escapar a aquella mujer, era hora de dar amor, y
acogiéndola en sus brazos la llevó hasta la cama, besando la piel que tanto
había castigado, haciéndola dormir mientras curaba las heridas causadas.
Evelyn45