Siempre me gusto jugar conmigo, ir inspeccionando sector a
sector mi cuerpo. Humedecerme los dedos en mi boca y frotar mis senos, mis
pezones. Y luego bajar , ir recorriendo centímetro a centímetro mi cintura hasta
llegar al lugar mas hermoso de la mujer: El clítoris. Fantasear con que mis
dedos eran la preciosa lengua de un hombre que llegaba a sectores en la que la
excitación alcanzaba a tal punto que pensaba que iba a explotar... Quien se iba
a imaginar que pocos días después de una de mis tantas masturbaciones aquella
fantasía se aria realidad, pero no con un hombre... mas bien con una mujer.
Era la noche del sábado y una jaqueca impresionante me había
obligado a quedarme en casa. Fue así que comencé a cambiarme, cuando sonó el
timbre. Sonó tantas veces y tan apresuradamente que ni tiempo me dio de ponerme
las bragas. Cuando salí era Nicole, una amiga desde mi infancia. Vestía con una
remera verde escotada que dejaba ver claramente sus protuberantes senos. Y un
pantalón negro bien apretado a su cuerpo con tantas curvas. Lloraba sin parar.
Después de un rato de contenerla, pudo contarme bien su situación. Su actual
novio había querido tener sexo y ella no quería que su primera ves fuera con
el...Pero el chico, aturdido por lo que le había dicho, siguió intentando.
Nicole se bajo de su auto y fue corriendo hasta casa. Estaba muy pasmada por el
hecho que le había pasado a Nicole y como tan amigas que éramos decidí abrasarla
para que llorara tranquila sabiendo que tenia mi apoyo, mientras lo hacia le
pregunta: Pero Nicole... A el lo amas, y no esta mal que te entregues en cuerpo
y alma a alguien que amas.
Ella se separo de mi fuerte abraso y me miro corrigiéndome: "Pero tu tienes 17,
vives sola en tu departamento y todavía eres virgen". "Si, lo se, pero de todos
modos, yo nunca tuve un novio que me amara como lo hace Andrés" Dije
rápidamente, a pesar de nuestra gran amistad, mi amiga no sabia que yo había
estado saliendo con un muchacho, que mas que salir era juntarnos en un abrazo
infinito en el cual rebotábamos de placer y excitación. El me había generado la
linda costumbre de masturbarme, recordarlo no me apenaba para nada, es mas me
calentaba. " ¿Quien quieres que sea el primero?" Le pregunte. Entonces ella se
soltó de entre mis brazos, fue y cerro la puerta que hasta ahora ninguna de las
dos se había percatado de cerrar y le hecho llave. Entonces se acerco y me miro
con sus tiernos ojos de niña buena. Había comprendido lo que Nicole quería
hacer. Quería que yo fuera la primera que recorriera su cuerpo. Dude por un
instante, pero al ver su cuerpo, un ligero estruendo corrió por mi espalda, ella
me volvía loca.
Entre temor y ansiedad me acerque y le di un delicado beso,
que con el paso de los segundos se torno mas caliente de lo que imaginaba... me
sorprendí de lo bien que besaba Nicole, aquella chica con pinta de ángel y de
ingenuidad, era toda una bestia. Poco a poco su mano fue deslizándose por arriba
de mi camisón, llegando hasta por debajo de el camisón, se deslizo por mi pierna
y me las abrió, sus manos jugaban con mi concha ya mojada. Entonces me saque el
camisón quedando completamente desnuda, ella alejo su boca de la mía, y recorrió
dando besos húmedos por todo mi cuello llegando hasta mis senos. Su lengua
recorría todo mi pecho y sus dedos no dejaban de jugar en mi sexo. Deseaba que
continuara, y entre aquel deseo y pasión me ahogue en un gemido. Sentí como mis
músculos se contraían. Orgasmo.
Alejo su mano de mi intimidad y la llevo a mi boca. Un gusto
dulce y un olor peculiar cubrieron toda mi cara.
Era mi turno de jugar con Nicole. La tome por su cintura y
mis labios comenzaron a recorrer su cuello. La mire a los ojos y le saque la
remera delicadamente mientras ella se bajaba el pantalón. Allí estaban, como dos
chiquillos traviesos mirándome, sus senos. Recorrí centímetro a centímetro su
curvado cuerpo hasta que llegue a su concha.
Volví a sentir aquel peculiar hedor. Mi lengua comenzó a
merodear. Los gritos de Nicole hacían que me calentara mas, metí mis dedos en su
sexo y en el mío. Y entonces entre jadeo ella me dijo, "Basta de hacer eso"
entonces la mire y me dijo ven. Me acomodo arriba de ella y comenzó a lamerme
mientras yo también lo hacia. Lo que ella se había querido referir era ¿por qué
usar mis dedos si la tenia a ella? Entonces con mis dos manos y me lengua volví
a seguir con el juego. Cuando me percate de que estábamos haciendo el famoso 69,
ya estaba gimiendo a lo loco. Después de toda la pasión nos acostamos las dos
juntas abrasadas y completamente desnudas.
- ¿A donde vas? - le pregunte a la mañana siguiente cuando
abrió la puerta.
- A buscar a Andrés. – la mire extrañada. Anoche estaba
completamente enojada con el y hoy ella no iría a buscar.- Gracias, Janet.
- No tienes que agradecerme.
- No, si tengo. Gracias por liberarme...