El rostro de Luis no era un rostro hermoso, tan solo era un
rostro sincero; de cabellos y ojos oscuros, que bajo aquella triste luz que
apenas alcanzaba a iluminar la habitación en la que se estaban desarrollando los
acontecimientos parecían casi castaños, una frente ancha y una boca grande que
no pretendía hechizar pero que enamoraba gracias a la sensualidad que
desbordaban los carnosos labios que la conformaban. A Laura no le pareció que
hubiera peligro alguno de que fuera a sentir ese súbito y loco momento en el
cual el aroma de unos cabellos o la simple tibieza provocada por el contacto de
una mano te cambia el curso de la vida. Pero se equivocaba.
Luis rodeó mi cuerpo enérgicamente, abrazándolo con el poder
de su mirada, paralizándome, dominándome; empezó a quitarse con toda parsimonia,
sabiendo que yo no tenia escapatoria alguna, el pantalón. Yo me encontraba
obnubilada y no perdía el más mínimo detalle de cómo sus sensuales manos iban
desabrochando la bragueta de su pantalón, muy lentamente, botón a botón, sin
prisa, denotando claramente el absoluto dominio que tenia de la situación, que
tenía de mí...
Cuando los pantalones yacieron inermes en sus tobillos y su
ya más que abultado paquete quedaba tan solo hurtado de mi mirada por sus casi
trasparentes calzoncillos, a estas alturas prácticamente incapaces de contener
toda la virilidad de Luis, alce la vista hasta sus ojos, esos ojos que me
subyugaban, que me tenían cautivada, que me habían hipnotizado de por vida, y
allí estaban ellos, mirándome fijamente, dirigiendo mis pensamientos, dirigiendo
todos mis actos y mi voluntad, mientras Luis terminaba de deshacerse de sus
pantalones y cuando posteriormente de forma sorpresiva y con un solo movimiento
de sus manos termino despojándose de sus calzoncillos quedo presente ante mi
vista una larga y gruesa polla que se erguía desafiante a un metro escaso de mi
cuerpo...
Me quedé mirando alucinada la pija más enorme que jamás había
visto hasta ese momento, sin duda alguna superaba los famosos y anhelados 20
centímetros con los que toda mujer hemos soñado alguna vez en nuestros más
húmedos y placenteros viajes oníricos.
Hábilmente me recostó sobre la cama y trató de abrirme las
piernas... yo sabía que la clavada era inminente pero a pesar de ello intentaba
oponerme, cuando empezó la velada no pretendía llegar tan lejos... pero sus
fuertes brazos lograron abrirme por completo, podía ver su gran polla apuntar
directamente hacia el centro de mi coño como si de un misil se tratara y yo
temía que intentara metérmela hasta el fondo de un solo empujón, temía el daño
que esa acción pudiera provocar sobre mi virginal coño, solo la visión de ese
suceso despertaba en mi conciencia todos los más ancestrales miedos del genero
femenino.
- Bueno, nena, despídete de tu virginidad. Me espeto Luis.
Yo grité, pero en un acto involuntario, a la vez envolví el
cuerpo de Luis con mis piernas y me dediqué a sentir aquel palo grandote y
fuerte contra mis muslos, me agradaba su cálido contacto. Instintivamente, me
cubrí el pecho con un brazo mientras la otra mano trataba de tapar la entrada de
mi vagina e imagino que mi cara debió reflejar el mayor de los terrores, casi el
pánico mismo, porque de inmediato Luis trato de tranquilizarme.
Luis sonrió, con esa risita ronca y grave que le caracteriza,
me paso las palmas de sus manos alrededor de los brazos, acariciándomelos, hasta
llegar a mis manos, y suavemente las retiró para acariciar mis tetas cuyos
pezones recibieron con infinito gusto sus magistrales caricias. La sensación
casi eléctrica que me provocaba el contacto de sus manos sobre mi pecho me
recorría por entera, el adorable hormigueo me llegaba desde el vientre hasta el
cuello. Tanto quería aprovechar para mi gozo personal el calor de sus manos, la
energía de sus caricias, que eché hacia atrás la cabeza para posteriormente
apoyarla en su hombro acompañando todo el recorrido con un leve suspiro de
placer, situación que Luis aprovechó para besarme el cuello lascivamente, desde
el hombro hasta el lóbulo de la oreja el cual retuvo entre sus labios; mientras,
yo notaba su respiración suave y contenida en mi cuello, sus manos en mis
pechos, su pierna se abría camino entre las mías frotando su muslo contra mi
sexo mmmm...
Me puso su verga entre las piernas, me puso el pene a la
entrada de mi cueva, se encontraba casi tumbado encima de mi, yo con las piernas
semicerradas, hizo un poco de fuerza y me abrió las piernas colocándose entre
ellas, se colocó sobre mí restándome toda escapatoria.
Yo no podía eliminar de mi mente el pensamiento de que me
dolería muchísimo, que sangraría, que sufriría, más que eso... que la tortura
misma invadiría cada célula de mi cuerpo.
- Detente – con voz trémula y temblorosa le suplique - no voy
a poder aguantarlo, es demasiado grande para mi primera vez.
Tan solo durante un minúsculo lapso de tiempo, tan solo
durante una décima de segundo sus caricias sobre mi cuerpo cesaron; besándome en
la frente las reanudo con más sosiego y sin apenas despegar sus labios de mi
piel se dirigió a mí como si yo fuera su alumna y él el profesor encargado de
abrirme los ojos ante la vida, de descubrirme un nuevo mundo de sensaciones
hasta ahora no explorado.
- Serénate, lo mejor es que te relajes Laurita. Te aseguro
que no te va a doler nada, si estás tranquila y piensas sólo en disfrutar del
momento nada te sucederá.
Su voz ronca y baja, muy masculina, me hacía sentir bien. Sus
palabras conseguían un efecto balsámico sobre mi mente.
Confía en mí, fueron las palabras mágicas que emanaron de su
boca mientras pasaba dulcemente una de sus manos por mi pelo acariciándome
cariñosamente y con toda la melosidad de la que era capaz. Si te pones nerviosa
será mucho peor, porque tu sexo se cerrará, no lubricarás bien y no podrás dar
cabida en tu interior a mis 24 centímetros de carne...
Laura estaba cansada, se dio cuenta cuando de pronto volvió
su mirada hacia los ojos de Luis y a pesar de sus palabras tan solo vio en su
rostro deseo, ansias de poseer físicamente su cuerpo, de anotar una muesca más
en su revolver, de no albergar ninguna intención de detenerse ante nada, pero no
observo ningún vestigio de compasión ni de amor hacia ella. Iba a ser violada,
Laura se hundió psicológicamente, de repente se sintió sola y asustada.
Bajando lentamente desde mis pechos pasando por mi cintura y
depositando sus manos en mis nalgas, las acarició primero con suavidad, luego
algo más fuerte moviendo todo mi cuerpo sin ningún esfuerzo.... después me rodeó
con sus brazos dándome un abrazo celestial y de nuevo besándome el pecho y el
vientre con aquellos demoledores labios, se detuvo sin prisa en mis pezones, los
pellizcó, acarició nuevamente mis tetas... estaba logrando que mi vagina se
convirtiera de nuevo en un manantial.
Estaba abierta y vencida...
Se puso encima de mí...
Sentí que algo húmedo y duro se abría paso por entre mis
piernas y que llegaba a acariciar mis labios mayores, me restregó su glande por
la entrada de mi agujerito. No lo podía ver, no lo quería ver, pero lo notaba
grande, redondo, duro y muy caliente sobre todo muy caliente, abriéndose paso
lentamente, muy lentamente, entre los pliegues de mi empapado coño... no era
desagradable, sentía cómo me acariciaba la entrada del coño, mi clítoris...
antes de darme cuenta ya gemía de gusto.
- Y esto es sólo la punta Laurita. Me beso en los labios
tenuemente, vamos a hacer que no olvides esta noche durante toda tu vida.
Estaba entrando en mí e increíblemente mi coñito se abría de
par en par para recibirlo; lo sentía separar los labios de mi coño, lo sentía
inundar todo mi cuerpo, él me sujetaba de las piernas para poder penetrarme con
más fuerza y yo recibía cada uno de sus pequeños embates con un ligero grititito
escapando de mi garganta lo cual lograba enloquecerlo aun un poquito más.
De repente sentí como la punta de su pene hacia tope contra
mi inmaculado himen, era el momento decisivo y yo lo sabía, el miedo y la
esperanza recorrían mi mente cogidas de la mano... le vi mirarme fijamente a los
ojos, sonreírme ligeramente, coger un poco de aire y empujar...
El rostro de Laura reflejaba la mayor de las sorpresas,
reflejaba el dolor emitido por su joven e inexperta vagina cuando su himen fue
pulverizado, pasando a formar parte de la historia, por el candente fierro de
Luis. Los haces luminosos que brotaban de entre las nubes de la mente de Laura
se abrían paso a través de los ventanales hechos añicos de su inocencia,
perforándolos como cuchilladas a través de la pared para inundar hasta los más
recónditos rincones de su mente con una brillante y cegadora claridad para
instantáneamente devolverlos a las sombras implacablemente definidas un segundo
después.
La inocencia infantil se esfumo del rostro de Laura
desapareciendo tan súbitamente como si acabara de ser desconectada por un
interruptor y fue sustituida por algo que era a la vez apasionado y más oscuro,
algo que podía ser visto en el centro de sus ojos bajo la forma de dos pequeñas
masas de negro metal esmaltado en las que se habían convertido sus pupilas.
El avanzaba centímetro a centímetro, aguanté mi respiración
todo lo que pude tratando de mitigar mi dolor.
La mirada de Laura se volvió súbitamente más aguda y
penetrante, era una mirada que denotaba una cóctel de odio, repugnancia,
hostilidad, horror e incomprensión todo ello mezclado a partes iguales, era una
mirada afilada como un cuchillo medio escondido que se agitara debajo de unas
aguas turbias, esa mirada se clavo en el rostro de su agresor como si de dos
puñales se trataran sus ahora húmedos ojos, Laura lloraba de dolor, de miedo, de
indignación por el sentimiento de violación que invadía su alma.
Físicamente era una sensación muy dolorosa pero donde más
dolor estaba experimentando era en mis sentimientos. La sensación que sufría en
esos momentos era como la de ser arrastrada de un lado a otro por los tirones de
una cadena de gélido hierro forjado que se encontrará unida a mi corazón.
-Eres la putita mas joven que he probado, lo tienes muy
cerrado, señalo Luis.
Entre sollozos y gemidos de dolor laura fantaseaba con acabar
con todos los hombres existentes sobre la faz de la tierra, fantaseaba con
matarles a todos y dejar que Dios se encargara de clasificar sus cadáveres,
pensó... mientras permitía que sus ojos se cerraran del todo para intentar
evadirse de aquella cruel realidad a la que estaba siendo sometida. Pero
enseguida permitió que el pensamiento se desvaneciera.
Entre mis lagrimas podía ver como el cuerpo de Luis me
propinaba empujón tras empujón tratando de clavarme aun más hondo su espada,
sentía como mi vagina se dilataba al máximo al ser penetrada por aquella colosal
verga.
- ¡¡¡Ay...!! preciosa, te está entrando cada vez más, que
conejito tan apretadito y sabroso que tienes.
Tratando de sobreestimular el cuerpo de Laura Luis estiró las
dos manos, una para cada teta, las tocó como si fuese la última acción que iba a
perpetrar en esta vida, magreaba cada uno de los pechos de Laura complaciéndose
de su tacto, disfrutando de su textura y juvenil consistencia, de toda su divina
turgencia .
Casi la mitad de su verga ya había conseguido colarse en el
interior de mi vagina, infiltrándose en el hasta hace escasos instantes
territorio virgen, territorio sin explorar, la sensación que percibía en esos
momentos en mi bajo vientre se estaba convirtiendo en una sensación
dolorosamente deliciosa, algo muy nuevo para mi. Luis me retiró casi todo su
pene de dentro hasta dejar tan sólo el glande en mi entrada y con un nuevo
envión me la enterró casi toda.
- Haré que esto te guste, te lo prometo. De a poco y
pausadamente Luis se fue meneando de adentro hacia fuera, cada envestida, cada
sacudida dentro de mi era como vivir y morirse un poco, ese tierno y acalorado
viaje me estaba volviendo loca. Le rodee con mis piernas su cintura abrazándole
con mis pies por su duro culo y me aferré al acolchado de la cama con mis manos
para evitar ser despegada del lecho amatorio por sus empujones, mientas él me
sujetaba de las caderas ayudándose de este placentero punto de apoyo para hacer
más firme cada uno de los movimiento de sus caderas que impulsaban su taladro
dentro de mi cuerpo.
Cuando uno ve un mundo que camina hacia su fin, un avión que
se desvía de su curso, supongo que no tiene ganas de charlar, y desde luego para
Laura un mundo había llegado a su fin, un mundo de candor e inconsciencia, un
mundo que comenzó a contaminarse como la tierra de una ciudad afectada por la
radioactividad.
Trate de extraer la mayor cantidad posible de sensaciones
positivas de la situación, ya no había vuelta atrás, el borrón y cuenta nueva no
era una posibilidad para mi ya desgarrado himen, deseosa de sentir su verga todo
lo más que pudiera, deseosa de sentir el mismo placer que anteriormente me había
proporcionado la lengua de Luis, le apreté su polla dentro de mi coño todo lo
que pude multiplicando su roce en mi interior.
Me admiraba su gran resistencia, su respiración no se
alteraba en lo más mínimo mientras continuaba empujando su barreno dentro de mi
cuerpo. Estuve a punto de dar un pequeño grito de dolor al penetrarme más
hondamente, pero él, ducho en estos menesteres, debió notarlo y me agarró el
clítoris delicadamente entre sus dedos, frotándolo con suavidad, casi con
cariño, haciendo que mi dolor se fuera fundiendo en un pequeño gemido de gozo.
Buscando un punto de apoyo me abrace fuertemente, con los
brazos alrededor de su cuello, que parecía el de un toro de lo ancho y musculoso
que era. En eso no tardé en sentir sus bolas golpeando en mis labios genitales y
sus piernas golpear contra mis nalgas, una nueva embestida y aquellos 24
centímetros de pija quedaron alojados completamente en el interior de mis
entrañas...
Estaba casi como ensartada y yo con un orgasmo prácticamente
ya en el estomago a punto de bajar hasta mi coño mmmmmm...
Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me perforaba
una y otra vez, acomodándose me besaba el cuello y chupaba mis tetas, lamía mis
pezones pero siempre sin dejar de penetrarme, sus fuertes manos me tenían
atrapada por las nalgas y a cada embestida me empujaba hacia su cuerpo
atrayéndome hacia su clavo y me las apretaba con fuerza haciendo mas profunda la
invasión de su verga en mis entrañas, esa verga me llegaba tan adentro que me
parecía que me iba a partir en dos.
Quizás dominarme con la mirada, con los dientes apretados,
mientras yo jadeaba indefensa intentando disfrutar de su placentero acoso,
mientras, él comenzó a bombear más fuertemente. Yo estaba toda sudorosa y
acoplada a su ritmo continúo: uffff..., qué dolor, me estás destrozando hijo
puta alcance a decirle, su verga estimulaba mi clítoris al entrar, y al salir me
jodía la parte anterior de mi vaginita mmmm...
Comenzó a moverse endemoniadamente, como si estuviera
poseído, mientras que su verga, como un pistón, se deslizaba hasta el fondo de
mis entrañas. Entró hasta el fondo mismo de mi ser puesto que la excitación me
dejaba toda lubricada, empezó a moverse muy rápidamente, a golpear fuerte mi
entrepierna con su cuerpo, notaba su sudor, me estaba llenando de dolor y placer
a la vez, yo lloraba y le pedía que terminara de una vez.
Me follaba intensamente, entrando y sacando su miembro con
gran profundidad, me sacaba todo su ariete para hundírmela en el fondo de mi
vagina hasta los huevos. Me sentí ultrajada, lastimada, violada... pero al mismo
tiempo me invadió una oleada de gusto y de placer hasta que alcancé un orgasmo
colosal ...... MMMMMMM AGHHHHHHHHHHHH
Parecía haberse infiltrado en la misma textura de su ser
impregnándola, una calma llena de fatalismo se había adueñado de Laura, en parte
fatiga y en parte resignada aceptación del movimiento de los engranajes del
universo, después de su magnifico orgasmo Laura parecía contemplar la escena
desde un punto de vista muy distinto, observaba los acontecimientos como si su
alma se hubiera desprendido de su cuerpo y flotará sobre el ambiente captando
cualquier movimiento acaecido en la estancia.
Luis iba aumentando la velocidad de sus acometidas
alternándolas con suaves movimientos circulares sacándomela de vez en cuando y
volviéndome a penetrar con fuerza yo ya había perdido el control de la
situación, me sentía en un trance de placer inmenso, ya no quedaban huellas del
primigenio dolor. Mientras yo disfrutaba perdiéndome en la extraña sensación de
tener un hombre en mi interior, dentro de mi cuerpo, por vez primera, el placer
que me causaba su gran miembro y sus manos, una en mi clítoris y otra
acariciando mi monte de Venus sin descanso.
Quejidos, gruñidos, suspiros, susurros llenos de lujuria,
amalgama de cuerpos sudados en la más hermosa de las batallas. Hubiera querido
vivir permanentemente en esa situación de orgía brutal y de placer supremo.
Sus manos jugaban con todo mi cuerpo, bajaron por mi cintura
y agarraron con fuerza mis nalgas. Su mano derecha bajó más profundamente, hasta
llegar de nuevo a mi coñito, chorreante de placer. Sus labios seguían sin
desprenderse de mi boca, me acarició la entrada de mi cueva, haciendo que una
descarga eléctrica de placer recorriese toda mi columna vertebral en un segundo.
Luis comenzó a frotar más enérgicamente mi clítoris con sus
poderosas manos, al tiempo que aceleró ligeramente el movimiento de sus caderas
sacando y metiendo su pene en mi vagina más rápidamente.
Luis aceleraba el movimiento de su taladro dentro de mi
sensible vagina, oleadas de calor y placer me invadían y hacían que todo mi
cuerpo se retorciera del intenso goce que no me creía capaz de reprimir. Apreté
con más fuerza mis músculos, apretando los dientes...
De repente Laura experimento una nueva sensación hasta ahora
desconocida, una que nació es su ingle y subió hasta dejar atrás la cima de su
columna vertebral para llegar todavía más arriba, directamente hasta su cerebro
recorriendo todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, un orgasmo que había
nacido en el centro mismo de su ser. Alzo los miembros temblorosos bajo la
impresionante corriente eléctrica de aquella inesperada aportación sensorial y
gimió...
...MMMMMMMMMMMM
Y grito...
...AGGGGGGGHHHHHHHHHHHH DIOOOOOS MIOOOOO
Y lloro de felicidad, de autentica felicidad.
Incentivado por mi apasionante corrida el bruto enfebrecido
en el cual se había transformado Luis me entraba más duro, más rápido,
exercivamente, se acomodó de nuevo y me aplasto con su pesado cuerpo haciéndome
abrir mis muslos al máximo, entregándole la virginidad de mis más ocultos
rincones vaginales, sus cara con barba corta me irritaba las tetas, me chupaba
los pezones con fuerza y me los mordisqueaba...
Delante de su compañero Luis me follaba con fuerza, con
pasión, entrando en mí hasta que sus huevos me golpeaban el coño amenazando con
introducirse dentro de él... sus potentes empujones me traspasaban y hacían que
mis tetas se moviesen al ritmo de sus embates...
Sin dejar de joderme se apoderaba de mis tetas sobándolas,
amasándolas, pellizcando los pezones, chupándomelas, mordiéndolas mmm...., que
gustazo...
La fatiga fue ascendiendo lentamente por su tensa columna
vertebral y bajo por sus extremidades convirtiéndolas en pesas de plomo,
dejándolas sin voluntad de movimiento.
De repente me quedé tiesa, todo mí cuerpo en absoluta tensión
mientras mi esfínter anal y mi vagina se contraían y dilataban en una descarga
brutal de placer que iba in crescensto y me sumieron en un delirio, en un
éxtasis que tan sólo con el sexo se puede lograr. El placer se apoderó de mí con
demasiada fuerza para poder expresarme de modo coherente: -
Aaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh............... Haaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh....
síííííííííííííííííííííí.... ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh fueron los únicos sonidos que
logre articular mientras mi vista se nublaba, mis oídos dejaron de percibir
sonido alguno, todos mis sentidos quedaron anulados por la infinita sensación de
placer que me invadió. Jamás había sentido nada igual, estuve al borde del
desmayo sensorial. Aquello fue como un terremoto que desvelo un volcán saturado
de actividad, reventando en una erupción de liquido ardiente, calor, fuego... y
placer.
De un momento a otro pequeños orgasmos comenzaron a llegarme,
como las replicas que siguen a los grandes seísmos. Continuamos mucho rato así
hasta que él me sujetó las caderas fuertemente y su cuerpo comenzó a temblar.
Sus gemidos indicaban que la descarga era inminente...
- Te voy a regar el coño guarra!!!!!!
Su voz, sus gemidos, me llegaban ya como de muy lejos, desde
un mundo al cual yo ya no podría regresar.
Su salvaje grito me animó, y exterioricé mi fabulosa cadena
de orgasmos con toda la fuerza de la que eran capaces mis exhaustos pulmones. El
placer era inenarrable, y los gritos que di parecían multiplicarlos.
Luis se corrió a los pocos segundos, su cuerpo sufría unos fuertes espasmos que
estaban siendo transmitidos a todo mi cuerpo a través del vástago de 24
centímetros que se encontraba insertado en mi cuerpo hasta la mismísima entrada
de mi útero, mis entrañas también se contraían bajo la violenta sacudida de
Luis, esos espasmos iban seguidos de unos tremendos trallazos de semen... sentí
la tibieza de sus chorros en mis entrañas, el caliente esperma inundaba mi coño,
su copiosa corrida estaba inundándome por dentro.
Luis se deshizo en gemidos, aun con los ojos entrecerrados
por el placer alcanzado y una sonrisa de triunfo en la cara... entonces relajé
todos mis músculos, afloje por completo la tensión a la que había sometido a los
músculos de mi vagina, y pude sentir como lentamente su polla se escurría de mi
interior, abandonando mi coñito empapado, provocándome un delicioso cosquilleo
en mi sexo y una increíble sensación de vació, como si mi vagina su hubiese
convertido en un inmenso boquete.
Un hilillo de semen se escurrió suavemente por entre mis
piernas...
Quedó tumbado encima de mí, besándome en la oreja, abrazado,
con sus manos aun apretando mis tetas, mientras yo me encontraba con los ojos
cerrados, con unas lagrimas escapando de la prisión de mis párpados, tan solo
una lagrima es captar de reflejar tanta pasión, tanto dolor, tanto sufrimiento y
tanto placer, aun estaba pensando lo que me había ocurrido cuando Luis me agarro
la cara con sus sensuales manos y juntando sus labios con los míos me dio el más
tierno y dulce beso que jamás me hayan dado mientras me acariciaba el rostro.
Así estuvimos unidos unos momentos hasta que se levantó.
- ¿Cómo te sientes Laurita?, me pregunto Luis
La voz del hombre llego hasta ella como a través de un sueño
apenas entrevisto.
Yo aun jadeaba en una desesperada búsqueda de oxigeno, sin
recuperar totalmente la respiración, aún sentía el latido de su sangre en mi
sangre, aun sentía mi cuerpo recorrido por sus manos y el almibarado sabor de
sus besos. Había sido desvirgada, y no era nada fácil hablar después de sentir
un gran miembro en mi interior, tan solo fui capaz de esbozar una pequeña
sonrisa de satisfacción.
- Pues prepárate, porque ahora, viene lo mejor...
Continuara...?