LOS BACHILLERES
Varios días después de que mi padre se entera de la
existencia de esta página y luego de enseñarle varios relatos, decide confesarme
una de sus más ocultas aventuras durante su estadía como docente en una
universidad del exterior. Con gran esfuerzo logre convencerlo de que me dejara
publicar su historia y a continuación el nos relatara lo que le sucede en una
noche de sexo descontrolado con una pareja de chicos que el considera como sus
mejores alumnos…. Le cedo la palabra….
Mi trabajo en la universidad era más que un aliciente
económico, una forma de vida de la que me sentía orgulloso. Había
compensaciones, es interesante ser profesor, uno siente que, como en las
parábolas, siembra en terrenos fértiles, otros no tanto y así.
En general yo trataba de ser formal tanto como me fuera
posible. Acompañaba a los estudiantes del programa de formación básica desde sus
inicios hasta que ellos lo terminaban haciendo una tesis, como la llamaban
pomposamente, que en general redundaba en los temas de la especialidad de cada
uno de los docentes que formábamos el grupo de profesores. En este lapso de tres
años podíamos enterarnos de sus fracasos, amores, desilusiones, derrotas,
triunfos; los veíamos crecer y ellos eran parte de lo que nosotros formábamos.
Muchos chicos de 18 a 21 años constituían los cursos, los más
jóvenes, como cachorros eran retozones y pueriles. Los habían malos estudiantes,
regulares, buenos o muy buenos, inteligentes, curiosos, inquisitivos. De estos
últimos eran Katty y Eddie. De 19 y 20 años respectivamente, tenían una extraña
relación; siempre se les consideró una pareja aunque nunca demostraron
evidencias de ellos, a todas partes iban juntos, salían de la universidad y
entraban juntos, conversaban mucho, se miraban mutuamente, estudiaban juntos, y
ambos fueron mis alumnos; en verdad de los mejores.
Katty era una chica de un metro y sesenta centímetros, pelo
liso, brillante y oscuro, delgada con un cuerpo joven y aromático; usaba
pantalones ajustados siempre, y una pechera que le dejaba libre a las miradas un
maravilloso ombligo. Esta misma pechera era muy escotada y, obviamente, la
muchachita, consciente de sus encantos, no usaba un sujetador. Tenía Katty, una
particularidad en el perfil, su labio superior era ligeramente sobresaliente lo
que la hacía aparece siempre con un gesto un poco mohíno muy divertido; cuando
niña, según narró, se chupó el dedo durante mucho tiempo produciéndole una
ligera deformación palatina en que el maxilar le quedaba anormalmente más
adelante que la mandíbula; con esta peculiaridad ella podía sacar la lengua
entre los dientes manteniéndolos juntos; cuando lo hacía se veía muy divertida y
además aparecía muy sensual con su pequeña lengüita fuera.
Eddie decía que se le arrancaba la lengua. Por su parte este
último, era un sudamericano de estatura convencional, piel de color oscura,
bronceado naturalmente, de complexión atlética, casi lampiño de cara, pelo liso,
negro. Era mi ayudante alumno de la cátedra de español instrumental que yo
impartía en esta universidad del sur de California, puesto que viví en Chile por
muchos años como agregado cultural y aprendí a manejar bastante bien el idioma
español. Eddie hablaba el inglés sin acento y bastante bien el castellano; llegó
a los Estados Unidos a los 10 años de edad. Como buen sudamericano era muy
afectuoso gestualmente y usualmente te abrazaba o te sacudía violentamente las
manos cuando te saludaba. Práctica que para los homofóbicos californianos no era
muy usual y a veces casi agresivo, pero como yo conocí muchos sudamericanos no
me extrañaba y más bien aceptaba estos excesos de mi alumno.
Ambos, Katty y Eddie eran activos practicantes de Tai-Shi y
yoga, demostrando profundo y amplios conocimientos sobre estos temas y, en
algunas oportunidades, yo los había observado contorsionar el cuerpo de manera
inaudita y pasmosa.
Estos muchachos hicieron, al término de su carrera, una tesis
conmigo respecto de las palabras españolas que se habían incorporado al inglés.
La defensa de su tesis fue brillante y ni siquiera Miller, el profesor más
antipático, pudo derribar los planteamientos de los jóvenes estudiantes.
Para celebrar hicimos una fiesta en la casa de un estudiante
de otro curso y al término de ella fui a dejar a varios chicos en mi carro. Un
destartalado automóvil propio de un docente universitario. Que yo sepa nadie se
ha hecho rico con los sueldos de ninguna universidad. Los chicos vestían
informalmente y Katty llevaba un atrevido pantalón ajustado, sin ropa interior
por supuesto, y un escotadísimo peto blanco en que se notaban los detalles de
sus pechos. Cada vez que se agachaba era imposible no tener una perturbadora
visión de esos redondos pechos con un sonrosado pezón. Yo eludía la mirada pero
era inquietante sin duda.
Ambos, Katty y Eddie me dijeron que ellos tenían una fiesta
especial para mí y que en realidad debíamos ir a casa de uno de ellos para beber
algunas cervezas, comer unos picadillos de coctkail y algo de música. En
realidad yo debía ir a mi casa a terminar unos asuntos de la administración
académica del curso y les dije que me esperaran una hora que yo volvía en ese
lapso. Las margaritas del cocktail, los martinis y una cerveza habían minado
algo mis capacidades. Pero estaba lo bastante sobrio como para hacer lo que
tenía que hacer, conducir con responsabilidad y sólo estaba un poco más alegre y
locuaz.
Una vez terminado el acta de calificaciones, imprimirla,
faxearla y todo lo demás, decidí que si los jóvenes habían preparado algo no
sería muy elegante dejarlos esperando. Mi reciente nueva soltería me eximía de
cualquier obligación. Vivía sólo, Rose mi ex esposa se fue con su madre, en
Reno.
Toqué el timbre del departamento de Katty y me abrieron ambos
la puerta; como saludo me encajaron una cerveza de un litro en las manos y me
dijeron alegremente, "póngase al día, doc". Este ponerse al día significaba que
ya que ellos tenían ya una cerveza de igual calibre en el cuerpo, más otra
empezada, yo debía hacer prontos ajustes para beber mi cerveza y equipararlos.
La estancia en que estaban era amplia, en un décimo quinto piso, con una
maravillosa vista al mar, decorado con cuadros surrealistas pero de muy buen
gusto, el mobiliario eran sofás color canela muy mullidos y confortables. Había
cojines por todo el lugar, en todas partes y de todas las formas, tamaños y
colores imaginables, pero bien dispuestos de modo que en nada desentonaban
algunos de muy subido color.
Me dijeron alegremente que me tenían una sorpresa y mostraron
misteriosamente tres cintas de cassette que instalaron en sendos decks de un
equipo musical impresionante y... empezaron a sonar los Beatles, revisé las
cajas vacías y leí que Cat Stevens, Neil Diamond, Janis Joplin y otros eran
parte de la celebración, conformando parte de una cuidadosa selección que ellos
afirmaron haber hecho en mi honor para recordar los tiempos en que yo tenía la
edad que ellos tenían hoy. "Un fino detalle, muchachos", les dije.
Conversamos de variados tópicos, vicisitudes del examen,
detalles, sustos que pasaron, etc.; nuestra conversación se fue animando y
reíamos a carcajadas; conforme las cervezas disminuían su nivel, el de alegría
nuestro subía así como la desinhibición en el hablar, el reír... y beber; los
Beatles cantaban Yesterday y luego El Submarino amarillo. La cerveza hizo sus
efectos y pedí permiso para ir al baño. Luego que terminé me lavé la cara y en
el lavamanos noté una brizna que inmediatamente reconocí como marihuana. Abrí el
anaquel donde se guardan los utensilios de baño y allí encontré cinco
cigarrillos de la yerba de esos que llaman "agujas", delgados y afilados en las
puntas y que usualmente se preparan con la más potente de las clases de esta
droga. Los tomé y los llevé al cuarto en que estaban los muchachos. Bebí un poco
de cerveza y los miré con ceño adusto. Parecieron notar mi cambio de actitud,
puesto que se miraron entre ellos y volvieron a observarme con caras inquietas.
Estiré mi mano y la abrí mostrando los cinco pitos. Katty puso cara de espanto y
se llevó la mano a la boca tapándosela, reprimiendo un asustado oh!; Eddie se
incorporó, puso cara grave y balbuceó algo inentendible, tanto por las cervezas
ingeridas como por el azoramiento del momento. Me pareció tan cómica la
expresión de ambos estudiantes que estallé en una sonora carcajada que se
prolongó lo suficiente como para que ambos se calmaran, respiraran hondo y de
pronto todos estábamos riendo a mandíbula batiente, ellos nerviosamente y yo, en
realidad, muy divertido.
Se abrazaron ambos a mí y mientras ellos reían yo los abracé
a mi vez y les dije que eran unos chiquillos locos. Les iba a lanzar un discurso
cobre las drogas pero me pareció ridículo hacerlo, por último yo había fumado
suficiente marihuana en mi vida como para que volara un caballo; si bien ya no
lo hacía desde hace siete años, aún me sentía incómodo cuando algunos colegas
pontificaban sobre las drogas habiendo ellos corrido todas las carreras que
pueden correrse. "Con qué moral", pontificaba yo a mi vez.
Hice una locura, tomé un pito para mí, y les di una a cada
uno. Encendí el mío y el de ellos, que ávidamente lo aspiraron. Tosí, tosieron,
tosimos. Al cabo de unos minutos los cigarrillos habían sido consumidos
enteramente. Los miré sonriendo y algo se encendió en mí. Los chicos tenían los
ojos de una brillantez pasmosa, reían suavemente y nos sentamos. Los Beatles
susurraban alguna canción que no reconocí y cada nota era un flash luminoso; la
risa de Katty se materializaba en el aire como cristales y la grave voz de Eddie
sonaba en el infinito, parpadeando como fuegos artificiales. Ambos jóvenes
canturreaban las canciones de los muchachos de Liverpool y los sentía lejanos,
pero potentes. De pronto Katty se incorporó y empezó a bailar, su atrevido
escote y su tentador pantalón ajustado delataban unas inquietantes formas
femeninas de gran atractivo. El cuerpo de Katty de contorneaba al ritmo de la
música y reía. Declaró estar maravillosamente mareada y a mil metros del suelo.
Eddie la contemplaba. Yo miré el entorno y todos los cuadros y chillones cojines
me parecieron joyas exquisitas. La muchacha se sentó junto a Eddie y suspiró,
éste la abrazó.
En algún momento me llevé las manos al cuello y los hombros y
me los sobé puesto que me dolían bravamente por tensión, malas posiciones al
sentarse, etc. y los efectos de la droga parecían acentuar estas sensaciones.
Eddie, dijo que ahora me haría aquellos masajes que yo le había rechazado hace
tiempo atrás. Recordé que en una oportunidad hice el mismo gesto sentado frente
al computador y el muchacho me empezó a masajear los hombros. En la ocasión lo
rechacé casi groseramente y le dije que no hiciera tal cosa.
Ahora, con varias cervezas en el cuerpo y un porro, además de
ya terminado cualquier proceso académico, acepté. Katty, a su vez, dijo que
también participaría de esa práctica aduciendo que si uno haría bien, pues dos
haría dos veces mejor. Ambos se acercaron y acomodaron algunos cojines en el
centro del cuarto, un poco torpemente, lo que me hizo reír. Me tendieron boca
abajo, acomodaron mi cabeza en un cojín, pusieron mis brazos a los costados y
ambos, al unísono y arrodillados a mis costados, empezaron a masajearme
suavemente el cuello y los hombros, alternándose para presionar diestramente en
las doloridas superficies. Mi cabeza quedó entre sus rodillas. Cat Stevens
empezó a cantar pidiendo té para el labrador.
Cada movimiento de los chicos en mis hombros y cuello era un
estallido de luz, color, formas de incomparable belleza y armonía. Los sentía
canturrear y yo me relajaba cada vez más con las prácticas de estos chicos.
Dejaron de susurrar las canciones y las manos de ambos se fueron aquietando,
hasta que cesaron todo movimiento pero aún apoyados sobre mi cuerpo.
Me di vuelta boca arriba para protestar por la interrupción y
desde mi perspectiva los vi que se besaban apasionadamente. El amplio peto de
Katty dejaba ver limpiamente sus pechos aplastados por el torso de Eddie. Un
ramalazo de pasión me sacudió entero. El relajamiento que había obtenido
desapareció súbitamente y fue reemplazado por un poderoso deseo que me prefundió
desde la cabeza a los pies.
El prolongado beso de los chicos era de gran poderío erótico
para mí que los contemplé largamente y de pronto, ya perdida toda capacidad de
control y con una calentura loca, pasé los brazos entre las piernas de los
muchachos y les toqué el trasero; se los empecé a acariciar limpiamente, sin
ninguna oposición por parte de ellos; es más, abrieron un poco más sus
respectivas pierna y así tuve acceso a ambos culos, el de Katty y al de Eddie,
al unísono. Los sentí gemir a ambos. Una violenta erección se enseñoreaba en mi
entrepierna. El redondo trasero de Katty era una maravilla, sin bragas podía
sentir toda su redondez. El culo de Eddie era tanto o más excitante que el de la
muchacha y no sentí mayor diferencia en ellos. Los destellos de luz no me
abandonaban y eran muy estimulantes.
Los muchachos, concertadamente se tomaron de la mano y fueron
tocando mi pecho y bajaron hasta mis pantalones. Sacaron mi camisa de entre
ellos y acariciaron mi vientre, hurguetearon mi ombligo y, en tanto uno retiraba
mi cinturón, el otro, bajó la cremallera de mi pantalón vaquero. Mi pene había
crecido hacia un lado y luchaba tenaz e incómodamente aprisionado entre mis
slips. Ambos, tomados de la mano, se dieron a la tarea de acomodarlo y de
acariciarme, tocaban mi polla y mis bolas. La suave mano de Katty se aferraba
firmemente al cetro y Eddie acariciaba suave pero decididamente mis testículos.
Este último, tomó los bordes de mi pantalón y empezó a tironearlo hacia abajo;
Katty, en medio del ya larguísimo beso que se daban, tomó a su vez mi pantalón y
juntos me lo retiraron hasta las rodillas, yo completé la tarea, despojándome de
los tenis y de mi pantalón, así como de mi ropa interior. Quedé en semi bolas
frente (o entre, en realidad) a los chicos. Pensé que no podía ser así y estaba
"semi" por que me quedaba la camisa puesta.
Decidí "ponerlos al día" y desabroché los vaqueros de Eddie,
bajé la cremallera, quedó sólo con su ropa interior, ajustada en la que
sobresalía su báculo. Empecé a bajar los pantalones de Lycra de Katty y lo hice
hasta las rodillas de la chica; pude ver su vello púbico, liso oscuro y
humedecido entre sus piernas. Volví a tocar los traseros de mis estudiantes,
bajé los slips de Eddie y quedaron ambos culos desnudos para mis ansiosas manos
que los recorrieron en toda su extensión. Las redondeces percibidas por mis
manos, patrocinada la sensación por la yerba, eran exquisitas, sensualísimas;
cerré mis ojos y podía ver mis manos deslizándose por esos traseros lampiños; lo
sentí indescriptible. Los chicos dejaron de besarse y sentí que Katty decía
"¡oh, doc!, ¡oh, doc!" y Eddie movía su pelvis suave y rítmicamente acompañando
cada movimiento con un suspiro jadeante, al mismo tiempo que tomaba francamente
mi pene y Katty me agarraba los testículos. Me sobajeaban suavemente, Eddie me
movía el pene rítmicamente. (Cat Stevens preguntaba repetidas veces "¿dónde
juegan los niños?")
Eso fue algo que en mi produjo una vivaz tensión; sentir sus
voces susurrantes despertó en mí un deseo mayor, si cabe, de lo posible.
Acuciado por el deseo empecé a acariciar con el canto de mis manos el medio de
sus culitos pudiendo palpar los respectivos agujeros que se me ofrecían tan
dadivosamente. Continué con acariciarles sus anos con los respectivos dedos
medios de mis manos, empujándoselos suavemente hacia dentro. Ambos chicos, se
desesperaron con esta práctica y empezaron a responder a mis maniobras con un
rítmico movimiento de caderas. La rajita de Katty se continuaba hasta su vulva y
hundí mis dedos en su vagina, sintiendo una calidez extrema y una humedad
pasmosa. De Katty se escapó un profundo suspiro cuando le penetré su concha con
mi dedo y se abrió aún más de piernas, su pantalón en las rodillas le impidieron
abrirse mas. Me bañé los dedos en esta humedad y nuevamente toqué el ano de
Katty, hundiendo suavemente mi dedo en él. Entró suave; la chica respondió con
un profundo gemido que interpreté de placer. Hice lo mismo con mi otro dedo
medio de la mano que se ocupaba del ano de Eddie, lubricándolo en la concha de
Katty y, acariciándole de nuevo el agujero a Eddie, se lo hundí también en esa
cuevita. Tenía a ambos críos ensartados por sus culitos con mis dedos. Eddie,
con la mano libre que le quedaba, se abrió un poco más y mi falange penetró aún
más en sus entrañas. Lo mismo hizo Katty y a ambos, los empecé a sodomizar
profundamente.
Pareció que esto le provocó una furiosa necesidad de hacer
algo más que ser follados por sus respectivos culos y ambos, al unísono se
abalanzaron sobre mi pene, la primera en llegar fue Katty que lo engulló
enteramente, lo sentí en su garganta, recorrió tres o cuatro veces sus suaves
labios, su húmeda lengua, aquello era más de lo que mi sensación podía aguantar
y gemí con cada gloriosa entrada en la deliciosa boca de Katty. Eddie luchó con
ella y a su vez se tragó mi pene, de un viaje... sin un titubeo. Lo sentí
profundamente encajado en la garganta del muchacho; nuevamente tuve la
impresionante sensación de una cópula que más que real era alegórica. Pensé que
Fidias podría habernos esculpido, que el Dante pudo habernos cantado y
Botticelli retratado. Cat Stevens preguntaba a lo lejos, y por última vez, dónde
jugaban los niños.
Aún los sodomizaba con mis dedos; lo saqué del hermoso culo
de Katty, la tomé de la cabeza y la besé apasionadamente, en tanto Eddie se daba
a la asombrosa tarea de chuparme el pene con una deleitable fruición. Katty se
sacó definitivamente su peto blanco y suelto, además de su pantalón y quedó
desnuda, sólo con unos calcetines puestos. Yo volé mi camisa... y también me
saqué los lentes (ridículo debí haberme visto). Eddie, se sacó sus pantalones y
siguió en algo que a él le resultaba muy grato. De hecho empece a percibir que
recorría con su lengua toda la extensión de mi verga, deteniéndose en la base
del glande, en mi meato... eso era enloquecedor. Freddy Mercury decía que
"Nothing really matter to me..." y Brian May rasgueaba la guitarra.
Mi corazón latía violentamente. Besé a Katty una vez más.
Cerré los ojos para sentir mejor su boca, e inspirado por la actividad de Eddie,
la recorrí con mi lengua en toda su extensión, la comisura de sus labios, sus
dientes, sus encías; Katty cerró su boca y extrajo su lengüita como lo hacía a
veces bromeando (sólo que ahora en serio) y pude sentir la punta de ese caliente
pedazo de carne el que succioné salvajemente; la muchacha gimió en mi boca.
Eddie dejó de lamerme, en su movimiento se salió mi dedo de su ano, y lo sentí
acercarse y abrazarnos; ambos se agarraron tenazmente de mi vara en tanto yo
metía mi mano en el coño de Katty y tocaba el culo de Eddie, el que se acercó
apretándose a mí, pudiendo percibir la dura verga del joven a mi costado, lo
sentí moverse rítmica y suavemente contra mi cadera.
Con mis ojos cerrados podía sentir como la muchacha me besaba
las mejillas, volvía a mi boca, me besaba metiendo su lengua muy adentro de
ella; sentí decenas de besos, prolongados, cortos, suaves, salvajes, gemidos,
apretujados, era una orgía de mi boca y de Katty. Abrí los ojos en tanto recibía
un beso fuerte y me percaté que Eddie en realidad tenía aplicada su boca en la
mía y succionaba mi lengua suavemente. Me sorprendí grandemente, no me había
percatado que los había estado besando a ambos alternadamente. "...Nothing
really matter to me..." Mercury declaraba en el fondo. En ese momento tampoco me
estaba importando a mí. Sólo me dejé llevar por esta tremenda e inmanejable
sensación de voluptuosidad y placer. Atraje a la muchacha a nuestras bocas y
ahora sí hicimos una orgía de lenguas y labios y saliva...
La chica empezó a bajar con su boca por mi cuello y pecho. Yo
abracé a Eddie lo puse de espaldas y, besándolo siempre, tomé su polla. Se la
acaricié a lo largo y a lo ancho. La percepción de tener una pija en mis manos
fue sensacional. La bisexualidad se me presentó en pleno, sin complejos, tapujos
ni inhibiciones. Estos chicos eran hermosos.
Katty llegó hasta mis caderas lamiéndome, podía sentir su
lengua recorriéndome. Siguió por mis nalgas y se metió en mi culo, le facilité
la tarea abriendo las piernas y la muchacha llegó hasta mi ano con facilidad y
empezó a lamérmelo deliciosamente. Oh!, Eso era glorioso, jamás había tenido tal
experiencia y me pareció asombrosamente exquisita. Mi calentura llegó a límites
nunca antes alcanzados. Mi pene saltaba al mismo tiempo que el de Eddie que,
evidentemente, estaba tan cachondo como yo.
Eddie, besándome interminablemente, se giró dándome la
espalda, sus prácticas de yogui le permitían besarme y darme la espalda. Acercó
su culo a mi verga. Katty, se acercó a mi pija y la chupó largamente, luego besó
el ano de Eddie, también prolongadamente, tomó mi polla y la puso directamente
en el orificio de su compañero. Yo empujé, y mi báculo se fue adentrando
lentamente en el recto de mi joven estudiante. Comprendí que Katty nos había
lubricado las correspondientes partes en juego facilitando la tarea para su
amigo y para mí. Lo penetré profundamente, entero, hasta la base de mi pene,
sentí que sólo mis bolas quedaron afuera; el joven se sumió en un largo y
gimiente oooh! que duró tanto como me demoré en depositar entera mi verga. El
interior de Eddie era cálido, palpitante, apretado; lo tomé de las caderas y lo
hinqué, le empecé a bombear muy suave; podía sentir como su agujero se contraría
rítmicamente en torno a mi verga. Katty se aplicó a la polla de Eddie y mientras
yo me lo follaba, la muchacha le mamaba la pija. Nuevamente pensé que Fidias
debería hacernos en mármol.
Conforme me iba follando al muchacho lo iba haciendo con más
fuerza; Eddie, lanzaba unos prolongados aaah! cada vez que iba dentro de él y
cuando se lo extraía, otro tanto. La sensación de orgasmo que empecé a tener era
casi incontrolable. Decidí detenerme y dejé mi polla dentro del culo de este
Efebo. Se lo fui retirando lentamente, me fui saliendo de él, y pude sentir todo
su recto, todo su dilatado y acariciante esfínter anal a lo largo de toda mi
pija.
Cuando estuve fuera quedé jadeando tratando de controlar todo
esa potencia que estaba en mí. Los muchachos se besaron y me miraron, empecé a
tocar a Katty, cada redondez de sus pechos y sus sonrosados pezones eran un
estímulo acrecentado por las sensaciones exacerbadas de aquella yerba. Llegó mi
turno de besarla y lo hice suavemente, se la quité de los brazos a Eddie y la
tumbé de espaldas, abriéndole las piernas. Empujé al muchacho sobre ella y,
cogiéndole el grueso pene, lo dirigí a la abierta y húmeda vulva de la
chiquilla. La muchacha, al sentirse penetrada, gimió de placer y tuvo un
vigoroso orgasmo no más Eddie la ensartó completamente. Contemplé como el chico
la follaba, lenta y suavemente y como la muchacha se movía desesperadamente bajo
su compañero como una serpientita cogida en el aire. Abría la boca, movía la
cabeza de lado a lado, apretaba los ojos. Alzó las rodillas permitiendo una
penetración más profunda y tuvo aún otros orgasmos. El voyerismo era una nueva
cosa para mí. Los Bee Gees cantaban las canciones a John Travolta para que
bailara.
La chica, de pronto invirtió la posición, dejó a su compañero
abajo y ella, de rodillas, se penetró de nuevo con la pija de Eddie y se dio a
la tarea de moverse sobre él. El culo de Katty quedó expuesto, podía ver su
conchita ensartada por el báculo de Eddie y su ano, distendido, rosado... fue de
locos para mí. Me acerqué por detrás de la chica y ahorcajándome entre la
piernas de Eddie tomé ni verga y la puse entre los sonrosados cachetes del culo
de mi estudiante, empecé a metérsela lentamente, Katty facilitó enormemente la
tarea al abrirse las nalgas. Entré en un estrecho, húmedo, cálido, acogedor
lugar, el túnel de Katty. Pude sentir la verga de Eddie en la vagina de Katty;
la teníamos doblemente penetrada, la chica dijo "¡ah, es mi primera vez por
ambos lados"; estar en dos culos distintos en menos de 15 minutos (¿o hace ya
quince horas?) era más de lo que había soñado en mis más eróticos sueños
húmedos.
La muchacha nos repletó de generosos orgasmos y decía "mis
preciosos, mis preciosos". Su ano latía furiosamente apretándome la verga
deliciosamente con cada oleada de orgasmo que la alcanzaba. Neil Diamond hablaba
algo de "red wine" en una cálida noche de agosto de no se qué año.
Sacamos nuestras pollas al unísono del culo y coño de Katty,
la que se tumbó acezando.
Me quedó Eddie frente a mí, yo entre sus piernas que las
tenía abiertas, su pene delirantemente erecto, saltando en el aire, con los ojos
fuertemente cerrados. Yo estaba arrodillado; cogí su pene y empecé a movérselo
rítmicamente, el muchacho gemía. Pensé que debía recompensarlo por sus favores
previos y... algo que jamás habría hecho, me puse su gran verga en mi boca, lo
mamé tragándomelo entero, hasta la base. Empecé a metérmelo y sacármelo de la
boca, suavemente, prolongando cada movimiento, haciéndolo todo lentamente; el
chico estalló, un potente chorro de caliente y viscoso líquido alcanzó mi
garganta; tres, cuatro y hasta cinco veces el pene de Eddie se movió
espasmódicamente descargando el contenido de sus bolas en mi boca al tiempo que
de su garganta salían roncos gritos. Lo tragué todo. Le seguí mamando la pija
hasta que se ablandó y se la dejé limpia, sólo con mi saliva. Seguí
chupándoselo, esto de chupar un pico era una sensación, nueva, deliciosa,
delirante. El vigor joven del muchacho empezó a responder a mi persistente
chupada y prontamente tenía en mi boca un glorioso y encendido barco que hacía
entrar y salir de mi dándome una sensación de calentura inimaginable. El
muchacho se incorporó acomodándose de tal manera que pronto estábamos haciendo
un 69 inigualable. Katty, que al parecer le gustaba lamer anos arrugaditos, me
empezó a lamer mi lugar más secreto y adentró su lengüita en mi orificio. La
mamada que me daba Eddie, la mamada que yo le daba a él y el que me chuparan la
raja era algo que jamás olvidaré.
Los acomodé a ambos boca abajo, les junté sus culos y los
abrí de piernas cuanto pude, los chicos se empezaron a besar en la boca, yo
empecé a lamerles sus culos, unos primero luego el otro, ambos habían sido
penetrados por mí y sus esfínteres no recuperaban todavía su tono, mi lengua se
adentraba muy bien en el agujero de Eddie y luego en el Katty, en el de Katty y
luego en el Eddie. Inserté profundamente mis dedos en el coño de la muchacha y
agarré la verga de mi compañero, a ambos los empecé a acariciar, a una dentro de
su concha al otro a lo largo de su verga, en tanto les lamía su hoyos. Los
suspiros de los chicos me animaban intensamente. La concha de Katty no s
escapaba a mi ansiosa lengua y le lamía desde el coño hasta el hoyo, eso era
delicioso.
Una vez que los lubriqué a ambos en sus culos con mi saliva,
me acomodé sobre Katty y la penetré por su agujero, ninguna resistencia hubo
para hundirme en ella. La chica se arrodilló dejándome todo su culo disponible,
sus piernas muy abiertas. Eddie se acomodó detrás de mí y empezó a chuparme el
hoyo, su lengua ingresaba en mi apretado agujero. La suavidad de su lengua y la
evidente experiencia del joven hacían que el placer que me embargara no tuviera
parangón. Evidentemente Eddie me estaba preparando y yo lo supe en cuanto lo
sentí ponerse a mi espalda. Sentía que dejaba abundante saliva en mi agujero, a
mi vez yo me follaba el de Katty. Sería mi primera vez. Eddie se incorporó y
vino lo que yo esperaba, si bien sin ansia, con grandes expectativas; la gruesa
y dura polla del muchacho se apoyó a la entrada de mi cueva y se adentró
ligeramente en mí, me sorprendió lo fácil que entró su glande, me sentí abierto
de par en par, sin dolor como temí, sólo deliciosamente abierto; el cetro de
Eddie me penetró hasta lo más profundo de mis entrañas, la más deliciosa
sensación que jamás había tenido.
El muchacho lo hizo suavemente, me tomó de las caderas, me
agachó ligeramente y empezó a culearme lentamente, me sentía maravillosamente
ensartado, era la sensación no describible de un poderoso báculo que entraba
hasta lo más profundo de las entrañas, invadiéndome de una sensación exquisita y
luego un retirarse para volver a la gloria de la nueva penetración. Poseído y
poseedor de la chica a la que tenía ensartada a mi vez. Solo Eddie se movía
dentro de mí y en cada empuje yo empujaba a mi vez a Katty. Ésta tuvo un potente
orgasmo por su raja, sentí que mi poseedor se estremecía y que su verga crecía
un poco y Eddie tuvo una segunda acabada dentro de mí. Me hizo tragar sus jugos
por ambos lados. Las luces se hicieron intensas, Cat Stevens volvía cantar,
ambos chicos acezaban, yo también. Eddie se salió de mí. A mi vez me salí de la
chica, la puse de espaldas y la penetré en su coño, me moví furiosamente sobre
ella, la chica, sin decir agua va empezó a acabar continuamente. La marihuana
era un poderoso aliciente de las sensaciones orgásmicas. Me mordió, arañó, y
gritó.
La dejé respirando rápidamente, tumbada, la piernas abiertas,
la concha humeante de vapores. Me tendí de espaldas para recuperar mi aliento.
Mi verga impúdicamente se lucía saltando como un pescado fuera del agua. Al
parecer Eddie esperaba esta oportunidad porque se puso acuclillado y a
horcajadas frente a mí y cogiendo mi verga con ambas manos se la puso en su
agujero y se ensartó en ella hasta la raíz. Podía ver su distendido ano con mi
polla dentro de él, el muchacho se movía sin piedad sobre ella y sentía que
entraba y salía salvajemente. Katty, parece que ya recuperada, se metió la pija
de su amigo en la boca. Eddie era culeado por mi verga y pajeado con la boca
simultáneamente. Ese chico estaba en el paroxismo del placer. Tuvo un tercer
orgasmo ese salvaje, la boca de Katty se desprendió del pene de Eddie y este
salpicó al aire su esperma, mojándose él, descargando parte en la cara de Katty
y en mi pecho. Yo le seguí bombeando después que el dejó de culearse en mi
verga. Se lo sacó y quedó de rodillas.
Katty ocupó su lugar al lado de Eddie, poniéndose en la misma
posición, me incorporé decididamente pues, evidentemente, me estaban ofreciendo
su culos de nuevo. Desde atrás les "digité" el hoyo a cada uno. A quien primero
penetré con mi polla fue a Katty, la hice retorcerse de placer, ella se empezó a
masturbar, alcanzando no sé cuantas acabadas. Luego penetré a Eddie, me lo culeé
lentamente, me encantaba pescarme a este chiquillo. Le agarré la verga y empecé
a puñetearlo, el muchacho respondía con gemidos de placer.
Ya no aguanté más, salí del recto de Eddie, me puse frente a
ellos y empecé a hacerme una feroz paja de cara a los muchachos que sin pérdida
de tiempo se aplicaron a mamarme la polla; ambos tomaron mi verga con sus manos
y empezaron a hacerme una increíble puñeta. Y acabé. Lancé mi esperma sobre las
caras de los muchachos que me lamieron todo, pasaron sus lenguas a lo largo y
ancho de mi pija, los restos de mi semen que quedaron en sus caras se los
lamieron mutuamente y tomaron. Yo quedé paralogizado. Freddy Mercury volvía a
cantar que en realidad nada realmente le importaba.
Estuvimos esa noche juntos, nos abrazamos, besamos, no supe
cual de ellos besaba mejor pero ambos eran dos muchachos perfectos. Me enteré
que ambos habían tenido fantasías conmigo, y que yo empezaría, hora, a tenerlas
con ellos.