Hace mucho tiempo que me atraia. era una vecina, Maria,
hermosa señora, distinguida elegante, de buen trato, con unos 45 años aparentes
y casada con un señor mayor -65 años mas o menos-
En esa epoca -cuando llegaron al barrio-yo tenia 16 0 17
años. Mis miradas se dirigian a ella, me saludaba con afecto y yo respondia
respetuosamente, pero, no dejaba de alabar- mentalmente -las buenas piernas, sus
caderas y sus nalgas que disimulaba con vestidos elegantes y de buen corte.
Comenzamos a ser mas que vecinos cuando me pidió le ayude en
una campaña de educación de adultos que ella dirigía desde una fundación
religiosa. Mis conocimientos de computación me permitieron colaborar con ella y
acercarme mas y poder disfrutar de su cercania.
Los cursos se dictaban en un salon cercano, los dias sabados
a partir de las 17. 00 hs. por lo que, cuando concluia la jornada era de noche y
volviamos caminando a casa. Mis miradas se mostraban mas chispeantes cada dia y
el trato de ella para conmigo mas amable y afectuoso. Los saludos ya eran besos
en ambas mejillas y cada vez se acercaban a la comisura de nuestros labios. Mis
erecciones eran freecuentes al mirarla y la verdad, yo no trataba de ocultarlas.
Una tarde de sabado, tuvimos que interrumpir las clases por falta de suministro
de energia en el barrio, por lo que nos quedamos solos en el salon conversando.
Era verano, hacia calor y ella se desprendió los primeros botones de su blusa
dejando a la vista el comienzo de sus hermosos pechos. Si te hace calor sacate
la remera, vas a estar mejor, me dijo.
Yo obediente, desnudé mi torso y mi erección quedó a la
altura de sus ojos solamente cubierta por mis pantalones. Ella sonrió
maliciosamente y se apoyó sobre mi hombro y al tiempo que apreciaba mi
musculatura decia: sos un lindo joven, Martín. El calor de su mano, mis hormonas
que desbordaban me fueron quitando los temores. Tomé su mano, la acaricié
suavemente, la llevé hacia mi boca y la besé tenuamente. Vos tambien sos una
hermosa señora. Su dedo jugó sobre mi tetilla y su boca se acercó a la mia. La
besé y ella no esquivó el beso, al contrario, su lengua buscó la mia y su mano
se aferraba a mi espalda, la apreté contra mi cuerpo y le hice sentir mi
erección. Vos sabes hace cuanto tiempo que no siento a un hombre de esta manera,
decia mientras su mano se aferraba a mi verga dura.
La apoyé contra la pared, besé su cuello y buscaba sus
pechos. Los apreté desde abajo y desde arriba los chupaba, abri su escote, y con
deseperación arranqué su corpiño, ella dijo: sos un macho con toda las de la
ley, amor, asi me gustas.
Cerrá las puertas, cariño, cerra las puertas. dijo. Lo hice y
cuando volví a su lado estaba totalmente desnuda, sus pechos apretados entre sus
manos y su monte de venus abierto ofreciendome su concha aromatizada. Veni,
amor, no se cuantas veces podremos hacer esto, pero, hoy quiero hacerlo y
hacerlo bien. Se recostó sobre una mesa de ping-pong y abrió las piernas. Busqué
su clitoris y lo chupé con pasion. ella se removia sobre su culo y acababa como
catarata. Sus jugos llenaban mi boca y ella gritaba sus orgasmos. Amor sos
divino. La di vueltas, puse su abdomen sobre la mesa y su culo como en bandeja.
Lo lamí al tiempo que mi saliva lo mojaba para facilitar la penetracion. Primero
un dedo y sus orgasmos seguian, luego dos y los gritos eran aullidos. Le puse la
cabeza de la pija y ella gritó:
soy virgen por ahi, despacio, pero, no bajó los gluteos y
poco a poco la fui penetrando. Ella movía el orto aun buen ritmo y me pedia:
tocame adelante, tocame adelante. apreté el clitoris y una tetay aceleré mi
ritmo de penetración. Ella llegó a un orgasmo triunfal cuando le pergunté:
queres leche en la colita ? si cariño, llename. y asi lo hice. Llené su canal
posterior de semen caliente, espeso y abundante. Sus muslos chorreaban mis jugos
y ella, tambaleante me abrazó, me dio un beso pasional y me dijo: gracias,
amorcito, sos un macho divino. Recompusimos nuestars ropas, acomodó sus lolas
bajo el corpiño roto y antes de acomodar su maquillaje, me besó nuevamente, me
apoyó contra su cuerpo y dijo: me encanta sentir una verga contra mi concha.
Volvimos a casa, caminando despacio, casi pegados uno al lado
del otro y en la puerta de la suya me dijo: te voy a soñar toda la noche y
espero que mañana, vengas a verme. a la siesta estoy sola.
Dicho y hecho. El domingo, despues de almorzar, el postre lo
comimos juntos:Yo concha al jugo vaginal y ella Pija a la leche de macho.
Su explicacion fue: me encanta la leche fresca.