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Laura (2)
Hetero: Primera vez- 2008-03-07 09:15:00
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El rostro de Luis no era un rostro hermoso, tan solo era un rostro sincero; de cabellos y ojos oscuros, que bajo aquella triste luz que apenas alcanzaba a iluminar la habitación en la que se estaban desarrollando los acontecimientos parecían casi castaños, una frente ancha y una boca grande que no pretendía hechizar pero que enamoraba gracias a la sensualidad que desbordaban los carnosos labios que la conformaban. A Laura no le pareció que hubiera peligro alguno de que fuera a sentir ese súbito y loco momento en el cual el aroma de unos cabellos o la simple tibieza provocada por el contacto de una mano te cambia el curso de la vida. Pero se equivocaba.

Luis rodeó mi cuerpo enérgicamente, abrazándolo con el poder de su mirada, paralizándome, dominándome; empezó a quitarse con toda parsimonia, sabiendo que yo no tenia escapatoria alguna, el pantalón. Yo me encontraba obnubilada y no perdía el más mínimo detalle de cómo sus sensuales manos iban desabrochando la bragueta de su pantalón, muy lentamente, botón a botón, sin prisa, denotando claramente el absoluto dominio que tenia de la situación, que tenía de mí...

Cuando los pantalones yacieron inermes en sus tobillos y su ya más que abultado paquete quedaba tan solo hurtado de mi mirada por sus casi trasparentes calzoncillos, a estas alturas prácticamente incapaces de contener toda la virilidad de Luis, alce la vista hasta sus ojos, esos ojos que me subyugaban, que me tenían cautivada, que me habían hipnotizado de por vida, y allí estaban ellos, mirándome fijamente, dirigiendo mis pensamientos, dirigiendo todos mis actos y mi voluntad, mientras Luis terminaba de deshacerse de sus pantalones y cuando posteriormente de forma sorpresiva y con un solo movimiento de sus manos termino despojándose de sus calzoncillos quedo presente ante mi vista una larga y gruesa polla que se erguía desafiante a un metro escaso de mi cuerpo...

Me quedé mirando alucinada la pija más enorme que jamás había visto hasta ese momento, sin duda alguna superaba los famosos y anhelados 20 centímetros con los que toda mujer hemos soñado alguna vez en nuestros más húmedos y placenteros viajes oníricos.

Hábilmente me recostó sobre la cama y trató de abrirme las piernas... yo sabía que la clavada era inminente pero a pesar de ello intentaba oponerme, cuando empezó la velada no pretendía llegar tan lejos... pero sus fuertes brazos lograron abrirme por completo, podía ver su gran polla apuntar directamente hacia el centro de mi coño como si de un misil se tratara y yo temía que intentara metérmela hasta el fondo de un solo empujón, temía el daño que esa acción pudiera provocar sobre mi virginal coño, solo la visión de ese suceso despertaba en mi conciencia todos los más ancestrales miedos del genero femenino.

- Bueno, nena, despídete de tu virginidad. Me espeto Luis.

Yo grité, pero en un acto involuntario, a la vez envolví el cuerpo de Luis con mis piernas y me dediqué a sentir aquel palo grandote y fuerte contra mis muslos, me agradaba su cálido contacto. Instintivamente, me cubrí el pecho con un brazo mientras la otra mano trataba de tapar la entrada de mi vagina e imagino que mi cara debió reflejar el mayor de los terrores, casi el pánico mismo, porque de inmediato Luis trato de tranquilizarme.

Luis sonrió, con esa risita ronca y grave que le caracteriza, me paso las palmas de sus manos alrededor de los brazos, acariciándomelos, hasta llegar a mis manos, y suavemente las retiró para acariciar mis tetas cuyos pezones recibieron con infinito gusto sus magistrales caricias. La sensación casi eléctrica que me provocaba el contacto de sus manos sobre mi pecho me recorría por entera, el adorable hormigueo me llegaba desde el vientre hasta el cuello. Tanto quería aprovechar para mi gozo personal el calor de sus manos, la energía de sus caricias, que eché hacia atrás la cabeza para posteriormente apoyarla en su hombro acompañando todo el recorrido con un leve suspiro de placer, situación que Luis aprovechó para besarme el cuello lascivamente, desde el hombro hasta el lóbulo de la oreja el cual retuvo entre sus labios; mientras, yo notaba su respiración suave y contenida en mi cuello, sus manos en mis pechos, su pierna se abría camino entre las mías frotando su muslo contra mi sexo mmmm...

Me puso su verga entre las piernas, me puso el pene a la entrada de mi cueva, se encontraba casi tumbado encima de mi, yo con las piernas semicerradas, hizo un poco de fuerza y me abrió las piernas colocándose entre ellas, se colocó sobre mí restándome toda escapatoria.

Yo no podía eliminar de mi mente el pensamiento de que me dolería muchísimo, que sangraría, que sufriría, más que eso... que la tortura misma invadiría cada célula de mi cuerpo.

- Detente – con voz trémula y temblorosa le suplique - no voy a poder aguantarlo, es demasiado grande para mi primera vez.

Tan solo durante un minúsculo lapso de tiempo, tan solo durante una décima de segundo sus caricias sobre mi cuerpo cesaron; besándome en la frente las reanudo con más sosiego y sin apenas despegar sus labios de mi piel se dirigió a mí como si yo fuera su alumna y él el profesor encargado de abrirme los ojos ante la vida, de descubrirme un nuevo mundo de sensaciones hasta ahora no explorado.

- Serénate, lo mejor es que te relajes Laurita. Te aseguro que no te va a doler nada, si estás tranquila y piensas sólo en disfrutar del momento nada te sucederá.

Su voz ronca y baja, muy masculina, me hacía sentir bien. Sus palabras conseguían un efecto balsámico sobre mi mente.

Confía en mí, fueron las palabras mágicas que emanaron de su boca mientras pasaba dulcemente una de sus manos por mi pelo acariciándome cariñosamente y con toda la melosidad de la que era capaz. Si te pones nerviosa será mucho peor, porque tu sexo se cerrará, no lubricarás bien y no podrás dar cabida en tu interior a mis 24 centímetros de carne...

Laura estaba cansada, se dio cuenta cuando de pronto volvió su mirada hacia los ojos de Luis y a pesar de sus palabras tan solo vio en su rostro deseo, ansias de poseer físicamente su cuerpo, de anotar una muesca más en su revolver, de no albergar ninguna intención de detenerse ante nada, pero no observo ningún vestigio de compasión ni de amor hacia ella. Iba a ser violada, Laura se hundió psicológicamente, de repente se sintió sola y asustada.

Bajando lentamente desde mis pechos pasando por mi cintura y depositando sus manos en mis nalgas, las acarició primero con suavidad, luego algo más fuerte moviendo todo mi cuerpo sin ningún esfuerzo.... después me rodeó con sus brazos dándome un abrazo celestial y de nuevo besándome el pecho y el vientre con aquellos demoledores labios, se detuvo sin prisa en mis pezones, los pellizcó, acarició nuevamente mis tetas... estaba logrando que mi vagina se convirtiera de nuevo en un manantial.

Estaba abierta y vencida...

Se puso encima de mí...

Sentí que algo húmedo y duro se abría paso por entre mis piernas y que llegaba a acariciar mis labios mayores, me restregó su glande por la entrada de mi agujerito. No lo podía ver, no lo quería ver, pero lo notaba grande, redondo, duro y muy caliente sobre todo muy caliente, abriéndose paso lentamente, muy lentamente, entre los pliegues de mi empapado coño... no era desagradable, sentía cómo me acariciaba la entrada del coño, mi clítoris... antes de darme cuenta ya gemía de gusto.

- Y esto es sólo la punta Laurita. Me beso en los labios tenuemente, vamos a hacer que no olvides esta noche durante toda tu vida.

Estaba entrando en mí e increíblemente mi coñito se abría de par en par para recibirlo; lo sentía separar los labios de mi coño, lo sentía inundar todo mi cuerpo, él me sujetaba de las piernas para poder penetrarme con más fuerza y yo recibía cada uno de sus pequeños embates con un ligero grititito escapando de mi garganta lo cual lograba enloquecerlo aun un poquito más.

De repente sentí como la punta de su pene hacia tope contra mi inmaculado himen, era el momento decisivo y yo lo sabía, el miedo y la esperanza recorrían mi mente cogidas de la mano... le vi mirarme fijamente a los ojos, sonreírme ligeramente, coger un poco de aire y empujar...

El rostro de Laura reflejaba la mayor de las sorpresas, reflejaba el dolor emitido por su joven e inexperta vagina cuando su himen fue pulverizado, pasando a formar parte de la historia, por el candente fierro de Luis. Los haces luminosos que brotaban de entre las nubes de la mente de Laura se abrían paso a través de los ventanales hechos añicos de su inocencia, perforándolos como cuchilladas a través de la pared para inundar hasta los más recónditos rincones de su mente con una brillante y cegadora claridad para instantáneamente devolverlos a las sombras implacablemente definidas un segundo después.

La inocencia infantil se esfumo del rostro de Laura desapareciendo tan súbitamente como si acabara de ser desconectada por un interruptor y fue sustituida por algo que era a la vez apasionado y más oscuro, algo que podía ser visto en el centro de sus ojos bajo la forma de dos pequeñas masas de negro metal esmaltado en las que se habían convertido sus pupilas.

El avanzaba centímetro a centímetro, aguanté mi respiración todo lo que pude tratando de mitigar mi dolor.

La mirada de Laura se volvió súbitamente más aguda y penetrante, era una mirada que denotaba una cóctel de odio, repugnancia, hostilidad, horror e incomprensión todo ello mezclado a partes iguales, era una mirada afilada como un cuchillo medio escondido que se agitara debajo de unas aguas turbias, esa mirada se clavo en el rostro de su agresor como si de dos puñales se trataran sus ahora húmedos ojos, Laura lloraba de dolor, de miedo, de indignación por el sentimiento de violación que invadía su alma.

Físicamente era una sensación muy dolorosa pero donde más dolor estaba experimentando era en mis sentimientos. La sensación que sufría en esos momentos era como la de ser arrastrada de un lado a otro por los tirones de una cadena de gélido hierro forjado que se encontrará unida a mi corazón.

-Eres la putita mas joven que he probado, lo tienes muy cerrado, señalo Luis.

Entre sollozos y gemidos de dolor laura fantaseaba con acabar con todos los hombres existentes sobre la faz de la tierra, fantaseaba con matarles a todos y dejar que Dios se encargara de clasificar sus cadáveres, pensó... mientras permitía que sus ojos se cerraran del todo para intentar evadirse de aquella cruel realidad a la que estaba siendo sometida. Pero enseguida permitió que el pensamiento se desvaneciera.

Entre mis lagrimas podía ver como el cuerpo de Luis me propinaba empujón tras empujón tratando de clavarme aun más hondo su espada, sentía como mi vagina se dilataba al máximo al ser penetrada por aquella colosal verga.

- ¡¡¡Ay...!! preciosa, te está entrando cada vez más, que conejito tan apretadito y sabroso que tienes.

Tratando de sobreestimular el cuerpo de Laura Luis estiró las dos manos, una para cada teta, las tocó como si fuese la última acción que iba a perpetrar en esta vida, magreaba cada uno de los pechos de Laura complaciéndose de su tacto, disfrutando de su textura y juvenil consistencia, de toda su divina turgencia .

Casi la mitad de su verga ya había conseguido colarse en el interior de mi vagina, infiltrándose en el hasta hace escasos instantes territorio virgen, territorio sin explorar, la sensación que percibía en esos momentos en mi bajo vientre se estaba convirtiendo en una sensación dolorosamente deliciosa, algo muy nuevo para mi. Luis me retiró casi todo su pene de dentro hasta dejar tan sólo el glande en mi entrada y con un nuevo envión me la enterró casi toda.

- Haré que esto te guste, te lo prometo. De a poco y pausadamente Luis se fue meneando de adentro hacia fuera, cada envestida, cada sacudida dentro de mi era como vivir y morirse un poco, ese tierno y acalorado viaje me estaba volviendo loca. Le rodee con mis piernas su cintura abrazándole con mis pies por su duro culo y me aferré al acolchado de la cama con mis manos para evitar ser despegada del lecho amatorio por sus empujones, mientas él me sujetaba de las caderas ayudándose de este placentero punto de apoyo para hacer más firme cada uno de los movimiento de sus caderas que impulsaban su taladro dentro de mi cuerpo.

Cuando uno ve un mundo que camina hacia su fin, un avión que se desvía de su curso, supongo que no tiene ganas de charlar, y desde luego para Laura un mundo había llegado a su fin, un mundo de candor e inconsciencia, un mundo que comenzó a contaminarse como la tierra de una ciudad afectada por la radioactividad.

Trate de extraer la mayor cantidad posible de sensaciones positivas de la situación, ya no había vuelta atrás, el borrón y cuenta nueva no era una posibilidad para mi ya desgarrado himen, deseosa de sentir su verga todo lo más que pudiera, deseosa de sentir el mismo placer que anteriormente me había proporcionado la lengua de Luis, le apreté su polla dentro de mi coño todo lo que pude multiplicando su roce en mi interior.

Me admiraba su gran resistencia, su respiración no se alteraba en lo más mínimo mientras continuaba empujando su barreno dentro de mi cuerpo. Estuve a punto de dar un pequeño grito de dolor al penetrarme más hondamente, pero él, ducho en estos menesteres, debió notarlo y me agarró el clítoris delicadamente entre sus dedos, frotándolo con suavidad, casi con cariño, haciendo que mi dolor se fuera fundiendo en un pequeño gemido de gozo.

Buscando un punto de apoyo me abrace fuertemente, con los brazos alrededor de su cuello, que parecía el de un toro de lo ancho y musculoso que era. En eso no tardé en sentir sus bolas golpeando en mis labios genitales y sus piernas golpear contra mis nalgas, una nueva embestida y aquellos 24 centímetros de pija quedaron alojados completamente en el interior de mis entrañas...

Estaba casi como ensartada y yo con un orgasmo prácticamente ya en el estomago a punto de bajar hasta mi coño mmmmmm...

Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me perforaba una y otra vez, acomodándose me besaba el cuello y chupaba mis tetas, lamía mis pezones pero siempre sin dejar de penetrarme, sus fuertes manos me tenían atrapada por las nalgas y a cada embestida me empujaba hacia su cuerpo atrayéndome hacia su clavo y me las apretaba con fuerza haciendo mas profunda la invasión de su verga en mis entrañas, esa verga me llegaba tan adentro que me parecía que me iba a partir en dos.

Quizás dominarme con la mirada, con los dientes apretados, mientras yo jadeaba indefensa intentando disfrutar de su placentero acoso, mientras, él comenzó a bombear más fuertemente. Yo estaba toda sudorosa y acoplada a su ritmo continúo: uffff..., qué dolor, me estás destrozando hijo puta alcance a decirle, su verga estimulaba mi clítoris al entrar, y al salir me jodía la parte anterior de mi vaginita mmmm...

Comenzó a moverse endemoniadamente, como si estuviera poseído, mientras que su verga, como un pistón, se deslizaba hasta el fondo de mis entrañas. Entró hasta el fondo mismo de mi ser puesto que la excitación me dejaba toda lubricada, empezó a moverse muy rápidamente, a golpear fuerte mi entrepierna con su cuerpo, notaba su sudor, me estaba llenando de dolor y placer a la vez, yo lloraba y le pedía que terminara de una vez.

Me follaba intensamente, entrando y sacando su miembro con gran profundidad, me sacaba todo su ariete para hundírmela en el fondo de mi vagina hasta los huevos. Me sentí ultrajada, lastimada, violada... pero al mismo tiempo me invadió una oleada de gusto y de placer hasta que alcancé un orgasmo colosal ...... MMMMMMM AGHHHHHHHHHHHH

Parecía haberse infiltrado en la misma textura de su ser impregnándola, una calma llena de fatalismo se había adueñado de Laura, en parte fatiga y en parte resignada aceptación del movimiento de los engranajes del universo, después de su magnifico orgasmo Laura parecía contemplar la escena desde un punto de vista muy distinto, observaba los acontecimientos como si su alma se hubiera desprendido de su cuerpo y flotará sobre el ambiente captando cualquier movimiento acaecido en la estancia.

Luis iba aumentando la velocidad de sus acometidas alternándolas con suaves movimientos circulares sacándomela de vez en cuando y volviéndome a penetrar con fuerza yo ya había perdido el control de la situación, me sentía en un trance de placer inmenso, ya no quedaban huellas del primigenio dolor. Mientras yo disfrutaba perdiéndome en la extraña sensación de tener un hombre en mi interior, dentro de mi cuerpo, por vez primera, el placer que me causaba su gran miembro y sus manos, una en mi clítoris y otra acariciando mi monte de Venus sin descanso.

Quejidos, gruñidos, suspiros, susurros llenos de lujuria, amalgama de cuerpos sudados en la más hermosa de las batallas. Hubiera querido vivir permanentemente en esa situación de orgía brutal y de placer supremo.

Sus manos jugaban con todo mi cuerpo, bajaron por mi cintura y agarraron con fuerza mis nalgas. Su mano derecha bajó más profundamente, hasta llegar de nuevo a mi coñito, chorreante de placer. Sus labios seguían sin desprenderse de mi boca, me acarició la entrada de mi cueva, haciendo que una descarga eléctrica de placer recorriese toda mi columna vertebral en un segundo.

Luis comenzó a frotar más enérgicamente mi clítoris con sus poderosas manos, al tiempo que aceleró ligeramente el movimiento de sus caderas sacando y metiendo su pene en mi vagina más rápidamente.

Luis aceleraba el movimiento de su taladro dentro de mi sensible vagina, oleadas de calor y placer me invadían y hacían que todo mi cuerpo se retorciera del intenso goce que no me creía capaz de reprimir. Apreté con más fuerza mis músculos, apretando los dientes...

De repente Laura experimento una nueva sensación hasta ahora desconocida, una que nació es su ingle y subió hasta dejar atrás la cima de su columna vertebral para llegar todavía más arriba, directamente hasta su cerebro recorriendo todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, un orgasmo que había nacido en el centro mismo de su ser. Alzo los miembros temblorosos bajo la impresionante corriente eléctrica de aquella inesperada aportación sensorial y gimió...

...MMMMMMMMMMMM

Y grito...

...AGGGGGGGHHHHHHHHHHHH DIOOOOOS MIOOOOO

Y lloro de felicidad, de autentica felicidad.

Incentivado por mi apasionante corrida el bruto enfebrecido en el cual se había transformado Luis me entraba más duro, más rápido, exercivamente, se acomodó de nuevo y me aplasto con su pesado cuerpo haciéndome abrir mis muslos al máximo, entregándole la virginidad de mis más ocultos rincones vaginales, sus cara con barba corta me irritaba las tetas, me chupaba los pezones con fuerza y me los mordisqueaba...

Delante de su compañero Luis me follaba con fuerza, con pasión, entrando en mí hasta que sus huevos me golpeaban el coño amenazando con introducirse dentro de él... sus potentes empujones me traspasaban y hacían que mis tetas se moviesen al ritmo de sus embates...

Sin dejar de joderme se apoderaba de mis tetas sobándolas, amasándolas, pellizcando los pezones, chupándomelas, mordiéndolas mmm...., que gustazo...

La fatiga fue ascendiendo lentamente por su tensa columna vertebral y bajo por sus extremidades convirtiéndolas en pesas de plomo, dejándolas sin voluntad de movimiento.

De repente me quedé tiesa, todo mí cuerpo en absoluta tensión mientras mi esfínter anal y mi vagina se contraían y dilataban en una descarga brutal de placer que iba in crescensto y me sumieron en un delirio, en un éxtasis que tan sólo con el sexo se puede lograr. El placer se apoderó de mí con demasiada fuerza para poder expresarme de modo coherente: - Aaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh............... Haaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh.... síííííííííííííííííííííí.... ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh fueron los únicos sonidos que logre articular mientras mi vista se nublaba, mis oídos dejaron de percibir sonido alguno, todos mis sentidos quedaron anulados por la infinita sensación de placer que me invadió. Jamás había sentido nada igual, estuve al borde del desmayo sensorial. Aquello fue como un terremoto que desvelo un volcán saturado de actividad, reventando en una erupción de liquido ardiente, calor, fuego... y placer.

De un momento a otro pequeños orgasmos comenzaron a llegarme, como las replicas que siguen a los grandes seísmos. Continuamos mucho rato así hasta que él me sujetó las caderas fuertemente y su cuerpo comenzó a temblar.

Sus gemidos indicaban que la descarga era inminente...


- Te voy a regar el coño guarra!!!!!!

Su voz, sus gemidos, me llegaban ya como de muy lejos, desde un mundo al cual yo ya no podría regresar.

Su salvaje grito me animó, y exterioricé mi fabulosa cadena de orgasmos con toda la fuerza de la que eran capaces mis exhaustos pulmones. El placer era inenarrable, y los gritos que di parecían multiplicarlos.


Luis se corrió a los pocos segundos, su cuerpo sufría unos fuertes espasmos que estaban siendo transmitidos a todo mi cuerpo a través del vástago de 24 centímetros que se encontraba insertado en mi cuerpo hasta la mismísima entrada de mi útero, mis entrañas también se contraían bajo la violenta sacudida de Luis, esos espasmos iban seguidos de unos tremendos trallazos de semen... sentí la tibieza de sus chorros en mis entrañas, el caliente esperma inundaba mi coño, su copiosa corrida estaba inundándome por dentro.

Luis se deshizo en gemidos, aun con los ojos entrecerrados por el placer alcanzado y una sonrisa de triunfo en la cara... entonces relajé todos mis músculos, afloje por completo la tensión a la que había sometido a los músculos de mi vagina, y pude sentir como lentamente su polla se escurría de mi interior, abandonando mi coñito empapado, provocándome un delicioso cosquilleo en mi sexo y una increíble sensación de vació, como si mi vagina su hubiese convertido en un inmenso boquete.

Un hilillo de semen se escurrió suavemente por entre mis piernas...

Quedó tumbado encima de mí, besándome en la oreja, abrazado, con sus manos aun apretando mis tetas, mientras yo me encontraba con los ojos cerrados, con unas lagrimas escapando de la prisión de mis párpados, tan solo una lagrima es captar de reflejar tanta pasión, tanto dolor, tanto sufrimiento y tanto placer, aun estaba pensando lo que me había ocurrido cuando Luis me agarro la cara con sus sensuales manos y juntando sus labios con los míos me dio el más tierno y dulce beso que jamás me hayan dado mientras me acariciaba el rostro. Así estuvimos unidos unos momentos hasta que se levantó.

- ¿Cómo te sientes Laurita?, me pregunto Luis

La voz del hombre llego hasta ella como a través de un sueño apenas entrevisto.

Yo aun jadeaba en una desesperada búsqueda de oxigeno, sin recuperar totalmente la respiración, aún sentía el latido de su sangre en mi sangre, aun sentía mi cuerpo recorrido por sus manos y el almibarado sabor de sus besos. Había sido desvirgada, y no era nada fácil hablar después de sentir un gran miembro en mi interior, tan solo fui capaz de esbozar una pequeña sonrisa de satisfacción.

- Pues prepárate, porque ahora, viene lo mejor...

 

Continuara...?

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